Un compañero de tiempos pasados en el Colegio Williams me comentaba filosoficamente, ante los recientes incidentes con los estudiantes normalistas y los del politécnico, que “el mañana del futuro es el ayer del presente,” y hasta ahora estoy entendiendo lo que me quería decir… así soy yo, lento pero seguro.
El mundo está experimentando grandes transformaciones y nuevos desafíos, y solamente aquellos países con poblaciones educadas podrán responder a tales retos. Algunas de las lecciones de una población educada son: (1) para diseñar el presente hay que entenderlo, (2) para entender el presente hay que tener un idea de cómo será el mañana, (3) para entender el mañana hay que conocer el pasado, y (4) para conocer el pasado, entender el presente y anticipar el futuro hay que estudiar. México requiere por lo tanto impulsar un modelo educativo que genere la innovación, la productividad, el debate intelectual, el respeto a las instituciones democráticas y todo con una visión a largo plazo.
El problema es que en México estamos haciendo todo lo contrario para preparar correctamente a nuestra juventud. Los recientes dos conflictos estudiantiles sirven para ilustrar nuestros errores como estado, pueblo y nación.
Por un lado está el ataque y secuestro de los normalistas en Guerrero, hecho perpetrado por la policía municipal en contubernio con el crimen organizado. Esto corresponde, simple y llanamente, a un Crimen de Estado. Aparte, la demora en la respuesta de los gobiernos estatal y federal para iniciar la investigación y castigar a los culpables, apunta a una ausencia de poder y confirma la impunidad como parte de la praxis pública del estado mexicano.
Por el otro lado están los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional que se manifestaron en contra del reglamento interno de la institución, formulando un pliego petitorio de diez puntos. Cada punto del pliego se requería examinar, debatir y negociar en un ambiente académico e institucional para alcanzar un acuerdo. Sin embargo, Osorio Chong, secretario de gobernación (no el de la cartera responsable, el de educación), a fin de desmovilizar lo antes posible la protesta estudiantil y evitar una marcha violenta del 2 de octubre, salio a la calle y sin análisis, ni negociación previa, le dijo “Sí” a los diez puntos, manifestando el temor del gobierno ante este tipo de movimientos y enviando un mensaje perverso a futuros pseudo-líderes de que “el chantaje político si se puede”.
Claro, ahora los estudiantes crecidos por la claudicación incondicional del gobierno han mantenido su paro indefinido (a pesar de que se les concedió todo lo que querían) y los líderes de los profesores de IPN ya están preparando su propio pliego petitorio. El gobierno al rendirse sin debatir, sin argumentos y sin negociación, generó lo que precisamente quería evitar: la continuación y extensión del conflicto. El riesgo es que ahora ambos movimientos—el de los estudiantes normalistas y el de los del politécnico—se junten y otros estudiantes de otras instituciones se unan al movimiento, generando más incertidumbre, inestabilidad e ingobernabilidad. ¿Qué credibilidad puede tener un gobierno que no gobierna, un gobierno que sucumbe ante el chantaje político, un gobierno que ignora su propia historia?
Ante este panorama, las preguntas obligadas son: ¿a dónde va nuestra juventud? Y, ¿Estamos preparando bien a los mexicanos del mañana?
El futurólogo americano Albin Toffler habla de tres grandes olas que han conformado a la sociedad humana. La primera abarca desde ocho mil años antes de Cristo hasta 1650, correspondiendo a la consolidación de la sociedad agrícola. La segunda ola va de 1650 a 1950, refiriéndose a la creación y establecimiento de la sociedad industrial moderna. La tercera ola, donde nos encontramos por el momento, corresponde a la era del conocimiento, la consolidación de la sociedad post moderna y post industrial. En cada ola el ritmo de crecimiento y generación de nuevos conocimientos se ha acelerado.
Hoy en día vivimos la nueva economía, aquella asociada a las innovaciones y a los rápidos cambios tecnológicos. Desde 1950 a la fecha hemos experimentando cambios en la manera como aprendemos, trabajamos, comerciamos y comunicamos. Hemos experimentado dos magnas transformaciones en los sectores de computación y telecomunicaciones, y probablemente muy pronto venga otra gran transformación tecnológica en el sector energético.
Seis tendencias están conformando la dirección de esta tercera ola. Primero, la aceleración del proceso de destrucción creativa en donde las grandes industrias tradicionales están siendo reemplazadas por industrias móviles más pequeñas con mayor contenido de conocimiento. Segundo, los bienes y productos estandarizados para los grandes mercados están siendo sustituidos por bienes y productos hechos a la medida y gusto de los consumidores. Tercero, el trabajo asalariado está siendo reemplazado por el trabajo especializado, descentralizado y no-subordinado. Cuarto, los activos monetarios tradicionales están gradualmente siendo reemplazados por sus equivalentes digitales. Quinto, los estados-nación gradualmente se debilitan ante el fortalecimiento creciente de las redes y comunidades globales. Sexto, la privacidad individual gradualmente desaparece por las decisiones voluntarias y autónomas de los propios individuos.
Estamos viviendo tiempos de grandes transformaciones, de un cambio acelerado, en donde el que no cambia con el cambio se queda atrás. La incertidumbre que los estudiantes sienten, ante una la realidad cada vez más opuesta a sus creencias y valores, los conduce a la inseguridad y los impulsa a buscar maneras y compromisos fáciles para asegurar la seguridad económica futura.
¿Qué desafíos nos plantean estas tendencias y circunstancias? Antes de poder responder a dicha interrogante, hay que aceptar que el contexto global va a ser cada vez más dinámico y complejo, requiriendo gente cada vez más preparada para comprender y adecuarse a los cambios, y así poder aprovechar las oportunidades que traerán dichas transformaciones. Aquellos países que no dispongan de una población educada estarán condenados a observar desde atrás del tren el progreso de los otros países, o simplemente que se les vaya el tren. Es, por lo tanto, imprescindible preparar a nuestros jóvenes con una educación de calidad y con un gran ingrediente de flexibilidad.
El problema es que México está haciendo todo lo contrario para lograr una educación de calidad, seguimos permitiendo que: (1) nuestro sistema educativo esté secuestrado por pseudo mafias políticas, magisteriales y estudiantiles; (2) no opere el modelo educativo que enseña a cuestionar con ideas y el debate intelectual aquello con lo que diferimos; (3) se favorezca el modelo de chantaje, descalificaciones, violencia y corporativismo, y (4) se enseñe a nuestros jóvenes mediante el mal ejemplo que la presión a las autoridades y semejantes es el camino adecuado para negociar en beneficio propio el bien público más preciado de México, la educación.
Dentro de las funciones del Estado está la de adecuar sus instituciones al contexto social y económico para lograr el crecimiento sustentable. Las instituciones no deben constituirse en obstáculos al cambio, sino que tienen que ser flexibles para responder en la misma dirección del cambio global. Las instituciones tienen que facilitar el aprovechamiento de las oportunidades que todo cambio genera. La responsabilidad de un Estado no es ganar un concurso de popularidad, sino el de mejorar el bienestar de sus pobladores, por lo que no debe ceder ante las presiones de corto plazo de los grupos de descontentos, pues siempre habrán insatisfechos y gente que tratará de manipular el sistema para lograr su beneficio a costa del de los demás.
Los problemas nacionales se encuentran de una u otra forma asociados a una deficiente educación y a un Estado carente de visión y autoridad. Los gobiernos democráticos no pueden ni deben sacrificar el objetivo de una educación de calidad ante el pretexto de mantener el orden y la paz pública. Los dos sucesos que estamos viviendo del crimen de Estado contra los estudiantes normalistas de Guerrero y la ausencia de autoridad ante el movimiento estudiantil del politécnico son dos eslabones más que se suman a la cadera de ineptitud, corrupción, impunidad y violencia que vive nuestro país.
Los cambios y tendencias en el escenario global seguirán trayendo retos, creando problemas y generando oportunidades. Al menos de que el Estado responda de manera valiente, inteligente y congruente a tales cambios y tendencias, México corre el riesgo de quedarse al margen de la tercera ola. En otras palabras, nos acecha el peligro de que el mañana de nuestro futuro sea el ayer del presente.
domingo, octubre 12, 2014
miércoles, agosto 27, 2014
Los BRICS: Edificio Solido o Casa de Papel
El político francés y miembro de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial Georges Bidault decía “Los débiles tienen un arma: los errores de los que se creen fuertes.” La alianza político-económica de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, denominada BRICS por las iniciales de cada país miembro, se considera una posible alternativa a los poderosos organismos internacionales controlados por Estados Unidos y sus principales aliados.
En una de las reuniones del G-20 se recomendó cambiar la dirección y administración de los organismos internacionales, tales como (1) permitir igualdad de voto independientemente de las aportaciones de los países miembros a esas instituciones y (2) nombrar a los directores de dichas instituciones con base en los méritos de los candidatos, más que de acuerdo a las nacionalidades, las que generalmente corresponden al de las principales naciones contribuidoras. Sin embargo, en la práctica Estados Unidos ha renegado de su compromiso y se ha opuesto a que se lleven a cabo dichos acuerdos, evitando una mayor democratización del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estos abusos le abrieron la puerta a los BRICS para proponer nuevos enfoques de colaboración e instituciones alternativas a esos organismos internacionales.
Probablemente todos nos planteamos varias preguntas acerca de este grupo de países tan diferentes e iguales a la vez. Por ejemplo, ¿Cuál fue el propósito de crear la alianza de los BRICS? ¿Qué tan importante son los BRICS en el contexto internacional? ¿Tiene o no futuro éste grupo? ¿Debería México buscar una membresía en los BRICS?
La creación del grupo BRICS se debió en buena medida a la necesidad de Rusia y China de reafirmar su liderazgo en el contexto internacional, liderazgo que requería el apoyo y la unión de otros países. Esta alianza se constituyó a principios del siglo XXI para servir de contrapeso a la influencia de Estados Unidos y sus principales aliados, el denominado Eje Occidental de Washington, Nueva York, Londres y Bruselas. La unión de los BRICS fue para crear una alternativa al statu quo, otra opción al llamado “Consenso de Washington". La alianza surgió como un grupo de presión que en su momento se consideró un sueño guajiro con pocas probabilidades de éxito por las rivalidades y diferencias entre sus miembros, pero que sin embargo se ha venido fortaleciendo al punto de que en la última reunión anual en Fortaleza, Brasil del 15 al 16 de julio 2014 se propuso crear dos organismos para fomentar el desarrollo económico y asegurar la estabilidad financiera internacional.
