La verdad es que me cansa hablar tanto de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, inclusive un colega me sugirió que mi fijación con AMLO era ya de diván. Sin embargo, me es difícil no escribir acerca de él cuándo lo peor se confirma semana tras semana. Sus promesas de campaña se han quedado atrás al enfrentarse a la dura realidad y a las dificultades de gobernar. No obstante, a pesar de sus pobres resultados, sobre todo en economía y seguridad, su popularidad continúa alta, la gente sigue esperanzada y creyendo en él.
México lleva 10 meses de la administración de la 4T, lo que se podría calificar como un ejemplo de posliderazgo, o sea, líderes que desatan pasiones, desentierran resentimientos y emocionan a la gente. Líderes que se dejan llevar por las emociones que ellos mismos desataron y que luego son incapaces de administrar. Los mexicanos que siguen creyendo en AMLO lo hacen casi con fervor religioso, exhibiendo acumulación de pasiones sin resultados tangibles, excepto el de la burla y escarnio a los opositores y críticos de la 4T. A juicio de este escribiente ha llegado el momento del desarme emocional, de recurrir al recurso de la imaginación política y al conocimiento técnico económico. Hay que detenerse, recapacitar y replantear la nueva filosofía de política pública y económica; ya no más caprichos y ocurrencias de elevados costos económicos y sociales, pero decisiones avaladas por estudios bien fundamentados.
En las grandes urbes se percibe mayor desempleo, mientras que el caos en la Ciudad de México prevalece con las protestas de los normalistas y taxistas. El 3 de octubre pasado los normalistas de Tenería del Estado de México secuestraron 92 camiones y chóferes en demanda de más plazas laborales para los egresados. Tuvieron secuestrados 10 días a los conductores y los autobuses. Luego de las negociaciones de autoridades con normalistas, se convino dar viabilidad a la demanda de los estudiantes, los conductores y autobuses fueron liberados. Los chóferes declararon maltrato, inclusive uno de ellos tuvo afectaciones en un ojo al explotar un vidrio en la cara durante la toma de su camión.
La pregunta que surge es ¿cómo fue que los actos criminales de robo, secuestro, privación ilegal de la libertad y agresiones quedaron impunes, mientras que los agresores fueron premiados con la concesión a su demanda principal? Con la excusa de no reprimir, el gobierno acepta como daño colateral el abuso y agresión a terceros por parte de los quejosos.
Días después, el 7 de octubre, los integrantes del Movimiento Nacional Taxista protestaron contra las aplicaciones transnacionales tipo Uber, Didi y Cabify bloqueando varias de las principales avenidas de la Ciudad de México y los accesos al aeropuerto internacional. Los taxistas ejercieron presión para evadir la competencia producto del progreso tecnológico en los sistemas de comunicación que predominan alrededor del mundo.
AMLO llegó al poder como líder de una sociedad resentida, culpando a los más afortunados de la desgracia de la mayoría del pueblo mexicano. Andrés Manuel difícilmente acepta críticas o sugerencias, descalificando y burlándose de sus opositores. Parece secreto a voces de que promovió la salida de Carlos Loret de Mola de Televisa y aterrorizó hasta presentar su renuncia al ministro Eduardo Medina Mora de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El mismo día que las autoridades congelaron las cuentas de la familia Medina Mora, el ministro Medina Mora renunció sin exponer las causas graves como manda la Constitución. Tres días después las autoridades descongelaron las cuentas de la familia Medina Mora.
Apenas llegó al poder, AMLO desmanteló las pocas buenas cosas que había hecho el vacuo, irresponsable y corrupto Henry Monster, como le dice Brozo a Enrique Peña Nieto, tales como las reformas estructurales y el Aeropuerto Internacional de Texcoco.
Por otro lado, hay que registrar sus aciertos en materia de política social y en la lucha contra la corrupción. Eso hay que reconocérselo a AMLO, puesto que antes no había nada de eso.
Ahora, a cinco años de terminar su mandato, convendría, antes de seguir adelante, aceptar que es necesario dar marcha atrás y rectificar los errores y desaciertos. En otras palabras, dejar de ser héroes de victorias ficticias que sólo se han quedado en promesas sin resultados tangibles, y ser – como dice el autor y filósofo alemán Hans Magnus Enzensberge – héroes de la retirada, en donde los líderes aceptan “el non plus ultra” del arte de lo posible, consistente en abandonar posiciones insostenibles, renunciar a los caprichos en favor de los proyectos bien fundamentados. “Lo fácil es arrojar bombas, lo difícil es desactivarlas.”
La pregunta que surge es ¿tiene el líder de la 4T lo que se requiere para dar marcha atrás, recapacitar y cambiar de parecer en los ámbitos de la economía, la seguridad, el orden social y el Estado de derecho? Estimado lector, no tengo dudas de que la popularidad de nuestro presidente le permitiría afrontar los riesgos políticos de dar marcha atrás; tampoco dudo de que es valiente para enfrentar la oposición dentro de su gabinete y de su partido. Sin embargo, dada su arrogancia y limitada preparación académica, dudo que acepte y aprenda de sus equivocaciones.
Platón decía, “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres.” Así es que, aun cuando me cansa hablar tanto de nuestro presidente, mientras sigan sus acciones metiendo a México en escenarios de elevado costo económico y social, seguiré dando mi parecer, aunque me vuelvan a enviar al diván.
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lunes, octubre 14, 2019
Posliderazgo, AMLO y los Héroes de la Retirada
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lunes, mayo 13, 2019
AMLO: Aquí sólo mis chicharrones truenan
Me costó trabajo seleccionar el tema para el artículo de este mes, dado que casi todos mis amigos comentaristas habían escogido temas parecidos que giraban alrededor de la inmutable terquedad de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, quien considera que solamente su opinión cuenta y que siempre tiene la razón. Sin embargo, cuando empecé a escribir sobre Venezuela, otro tema de mi interés, mi mente regresaba a las últimas decisiones de AMLO y los costos que se están dejando sentir en la economía y los bolsillos de las familias mexicanas.
Alguien dijo en alguna ocasión que “no miente tan sólo el que habla en contra de lo que sabe, sino también miente el que habla en contra de lo que no sabe.” Es terrible ver a una persona tomar decisiones sobre el bienestar de otros pensando que sabe lo que no sabe, puesto que el costo de sus malas decisiones lo pagan los incautos que le otorgaron el poder de decisión sobre sus destinos.
Para el señor presidente no importa el sentido común, lo relevante son las buenas intenciones. En efecto, nada es complicado para el que no entiende, como nada es imposible para el que no sabe, pero cree que si sabe. El comportamiento del presidente corresponde al de un hombre soberbio convencido de su superioridad ética y moral, eliminando de facto toda posibilidad de diálogo. De entrada, sus adversarios y aquellos que emiten opiniones contrarias a la suya están descalificados por no admitir que la palabra de otros este a su altura. Por ello AMLO se ha rodeado de aduladores que prefieren guardar silencio ante sus caprichos y errores, que marcarle el alto y ofrecerle opciones correctas. Cualquier experto que discrepe de AMLO, en ese momento se vuelve pirrurris, o sea un desvergonzado que no merece atención alguna.
En estos cinco meses de administración, la administración de AMLO ha cometido un sin número de errores, pero probablemente dos marcarán su gobierno en la historia: el primero fue la terminación NAIM (nuevo aeropuerto internacional de México) en favor de la construcción del de Santa Lucía, y el segundo la construcción de la refinería de Dos Bocas.
Tal y como en su momento el tema de la Casa Blanca fue la que manchó la honestidad y credibilidad de Enrique Peña Nieto, la cancelación del NAIM en favor de Santa Lucía manchará de ineptitud y soberbia la figura histórica de Andrés Manuel López Obrador.
El presupuesto original de Santa Lucía se estimaba en 67,000 millones de pesos, pero de acuerdo al Colegio de Ingenieros va costar más de cuatro veces ese monto, alrededor de 217,000 millones de pesos y tomando en cuenta el costo de cierre del NAIM y otras obras que no se consideraron, saldrá 156,000 millones de pesos más caro que lo que hubiera costado terminar el NAIM, aeropuerto de menores costos de operación y de mayor capacidad, que el proyecto aeroportuario de AMLO, el que curiosamente todavía no se termina de estudiar. Esa decisión autoritaria mandó una pésima señal a los empresarios e inversionistas, los cuales han mantenido una actitud de desconfianza a la administración de AMLO.