Nadie duda de la importancia que tienen los BRICS en el contexto mundial, contribuyendo con más del 20% del producto interno bruto global y con más del 40% de la población mundial. También se acepta que se requiere más inversión en los países subdesarrollados, reconociendo que las instituciones financieras internacionales no se dan abasto, contribuyendo con menos del 4% de las necesidades de capital. China dispone de las mayores reservas internacionales, más de 3 billones de dólares, las cuales pueden ser más útiles y rentables prestando para el desarrollo y la estabilidad financiera que invirtiendo en los Certificados de Tesorería de los Estados Unidos. De tal manera, existe el espacio internacional para lograr la consolidación y el buen funcionamiento del grupo BRICS.
No obstante, hay que reconocer las profundas diferencias entre los países miembros. Probablemente la “C” cuenta más que las otras letras del grupo. China es la segunda economía más grande del mundo mientras que la de Sudáfrica es mucho más pequeña, siendo la 33ª de 123 países en el mundo. Brasil, India y Sudáfrica son básicamente países democráticos, mientras que China y Rusia son autocráticos. Las diferencias políticas se han manifestado en posiciones diferentes en relación a Siria, Ucrania y Gaza. Tales contrastes también se han exhibido en los esfuerzos para democratizar a las instituciones internacionales. Mientras que Brasil, india y Sudáfrica presionan para una mayor apertura en la gobernabilidad y toma de decisiones en dichas instituciones, China y Rusia abogan por el statu quo que tanto les favoreció durante las últimas décadas.
Hasta el momento los logros de los BRICS han sido mínimos. Sus reuniones anuales han sido más políticas que económicas, sirviendo más para criticar los enfoques convencionales de los organismos internacionales y las políticas del llamado Consenso de Washington, que para proponer nuevas y mejor fundamentadas alternativas. Ha habido algunas propuestas interesantes que no han progresado, tal y como la de crear una agencia calificadora de riesgo como alternativa a las existentes de Standard & Poor's, Moody's y Fitch de origen estadounidense que tanto daño le han causado a los países emergentes.
Sin embargo, si se lleva a cabo la propuesta de crear el Banco BRICS de Desarrollo y un Organismo de Contingencias de Reservas —cada uno con un capital esperado de 100 mil millones de dólares— se aumentarán los niveles de inversión en infraestructura, educación y otros proyectos de desarrollo en los propios BRICS y otros países emergentes. Estas instituciones servirán de contrapeso al Banco Mundial y el FMI, estimulando cambios democráticos en la gobernabilidad y una mayor eficacia en la operación de estos organismos.
El futuro para esta alianza es incierto. Bajo el modelo actual, las perspectivas de crecimiento y consolidación del grupo BRICS no son alentadoras. El modelo requiere ampliar su base y ser más incluyente de otros países con economías medias, tales como Egipto y Argentina. Claro, existe el peligro de que las rivalidades políticas e intereses opuestos entre los miembros del BRICS terminen con la alianza. Pero si consideramos la historia de los organismos internacionales actuales que han sobrevivido las rivalidades y agendas opuestas entre Estados Unidos y sus aliados franceses y alemanes, el grupo BRICS tiene buenas posibilidades de sobrevivencia. Aparte, su constitución y funcionamiento van a servir para presionar a que se democraticen los organismos internacionales, actualizándose en línea con un mundo crecientemente multipolar.
En cuanto a si México debería buscar su membresía en el grupo de los BRICS, la respuesta es probablemente no. Queramos o no, México es parte de la economía norteamericana (Canadá, Estados Unidos y México).El desempeño económico de los tres países ya no es de suma cero, donde unos ganan y otros pierden. Ahora o nos va bien a los tres, o les va mal a todos. México tiene que cambiar en la misma dirección de sus principales socios comerciales. Nuestras tres economías han crecido de manera complementaria y requerimos fortalecer dichos vínculos.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se crearon al término de la Segunda Guerra Mundial en un mundo muy diferente al actual. Es normal que dichas instituciones, a pesar de sus varias adecuaciones, requieran una gran reforma para poder responder mejor a los desafíos y necesidades del mundo multipolar actual.
Tal y como la creación de los bancos de desarrollo regionales como el Interamericano, el Asiático y el Europeo ayudaron a aumentar el financiamiento al desarrollo complementando los recursos del Banco Mundial, los organismos financieros propuestos por los BRICS no solamente contribuirán a elevar los fondos de inversión en los países emergentes, sino también estimularán las reformas que harán que estos viejos organismos sean más democráticos y efectivos.
Si bien la rivalidad política y económica en el contexto internacional continuará, el resultado de la competencia entre las naciones preponderantes y potenciales impactará de manera importante el desarrollo económico de los países emergentes.
Los BRICS están en proceso de mudarse de una casa de papel a un edificio cada vez más sólido.
En una de las reuniones del G-20 se recomendó cambiar la dirección y administración de los organismos internacionales, tales como (1) permitir igualdad de voto independientemente de las aportaciones de los países miembros a esas instituciones y (2) nombrar a los directores de dichas instituciones con base en los méritos de los candidatos, más que de acuerdo a las nacionalidades, las que generalmente corresponden al de las principales naciones contribuidoras. Sin embargo, en la práctica Estados Unidos ha renegado de su compromiso y se ha opuesto a que se lleven a cabo dichos acuerdos, evitando una mayor democratización del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estos abusos le abrieron la puerta a los BRICS para proponer nuevos enfoques de colaboración e instituciones alternativas a esos organismos internacionales.
Probablemente todos nos planteamos varias preguntas acerca de este grupo de países tan diferentes e iguales a la vez. Por ejemplo, ¿Cuál fue el propósito de crear la alianza de los BRICS? ¿Qué tan importante son los BRICS en el contexto internacional? ¿Tiene o no futuro éste grupo? ¿Debería México buscar una membresía en los BRICS?
La creación del grupo BRICS se debió en buena medida a la necesidad de Rusia y China de reafirmar su liderazgo en el contexto internacional, liderazgo que requería el apoyo y la unión de otros países. Esta alianza se constituyó a principios del siglo XXI para servir de contrapeso a la influencia de Estados Unidos y sus principales aliados, el denominado Eje Occidental de Washington, Nueva York, Londres y Bruselas. La unión de los BRICS fue para crear una alternativa al statu quo, otra opción al llamado “Consenso de Washington". La alianza surgió como un grupo de presión que en su momento se consideró un sueño guajiro con pocas probabilidades de éxito por las rivalidades y diferencias entre sus miembros, pero que sin embargo se ha venido fortaleciendo al punto de que en la última reunión anual en Fortaleza, Brasil del 15 al 16 de julio 2014 se propuso crear dos organismos para fomentar el desarrollo económico y asegurar la estabilidad financiera internacional.
Nadie duda de la importancia que tienen los BRICS en el contexto mundial, contribuyendo con más del 20% del producto interno bruto global y con más del 40% de la población mundial. También se acepta que se requiere más inversión en los países subdesarrollados, reconociendo que las instituciones financieras internacionales no se dan abasto, contribuyendo con menos del 4% de las necesidades de capital. China dispone de las mayores reservas internacionales, más de 3 billones de dólares, las cuales pueden ser más útiles y rentables prestando para el desarrollo y la estabilidad financiera que invirtiendo en los Certificados de Tesorería de los Estados Unidos. De tal manera, existe el espacio internacional para lograr la consolidación y el buen funcionamiento del grupo BRICS.
No obstante, hay que reconocer las profundas diferencias entre los países miembros. Probablemente la “C” cuenta más que las otras letras del grupo. China es la segunda economía más grande del mundo mientras que la de Sudáfrica es mucho más pequeña, siendo la 33ª de 123 países en el mundo. Brasil, India y Sudáfrica son básicamente países democráticos, mientras que China y Rusia son autocráticos. Las diferencias políticas se han manifestado en posiciones diferentes en relación a Siria, Ucrania y Gaza. Tales contrastes también se han exhibido en los esfuerzos para democratizar a las instituciones internacionales. Mientras que Brasil, india y Sudáfrica presionan para una mayor apertura en la gobernabilidad y toma de decisiones en dichas instituciones, China y Rusia abogan por el statu quo que tanto les favoreció durante las últimas décadas.
Hasta el momento los logros de los BRICS han sido mínimos. Sus reuniones anuales han sido más políticas que económicas, sirviendo más para criticar los enfoques convencionales de los organismos internacionales y las políticas del llamado Consenso de Washington, que para proponer nuevas y mejor fundamentadas alternativas. Ha habido algunas propuestas interesantes que no han progresado, tal y como la de crear una agencia calificadora de riesgo como alternativa a las existentes de Standard & Poor's, Moody's y Fitch de origen estadounidense que tanto daño le han causado a los países emergentes.
Sin embargo, si se lleva a cabo la propuesta de crear el Banco BRICS de Desarrollo y un Organismo de Contingencias de Reservas —cada uno con un capital esperado de 100 mil millones de dólares— se aumentarán los niveles de inversión en infraestructura, educación y otros proyectos de desarrollo en los propios BRICS y otros países emergentes. Estas instituciones servirán de contrapeso al Banco Mundial y el FMI, estimulando cambios democráticos en la gobernabilidad y una mayor eficacia en la operación de estos organismos.
El futuro para esta alianza es incierto. Bajo el modelo actual, las perspectivas de crecimiento y consolidación del grupo BRICS no son alentadoras. El modelo requiere ampliar su base y ser más incluyente de otros países con economías medias, tales como Egipto y Argentina. Claro, existe el peligro de que las rivalidades políticas e intereses opuestos entre los miembros del BRICS terminen con la alianza. Pero si consideramos la historia de los organismos internacionales actuales que han sobrevivido las rivalidades y agendas opuestas entre Estados Unidos y sus aliados franceses y alemanes, el grupo BRICS tiene buenas posibilidades de sobrevivencia. Aparte, su constitución y funcionamiento van a servir para presionar a que se democraticen los organismos internacionales, actualizándose en línea con un mundo crecientemente multipolar.