El proyecto de la refinería de Dos Bocas se propuso por invitación directa a cuatro firmas expertas en la construcción de refinerías, quienes después de estudiar el proyecto concluyeron que costaría más de los 8,000 millones de dólares y tardaría más de los tres años que habían fijado como límites la administración de AMLO. Ante lo cual, nuestro presidente anunció que Pemex la haría (en el lugar que él escogió personalmente) bajo la dirección de la Secretaría de Energía manteniéndose dentro del presupuesto y terminándola a tiempo. Esta decisión de sustituir a las compañías internacionalmente más capacitadas para construir refinerías por un grupo de burócratas del gobierno y de una paraestatal va en contra de la experiencia histórica y del sentido común.
A ver, examinemos cuatro razones por las que la decisión de construir la refinería de Dos Bocas es una mala decisión, un elefante blanco y una criminal necedad.
Primero, la tendencia internacional es que desaparezcan los vehículos de combustión interna en favor de los eléctricos. Segundo, no se están construyendo nuevas refinerías en el mundo, la última que se construyó fue en Turquía y costó más de 10,000 millones de dólares, tardándose más de siete años en construirla. Tercero, si las compañías expertas concluyeron que la refinería costaría más y tardaría más en terminarse, es sencillamente imposible que Pemex y la SENER sean más eficientes que dichas compañías terminando en costo y en tiempo. Todos los estudios de organismos internacionales e institutos económicos indican que el sector público nunca ha sido más eficiente que el sector privado; que los proyectos bajo el control, dirección y ejecución del sector público tienen resultados peores que los del sector privado; que el dinero en manos del gobierno es infinitamente menos productivo que en manos del sector privado; que los proyectos manejados por el gobierno promueven ineficiencia y corrupción, etcétera. Estas lecciones que todos los economistas e ingenieros aprendemos en la Universidad, las desconoce nuestro presidente sabelotodo. Cuarto, existe exceso de capacidad en la industria mundial de producción de refinados, por lo que sus precios tienden a la baja. Los precios de los refinados producidos en Dos Bocas serán superiores a los precios internacionales por la necesidad de amortizar el capital invertido en la refinería mexicana, mientras que las inversiones en las refinerías existentes alrededor del mundo ya fueron amortizadas.
Viendo estos dos claros ejemplos de ineptitud y soberbia la pregunta clave ahora es ¿qué se nos viene después de todo esto? En economía no se pueden tomar malas decisiones muchas veces todas las veces, el costo no tarda en dejarse sentir y es creciente. En estos cinco meses de administración ya hemos visto un anticipo de lo que se nos viene encima: decaimiento del crecimiento económico y estancamiento de la economía. El peligro que este comentarista ve es que nuestro presidente trate de forzar el crecimiento económico con financiamiento deficitario, lo que desataría la inflación en el país comiéndose los ingresos, en especial, de los que menos tienen, precisamente los que mayormente votaron por él.
Esta administración pasará a la historia como la de las buenas intenciones y la de los pésimos resultados.
Alguien dijo en alguna ocasión que “no miente tan sólo el que habla en contra de lo que sabe, sino también miente el que habla en contra de lo que no sabe.” Es terrible ver a una persona tomar decisiones sobre el bienestar de otros pensando que sabe lo que no sabe, puesto que el costo de sus malas decisiones lo pagan los incautos que le otorgaron el poder de decisión sobre sus destinos.
Para el señor presidente no importa el sentido común, lo relevante son las buenas intenciones. En efecto, nada es complicado para el que no entiende, como nada es imposible para el que no sabe, pero cree que si sabe. El comportamiento del presidente corresponde al de un hombre soberbio convencido de su superioridad ética y moral, eliminando de facto toda posibilidad de diálogo. De entrada, sus adversarios y aquellos que emiten opiniones contrarias a la suya están descalificados por no admitir que la palabra de otros este a su altura. Por ello AMLO se ha rodeado de aduladores que prefieren guardar silencio ante sus caprichos y errores, que marcarle el alto y ofrecerle opciones correctas. Cualquier experto que discrepe de AMLO, en ese momento se vuelve pirrurris, o sea un desvergonzado que no merece atención alguna.
En estos cinco meses de administración, la administración de AMLO ha cometido un sin número de errores, pero probablemente dos marcarán su gobierno en la historia: el primero fue la terminación NAIM (nuevo aeropuerto internacional de México) en favor de la construcción del de Santa Lucía, y el segundo la construcción de la refinería de Dos Bocas.
Tal y como en su momento el tema de la Casa Blanca fue la que manchó la honestidad y credibilidad de Enrique Peña Nieto, la cancelación del NAIM en favor de Santa Lucía manchará de ineptitud y soberbia la figura histórica de Andrés Manuel López Obrador.
El presupuesto original de Santa Lucía se estimaba en 67,000 millones de pesos, pero de acuerdo al Colegio de Ingenieros va costar más de cuatro veces ese monto, alrededor de 217,000 millones de pesos y tomando en cuenta el costo de cierre del NAIM y otras obras que no se consideraron, saldrá 156,000 millones de pesos más caro que lo que hubiera costado terminar el NAIM, aeropuerto de menores costos de operación y de mayor capacidad, que el proyecto aeroportuario de AMLO, el que curiosamente todavía no se termina de estudiar. Esa decisión autoritaria mandó una pésima señal a los empresarios e inversionistas, los cuales han mantenido una actitud de desconfianza a la administración de AMLO.
El proyecto de la refinería de Dos Bocas se propuso por invitación directa a cuatro firmas expertas en la construcción de refinerías, quienes después de estudiar el proyecto concluyeron que costaría más de los 8,000 millones de dólares y tardaría más de los tres años que habían fijado como límites la administración de AMLO. Ante lo cual, nuestro presidente anunció que Pemex la haría (en el lugar que él escogió personalmente) bajo la dirección de la Secretaría de Energía manteniéndose dentro del presupuesto y terminándola a tiempo. Esta decisión de sustituir a las compañías internacionalmente más capacitadas para construir refinerías por un grupo de burócratas del gobierno y de una paraestatal va en contra de la experiencia histórica y del sentido común.
A ver, examinemos cuatro razones por las que la decisión de construir la refinería de Dos Bocas es una mala decisión, un elefante blanco y una criminal necedad.
Primero, la tendencia internacional es que desaparezcan los vehículos de combustión interna en favor de los eléctricos. Segundo, no se están construyendo nuevas refinerías en el mundo, la última que se construyó fue en Turquía y costó más de 10,000 millones de dólares, tardándose más de siete años en construirla. Tercero, si las compañías expertas concluyeron que la refinería costaría más y tardaría más en terminarse, es sencillamente imposible que Pemex y la SENER sean más eficientes que dichas compañías terminando en costo y en tiempo. Todos los estudios de organismos internacionales e institutos económicos indican que el sector público nunca ha sido más eficiente que el sector privado; que los proyectos bajo el control, dirección y ejecución del sector público tienen resultados peores que los del sector privado; que el dinero en manos del gobierno es infinitamente menos productivo que en manos del sector privado; que los proyectos manejados por el gobierno promueven ineficiencia y corrupción, etcétera. Estas lecciones que todos los economistas e ingenieros aprendemos en la Universidad, las desconoce nuestro presidente sabelotodo. Cuarto, existe exceso de capacidad en la industria mundial de producción de refinados, por lo que sus precios tienden a la baja. Los precios de los refinados producidos en Dos Bocas serán superiores a los precios internacionales por la necesidad de amortizar el capital invertido en la refinería mexicana, mientras que las inversiones en las refinerías existentes alrededor del mundo ya fueron amortizadas.
Viendo estos dos claros ejemplos de ineptitud y soberbia la pregunta clave ahora es ¿qué se nos viene después de todo esto? En economía no se pueden tomar malas decisiones muchas veces todas las veces, el costo no tarda en dejarse sentir y es creciente. En estos cinco meses de administración ya hemos visto un anticipo de lo que se nos viene encima: decaimiento del crecimiento económico y estancamiento de la economía. El peligro que este comentarista ve es que nuestro presidente trate de forzar el crecimiento económico con financiamiento deficitario, lo que desataría la inflación en el país comiéndose los ingresos, en especial, de los que menos tienen, precisamente los que mayormente votaron por él.
Esta administración pasará a la historia como la de las buenas intenciones y la de los pésimos resultados.
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miércoles, marzo 13, 2019
100 días del gobierno de AMLO: concentración del poder en seis actos
Cuando pensé en el tema para este artículo, lo primero que se me vino a la mente fue escribir sobre “los aciertos y desaciertos durante los primeros 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador”, pero cambié de opinión al pensar que sería un tema muy trillado por su gran interés para otros articulistas y analistas dada lo peculiar y popular que ha sido esta administración. Sin embargo, especulé que podría escribir sobre un rasgo que parece irse fortaleciendo con las acciones e inacciones del gobierno de la cuarta transformación: “su evidente estrategia de acumulación y concentración de poder.”
El afán de aumentar y concentrar el poder en el ejecutivo no es nada nuevo en la historia de México. Esta ambición de poder la hemos visto desde antes de la dictadura de Porfirio Díaz hasta los gobiernos post-revolucionarios. Lo nuevo, en la situación actual, es que todo gira alrededor de una persona sin haber precedido una guerra de independencia o revoluciones civiles. Todo se mueve en torno a un carismático líder, de popularidad creciente a pesar de verse envuelto en malas decisiones de política económica y social. Los mexicanos estamos viviendo la época del caudillo teflón, al que lo negativo se le resbala, no se le pega, excepto el cariño creciente de la gente.
Estos 100 días de gobierno dejan ver algunos indicios del “destino manifiesto de la cuarta transformación”, un proyecto no explícito en seis actos para aumentar el poder en la persona de López Obrador, y controlar la dirección del país.
A continuación, hablamos de cada uno de estos actos.
Primer acto: fortalecer al ejecutivo. El estilo de esta administración es la poca tolerancia del presidente con los opositores, y la no admisión de la disensión entre sus rangos. Aun cuando las descalificaciones a sus adversarios han venido disminuyendo en tono y número, todavía escuchamos de vez en cuando los adjetivos de “fifis”, “pirrurris”, y “ternuritas”.
La creación de los súper delegados en los estados tuvo el claro propósito de transferir parte del poder al centro. Las giras a los estados organizadas por el gobierno federal, siempre son caracterizadas por los abucheos a los gobernadores, sugiriendo mano negra en la preparación de estas reuniones por parte del equipo de AMLO.
Si alguien de su administración da muestras de iniciativa e independencia de pensamiento, explicando alguna situación de manera diferente al pensamiento de AMLO, no tarda éste en salir y descalificarlo. Así pasó con el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera que mencionó al Financial Times que la construcción de la refinería se atrasaría porque esos fondos se utilizarían para el fortalecimiento de Pemex. Al día siguiente, AMLO en su conferencia matutina reviro afirmando que la refinería de Dos Bocas en Tabasco iba y que el 18 de marzo se anunciaría su licitación. Sus conferencias matutinas se han distinguido por ser el “show de un solo hombre”, donde sus secretarios de Estado aparecen atrás de él como figuras decorativas.
Segundo acto: hacer al poder legislativo su incondicional mano derecha. A través de la mayoría de Morena –junto con los partidos del trabajo, encuentro social y verde– las cámaras de diputados y senadores han servido para aprobar las iniciativas del ejecutivo. Los ejemplos más claros han sido la aprobación de la guardia civil y el nombramiento de la candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, iniciativas que enfrentaron gran oposición y numerosas descalificaciones, pero que fueron aprobadas por mayoría. Aparte, a través de sus “consultas a modo”, buscando avalar sus decisiones con sus grupos de seguidores, está marginando al poder legislativo para decidir en asuntos de competencia legislativa, tales como decisiones sobre política agrícola, estrategia de pensiones, selección de proyectos de infraestructura, etcétera.
Tercer acto: lograr el apoyo incondicional del ejército. Por un lado, el esfuerzo para la aprobación de la guardia civil empoderó a las Fuerzas Armadas, e implícitamente creara la “guardia pretoriana del gobierno de la cuarta transformación”. Por el otro, la creación del gobierno de nuevas fuentes financieras para el ejército, seduce y compromete a las Fuerzas Armadas; en pocos países –excepto en tiempos de guerra– se ha visto que un gobierno democrático le otorgue el desarrollo y gestión de un aeropuerto civil internacional a las fuerzas armadas. Todas estas acciones sugieren el peligro de un proceso de militarización del país.
Cuarto acto: reducir la autonomía e independencia del poder judicial, los órganos autónomos y organizaciones civiles. En primer lugar, el gobierno ha propuesto la reducción de los sueldos e ingresos de los jueces y funcionarios del poder judicial, abrogándose el derecho de controlar las evaluaciones y promociones de jueces y oficiales de los juzgados. En segundo lugar, el gobierno ha disminuido los presupuestos del INE, el INEE, la CRE y otros órganos reguladores sectoriales. En tercer lugar, cuando un miembro de alguna entidad autónoma expresa alguna duda o disiente de alguna decisión del ejecutivo, inmediatamente las autoridades policiales, fiscales y financieras lo empiezan a investigar y acusar de probables malas conductas y conflicto de intereses. Así le pasó al presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, quien fue atacado por conflicto de intereses tras cuestionar el perfil de los comisionados propuestos por Andrés Manuel López Obrador. En cuarto lugar, el gobierno está tratando de desaparecer a organizaciones no gubernamentales que dependen del apoyo gubernamental para su existencia. Tal ha sido el caso de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres víctimas de la violencia, proyectos ampliamente justificados por estudios internacionales y de derechos humanos. El gobierno de AMLO prefiere dar esos apoyos directamente a las personas a fin de ampliar su base clientelar, en lugar de ayudar a los que menos tienen y sufren más. En resumen, AMLO busca más el poder que servir a la nación.
Quinto acto: aumentar el apoyo de los trabajadores y de la sociedad civil. En primer lugar, la búsqueda durante –la precampaña, campaña y ahora gobierno– del apoyo de los maestros redituó en numerosos votos para la elección presidencial, y en la creciente aceptación durante los primeros 100 días de su administración. AMLO prefiere sacrificar la calidad de la educación y el futuro de la nación, aceptando pérdidas millonarias con los bloqueos de los ferrocarriles en Michoacán por la CNTE, a fin de conseguir más de un millón de adeptos a su proyecto de nación. En segundo lugar, a pesar de las grandes pérdidas en producción y exportaciones, se ha promovido una relación sindical contencioso, pensando que los paros y las amenazas de huelga promueven el aumento de los sueldos. El gobierno se ha mantenido al margen de las huelgas laborales en las empresas en la frontera norte, enviando el mensaje al resto de los trabajadores del país que primero están sus necesidades y luego los intereses de las compañías privadas, todo con el propósito político de conseguir el apoyo de los sindicatos. En tercer lugar, está buscando crear su propio sindicato en oposición a la confederación de trabajadores, la CTM controlada por el PRI. En cuarto lugar, AMLO está buscando el apoyo de los trabajadores agrícolas prometiendo precios de garantía al arroz, frijol, maíz y trigo, a pesar que la historia confirma que dichas medidas –en lugar de mejorar el bienestar del campo y del país– reducen la producción y contribuyen a la inflación.
Finalmente, su administración ha propuesto otorgar apoyos monetarios a varios programas sociales, calificados por los analistas nacionales e internacionales como clientelares. De tal manera, ha propuesto otorgar estipendios mensuales a 10 millones de jubilados, 5 millones de estudiantes, 2 millones de ninis y 4 millones de discapacitados. Estos apoyos monetarios comprometen al receptor, restándole ímpetu emprendedor, y robándole la independencia de pensamiento al considerar que los obsequios obligan.
Sexto acto: debilitar al sector privado. Varios inversionistas, empresarios y trabajadores del sector privado, han expresado preocupación acerca de las políticas del gobierno, muchos de los cuales han criticado sus medidas, advirtiendo sobre las probables consecuencias negativas. De tal manera, en una maniobra política, el gobierno de AMLO está buscando, a través de la otorgación de contratos directos, licitaciones cerradas no transparentes, y la acción de empresarios amigos, dividir al sector privado y, debilitar así a los “empresarios no amigos”.
En resumen, ¿qué podemos concluir y deducir de estas maniobras y acciones del gobierno de la cuarta transformación? Querido lector, veo que la “estrategia de poder del gobierno de AMLO” es para lograr construir un robusto andamiaje que le permita concentrar y mantener el poder en el ejecutivo, en especial en su investidura, a costa del poder de los otros actores en el país.
El principal pilar para lograr el éxito en su “destino manifiesto de concentrar el poder en su persona” es el capital, dinero para comprar y asegurar apoyos. Pero, esto no le será fácil, sobre todo considerando el momento actual: (1) los inciertos precios del petróleo y el bajo nivel de producción de hidrocarburos, (2) la baja recaudación fiscal, los crecientes compromisos financieros por la cancelación del aeropuerto y la propuesta de nuevos proyectos de infraestructura y energía –aeropuerto de Santa Lucía, tren maya y refinería de Dos Bocas–proyectos de baja rentabilidad económica; (3) la disminución en las calificaciones de las agencias calificadoras; (4) la cancelación de buenas inversiones y la iniciación de manos proyectos; y (5) las malas decisiones de gasto público, tales como la compra directa de pipas para distribuir gasolinas, siendo el método más caro de distribución, aumentando los costos de operación.