En cuanto a si México debería buscar su membresía en el grupo de los BRICS, la respuesta es probablemente no. Queramos o no, México es parte de la economía norteamericana (Canadá, Estados Unidos y México).El desempeño económico de los tres países ya no es de suma cero, donde unos ganan y otros pierden. Ahora o nos va bien a los tres, o les va mal a todos. México tiene que cambiar en la misma dirección de sus principales socios comerciales. Nuestras tres economías han crecido de manera complementaria y requerimos fortalecer dichos vínculos.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se crearon al término de la Segunda Guerra Mundial en un mundo muy diferente al actual. Es normal que dichas instituciones, a pesar de sus varias adecuaciones, requieran una gran reforma para poder responder mejor a los desafíos y necesidades del mundo multipolar actual.
Tal y como la creación de los bancos de desarrollo regionales como el Interamericano, el Asiático y el Europeo ayudaron a aumentar el financiamiento al desarrollo complementando los recursos del Banco Mundial, los organismos financieros propuestos por los BRICS no solamente contribuirán a elevar los fondos de inversión en los países emergentes, sino también estimularán las reformas que harán que estos viejos organismos sean más democráticos y efectivos.
Si bien la rivalidad política y económica en el contexto internacional continuará, el resultado de la competencia entre las naciones preponderantes y potenciales impactará de manera importante el desarrollo económico de los países emergentes.
Los BRICS están en proceso de mudarse de una casa de papel a un edificio cada vez más sólido.
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lunes, agosto 18, 2014
Perspectivas Estructurales del Crecimiento en México
Aristóteles consideraba que el ser humano es un ser social por naturaleza y yo agregaría que una de sus principales manifestaciones es el quehacer político. Aun cuando muchos de nosotros no practiquemos la política, el ser político está escrito en nuestro código genético. De tal manera, las principales limitantes al crecimiento acelerado de México no se deben al mal ejercicio de la política en sí, sino a la baja calidad de quienes ejercen la política. México muy bien podría crecer a tasas superiores al 7%, pero no puede hacerlo por dos problemas fundamentales: las estructuras mentales de los mexicanos y un marco legal inadecuado.
Los seres humanos tenemos tres condicionantes: comer, reproducirnos, y sobrevivir. Para sobrevivir tenemos dos opciones pelear o huir. Comer y reproducirse son actividades que el ser humano puede diferir sin mayores consecuencias, claro al menos de que no sean periodos muy largos. Sin embargo, sobrevivir, evitar ser comido, es algo fundamental, solamente nos podemos equivocar una sola vez. Es por ello que nuestras mentes están programadas a darle prioridad a sobrevivir. Por extensión, los seres humanos le damos más importancia a las malas noticias que a las buenas. De tal manera, al escuchar sobre una crisis o una amenaza, tenemos la opción de enfrentarnos a ellas o huir.
Los expertos nos dicen que el ser humano tiene en promedio 60,000 pensamientos al día, claro no todos ellos originales, la mayoría son repeticiones de lo mismo. El punto relevante es que más de la mitad de estos pensamientos son negativos y las personas más negativas son generalmente las más conservadoras, aquellas que ven una amenaza en cada cambio, las que ven conspiraciones en cada propuesta. En promedio, los habitantes de los países desarrollados tienen más pensamientos positivos que los pobladores de los países subdesarrollados. Las poblaciones de los países avanzados generalmente son más amenas a aceptar el cambio, que los pobladores de las naciones subdesarrolladas.
Los tiempos de planeación son más cortos para aquellos que sospechan de todo y se sienten amenazados por el cambio, mientras que los tiempos de planeación para aquellos con pensamientos más positivos son más largos porque creen que los riesgos y peligros están bajo control. Un Estado con una mayoría de población con pensamientos negativos es un Estado que reacciona a las crisis y no un Estado que planea como evitarlas.
Los economistas en la década de los sesentas y setentas hablaban de que problema del subdesarrollo se debía en gran parte a las estructuras mentales. En otras palabras al sistema de creencias, valores morales, éticos y culturales de los pobladores de una nación. Hoy en día se habla de “disonancias cognitivas”, que es lo mismo pero que suena más sexy. El concepto se refiere a que es difícil cambiar las creencias de un pueblo subdesarrollado, por estar estas fincadas en una educación de baja calidad. Cuando las creencias son descalificadas por la realidad la primera reacción es cambiar de actitud ante esa realidad, descalificando a la propia realidad y a aquellos que aceptan dicha realidad.
Las disonancias cognitivas impiden al individuo ajustar sus creencias ante una realidad cambiante, llevándolo a afirmar sus creencias anteriores sospechando de aquellos que proponen ajustes para estar en línea con los hechos reales. Cualquier propuesta de cambio en las estructuras institucionales o legales que modifica los valores y principios aceptados en el pasado, se ven con sospecha. Los políticos conservadores, aquellos con predominancia de pensamientos negativos, en lugar de evaluar los méritos de las propuestas, prefieren acusar a los proponentes del cambio de intereses ocultos. El problema es que mientras no cambien las creencias, difícilmente se pueden promover buenas políticas públicas que mejoren las perspectivas de un crecimiento acelerado.
A partir de la revolución mexicana, se nos ha hecho pensar que son los intereses de los extranjeros y poderosos los que nos mantienen en la pobreza, que aquel que cuestionan al gobierno está criticando los valores patrios. Más de la mitad de los mexicanos creen en el populismo, es por ello que siguen ganando los políticos demagogos e ignorantes, aquellos que gritan “ahí viene el lobo” cada vez que se propone un cambio, por positivo que este sea. De qué otra manera podemos explicarnos el hecho de que el candidato a la alcaldía municipal de San Blas en Nayarit manifestó, haciendo gala de franqueza, que había robado, pero poquito, y a pesar de que los votantes ya sabían que el candidato era ladrón, aun así votaron por él, ganando las elecciones.
Nuestros políticos nos han infundado el temor al cambio porque se nos han hecho pensar que somos víctimas a la espera de un depredador. Se nos ha hecho pensar que la revolución mexicana es México, que la revolución es sinónimo de nuestra patria. De tal manera, Pemex como representa a la revolución mexicana y como la revolución mexicana es México, se le ha impedido aumentar su eficiencia porque eso significaría cambiar, lo que conllevaría el riesgo de acabar con la revolución mexicana. Asimismo, los sindicatos representan a los obreros y los obreros son México. Tradicionalmente le importa más a los gobernantes un sindicato de maestros contento que una población estudiantil bien educada.
Si lo que en realidad se busca es mejorar el bienestar de los mexicanos, el sector energético se debe abrir a la competencia y participación privada. Las empresas privadas en el sector de hidrocarburos en el mundo le pagan en promedio a los gobiernos el 72% de la de la renta petrolera y con el 28% restantes estas empresas tienen más que suficiente para convertirse en grandes empresas con tecnologías de punta. Aquí en México Pemex le venía pagando al gobierno 65% y con el 35% restante estaba técnicamente en bancarrota y con tecnologías obsoletas.
En cuanto al marco legal, las leyes en México se hicieron bajo un régimen autocrático. Desde la revolución mexicana hasta 1995 lo único que valía era la palabra del señor Presidente. Durante este periodo las leyes se formularon para que sonaran bonito, no para que se cumplieran. Las leyes se hicieron pensando que jamás se iban a aplicar. Y como no había evaluación de los resultados por la aplicación de las leyes, estas nunca se adecuaron a la realidad. Las leyes no siguieron un proceso de actualización, de compatibilización ante una realidad cambiante. El conjunto de leyes con las que empezamos el siglo XXI sirve de poco y se ha convertido en un obstáculo al desarrollo.
La apertura democrática que hemos vivido a partir de 1995 depende de la aplicación de las leyes y de un poder legislativo independiente. Así por ejemplo, el poder legislativo le negó un viaje al extranjero a Ernesto Zedillo, lo cual nunca antes se había visto durante los gobiernos priístas. La Suprema Corte de Justicia le dijo no a Vicente Fox a la expropiación de los terrenos de Texcoco. A Manuel López obrador también la Suprema Corte de Justicia le negó la expropiación de los terrenos para construir un camino, claro cuando López obrador se negó a obedecer, la Corte lo desaforó.
Hoy en día, nuestro marco legal se utiliza para impedir las buenas medidas de política económica. En telecomunicaciones si algo no le gusta a las cableras de Televisa, se amparan. Si algo no le gusta a Telmex o a Telcel, se amparan. Cuando el organismo regulador dice que debe haber competencia, los agentes preponderantes usan la ley para evitarla. De tal manera, amparo, amparo, amparo…
Heredamos un sistema legal e institucional confuso hecho para validar a un sistema autocrático, sistema que ya sido rebasado por la realidad. Tenemos un marco legal diseñado para repartir la riqueza, no para crearla; un sistema para perpetuar una dictadura de partido no para abrir el campo de juego al ejercicio democrático. Eso explica por qué se impiden las candidaturas independientes y la remoción de los representantes plurinominales.
Las buenas intenciones y propuestas se empantanan al amparo de las leyes e instituciones existentes, y es difícil cambiar a las leyes por estar sustentadas en creencias y sospechas de que el lobo está al acecho. Contra las creencias no hay evidencia que pueda convencer, sobre todo si la mayoría de las personas y políticos son conservadores con predominancia de pensamientos negativos.
Vale la pena recordar la frase de ese gran economista inglés John Maynard Keynes que decía que “…lo que detiene el desarrollo económico no son los intereses, sino las ideas de los economistas muertos”.
El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
Los seres humanos tenemos tres condicionantes: comer, reproducirnos, y sobrevivir. Para sobrevivir tenemos dos opciones pelear o huir. Comer y reproducirse son actividades que el ser humano puede diferir sin mayores consecuencias, claro al menos de que no sean periodos muy largos. Sin embargo, sobrevivir, evitar ser comido, es algo fundamental, solamente nos podemos equivocar una sola vez. Es por ello que nuestras mentes están programadas a darle prioridad a sobrevivir. Por extensión, los seres humanos le damos más importancia a las malas noticias que a las buenas. De tal manera, al escuchar sobre una crisis o una amenaza, tenemos la opción de enfrentarnos a ellas o huir.