Todos estos elementos han erosionado la credibilidad económica y política del gobierno de AMLO, disminuyendo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros quienes han decidido mantenerse al margen en una actitud cautelosa de esperar y ver. Si de algo sirve la historia económica, es que la luna de miel con los gobiernos democráticos no es eterna, sino que termina cuando disminuyen los ingresos de la familia. Las perspectivas en la administración de la 4T es que la economía no va a crecer al 4% bajo el timón de AMLO, sino que a duras penas crecerá entre el 1 al 2%. Mi pronóstico es que la luna de miel y la gran popularidad de AMLO disminuirán del tercer año de su administración en adelante.
El afán de aumentar y concentrar el poder en el ejecutivo no es nada nuevo en la historia de México. Esta ambición de poder la hemos visto desde antes de la dictadura de Porfirio Díaz hasta los gobiernos post-revolucionarios. Lo nuevo, en la situación actual, es que todo gira alrededor de una persona sin haber precedido una guerra de independencia o revoluciones civiles. Todo se mueve en torno a un carismático líder, de popularidad creciente a pesar de verse envuelto en malas decisiones de política económica y social. Los mexicanos estamos viviendo la época del caudillo teflón, al que lo negativo se le resbala, no se le pega, excepto el cariño creciente de la gente.
Estos 100 días de gobierno dejan ver algunos indicios del “destino manifiesto de la cuarta transformación”, un proyecto no explícito en seis actos para aumentar el poder en la persona de López Obrador, y controlar la dirección del país.
A continuación, hablamos de cada uno de estos actos.
Primer acto: fortalecer al ejecutivo. El estilo de esta administración es la poca tolerancia del presidente con los opositores, y la no admisión de la disensión entre sus rangos. Aun cuando las descalificaciones a sus adversarios han venido disminuyendo en tono y número, todavía escuchamos de vez en cuando los adjetivos de “fifis”, “pirrurris”, y “ternuritas”.
La creación de los súper delegados en los estados tuvo el claro propósito de transferir parte del poder al centro. Las giras a los estados organizadas por el gobierno federal, siempre son caracterizadas por los abucheos a los gobernadores, sugiriendo mano negra en la preparación de estas reuniones por parte del equipo de AMLO.
Si alguien de su administración da muestras de iniciativa e independencia de pensamiento, explicando alguna situación de manera diferente al pensamiento de AMLO, no tarda éste en salir y descalificarlo. Así pasó con el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera que mencionó al Financial Times que la construcción de la refinería se atrasaría porque esos fondos se utilizarían para el fortalecimiento de Pemex. Al día siguiente, AMLO en su conferencia matutina reviro afirmando que la refinería de Dos Bocas en Tabasco iba y que el 18 de marzo se anunciaría su licitación. Sus conferencias matutinas se han distinguido por ser el “show de un solo hombre”, donde sus secretarios de Estado aparecen atrás de él como figuras decorativas.
Segundo acto: hacer al poder legislativo su incondicional mano derecha. A través de la mayoría de Morena –junto con los partidos del trabajo, encuentro social y verde– las cámaras de diputados y senadores han servido para aprobar las iniciativas del ejecutivo. Los ejemplos más claros han sido la aprobación de la guardia civil y el nombramiento de la candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, iniciativas que enfrentaron gran oposición y numerosas descalificaciones, pero que fueron aprobadas por mayoría. Aparte, a través de sus “consultas a modo”, buscando avalar sus decisiones con sus grupos de seguidores, está marginando al poder legislativo para decidir en asuntos de competencia legislativa, tales como decisiones sobre política agrícola, estrategia de pensiones, selección de proyectos de infraestructura, etcétera.
Tercer acto: lograr el apoyo incondicional del ejército. Por un lado, el esfuerzo para la aprobación de la guardia civil empoderó a las Fuerzas Armadas, e implícitamente creara la “guardia pretoriana del gobierno de la cuarta transformación”. Por el otro, la creación del gobierno de nuevas fuentes financieras para el ejército, seduce y compromete a las Fuerzas Armadas; en pocos países –excepto en tiempos de guerra– se ha visto que un gobierno democrático le otorgue el desarrollo y gestión de un aeropuerto civil internacional a las fuerzas armadas. Todas estas acciones sugieren el peligro de un proceso de militarización del país.
Cuarto acto: reducir la autonomía e independencia del poder judicial, los órganos autónomos y organizaciones civiles. En primer lugar, el gobierno ha propuesto la reducción de los sueldos e ingresos de los jueces y funcionarios del poder judicial, abrogándose el derecho de controlar las evaluaciones y promociones de jueces y oficiales de los juzgados. En segundo lugar, el gobierno ha disminuido los presupuestos del INE, el INEE, la CRE y otros órganos reguladores sectoriales. En tercer lugar, cuando un miembro de alguna entidad autónoma expresa alguna duda o disiente de alguna decisión del ejecutivo, inmediatamente las autoridades policiales, fiscales y financieras lo empiezan a investigar y acusar de probables malas conductas y conflicto de intereses. Así le pasó al presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, quien fue atacado por conflicto de intereses tras cuestionar el perfil de los comisionados propuestos por Andrés Manuel López Obrador. En cuarto lugar, el gobierno está tratando de desaparecer a organizaciones no gubernamentales que dependen del apoyo gubernamental para su existencia. Tal ha sido el caso de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres víctimas de la violencia, proyectos ampliamente justificados por estudios internacionales y de derechos humanos. El gobierno de AMLO prefiere dar esos apoyos directamente a las personas a fin de ampliar su base clientelar, en lugar de ayudar a los que menos tienen y sufren más. En resumen, AMLO busca más el poder que servir a la nación.
Quinto acto: aumentar el apoyo de los trabajadores y de la sociedad civil. En primer lugar, la búsqueda durante –la precampaña, campaña y ahora gobierno– del apoyo de los maestros redituó en numerosos votos para la elección presidencial, y en la creciente aceptación durante los primeros 100 días de su administración. AMLO prefiere sacrificar la calidad de la educación y el futuro de la nación, aceptando pérdidas millonarias con los bloqueos de los ferrocarriles en Michoacán por la CNTE, a fin de conseguir más de un millón de adeptos a su proyecto de nación. En segundo lugar, a pesar de las grandes pérdidas en producción y exportaciones, se ha promovido una relación sindical contencioso, pensando que los paros y las amenazas de huelga promueven el aumento de los sueldos. El gobierno se ha mantenido al margen de las huelgas laborales en las empresas en la frontera norte, enviando el mensaje al resto de los trabajadores del país que primero están sus necesidades y luego los intereses de las compañías privadas, todo con el propósito político de conseguir el apoyo de los sindicatos. En tercer lugar, está buscando crear su propio sindicato en oposición a la confederación de trabajadores, la CTM controlada por el PRI. En cuarto lugar, AMLO está buscando el apoyo de los trabajadores agrícolas prometiendo precios de garantía al arroz, frijol, maíz y trigo, a pesar que la historia confirma que dichas medidas –en lugar de mejorar el bienestar del campo y del país– reducen la producción y contribuyen a la inflación.
Finalmente, su administración ha propuesto otorgar apoyos monetarios a varios programas sociales, calificados por los analistas nacionales e internacionales como clientelares. De tal manera, ha propuesto otorgar estipendios mensuales a 10 millones de jubilados, 5 millones de estudiantes, 2 millones de ninis y 4 millones de discapacitados. Estos apoyos monetarios comprometen al receptor, restándole ímpetu emprendedor, y robándole la independencia de pensamiento al considerar que los obsequios obligan.
Sexto acto: debilitar al sector privado. Varios inversionistas, empresarios y trabajadores del sector privado, han expresado preocupación acerca de las políticas del gobierno, muchos de los cuales han criticado sus medidas, advirtiendo sobre las probables consecuencias negativas. De tal manera, en una maniobra política, el gobierno de AMLO está buscando, a través de la otorgación de contratos directos, licitaciones cerradas no transparentes, y la acción de empresarios amigos, dividir al sector privado y, debilitar así a los “empresarios no amigos”.
En resumen, ¿qué podemos concluir y deducir de estas maniobras y acciones del gobierno de la cuarta transformación? Querido lector, veo que la “estrategia de poder del gobierno de AMLO” es para lograr construir un robusto andamiaje que le permita concentrar y mantener el poder en el ejecutivo, en especial en su investidura, a costa del poder de los otros actores en el país.