Los expertos nos dicen que el ser humano tiene en promedio 60,000 pensamientos al día, claro no todos ellos originales, la mayoría son repeticiones de lo mismo. El punto relevante es que más de la mitad de estos pensamientos son negativos y las personas más negativas son generalmente las más conservadoras, aquellas que ven una amenaza en cada cambio, las que ven conspiraciones en cada propuesta. En promedio, los habitantes de los países desarrollados tienen más pensamientos positivos que los pobladores de los países subdesarrollados. Las poblaciones de los países avanzados generalmente son más amenas a aceptar el cambio, que los pobladores de las naciones subdesarrolladas.
Los tiempos de planeación son más cortos para aquellos que sospechan de todo y se sienten amenazados por el cambio, mientras que los tiempos de planeación para aquellos con pensamientos más positivos son más largos porque creen que los riesgos y peligros están bajo control. Un Estado con una mayoría de población con pensamientos negativos es un Estado que reacciona a las crisis y no un Estado que planea como evitarlas.
Los economistas en la década de los sesentas y setentas hablaban de que problema del subdesarrollo se debía en gran parte a las estructuras mentales. En otras palabras al sistema de creencias, valores morales, éticos y culturales de los pobladores de una nación. Hoy en día se habla de “disonancias cognitivas”, que es lo mismo pero que suena más sexy. El concepto se refiere a que es difícil cambiar las creencias de un pueblo subdesarrollado, por estar estas fincadas en una educación de baja calidad. Cuando las creencias son descalificadas por la realidad la primera reacción es cambiar de actitud ante esa realidad, descalificando a la propia realidad y a aquellos que aceptan dicha realidad.
Las disonancias cognitivas impiden al individuo ajustar sus creencias ante una realidad cambiante, llevándolo a afirmar sus creencias anteriores sospechando de aquellos que proponen ajustes para estar en línea con los hechos reales. Cualquier propuesta de cambio en las estructuras institucionales o legales que modifica los valores y principios aceptados en el pasado, se ven con sospecha. Los políticos conservadores, aquellos con predominancia de pensamientos negativos, en lugar de evaluar los méritos de las propuestas, prefieren acusar a los proponentes del cambio de intereses ocultos. El problema es que mientras no cambien las creencias, difícilmente se pueden promover buenas políticas públicas que mejoren las perspectivas de un crecimiento acelerado.
A partir de la revolución mexicana, se nos ha hecho pensar que son los intereses de los extranjeros y poderosos los que nos mantienen en la pobreza, que aquel que cuestionan al gobierno está criticando los valores patrios. Más de la mitad de los mexicanos creen en el populismo, es por ello que siguen ganando los políticos demagogos e ignorantes, aquellos que gritan “ahí viene el lobo” cada vez que se propone un cambio, por positivo que este sea. De qué otra manera podemos explicarnos el hecho de que el candidato a la alcaldía municipal de San Blas en Nayarit manifestó, haciendo gala de franqueza, que había robado, pero poquito, y a pesar de que los votantes ya sabían que el candidato era ladrón, aun así votaron por él, ganando las elecciones.
Nuestros políticos nos han infundado el temor al cambio porque se nos han hecho pensar que somos víctimas a la espera de un depredador. Se nos ha hecho pensar que la revolución mexicana es México, que la revolución es sinónimo de nuestra patria. De tal manera, Pemex como representa a la revolución mexicana y como la revolución mexicana es México, se le ha impedido aumentar su eficiencia porque eso significaría cambiar, lo que conllevaría el riesgo de acabar con la revolución mexicana. Asimismo, los sindicatos representan a los obreros y los obreros son México. Tradicionalmente le importa más a los gobernantes un sindicato de maestros contento que una población estudiantil bien educada.
Si lo que en realidad se busca es mejorar el bienestar de los mexicanos, el sector energético se debe abrir a la competencia y participación privada. Las empresas privadas en el sector de hidrocarburos en el mundo le pagan en promedio a los gobiernos el 72% de la de la renta petrolera y con el 28% restantes estas empresas tienen más que suficiente para convertirse en grandes empresas con tecnologías de punta. Aquí en México Pemex le venía pagando al gobierno 65% y con el 35% restante estaba técnicamente en bancarrota y con tecnologías obsoletas.
En cuanto al marco legal, las leyes en México se hicieron bajo un régimen autocrático. Desde la revolución mexicana hasta 1995 lo único que valía era la palabra del señor Presidente. Durante este periodo las leyes se formularon para que sonaran bonito, no para que se cumplieran. Las leyes se hicieron pensando que jamás se iban a aplicar. Y como no había evaluación de los resultados por la aplicación de las leyes, estas nunca se adecuaron a la realidad. Las leyes no siguieron un proceso de actualización, de compatibilización ante una realidad cambiante. El conjunto de leyes con las que empezamos el siglo XXI sirve de poco y se ha convertido en un obstáculo al desarrollo.
La apertura democrática que hemos vivido a partir de 1995 depende de la aplicación de las leyes y de un poder legislativo independiente. Así por ejemplo, el poder legislativo le negó un viaje al extranjero a Ernesto Zedillo, lo cual nunca antes se había visto durante los gobiernos priístas. La Suprema Corte de Justicia le dijo no a Vicente Fox a la expropiación de los terrenos de Texcoco. A Manuel López obrador también la Suprema Corte de Justicia le negó la expropiación de los terrenos para construir un camino, claro cuando López obrador se negó a obedecer, la Corte lo desaforó.
Hoy en día, nuestro marco legal se utiliza para impedir las buenas medidas de política económica. En telecomunicaciones si algo no le gusta a las cableras de Televisa, se amparan. Si algo no le gusta a Telmex o a Telcel, se amparan. Cuando el organismo regulador dice que debe haber competencia, los agentes preponderantes usan la ley para evitarla. De tal manera, amparo, amparo, amparo…
Heredamos un sistema legal e institucional confuso hecho para validar a un sistema autocrático, sistema que ya sido rebasado por la realidad. Tenemos un marco legal diseñado para repartir la riqueza, no para crearla; un sistema para perpetuar una dictadura de partido no para abrir el campo de juego al ejercicio democrático. Eso explica por qué se impiden las candidaturas independientes y la remoción de los representantes plurinominales.
Las buenas intenciones y propuestas se empantanan al amparo de las leyes e instituciones existentes, y es difícil cambiar a las leyes por estar sustentadas en creencias y sospechas de que el lobo está al acecho. Contra las creencias no hay evidencia que pueda convencer, sobre todo si la mayoría de las personas y políticos son conservadores con predominancia de pensamientos negativos.
Vale la pena recordar la frase de ese gran economista inglés John Maynard Keynes que decía que “…lo que detiene el desarrollo económico no son los intereses, sino las ideas de los economistas muertos”.
El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
viernes, julio 25, 2014
Ucrania, el Avionazo y la Guerra Tonta
Recientemente di una charla a un polifacético grupo de intelectuales en la Ciudad de México y en los comentarios de sobremesa surgió el tema del vuelo 17 de Malaysia Airlines derribado el 17 de julio por un misil tierra-aire en territorio controlado por los separatistas pro-rusos en Ucrania, matando 298 entre pasajeros y tripulantes. Varios participantes opinaron sobre los responsables de semejante acto de barbarie, siendo interesante la riqueza y diversidad de los comentarios.
Se manejaron tres hipótesis, que los responsables fueron (1) los milicianos pro-rusos que dispararon el misil por equivocación, al confundir el avión de pasajeros por una avión militar ucraniano, (2) los propios ucranianos para buscar el apoyo internacional, y (3) los americanos para culpar a Putín y conseguir el apoyo de sus aliados europeos que hasta ahora se han mantenido al margen, a saber: Alemania por depender de la energía rusa, Francia por ser un importante exportador de armas a los rusos, y Reino Unido por tener sus organismos financieros privados en Londres los rublos de los excedentes rusos.
No obstante que hasta el momento la evidencia es circunstancial, la lógica sugiere que el avión fue derribado por milicianos pro-rusos, siendo improbable que los culpables hubieran sido ucranianos o americanos porque los beneficios de tal acto serían insignificantes comparados con las catastróficas consecuencias para su causa de ser descubiertos, por lo que no asumirían semejante riesgo. Por el contrario, pienso que alguien de los milicianos pro-rusos cometió un error, lo cual es factible dada la dinámica mental de estos grupos separatistas armados. La tentación de utilizar estos sofisticados juguetes abruma al sentido común de un terrorista; su deseo de lastimar a sus enemigos pesa más que la consideración de dañar a terceros por equivocación.
Cícero decía “Historia magistra vitae” –la historia es maestra de la vida– y Santayana agregaba que “quien desconoce la historia está condenado a repetirla”. Aun cuando la historia no se repite de igual manera, las experiencias ajenas nos sirven para evitar repetir los mismos errores.
Estoy de acuerdo que es difícil justificar las torpezas de occidente al alentar a una Ucrania pro-americana para que formara parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). ¿Qué esperaban los estadounidenses al promover el acercamiento económico-militar con Ucrania? ¿Qué los rusos se iba a quedar con los brazos cruzados? La historia nos lo dice: Rusia no lo iba a permitir. Mientras los americanos juegan a las damas chinas, los rusos juegan al ajedrez. Mientras los rusos tienen un horizonte de más de una generación, nosotros en occidente pensamos de uno a cinco años.
No obstante, es imposible justificar las acciones de Putín, quien al parecer no le importan los daños colaterales a inocentes. ¿Cómo pudo Putín poner en manos de terroristas un armamento que puede derribar aviones a más de 10 km de altura? Eso es una gran irresponsabilidad y probablemente un crimen de lesa humanidad.
Las acciones de Rusia en Ucrania son parte de una estrategia para volver a alcanzar su posición como potencia mundial. Tal motivo explica su apoyo al gobierno criminal de Siria, su reacercamiento a Cuba y el coqueteo con varios países latinoamericanos. Putín, siendo firme creyente del proverbio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, busca aliados con cualquier gobierno opositor a Estados Unidos por equivocados, rijosos o extremosos que estos sean.
La Guerra Fría no desapareció con el fin del socialismo soviético, sino que tan sólo tuvo un breve respiro. Ahora, la Guerra Fría se ha recalentado con el acercamiento occidental a Ucrania, y con las acciones rusas para reconquistar su supremacía mundial.
Putín va a continuar apoyando a los separatistas pro-rusos en Ucrania. El gobierno ruso considera a Ucrania como parte de su patio trasero. ¿Querido lector, te puedes imaginar lo que haría Estados Unidos si México estableciera una alianza militar con Rusia? Sí, sí te lo puedes imaginar, bueno pues eso es lo que haciendo ahora Rusia con Ucrania. Rusia no va a permitir a una Ucrania fuerte, antagónica y pro-americana como vecina.
El problema de Ucrania se hubiera podido evitar si Estados Unidos no hubiera movido la primera pieza del tablero. Estoy de acuerdo, esta Guerra Tonta no la inició Putín, sino la ambición occidental, pero lo hecho, hecho está. Ahora hay que buscarle solución al problema de Ucrania y esta solución no se va poder alcanzar sin la intervención de Alemania, Francia y el Reino Unido.
Independientemente de los errores de Obama, considero que se le debe poner un hasta aquí a las acciones excesivas de Putín en otras áreas del mundo, en donde la participación rusa está calentando y extendiendo los conflictos innecesariamente. Probablemente el mundo sea demasiado pequeño para albergar a dos potencias bélicas rivales con ambiciones imperialistas… y es preocupante que al echar la vista atrás, vemos que se acerca rápidamente una tercera potencia.
Confieso querido lector que no sé cómo se puedan resolver estos conflictos de rivalidad entre países con aspiraciones imperialistas. Lo que sí sé es que para encontrar una solución duradera se requiere la participación de los principales países, aquellos con fuerza económica y liderazgo internacional. Es una pena ver que los países europeos están más interesados en sus propios intereses de corto plazo que en la seguridad y estabilidad mundial de largo plazo, sobre todo si se piensa que dichos países fueron los actores principales de dos guerras mundiales.
A la comunidad internacional le vuelvo a recordar: “Historia magistra vitae“.
Se manejaron tres hipótesis, que los responsables fueron (1) los milicianos pro-rusos que dispararon el misil por equivocación, al confundir el avión de pasajeros por una avión militar ucraniano, (2) los propios ucranianos para buscar el apoyo internacional, y (3) los americanos para culpar a Putín y conseguir el apoyo de sus aliados europeos que hasta ahora se han mantenido al margen, a saber: Alemania por depender de la energía rusa, Francia por ser un importante exportador de armas a los rusos, y Reino Unido por tener sus organismos financieros privados en Londres los rublos de los excedentes rusos.
No obstante que hasta el momento la evidencia es circunstancial, la lógica sugiere que el avión fue derribado por milicianos pro-rusos, siendo improbable que los culpables hubieran sido ucranianos o americanos porque los beneficios de tal acto serían insignificantes comparados con las catastróficas consecuencias para su causa de ser descubiertos, por lo que no asumirían semejante riesgo. Por el contrario, pienso que alguien de los milicianos pro-rusos cometió un error, lo cual es factible dada la dinámica mental de estos grupos separatistas armados. La tentación de utilizar estos sofisticados juguetes abruma al sentido común de un terrorista; su deseo de lastimar a sus enemigos pesa más que la consideración de dañar a terceros por equivocación.
Cícero decía “Historia magistra vitae” –la historia es maestra de la vida– y Santayana agregaba que “quien desconoce la historia está condenado a repetirla”. Aun cuando la historia no se repite de igual manera, las experiencias ajenas nos sirven para evitar repetir los mismos errores.
Estoy de acuerdo que es difícil justificar las torpezas de occidente al alentar a una Ucrania pro-americana para que formara parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). ¿Qué esperaban los estadounidenses al promover el acercamiento económico-militar con Ucrania? ¿Qué los rusos se iba a quedar con los brazos cruzados? La historia nos lo dice: Rusia no lo iba a permitir. Mientras los americanos juegan a las damas chinas, los rusos juegan al ajedrez. Mientras los rusos tienen un horizonte de más de una generación, nosotros en occidente pensamos de uno a cinco años.
No obstante, es imposible justificar las acciones de Putín, quien al parecer no le importan los daños colaterales a inocentes. ¿Cómo pudo Putín poner en manos de terroristas un armamento que puede derribar aviones a más de 10 km de altura? Eso es una gran irresponsabilidad y probablemente un crimen de lesa humanidad.
Las acciones de Rusia en Ucrania son parte de una estrategia para volver a alcanzar su posición como potencia mundial. Tal motivo explica su apoyo al gobierno criminal de Siria, su reacercamiento a Cuba y el coqueteo con varios países latinoamericanos. Putín, siendo firme creyente del proverbio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, busca aliados con cualquier gobierno opositor a Estados Unidos por equivocados, rijosos o extremosos que estos sean.
La Guerra Fría no desapareció con el fin del socialismo soviético, sino que tan sólo tuvo un breve respiro. Ahora, la Guerra Fría se ha recalentado con el acercamiento occidental a Ucrania, y con las acciones rusas para reconquistar su supremacía mundial.
Putín va a continuar apoyando a los separatistas pro-rusos en Ucrania. El gobierno ruso considera a Ucrania como parte de su patio trasero. ¿Querido lector, te puedes imaginar lo que haría Estados Unidos si México estableciera una alianza militar con Rusia? Sí, sí te lo puedes imaginar, bueno pues eso es lo que haciendo ahora Rusia con Ucrania. Rusia no va a permitir a una Ucrania fuerte, antagónica y pro-americana como vecina.
El problema de Ucrania se hubiera podido evitar si Estados Unidos no hubiera movido la primera pieza del tablero. Estoy de acuerdo, esta Guerra Tonta no la inició Putín, sino la ambición occidental, pero lo hecho, hecho está. Ahora hay que buscarle solución al problema de Ucrania y esta solución no se va poder alcanzar sin la intervención de Alemania, Francia y el Reino Unido.
Independientemente de los errores de Obama, considero que se le debe poner un hasta aquí a las acciones excesivas de Putín en otras áreas del mundo, en donde la participación rusa está calentando y extendiendo los conflictos innecesariamente. Probablemente el mundo sea demasiado pequeño para albergar a dos potencias bélicas rivales con ambiciones imperialistas… y es preocupante que al echar la vista atrás, vemos que se acerca rápidamente una tercera potencia.
Confieso querido lector que no sé cómo se puedan resolver estos conflictos de rivalidad entre países con aspiraciones imperialistas. Lo que sí sé es que para encontrar una solución duradera se requiere la participación de los principales países, aquellos con fuerza económica y liderazgo internacional. Es una pena ver que los países europeos están más interesados en sus propios intereses de corto plazo que en la seguridad y estabilidad mundial de largo plazo, sobre todo si se piensa que dichos países fueron los actores principales de dos guerras mundiales.
A la comunidad internacional le vuelvo a recordar: “Historia magistra vitae“.
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jueves, julio 24, 2014
Perspectivas económicas para el resto del sexenio de Enrique Peña Nieto: 2014-2018
Después de 3 años de buenos crecimientos del PIB de 5.2, 3.8 y 3.9% en 2010, 2011 y 2012, respectivamente, alcanzando un promedio de 4.3%, por encima del promedio mundial, se esperaba que con la llegada del gobierno de Peña Nieto se iba a mantener e inclusive mejorar esta tendencia. Sin embargo, han pasado 19 meses y el desempeño económico no ha sido el esperado, ni el prometido, al contrario se vino una fuerte desaceleración que nos dejó al borde de la recesión. El PIB tan sólo creció al 1.1% en el 2013, muy por debajo del esperado crecimiento de más del 3% pronosticado a principios de su administración. Ahora, en su segundo año de gobierno, los pronósticos de crecimiento para el 2014 superiores al 3% se han vuelto a revisar a la baja, esperándose que este año la economía crezca al 2.2%, el doble del escaso crecimiento alcanzado en el 2013. En ambos años el crecimiento de México estuvo y estará por debajo del de Estados Unidos y Canadá, contribuyendo a aumentar nuestro subdesarrollo relativo. Ante una realidad más pobre que la esperada, uno se pregunta: ¿Por qué hemos crecido y seguimos creciendo por debajo de las expectativas?, ¿Qué es lo que está haciendo mal el gobierno de EPN?, y ¿Qué podemos esperar en los 55 meses restantes de su administración?
En días recientes di una plática sobre el tema de esta nota a un interesante grupo de intelectuales de diferentes orientaciones ideológicas y actividades profesionales. Llegué a las tres de la tarde, comí, di la plática y, entre preguntas y comentarios, salí de la reunión a las ocho de la noche. Llegué a casa totalmente agotado después de escuchar, responder y comentar preguntas de toda índole, dentro y fuera del tema. En esta primera nota trato de resumir la primera parte de dicha presentación.
Los primeros 19 meses han sido decepcionantes. Probablemente los principales logros hasta el momento del gobierno de EPN hayan sido el Pacto por México y bajo su manto, las reformas estructurales. Estos logros le confirieron a la administración de EPN legitimidad y confianza al principio de su mandato, lo cual desgraciadamente no se tradujo en un mayor consumo e inversión en el 2013 y en lo que va del 2014.
En cuanto a los principales errores de la administración de EPN, posiblemente estos tengan que ver –en el orden económico– con la demora en el ejercicio del gasto público en el 2013; la nefasta reforma hacendaria; una política fiscal que en lugar de estimular la actividad económica optó por una serie de medidas recaudatorias que disminuyeron el poder adquisitivo de las familias mexicanas y restaron incentivos a la inversión privada. Otra falla en el orden institucional correspondió a lo poco que se hizo para disminuir la impunidad, castigar la corrupción y mejorar la seguridad.
En lo que toca al crecimiento económico durante el 2013, la tasa de crecimiento fue inferior a la esperada debido a un entorno internacional más débil de lo previsto. Las economías europeas crecieron poco, mientras que la economía estadounidense aceleró su crecimiento en la segunda mitad del 2013, creciendo en promedio anual al 1.9%, por arriba del crecimiento mexicano. En el sector externo nos afectaron los techos a nuestras exportaciones de automotores arbitrariamente impuestos por Argentina y Brasil.
En lo interno el impacto fue resultado de dos factores. El primero fue el mal manejo del gasto público, el ejercicio del cual se demoró por motivos políticos y por la negociación del pacto por México; grave error de la administración de EPN. El segundo factor correspondió a la baja productividad en nuestra economía debido a 4 elementos: (1) la falta de competencia interna, (2) la excesiva normatividad, reglamentación y tramitación burocrática para las pequeñas y medianas empresas, (3) el elevado costo del dinero comparado con el de nuestros principales socios y competidores comerciales, y (4) los altos niveles de corrupción gubernamental que aumentaron los costos de producción. Se notó la ausencia de esfuerzos gubernamentales para superar dichos obstáculos que merman la productividad.