El principal pilar para lograr el éxito en su “destino manifiesto de concentrar el poder en su persona” es el capital, dinero para comprar y asegurar apoyos. Pero, esto no le será fácil, sobre todo considerando el momento actual: (1) los inciertos precios del petróleo y el bajo nivel de producción de hidrocarburos, (2) la baja recaudación fiscal, los crecientes compromisos financieros por la cancelación del aeropuerto y la propuesta de nuevos proyectos de infraestructura y energía –aeropuerto de Santa Lucía, tren maya y refinería de Dos Bocas–proyectos de baja rentabilidad económica; (3) la disminución en las calificaciones de las agencias calificadoras; (4) la cancelación de buenas inversiones y la iniciación de manos proyectos; y (5) las malas decisiones de gasto público, tales como la compra directa de pipas para distribuir gasolinas, siendo el método más caro de distribución, aumentando los costos de operación.
Todos estos elementos han erosionado la credibilidad económica y política del gobierno de AMLO, disminuyendo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros quienes han decidido mantenerse al margen en una actitud cautelosa de esperar y ver. Si de algo sirve la historia económica, es que la luna de miel con los gobiernos democráticos no es eterna, sino que termina cuando disminuyen los ingresos de la familia. Las perspectivas en la administración de la 4T es que la economía no va a crecer al 4% bajo el timón de AMLO, sino que a duras penas crecerá entre el 1 al 2%. Mi pronóstico es que la luna de miel y la gran popularidad de AMLO disminuirán del tercer año de su administración en adelante.
jueves, enero 31, 2019
El ayer, hoy y el mañana de la 4T
¿Cómo vemos el desarrollo del gobierno de AMLO en estos dos primeros meses de su administración? ¿Es posible pronosticar con base en las decisiones y resultados de estos 62 días como va a ser el resto de su gestión?
Obviamente sería irresponsable asegurar que, con tan solo dos meses de información, al principio de su mandato, se puede predecir con certidumbre cómo va a ser la administración de Andrés Manuel López Obrador durante los restantes cinco años y 10 meses, pero si pienso que existe una razonable probabilidad para vaticinar los principales rasgos que definirán al Gobierno de la Cuarta Transformación.
En este breve lapso de tiempo se ha podido notar una desaceleración del “ritmo histórico”. Las decisiones, resultados y reacciones del gobierno de Andrés Manuel apuntan a un verdadero paso del Rubicón: “Alea jacta est” –“El dado está lanzado” o “La suerte está echada”. En el ámbito de la política-política sus acciones apuntan un diálogo populista, demagógico y de confrontación ante las críticas y diferencias de opinión. En el entorno de la política económica, el gobierno ya ratificó su estilo estatista, intervencionista y de poco entendimiento de los mercados. En el ámbito de la política de seguridad también ya se definió su manera de pensar y actuar, basándose más en promesas, ocurrencias y una gran ingenuidad. En el campo de la política internacional ya se definió a través de acciones concretas como una administración hacia dentro, de escaso interés en las relaciones internacionales.
Revisemos algunas de las acciones, medidas de política y otros hechos de esta administración en sus dos primeros meses en el poder: diciembre del 2018 y enero del 2019.
En política Andrés Manuel ha mostrado que sabe de control político pero muy poco de cómo gobernar. Ha tratado de convencer a sus seguidores que ya no están en campaña, sino que están gobernando al país, por lo que deben de ser más tolerantes con la oposición. Sin embargo, algo es el discurso y otra es la acción, el gobierno ha dado muestras de poca paciencia con algunos gobernadores de oposición, mientras que les ha dado una gran apertura a las acciones ilegales de sus partidarios, tales como los maestros de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación).
Este gobierno ha dado muestras de ser más subjetivo que objetivo, empezando con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, destruyendo un tercio de lo que se había hecho de un aeropuerto que nos iba va a poner en la vanguardia de la industria aeronáutica mundial. Cancelación sin respaldo técnico, mediante una consulta popular patito, que significa pérdidas para México de cientos de miles de millones de pesos. Esta obra se pagaba por sí sola, salvo que la cancelaran y demolieran… Así lo hizo este gobierno.
Otro ejemplo de subjetividad es el particular modo de entender el concepto de “legalidad”. Todos recordamos la fase de AMLO de que “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.” Si este gobierno fuera objetivo, perseguiría todos los actos ilegales, y las acciones que atentan contra la propiedad privada e integridad física de los mexicanos. Sin embargo, el ejecutivo ha tenido acciones contra los huachicoleros, mientras que se ha mantenido al margen de las acciones ilegales de los maestros de la CNTE al bloquear las vías ferroviarias en Michoacán y ocasionando pérdidas por más de 25,000 millones de pesos, 3 millones de toneladas de mercancía sin trasportar y más de 350 ferrocarriles varados.
El Estado tiene el monopolio constitucional del uso de la fuerza, ningún otro grupo de la sociedad se puede adjudicar dicha atribución, es por ello que se persiguen a los criminales y delincuentes. El Estado mexicano, al permitirle a los maestros usar la fuerza para bloquear las vías de transporte y afectar los derechos de terceros, tuvo una conducta impropia a un estado de derecho, y fue señal de gobierno fallido. Un estado verdaderamente democrático debe actuar con imparcialidad, sin tener grupos favoritos, debe gobernar para todos y representar a todos sus habitantes. En el extremo de la lógica subjetiva de la administración de López Obrador, se le podría cuestionar ¿qué hace peores a los ladrones de combustibles? Y ¿qué hace mejores a los maestros que bloquean el transporte de personas, bienes y mercancías produciendo pérdidas millonarias a los empresarios, quebrantos económicos a las personas y desaparición de fuentes de trabajo. Lo subjetivo de esta administración es que a algunos se les aplica la ley, mientras que a otros no, dejándolos que resuelvan sus diferencias con el argumento de “prefiero no meterme,” a pesar de que sus acciones no son más que un chantaje que afecta los derechos del resto de la sociedad.
Confieso que siempre tenido dificultades para entender la lógica de un gobierno que le permite a pseudo estudiantes, normalistas, porros, anarquistas y otros grupos el bloqueo de avenidas, secuestro e incendio de vehículos y camiones, rompimiento de puertas, vidrieras y ventanas de negocios legalmente establecidos, lanzamiento de piedras y proyectiles a las fuerzas del orden. Los que actúan de esa manera son vándalos a los que se les debe de aplicar todo el rigor de la ley, no hacerlo es simple y llanamente señal de ingobernabilidad.
Con tantas promesas de campaña y alianzas con los sindicatos, la entrada en funciones del gobierno de Andrés Manuel acabó con la paz laboral en México. Hasta el momento han estallado 47 huelgas, el doble de las que hubo en el sexenio pasado.
Nadie en pleno uso de sus facultades, podría oponerse al combate contra el robo de combustibles, pero la inacción y falta de decisión para usar la fuerza pública para evitar el robo de gasolina por los pobladores de Tlahuelilpan, Hidalgo, condujo a la tragedia de la explosión y muerte de casi 130 pobladores de la zona. Con esta singular manera de actuar –de evitar confrontaciones con el pueblo– no se pudo impedir una tragedia fácilmente evitable, falta de carácter del gobierno Federal que señala debilidad, ingobernabilidad e ineptitud.
Aquí vale la pena hacer un breve paréntesis acerca del robo de combustibles, puesto que las cifras reportadas por Pemex son tan solo el 25% de las pérdidas estimadas con base en los anuarios estadísticos de la paraestatal. Pemex estima que las pérdidas en el 2018 solo ascendieron a $60,300 millones de pesos, equivalente a 58,200 barriles diarios, pero cálculos propios sugieren que los robos son cuatro veces más que lo reportado por Pemex. En efecto, las pérdidas reales fueron de $259,645 millones de pesos, equivalentes a 253,909 barriles diarios de gasolina, lo que equivale al 1.7 por ciento del valor del Producto Interno Bruto de México en el 2018.
La diferencia entre las cifras publicadas por las autoridades y las calculadas por este comentarista solamente se pueden explicar si no se consideran algunos modos de robo de combustibles, tales como el robo (1) en las instalaciones de Pemex, (2) en sus ductos, (3) de las pipas, (4) en los puertos, y (5) en alta mar.
El robo de combustibles se ha venido dando desde hace varios sexenios atrás, en el 2000 ascendió al 1.6 por ciento del PIB subiendo a la cifra récord del 2.5 por ciento del PIB en el 2016. Llos volúmenes robados más grandes se presentaron durante los sexenios de Vicente Fox (41% del total de la oferta de gasolinas y diésel usurpado en promedio del 2001 al 2006), y de Peña Nieto (38% de la oferta de combustibles de transporte saqueado en promedio del 2013 al 2018), mientras que en el sexenio de Felipe Calderón (2007-2012) los robos bajaron al 24% de la oferta de gasolinas y diésel. Estos hurtos millonarios nunca se podrían explicar sin la colaboración y participación de las autoridades gubernamentales y funcionarios de la paraestatal.