Los siguientes 55 meses serán mejores, pero no por mucho. Las perspectivas para los próximos cuatro y medio años de gobierno de Enrique Peña Nieto son relativamente positivas. Para empezar, nuestros principales socios comerciales, Estados Unidos y Canadá, esperan crecer a tasas superiores al 2% de aquí al 2018. Las economías de la zona del euro continuarán resolviendo sus problemas de deuda y fiscales. Aún bajo el escenario pesimista de que Grecia abandone la zona del euro, las principales economías europeas van a mantener un dinamismo positivo con tasas de crecimiento superiores al 1%.
En cuanto al efecto de las reformas estructurales en el crecimiento económico, no vamos a ver un gran impacto sino hasta finales del sexenio, en gran parte por la demora y la baja profundidad en las leyes secundarias de las propias reformas.
De tal manera que la economía mexicana va crecer en promedio entre el 3 y el 3.5% del 2015 al 2018. El tipo de cambio se situará a finales del 2018 en cerca de los 14 pesos por dólar y la inflación no rebasará el 3.5%. La inversión privada extranjera continuará llegando atraída por las altas calificaciones otorgadas a México por las principales calificadoras internacionales, la estabilidad financiera y la continuidad en la prudencia fiscal. La confianza de los inversionistas se verá fortalecida por la ratificación del gobierno de EPN del compromiso federal de dejar la determinación de las tasas de interés y los tipos de cambio al libre juego del mercado, apoyado por un importante monto de reservas internacionales de 190,000 millones de dólares y con una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional de 73,000 millones de dólares. En América Latina, México junto con Colombia, Chile, Perú, Paraguay, Ecuador y Bolivia tendrán más éxito en su desempeño económico, mientras que Venezuela, Brasil y Argentina continuarán con una baja dinámica de crecimiento.
¿Por qué no crecimos más rápido? Seguramente el lector, al leer los datos de ascensor (que esto subió y aquello bajó) de los párrafos anteriores, se preguntará ¿qué pasó? y ¿por qué México no puede crecer a tasas superiores a 3.5%?
La economía mexicana pudo y puede crecer a tasas cercanas al 7% anual. El hecho de que no lo haga se debe al mal manejo del gasto público, a la falta de una gobernabilidad efectiva, y a las limitaciones de las estructuras política, legal e institucional. El impacto positivo del gasto público en la actividad económica fue bajo por ser su ejercicio ineficiente, mal ejecutado y posiblemente viciado. El aumento en la recaudación disminuyó el ingreso personal reduciendo el gasto privado en favor del gasto público, el cual tiene un menor impacto positivo en el crecimiento que el gasto privado.
Aparte, por mucho que se cambie una ley sectorial para aumentar la eficiencia mediante la competencia, promoviendo el cambio tecnológico y ofreciendo mejores y más baratos productos y servicios a los consumidores, si no se adecua el marco legal e institucional vigente, el resultado es que las buenas propuestas difícilmente se llevan a cabo, porque los afectados recurren a otras leyes, o simplemente se amparan.
¿En dónde estamos? Los problemas de corto plazo se perpetúan y profundizan ante la ineficiencia de las políticas económicas y el auge de la ilegalidad, impunidad y corrupción. Estos factores promueven la desconfianza de la sociedad hacia los gobernantes que van perdiendo gradual pero inexorablemente su legitimidad, reduciéndose así la gobernabilidad del país.
La economía del 2014 al 2018 se verá entre la pérdida de popularidad presidencial y un contexto de ineficacia, incertidumbre y riesgos.
En días recientes di una plática sobre el tema de esta nota a un interesante grupo de intelectuales de diferentes orientaciones ideológicas y actividades profesionales. Llegué a las tres de la tarde, comí, di la plática y, entre preguntas y comentarios, salí de la reunión a las ocho de la noche. Llegué a casa totalmente agotado después de escuchar, responder y comentar preguntas de toda índole, dentro y fuera del tema. En esta primera nota trato de resumir la primera parte de dicha presentación.
Los primeros 19 meses han sido decepcionantes. Probablemente los principales logros hasta el momento del gobierno de EPN hayan sido el Pacto por México y bajo su manto, las reformas estructurales. Estos logros le confirieron a la administración de EPN legitimidad y confianza al principio de su mandato, lo cual desgraciadamente no se tradujo en un mayor consumo e inversión en el 2013 y en lo que va del 2014.
En cuanto a los principales errores de la administración de EPN, posiblemente estos tengan que ver –en el orden económico– con la demora en el ejercicio del gasto público en el 2013; la nefasta reforma hacendaria; una política fiscal que en lugar de estimular la actividad económica optó por una serie de medidas recaudatorias que disminuyeron el poder adquisitivo de las familias mexicanas y restaron incentivos a la inversión privada. Otra falla en el orden institucional correspondió a lo poco que se hizo para disminuir la impunidad, castigar la corrupción y mejorar la seguridad.
En lo que toca al crecimiento económico durante el 2013, la tasa de crecimiento fue inferior a la esperada debido a un entorno internacional más débil de lo previsto. Las economías europeas crecieron poco, mientras que la economía estadounidense aceleró su crecimiento en la segunda mitad del 2013, creciendo en promedio anual al 1.9%, por arriba del crecimiento mexicano. En el sector externo nos afectaron los techos a nuestras exportaciones de automotores arbitrariamente impuestos por Argentina y Brasil.
En lo interno el impacto fue resultado de dos factores. El primero fue el mal manejo del gasto público, el ejercicio del cual se demoró por motivos políticos y por la negociación del pacto por México; grave error de la administración de EPN. El segundo factor correspondió a la baja productividad en nuestra economía debido a 4 elementos: (1) la falta de competencia interna, (2) la excesiva normatividad, reglamentación y tramitación burocrática para las pequeñas y medianas empresas, (3) el elevado costo del dinero comparado con el de nuestros principales socios y competidores comerciales, y (4) los altos niveles de corrupción gubernamental que aumentaron los costos de producción. Se notó la ausencia de esfuerzos gubernamentales para superar dichos obstáculos que merman la productividad.
Los siguientes 55 meses serán mejores, pero no por mucho. Las perspectivas para los próximos cuatro y medio años de gobierno de Enrique Peña Nieto son relativamente positivas. Para empezar, nuestros principales socios comerciales, Estados Unidos y Canadá, esperan crecer a tasas superiores al 2% de aquí al 2018. Las economías de la zona del euro continuarán resolviendo sus problemas de deuda y fiscales. Aún bajo el escenario pesimista de que Grecia abandone la zona del euro, las principales economías europeas van a mantener un dinamismo positivo con tasas de crecimiento superiores al 1%.
En cuanto al efecto de las reformas estructurales en el crecimiento económico, no vamos a ver un gran impacto sino hasta finales del sexenio, en gran parte por la demora y la baja profundidad en las leyes secundarias de las propias reformas.
De tal manera que la economía mexicana va crecer en promedio entre el 3 y el 3.5% del 2015 al 2018. El tipo de cambio se situará a finales del 2018 en cerca de los 14 pesos por dólar y la inflación no rebasará el 3.5%. La inversión privada extranjera continuará llegando atraída por las altas calificaciones otorgadas a México por las principales calificadoras internacionales, la estabilidad financiera y la continuidad en la prudencia fiscal. La confianza de los inversionistas se verá fortalecida por la ratificación del gobierno de EPN del compromiso federal de dejar la determinación de las tasas de interés y los tipos de cambio al libre juego del mercado, apoyado por un importante monto de reservas internacionales de 190,000 millones de dólares y con una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional de 73,000 millones de dólares. En América Latina, México junto con Colombia, Chile, Perú, Paraguay, Ecuador y Bolivia tendrán más éxito en su desempeño económico, mientras que Venezuela, Brasil y Argentina continuarán con una baja dinámica de crecimiento.
¿Por qué no crecimos más rápido? Seguramente el lector, al leer los datos de ascensor (que esto subió y aquello bajó) de los párrafos anteriores, se preguntará ¿qué pasó? y ¿por qué México no puede crecer a tasas superiores a 3.5%?
La economía mexicana pudo y puede crecer a tasas cercanas al 7% anual. El hecho de que no lo haga se debe al mal manejo del gasto público, a la falta de una gobernabilidad efectiva, y a las limitaciones de las estructuras política, legal e institucional. El impacto positivo del gasto público en la actividad económica fue bajo por ser su ejercicio ineficiente, mal ejecutado y posiblemente viciado. El aumento en la recaudación disminuyó el ingreso personal reduciendo el gasto privado en favor del gasto público, el cual tiene un menor impacto positivo en el crecimiento que el gasto privado.
Aparte, por mucho que se cambie una ley sectorial para aumentar la eficiencia mediante la competencia, promoviendo el cambio tecnológico y ofreciendo mejores y más baratos productos y servicios a los consumidores, si no se adecua el marco legal e institucional vigente, el resultado es que las buenas propuestas difícilmente se llevan a cabo, porque los afectados recurren a otras leyes, o simplemente se amparan.
¿En dónde estamos? Los problemas de corto plazo se perpetúan y profundizan ante la ineficiencia de las políticas económicas y el auge de la ilegalidad, impunidad y corrupción. Estos factores promueven la desconfianza de la sociedad hacia los gobernantes que van perdiendo gradual pero inexorablemente su legitimidad, reduciéndose así la gobernabilidad del país.
La economía del 2014 al 2018 se verá entre la pérdida de popularidad presidencial y un contexto de ineficacia, incertidumbre y riesgos.
domingo, mayo 25, 2014
BANXICO, CNBV y CONDUSEF violan los derechos humanos de los tarjetahabientes
El escritor y filósofo alemán Gotthold Lessing decía que “Pedir prestado no era mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no era gran cosa menos que robar.”
Empecemos afirmando que las autoridades y entidades encargadas del proceso de fijación de los cargos e interés en las tarjetas de crédito en México atentan contra nuestros derechos humanos.
La Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) establece en su Artículo 21 párrafo 3 que “Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre, deben ser prohibidas por la ley.” Esta convención es de aplicación obligatoria en México. El estado mexicano está obligado a salvaguardar este derecho humano y evitar que sus ciudadanos sean explotados a través de la usura, especialmente por aquellas empresas que requieren concesión del Estado y son reguladas por éste.
El gobierno tiene tres organismos para regular el sistema financiero y proteger a sus usuarios. El Banco de México (BANXICO) tiene la obligación de regular las comisiones, intereses y otros cargos de las entidades financieras a sus clientes. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) tiene por objeto supervisar y regular a las entidades del sistema financiero, a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, en protección de los intereses del público. La finalidad de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) es promover, asesorar, proteger y defender los derechos e intereses de los usuarios frente a los bancos y compañías del ramo.
Estos organismos del Estado al permitir que las empresas financieras fijen excesivos cargos y tasas de interés en las tarjetas de crédito por arriba de la inflación, el costo de captación del dinero, los intereses legales y una tasa razonable de ganancia, permiten la usura y violan los derechos humanos de los usuarios que se suponen deben proteger, lo que constituye una flagrante violación a la ley y al Pacto de San José.
En principio, la tasa de interés de cualquier tarjeta de crédito es el porcentaje que cobra el emisor del crédito (el banco) por prestar el dinero, porcentaje que debe reflejar lo que el banco paga a los ahorradores más los costos de transacción (fijos y variables) más una utilidad razonable. De tal manera, si los bancos pagan 4% por conseguir su dinero y sus costos de transacción son del 0.5%, la tasa mínima de interés para cubrir costos sería de 4.5%.
En la práctica, los bancos buscan ganar por arriba del costo y cubrirse del riesgo de que algunos deudores no paguen. De tal manera, si consideramos un riesgo medio de que el 5% de los deudores dejen de pagar y una tasa mínima de ganancia equivalente al costo del dinero, la tasa de interés media debería de ser de 13.5%. El problema es cuando el sobrecargo por estos conceptos se vuelve excesivo y las autoridades no intervienen para evitarlo, permitiendo un robo en despoblado.
La mecánica de los cargos a las tarjetas de crédito en México es la siguiente. Una vez que pasa la fecha de corte y no se ha liquidado la deuda, el deudor tiene que pagar intereses, cargos y comisiones. Estos cobros varían de tarjeta a tarjeta, y de banco a banco. Los intereses moratorios son cargos adicionales que el emisor de la tarjeta cobra cuando se pasa el tarjetahabiente de la fecha límite de pago.
En México existe un divorcio entre las condiciones en el mercado financiero y los criterios de los emisores de las tarjetas de crédito. Por ejemplo, el costo de la tarjeta Clásica de Banamex, frente a la que emite su matriz Citigroup en Estados Unidos es de más del doble. El Costo Anual Total (CAT) de la tarjeta de Banamex es de 45%, mientras que la tarjeta Simplicity, similar a la de Banamex, que ofrece Citigroup, en Estados Unidos tiene un APR (Annual Percent Rate), equivalente a lo que es el CAT, que va de 13% a un máximo de 22%. La tarjeta Básica de Scotiabank tiene en México un CAT de 53%, mientras que en Canadá su equivalente tiene un APR de 19.99%. El CAT de la tarjeta Clásica que emite Santander en México es de 41.7%, mientras que el APR de su tarjeta similar en el Reino Unido es de 18.9%.
No solamente los bancos extranjeros cobran excesivamente en México, también lo hacen los bancos nacionales. Banorte cobra un CAT de 78.5% por su tarjeta Básica y BanCoppel 89.9% por su tarjeta Clásica, mientras que la tarjeta equivalente (sin anualidad y para usuarios de bajos ingresos) en Estados Unidos es de 23%.
Estas inmensas diferencias se podrían explicar si existiese, por un lado, un mayor nivel de competencia en Estados Unidos y Reino Unido que en México y, por el otro, un mayor nivel de riesgo en México que el de estos países. Sin embargo, esto no es el caso.
En México existen arriba de 40 instituciones bancarias, más del 80% de las tarjetas de crédito están concentrados en los cinco bancos más grandes. No obstante, existen más de 150 diferentes tipos de tarjetas de crédito ofrecidas por instituciones bancarias y comerciales. Dados estos números, los economistas estiman que existen niveles adecuados de competencia para lograr tasas de interés competitivas en dichas tarjetas.
El nivel de riesgo en México no es superior al de los otros países. En efecto, el índice de morosidad en la cartera de tarjetas de crédito del Banco Nacional de México es de casi 5%, mientras que su matriz Citigroup reporta para el mismo lapso una falta de pago de alrededor de 6% en Estados Unidos. En cuanto al índice de morosidad en la cartera total de Santander en Reino Unido es de 1.86%, mientras que en México es de 4.9%.
Los niveles de competencia y riesgo en México no explican los elevados cargos que cobran los bancos y entidades comerciales a sus tarjetahabientes. La única explicación válida es que en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido las autoridades si regulan el sistema financiero y protegen a los usuarios, mientras que en México no. Los sobrecargos no son otra cosa que simple y sencillamente actos de rapiña financiera amparados por las autoridades del sector, específicamente BANXICO, CNBV y CONDUSEF. Esta falta de protección constituye una clara violación de los derechos humanos de los mexicanos al permitir la usura en los cargos en las tarjetas de crédito.
Hoy en día pedir prestado no es mendigar, sino tan solo una de las necesidades de la vida moderna. Sin embargo, la usura sigue y seguirá siendo un robo y una forma de explotación del hombre por el hombre.
Empecemos afirmando que las autoridades y entidades encargadas del proceso de fijación de los cargos e interés en las tarjetas de crédito en México atentan contra nuestros derechos humanos.
La Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) establece en su Artículo 21 párrafo 3 que “Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre, deben ser prohibidas por la ley.” Esta convención es de aplicación obligatoria en México. El estado mexicano está obligado a salvaguardar este derecho humano y evitar que sus ciudadanos sean explotados a través de la usura, especialmente por aquellas empresas que requieren concesión del Estado y son reguladas por éste.
El gobierno tiene tres organismos para regular el sistema financiero y proteger a sus usuarios. El Banco de México (BANXICO) tiene la obligación de regular las comisiones, intereses y otros cargos de las entidades financieras a sus clientes. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) tiene por objeto supervisar y regular a las entidades del sistema financiero, a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, en protección de los intereses del público. La finalidad de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) es promover, asesorar, proteger y defender los derechos e intereses de los usuarios frente a los bancos y compañías del ramo.
Estos organismos del Estado al permitir que las empresas financieras fijen excesivos cargos y tasas de interés en las tarjetas de crédito por arriba de la inflación, el costo de captación del dinero, los intereses legales y una tasa razonable de ganancia, permiten la usura y violan los derechos humanos de los usuarios que se suponen deben proteger, lo que constituye una flagrante violación a la ley y al Pacto de San José.
En principio, la tasa de interés de cualquier tarjeta de crédito es el porcentaje que cobra el emisor del crédito (el banco) por prestar el dinero, porcentaje que debe reflejar lo que el banco paga a los ahorradores más los costos de transacción (fijos y variables) más una utilidad razonable. De tal manera, si los bancos pagan 4% por conseguir su dinero y sus costos de transacción son del 0.5%, la tasa mínima de interés para cubrir costos sería de 4.5%.
En la práctica, los bancos buscan ganar por arriba del costo y cubrirse del riesgo de que algunos deudores no paguen. De tal manera, si consideramos un riesgo medio de que el 5% de los deudores dejen de pagar y una tasa mínima de ganancia equivalente al costo del dinero, la tasa de interés media debería de ser de 13.5%. El problema es cuando el sobrecargo por estos conceptos se vuelve excesivo y las autoridades no intervienen para evitarlo, permitiendo un robo en despoblado.
La mecánica de los cargos a las tarjetas de crédito en México es la siguiente. Una vez que pasa la fecha de corte y no se ha liquidado la deuda, el deudor tiene que pagar intereses, cargos y comisiones. Estos cobros varían de tarjeta a tarjeta, y de banco a banco. Los intereses moratorios son cargos adicionales que el emisor de la tarjeta cobra cuando se pasa el tarjetahabiente de la fecha límite de pago.
En México existe un divorcio entre las condiciones en el mercado financiero y los criterios de los emisores de las tarjetas de crédito. Por ejemplo, el costo de la tarjeta Clásica de Banamex, frente a la que emite su matriz Citigroup en Estados Unidos es de más del doble. El Costo Anual Total (CAT) de la tarjeta de Banamex es de 45%, mientras que la tarjeta Simplicity, similar a la de Banamex, que ofrece Citigroup, en Estados Unidos tiene un APR (Annual Percent Rate), equivalente a lo que es el CAT, que va de 13% a un máximo de 22%. La tarjeta Básica de Scotiabank tiene en México un CAT de 53%, mientras que en Canadá su equivalente tiene un APR de 19.99%. El CAT de la tarjeta Clásica que emite Santander en México es de 41.7%, mientras que el APR de su tarjeta similar en el Reino Unido es de 18.9%.
No solamente los bancos extranjeros cobran excesivamente en México, también lo hacen los bancos nacionales. Banorte cobra un CAT de 78.5% por su tarjeta Básica y BanCoppel 89.9% por su tarjeta Clásica, mientras que la tarjeta equivalente (sin anualidad y para usuarios de bajos ingresos) en Estados Unidos es de 23%.
Estas inmensas diferencias se podrían explicar si existiese, por un lado, un mayor nivel de competencia en Estados Unidos y Reino Unido que en México y, por el otro, un mayor nivel de riesgo en México que el de estos países. Sin embargo, esto no es el caso.
En México existen arriba de 40 instituciones bancarias, más del 80% de las tarjetas de crédito están concentrados en los cinco bancos más grandes. No obstante, existen más de 150 diferentes tipos de tarjetas de crédito ofrecidas por instituciones bancarias y comerciales. Dados estos números, los economistas estiman que existen niveles adecuados de competencia para lograr tasas de interés competitivas en dichas tarjetas.
El nivel de riesgo en México no es superior al de los otros países. En efecto, el índice de morosidad en la cartera de tarjetas de crédito del Banco Nacional de México es de casi 5%, mientras que su matriz Citigroup reporta para el mismo lapso una falta de pago de alrededor de 6% en Estados Unidos. En cuanto al índice de morosidad en la cartera total de Santander en Reino Unido es de 1.86%, mientras que en México es de 4.9%.