Las gráficas a continuación permiten apreciar cómo en el periodo de 2000 al 2006 los robos de combustibles fueron casi la mitad de la oferta, reduciéndose a partir del 2006 hasta el 2012 a partir de donde crecen de manera abrupta, manteniendo altos niveles hasta el final de sexenio de Enrique Peña Nieto. La primera gráfica se refiere a volúmenes de ventas, mientras que la segunda a valores constantes de 2018, por lo que ni la inflación ni el tipo de cambio influyeron en los resultados.
Lo que está haciendo la administración de AMLO para evitar estos robos, es una acción necesaria que se debería de haber hecho desde hace mucho tiempo atrás. Obviamente que a muchos de nosotros nos gustaría ver a esos corruptos gobernantes y funcionarios que saquearon a Pemex en la cárcel, pero lo primero que hay que hacer, y que se está haciendo, es evitar todos los diferentes modos de robo de combustibles a Pemex.
El desabasto en el suministro de gasolinas se produjo –de acuerdo con las autoridades– por estas acciones de combate al huachicoleo, pero en realidad no solamente fueron resultado de éste combate, sino a que también hubo una fuerte disminución en las importaciones de gasolinas. Esa baja fue resultado de una mala planeación: las cifras no mienten.
Los desafíos financieros de Pemex y la falta de confianza de los analistas internacionales sobre el equipo dirigente para administrar a la petrolera llevaron a la Calificadora Fitch Ratings a reducir la calificación de los bonos a largo plazo en dólares y pesos de Pemex, lo cual encarece el acceso al crédito. Esto es resultado, por un lado, del continuo deterioro del perfil crediticio de Pemex y, por el otro, del escepticismo de los mercados acerca de la capacidad del equipo de funcionarios nombrados para manejar a la paraestatal.
Ante la reducción de la calificación de la agencia crediticia, AMLO reaccionó a lo tonto, como Nicolás Maduro, atacando, criticando y acusando a Fitch Ratings de hipócrita, pues según el mandatario, “la agencia permitió el saqueo de Pemex, avalando la reforma estructural en materia energética sin que haya llegado la inversión extranjera, ni aumentado la producción petrolera.” La molestia de Andrés Manuel fue mayúscula, agregando que, “los inversionistas con ética saben que Pemex es una empresa sólida porque ya está manejada con honestidad…” Esto último sonó inocente e ingenuo.
Caray, nadie duda de que las calificadoras no son éticas ni morales, pero hay que reconocer que mueven los mercados e impactan en la inversión que tanto requiere el país. El mensaje que la agencia Fitch mandó a México lo tiene que escuchar fríamente el gobierno, escuchar con la cabeza, no con las vísceras. En sencillas palabras, el mensaje es que el equipo novato propuesto para Pemex no es viable ni sostenible. La recomendación obvia a AMLO es que cambie el equipo directivo a uno más preparado y fogueado en el sector. Por lo pronto, ese error le va a costar al país entre 20 a 30 mil millones de pesos.
Otra recomendación a nuestro presidente es que las cifras –resultados de los cálculos financieros y de robos– sean lo más apegadas a la realidad, eso mandaría una buena señal a los mercados de que su equipo de funcionarios sabe sumar, restar, multiplicar y dividir. Estimaciones diferentes de los analistas de las calificadoras e inversionistas con respecto a las reportadas por Pemex, conducen a la desconfianza y al cuestionamiento de la capacidad profesional de los encargados del sector y de sus empresas.
En el ámbito de política internacional, AMLO ha dado muestras de falta de interés y de poco entendimiento del contexto internacional. Por un lado, colocó a México a la diestra del dictador de Venezuela, Nicolás maduro, formando fila con Nicaragua, Cuba, Siria, Rusia, Irán y China. Por el otro, ante la deterioración de las perspectivas de crecimiento, justo cuando el Fondo Monetario Internacional pronosticaba que la economía de México crecería más lento debido a la caída de la inversión privada, Andrés Manuel López Obrador decide no asistir a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ni enviar a ningún miembro de jerarquía de su gabinete. En cambio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, capturó la atención mundial cuando habló ante el foro, celebrando reuniones con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y otros gobernantes e inversionistas mundiales. La cumbre anual de Davos es de las pocas ocasiones en que los presidentes latinoamericanos pueden atraer la atención de los inversionistas, especialmente cuando inician su mandato y no son conocidos en el exterior. Qué pena, México tuvo la presencia de más bajo perfil en la historia reciente de las reuniones en Davos, precisamente ahora cuando lo que más necesita es disipar las dudas y preocupaciones de los inversionistas.
Muchos inversionistas continúan inquietos por las señales que AMLO esta enviado, tales como la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México, para el que ya se habían firmado contratos y emitido bonos, y el cambio de las leyes del sector energético que buscaban atraer inversiones y aumentar la productividad.
Los inversionistas son una variable esencial en la función objetivo del gobierno de AMLO. Cueste lo que cueste, por muy denigrante que sea, es preferible cortejar a los inversionistas que confrontarlos. No puede haber un aumento sostenible en la riqueza, ni una reducción duradera en la pobreza, sin crecimiento económico, y no puede haber crecimiento económico sustentable sin inversión.
El gobierno cerró Pro México, el instrumento para atraer la inversión externa que a juicio de la mayoría de los analistas había dado buenos resultados. $193,000 millones de dólares en inversión extranjera llegaron a México durante el sexenio de peña Nieto, gracias en parte a la labor de Pro México. En efecto, el dinero no llega solo, hay que pelearlo y atraerlo. También el gobierno clausuró el Fondo Nacional de Promoción Turística cuya labor contribuyó a que México se convirtiera en la sexta potencia turística mundial.
A pesar de las buenas intenciones, la honestidad de AMLO, y el predicar con el ejemplo, la corrupción parece no disminuir, sino que – de acuerdo con la percepción popular– sigue en ascenso, lo que sugiere que esas buenas intenciones sufren de ingenuidad. En efecto, según Transparencia Mexicana, México cayó tres lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), ubicándose en la posición 138 de 180 países a nivel global. A pesar de las buenas intenciones de Andrés Manuel, la corrupción en México sigue su tendencia ascendente, producto de serios problemas de gobernabilidad y bajos niveles de ingreso y de desarrollo humano. El nivel de México lo coloca en el último lugar entre los miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), por debajo de Grecia y Hungría, países que en años recientes enfrentaron severos problemas de gobernabilidad y viabilidad económica.
La política de seguridad este gobierno consiste en militarizar al país mediante la creación de una Guardia Nacional, y a buscar la Pax Narca. En una de sus conferencias de prensa matutinas, nuestro mandatario explicó la génesis de su política de seguridad diciendo que “…la guerra contra los líderes del crimen organizado ha terminado oficialmente”, exponiendo que “el objetivo no es la captura de los cabecillas de los carteles de la droga o del huachicoleo, sino garantizar la seguridad pública… Eso es lo fundamental, no lo espectacular… ya no hay guerra, nosotros queremos la paz… La función principal del gobierno es garantizar la seguridad y bajar el número de robos, homicidios y secuestros… No se han detenido a capos, porque esa no es nuestra función principal, sino la de garantizar la seguridad pública.”
Las preguntas obligadas son ¿para que quienes la Guardia Nacional entonces? Y ¿cómo se puede garantizar la seguridad si se permite a los criminales seguir delinquiendo? La seguridad pública solamente se puede garantizar cuando los que atentan contra ella son inhabilitados para hacerlo. Evitar el crimen, sin detener al criminal, sólo conduce a más crímenes. Pensar que la solución a la inseguridad es atacar a los actos delictivos sin aprender y enjuiciar a los culpables es simplemente demagogia, o una increíble ingenuidad.
¿Cómo veo a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador? Francamente me gustaría hablar bien de él y evaluar su gestión positivamente, porque entre mejor le vaya, mejor le ira a México, pero me es imposible hacerlo. Andrés Manuel es una persona de piel delgada con un frágil ego, pero terco y obstinado. AMLO es el único que puede decidir, ignora a sus colaboradores, porque inconscientemente se considera tocado por Dios. Sus promesas de grandes crecimientos, de por lo menos el 4% anual, dificultosamente los va a poder cumplir, el crecimiento en el 2019 difícilmente será superior al 1%, lo que significa una disminución en términos reales de los ingresos de todas las familias mexicanas.