Los niveles de competencia y riesgo en México no explican los elevados cargos que cobran los bancos y entidades comerciales a sus tarjetahabientes. La única explicación válida es que en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido las autoridades si regulan el sistema financiero y protegen a los usuarios, mientras que en México no. Los sobrecargos no son otra cosa que simple y sencillamente actos de rapiña financiera amparados por las autoridades del sector, específicamente BANXICO, CNBV y CONDUSEF. Esta falta de protección constituye una clara violación de los derechos humanos de los mexicanos al permitir la usura en los cargos en las tarjetas de crédito.
Hoy en día pedir prestado no es mendigar, sino tan solo una de las necesidades de la vida moderna. Sin embargo, la usura sigue y seguirá siendo un robo y una forma de explotación del hombre por el hombre.
miércoles, mayo 14, 2014
Siete de las Veinte Preguntas de Cuarón y Sarmiento
El 28 de abril de 2014 el cineasta Alfonso Cuarón formuló 10 preguntas sobre la reforma energética propuesta por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Me encantó su iniciativa al debate, aunque pensé que las preguntas hubieran podido ser mejores. Sin embargo, me sorprendió y molestó la respuesta socarrona del periodista Sergio Sarmiento del 9 mayo del mismo año en donde invita a Cuarón a debatir en una cadena televisiva.
Sarmiento se autocalifica como un simple periodista, que nunca ha ganado un Oscar, que no es lo suficientemente importante para que el Presidente le conteste sus cartas y considera implícitamente al cineasta de conservador. Sarmiento le formula 10 preguntas bajo el supuesto de que Cuarón, al invitar al debate, está defendiendo al monopolio estatal vigente de Pemex.
Yo no soy cineasta ni periodista, sino tan sólo consultor económico, pero tengo la fortuna de venir de una generación que tuvo clases de oratoria en la Escuela Nacional Preparatoria No. 4. Mi maestro fue uno de los más grandes oradores que ha dado México, el Licenciado José Muñoz Cota. Más tarde tuve la suerte de estudiar mi maestría y doctorado en Inglaterra, donde el debate se practicaba no sólo para llegar a una conclusión y ganar el debate, sino para dominar el arte de debatir. Por ello me sorprende que cuando alguien cuestiona a nuestros políticos y colegas, estos se sienten amenazados, inseguros y responden al cuestionamiento como si se tratará de un ataque personal. El México de hoy desgraciadamente ha perdido la cultura del debate.
Sergio Sarmiento concluye que Cuarón –al inquirir sobre la reforma– aboga por el statu quo. Yo no lo entendí así. Cuarón solamente cuestiona e invita al debate para examinar, discutir e informar a los mexicanos sobre las virtudes y/o limitantes de la reforma. Sarmiento clasifica a Cuarón como conservador por el simple hecho de cuestionar al ejecutivo. Pareciera que no sólo en las dictaduras se impide a los ciudadanos ejercer sus derechos de libre expresión. Examinar, discutir y debatir no es liberal, ni conservador, ni de derecha o de izquierda, sino tan solo parte de un proceso que enriquece a la democracia participativa.
Estimados Cuarón, Sarmiento y lector, parto de la premisa de que no existen políticas liberales, conservadoras, de izquierda o derecha, sino tan sólo políticas correctas o equivocadas. En efecto, considero que si se acepta un objetivo común, la medida que nos acerque más rápidamente al objetivo es la mejor (o la menos mala). Si en nuestro caso el objetivo último de la reforma energética es mejorar el bienestar de las familias mexicanas de hoy y de mañana, entonces el mejor modelo industrial será aquel que mejore más rápidamente las condiciones de vida de los mexicanos presentes y futuros.
Bajo esta premisa, trato a continuación de responder a siete de las 20 preguntas que encontré más interesantes.
Me gustó la cita de Sarmiento “Es mejor debatir una disputa sin resolverla que resolver la disputa sin debatirla” de Joubert. Las 10 preguntas de Alfonso Cuarón han logrado, por lo menos, un debate entre nosotros. Ojalá y que otros mexicanos destacados inviten al debate en las otras reformas a través de cuestionamientos dirigidos a nuestros gobernantes. Los mejores proyectos de política pública, los más sustentables, son aquellos en donde la mayoría de los miembros de la sociedad se sienten participantes y propietarios.
Sarmiento se autocalifica como un simple periodista, que nunca ha ganado un Oscar, que no es lo suficientemente importante para que el Presidente le conteste sus cartas y considera implícitamente al cineasta de conservador. Sarmiento le formula 10 preguntas bajo el supuesto de que Cuarón, al invitar al debate, está defendiendo al monopolio estatal vigente de Pemex.
Yo no soy cineasta ni periodista, sino tan sólo consultor económico, pero tengo la fortuna de venir de una generación que tuvo clases de oratoria en la Escuela Nacional Preparatoria No. 4. Mi maestro fue uno de los más grandes oradores que ha dado México, el Licenciado José Muñoz Cota. Más tarde tuve la suerte de estudiar mi maestría y doctorado en Inglaterra, donde el debate se practicaba no sólo para llegar a una conclusión y ganar el debate, sino para dominar el arte de debatir. Por ello me sorprende que cuando alguien cuestiona a nuestros políticos y colegas, estos se sienten amenazados, inseguros y responden al cuestionamiento como si se tratará de un ataque personal. El México de hoy desgraciadamente ha perdido la cultura del debate.
Sergio Sarmiento concluye que Cuarón –al inquirir sobre la reforma– aboga por el statu quo. Yo no lo entendí así. Cuarón solamente cuestiona e invita al debate para examinar, discutir e informar a los mexicanos sobre las virtudes y/o limitantes de la reforma. Sarmiento clasifica a Cuarón como conservador por el simple hecho de cuestionar al ejecutivo. Pareciera que no sólo en las dictaduras se impide a los ciudadanos ejercer sus derechos de libre expresión. Examinar, discutir y debatir no es liberal, ni conservador, ni de derecha o de izquierda, sino tan solo parte de un proceso que enriquece a la democracia participativa.
Estimados Cuarón, Sarmiento y lector, parto de la premisa de que no existen políticas liberales, conservadoras, de izquierda o derecha, sino tan sólo políticas correctas o equivocadas. En efecto, considero que si se acepta un objetivo común, la medida que nos acerque más rápidamente al objetivo es la mejor (o la menos mala). Si en nuestro caso el objetivo último de la reforma energética es mejorar el bienestar de las familias mexicanas de hoy y de mañana, entonces el mejor modelo industrial será aquel que mejore más rápidamente las condiciones de vida de los mexicanos presentes y futuros.
Bajo esta premisa, trato a continuación de responder a siete de las 20 preguntas que encontré más interesantes.
- ¿Es preferible el monopolio estatal vigente al esquema propuesto de apertura a la iniciativa privada? Si algo nos dice la historia económica es que los monopolios son malos para la economía y sociedad de un país. El monopolio público es ineficiente y foco de corrupción. El monopolio privado es explotador. El monopolio privado extranjero es explotador y saqueador. Un sector con muchos participantes es más eficiente y menos corrupto que los esquemas monopólicos.
- ¿Bajarán los precios de los combustibles? Sí y no. Si, en el caso de la electricidad y de las energías alternativas. No, en el caso de los combustibles fósiles comercializados en los mercados internacionales. El nuevo esquema de la reforma va a promover menores costos de oferta. Pero los precios al consumidor de los productos del petróleo y gas tienen que reflejar sus precios internacionales.
- ¿Cuáles serán los impactos al medio ambiente? Ningún modelo industrial del sector sea éste de monopolio o de competencia tendrá cero impacto ambiental. La producción, transformación, transporte, distribución y consumo de energía siempre afectarán al medio ambiente. La única manera de evitar los impactos ambientales es no consumir energéticos. No obstante, bajo el esquema propuesto es probable que los impactos ambientales sean menores al aumentar el número de participantes y tener entes reguladores independientes.
- ¿Se van a promover energías alternativas? Sí, la apertura del sector a la participación privada va estimular la investigación, desarrollo y comercialización de energías alternativas.
- ¿Podrán las grandes trasnacionales capturar nuestro proceso democrático? “Nunca digas de esta agua no beberé.” La historia de las grandes empresas petroleras nos dice que esto es posible. Sin embargo, en el esquema propuesto, el gobierno y los reguladores tienen la obligación de no permitir posiciones dominantes de ninguna empresa. En igualdad de circunstancias, se debe promover alianzas con empresas nacionales. Se deben seguir los ejemplos de Noruega y Brasil.
- ¿Qué va pasar con la corrupción y los contratos millonarios? El esquema propuesto va a aumentar la transparencia en la asignación de contratos al separar a los reguladores de las empresas y del ejecutivo, y al permitir la entrada al sector de nuevos participantes. En cuanto a la corrupción sindical, el problema monopólico del sindicato va a continuar hasta que no se modifique la Constitución y la ley laboral.
- ¿Cómo evitar las prácticas depredatorias de las empresas? Se requieren reguladores autónomos, independientes, preparados y con fuerza. El regulador debe balancear los intereses de los consumidores, las empresas y el gobierno, por lo tanto no debe de ser capturado por ninguno de los tres. Si el Estado nombra a los reguladores, existe el peligro de captura. El proceso de elección de los reguladores tiene que ser transparente e independiente y debe provenir de la sociedad civil. Los reguladores no deben ser propuestos por el ejecutivo, legislativo o judicial. Los candidatos deben ser propuestos por consultores y elegidos por un panel de la sociedad civil. Es por ello que en los países desarrollados los reguladores generalmente provienen de academia no de los amigos de los políticos o gobernantes.
Me gustó la cita de Sarmiento “Es mejor debatir una disputa sin resolverla que resolver la disputa sin debatirla” de Joubert. Las 10 preguntas de Alfonso Cuarón han logrado, por lo menos, un debate entre nosotros. Ojalá y que otros mexicanos destacados inviten al debate en las otras reformas a través de cuestionamientos dirigidos a nuestros gobernantes. Los mejores proyectos de política pública, los más sustentables, son aquellos en donde la mayoría de los miembros de la sociedad se sienten participantes y propietarios.
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