Empero, lo importante para él parece ser su popularidad más que el buen manejo del país. Las conferencias diarias de prensa de AMLO y su lucha contra el huachicoleo han aumentado su popularidad, que era del 77 por ciento cuando empezó su mandato y el 6 de febrero de 2019 contó con el 86 por ciento de aprobación (según una encuesta del periódico El Financiero). Muchos mexicanos lo ven como su líder, honesto, transparente y accesible. No obstante, las acciones políticas, económicas, de seguridad e internacionales colocan a este arranque de gobierno como el más caro de los últimos 70 años.
En estos dos meses y días se ha notado una desaceleración del “ritmo histórico”. Pasamos de 20 años de gobiernos débiles, pero democráticos, a los gobiernos del siglo XX de presidentes fuertes, al culto de la personalidad del caudillo. Las acciones y faltas de acciones del gobierno de López Obrador apuntan a un verdadero cruce del Rubicón: “Alea jacta est”. Si algunas palabras pudieran definir estos primeros meses de gestión del gobierno de AMLO serían probablemente la ineptitud y la magia de las palabras: la gente prefiere creer en una irrealidad prometedora, que en la triste realidad.
Obviamente sería irresponsable asegurar que, con tan solo dos meses de información, al principio de su mandato, se puede predecir con certidumbre cómo va a ser la administración de Andrés Manuel López Obrador durante los restantes cinco años y 10 meses, pero si pienso que existe una razonable probabilidad para vaticinar los principales rasgos que definirán al Gobierno de la Cuarta Transformación.
En este breve lapso de tiempo se ha podido notar una desaceleración del “ritmo histórico”. Las decisiones, resultados y reacciones del gobierno de Andrés Manuel apuntan a un verdadero paso del Rubicón: “Alea jacta est” –“El dado está lanzado” o “La suerte está echada”. En el ámbito de la política-política sus acciones apuntan un diálogo populista, demagógico y de confrontación ante las críticas y diferencias de opinión. En el entorno de la política económica, el gobierno ya ratificó su estilo estatista, intervencionista y de poco entendimiento de los mercados. En el ámbito de la política de seguridad también ya se definió su manera de pensar y actuar, basándose más en promesas, ocurrencias y una gran ingenuidad. En el campo de la política internacional ya se definió a través de acciones concretas como una administración hacia dentro, de escaso interés en las relaciones internacionales.
Revisemos algunas de las acciones, medidas de política y otros hechos de esta administración en sus dos primeros meses en el poder: diciembre del 2018 y enero del 2019.
En política Andrés Manuel ha mostrado que sabe de control político pero muy poco de cómo gobernar. Ha tratado de convencer a sus seguidores que ya no están en campaña, sino que están gobernando al país, por lo que deben de ser más tolerantes con la oposición. Sin embargo, algo es el discurso y otra es la acción, el gobierno ha dado muestras de poca paciencia con algunos gobernadores de oposición, mientras que les ha dado una gran apertura a las acciones ilegales de sus partidarios, tales como los maestros de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación).
Este gobierno ha dado muestras de ser más subjetivo que objetivo, empezando con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, destruyendo un tercio de lo que se había hecho de un aeropuerto que nos iba va a poner en la vanguardia de la industria aeronáutica mundial. Cancelación sin respaldo técnico, mediante una consulta popular patito, que significa pérdidas para México de cientos de miles de millones de pesos. Esta obra se pagaba por sí sola, salvo que la cancelaran y demolieran… Así lo hizo este gobierno.
Otro ejemplo de subjetividad es el particular modo de entender el concepto de “legalidad”. Todos recordamos la fase de AMLO de que “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.” Si este gobierno fuera objetivo, perseguiría todos los actos ilegales, y las acciones que atentan contra la propiedad privada e integridad física de los mexicanos. Sin embargo, el ejecutivo ha tenido acciones contra los huachicoleros, mientras que se ha mantenido al margen de las acciones ilegales de los maestros de la CNTE al bloquear las vías ferroviarias en Michoacán y ocasionando pérdidas por más de 25,000 millones de pesos, 3 millones de toneladas de mercancía sin trasportar y más de 350 ferrocarriles varados.
El Estado tiene el monopolio constitucional del uso de la fuerza, ningún otro grupo de la sociedad se puede adjudicar dicha atribución, es por ello que se persiguen a los criminales y delincuentes. El Estado mexicano, al permitirle a los maestros usar la fuerza para bloquear las vías de transporte y afectar los derechos de terceros, tuvo una conducta impropia a un estado de derecho, y fue señal de gobierno fallido. Un estado verdaderamente democrático debe actuar con imparcialidad, sin tener grupos favoritos, debe gobernar para todos y representar a todos sus habitantes. En el extremo de la lógica subjetiva de la administración de López Obrador, se le podría cuestionar ¿qué hace peores a los ladrones de combustibles? Y ¿qué hace mejores a los maestros que bloquean el transporte de personas, bienes y mercancías produciendo pérdidas millonarias a los empresarios, quebrantos económicos a las personas y desaparición de fuentes de trabajo. Lo subjetivo de esta administración es que a algunos se les aplica la ley, mientras que a otros no, dejándolos que resuelvan sus diferencias con el argumento de “prefiero no meterme,” a pesar de que sus acciones no son más que un chantaje que afecta los derechos del resto de la sociedad.
Confieso que siempre tenido dificultades para entender la lógica de un gobierno que le permite a pseudo estudiantes, normalistas, porros, anarquistas y otros grupos el bloqueo de avenidas, secuestro e incendio de vehículos y camiones, rompimiento de puertas, vidrieras y ventanas de negocios legalmente establecidos, lanzamiento de piedras y proyectiles a las fuerzas del orden. Los que actúan de esa manera son vándalos a los que se les debe de aplicar todo el rigor de la ley, no hacerlo es simple y llanamente señal de ingobernabilidad.
Con tantas promesas de campaña y alianzas con los sindicatos, la entrada en funciones del gobierno de Andrés Manuel acabó con la paz laboral en México. Hasta el momento han estallado 47 huelgas, el doble de las que hubo en el sexenio pasado.
Nadie en pleno uso de sus facultades, podría oponerse al combate contra el robo de combustibles, pero la inacción y falta de decisión para usar la fuerza pública para evitar el robo de gasolina por los pobladores de Tlahuelilpan, Hidalgo, condujo a la tragedia de la explosión y muerte de casi 130 pobladores de la zona. Con esta singular manera de actuar –de evitar confrontaciones con el pueblo– no se pudo impedir una tragedia fácilmente evitable, falta de carácter del gobierno Federal que señala debilidad, ingobernabilidad e ineptitud.
Aquí vale la pena hacer un breve paréntesis acerca del robo de combustibles, puesto que las cifras reportadas por Pemex son tan solo el 25% de las pérdidas estimadas con base en los anuarios estadísticos de la paraestatal. Pemex estima que las pérdidas en el 2018 solo ascendieron a $60,300 millones de pesos, equivalente a 58,200 barriles diarios, pero cálculos propios sugieren que los robos son cuatro veces más que lo reportado por Pemex. En efecto, las pérdidas reales fueron de $259,645 millones de pesos, equivalentes a 253,909 barriles diarios de gasolina, lo que equivale al 1.7 por ciento del valor del Producto Interno Bruto de México en el 2018.
La diferencia entre las cifras publicadas por las autoridades y las calculadas por este comentarista solamente se pueden explicar si no se consideran algunos modos de robo de combustibles, tales como el robo (1) en las instalaciones de Pemex, (2) en sus ductos, (3) de las pipas, (4) en los puertos, y (5) en alta mar.
El robo de combustibles se ha venido dando desde hace varios sexenios atrás, en el 2000 ascendió al 1.6 por ciento del PIB subiendo a la cifra récord del 2.5 por ciento del PIB en el 2016. Llos volúmenes robados más grandes se presentaron durante los sexenios de Vicente Fox (41% del total de la oferta de gasolinas y diésel usurpado en promedio del 2001 al 2006), y de Peña Nieto (38% de la oferta de combustibles de transporte saqueado en promedio del 2013 al 2018), mientras que en el sexenio de Felipe Calderón (2007-2012) los robos bajaron al 24% de la oferta de gasolinas y diésel. Estos hurtos millonarios nunca se podrían explicar sin la colaboración y participación de las autoridades gubernamentales y funcionarios de la paraestatal.
Las gráficas a continuación permiten apreciar cómo en el periodo de 2000 al 2006 los robos de combustibles fueron casi la mitad de la oferta, reduciéndose a partir del 2006 hasta el 2012 a partir de donde crecen de manera abrupta, manteniendo altos niveles hasta el final de sexenio de Enrique Peña Nieto. La primera gráfica se refiere a volúmenes de ventas, mientras que la segunda a valores constantes de 2018, por lo que ni la inflación ni el tipo de cambio influyeron en los resultados.
Lo que está haciendo la administración de AMLO para evitar estos robos, es una acción necesaria que se debería de haber hecho desde hace mucho tiempo atrás. Obviamente que a muchos de nosotros nos gustaría ver a esos corruptos gobernantes y funcionarios que saquearon a Pemex en la cárcel, pero lo primero que hay que hacer, y que se está haciendo, es evitar todos los diferentes modos de robo de combustibles a Pemex.
El desabasto en el suministro de gasolinas se produjo –de acuerdo con las autoridades– por estas acciones de combate al huachicoleo, pero en realidad no solamente fueron resultado de éste combate, sino a que también hubo una fuerte disminución en las importaciones de gasolinas. Esa baja fue resultado de una mala planeación: las cifras no mienten.
Los desafíos financieros de Pemex y la falta de confianza de los analistas internacionales sobre el equipo dirigente para administrar a la petrolera llevaron a la Calificadora Fitch Ratings a reducir la calificación de los bonos a largo plazo en dólares y pesos de Pemex, lo cual encarece el acceso al crédito. Esto es resultado, por un lado, del continuo deterioro del perfil crediticio de Pemex y, por el otro, del escepticismo de los mercados acerca de la capacidad del equipo de funcionarios nombrados para manejar a la paraestatal.
Ante la reducción de la calificación de la agencia crediticia, AMLO reaccionó a lo tonto, como Nicolás Maduro, atacando, criticando y acusando a Fitch Ratings de hipócrita, pues según el mandatario, “la agencia permitió el saqueo de Pemex, avalando la reforma estructural en materia energética sin que haya llegado la inversión extranjera, ni aumentado la producción petrolera.” La molestia de Andrés Manuel fue mayúscula, agregando que, “los inversionistas con ética saben que Pemex es una empresa sólida porque ya está manejada con honestidad…” Esto último sonó inocente e ingenuo.
Caray, nadie duda de que las calificadoras no son éticas ni morales, pero hay que reconocer que mueven los mercados e impactan en la inversión que tanto requiere el país. El mensaje que la agencia Fitch mandó a México lo tiene que escuchar fríamente el gobierno, escuchar con la cabeza, no con las vísceras. En sencillas palabras, el mensaje es que el equipo novato propuesto para Pemex no es viable ni sostenible. La recomendación obvia a AMLO es que cambie el equipo directivo a uno más preparado y fogueado en el sector. Por lo pronto, ese error le va a costar al país entre 20 a 30 mil millones de pesos.
Otra recomendación a nuestro presidente es que las cifras –resultados de los cálculos financieros y de robos– sean lo más apegadas a la realidad, eso mandaría una buena señal a los mercados de que su equipo de funcionarios sabe sumar, restar, multiplicar y dividir. Estimaciones diferentes de los analistas de las calificadoras e inversionistas con respecto a las reportadas por Pemex, conducen a la desconfianza y al cuestionamiento de la capacidad profesional de los encargados del sector y de sus empresas.
En el ámbito de política internacional, AMLO ha dado muestras de falta de interés y de poco entendimiento del contexto internacional. Por un lado, colocó a México a la diestra del dictador de Venezuela, Nicolás maduro, formando fila con Nicaragua, Cuba, Siria, Rusia, Irán y China. Por el otro, ante la deterioración de las perspectivas de crecimiento, justo cuando el Fondo Monetario Internacional pronosticaba que la economía de México crecería más lento debido a la caída de la inversión privada, Andrés Manuel López Obrador decide no asistir a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ni enviar a ningún miembro de jerarquía de su gabinete. En cambio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, capturó la atención mundial cuando habló ante el foro, celebrando reuniones con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y otros gobernantes e inversionistas mundiales. La cumbre anual de Davos es de las pocas ocasiones en que los presidentes latinoamericanos pueden atraer la atención de los inversionistas, especialmente cuando inician su mandato y no son conocidos en el exterior. Qué pena, México tuvo la presencia de más bajo perfil en la historia reciente de las reuniones en Davos, precisamente ahora cuando lo que más necesita es disipar las dudas y preocupaciones de los inversionistas.
Muchos inversionistas continúan inquietos por las señales que AMLO esta enviado, tales como la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México, para el que ya se habían firmado contratos y emitido bonos, y el cambio de las leyes del sector energético que buscaban atraer inversiones y aumentar la productividad.
Los inversionistas son una variable esencial en la función objetivo del gobierno de AMLO. Cueste lo que cueste, por muy denigrante que sea, es preferible cortejar a los inversionistas que confrontarlos. No puede haber un aumento sostenible en la riqueza, ni una reducción duradera en la pobreza, sin crecimiento económico, y no puede haber crecimiento económico sustentable sin inversión.
El gobierno cerró Pro México, el instrumento para atraer la inversión externa que a juicio de la mayoría de los analistas había dado buenos resultados. $193,000 millones de dólares en inversión extranjera llegaron a México durante el sexenio de peña Nieto, gracias en parte a la labor de Pro México. En efecto, el dinero no llega solo, hay que pelearlo y atraerlo. También el gobierno clausuró el Fondo Nacional de Promoción Turística cuya labor contribuyó a que México se convirtiera en la sexta potencia turística mundial.
A pesar de las buenas intenciones, la honestidad de AMLO, y el predicar con el ejemplo, la corrupción parece no disminuir, sino que – de acuerdo con la percepción popular– sigue en ascenso, lo que sugiere que esas buenas intenciones sufren de ingenuidad. En efecto, según Transparencia Mexicana, México cayó tres lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), ubicándose en la posición 138 de 180 países a nivel global. A pesar de las buenas intenciones de Andrés Manuel, la corrupción en México sigue su tendencia ascendente, producto de serios problemas de gobernabilidad y bajos niveles de ingreso y de desarrollo humano. El nivel de México lo coloca en el último lugar entre los miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), por debajo de Grecia y Hungría, países que en años recientes enfrentaron severos problemas de gobernabilidad y viabilidad económica.
La política de seguridad este gobierno consiste en militarizar al país mediante la creación de una Guardia Nacional, y a buscar la Pax Narca. En una de sus conferencias de prensa matutinas, nuestro mandatario explicó la génesis de su política de seguridad diciendo que “…la guerra contra los líderes del crimen organizado ha terminado oficialmente”, exponiendo que “el objetivo no es la captura de los cabecillas de los carteles de la droga o del huachicoleo, sino garantizar la seguridad pública… Eso es lo fundamental, no lo espectacular… ya no hay guerra, nosotros queremos la paz… La función principal del gobierno es garantizar la seguridad y bajar el número de robos, homicidios y secuestros… No se han detenido a capos, porque esa no es nuestra función principal, sino la de garantizar la seguridad pública.”
Las preguntas obligadas son ¿para que quienes la Guardia Nacional entonces? Y ¿cómo se puede garantizar la seguridad si se permite a los criminales seguir delinquiendo? La seguridad pública solamente se puede garantizar cuando los que atentan contra ella son inhabilitados para hacerlo. Evitar el crimen, sin detener al criminal, sólo conduce a más crímenes. Pensar que la solución a la inseguridad es atacar a los actos delictivos sin aprender y enjuiciar a los culpables es simplemente demagogia, o una increíble ingenuidad.
¿Cómo veo a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador? Francamente me gustaría hablar bien de él y evaluar su gestión positivamente, porque entre mejor le vaya, mejor le ira a México, pero me es imposible hacerlo. Andrés Manuel es una persona de piel delgada con un frágil ego, pero terco y obstinado. AMLO es el único que puede decidir, ignora a sus colaboradores, porque inconscientemente se considera tocado por Dios. Sus promesas de grandes crecimientos, de por lo menos el 4% anual, dificultosamente los va a poder cumplir, el crecimiento en el 2019 difícilmente será superior al 1%, lo que significa una disminución en términos reales de los ingresos de todas las familias mexicanas.
Empero, lo importante para él parece ser su popularidad más que el buen manejo del país. Las conferencias diarias de prensa de AMLO y su lucha contra el huachicoleo han aumentado su popularidad, que era del 77 por ciento cuando empezó su mandato y el 6 de febrero de 2019 contó con el 86 por ciento de aprobación (según una encuesta del periódico El Financiero). Muchos mexicanos lo ven como su líder, honesto, transparente y accesible. No obstante, las acciones políticas, económicas, de seguridad e internacionales colocan a este arranque de gobierno como el más caro de los últimos 70 años.
En estos dos meses y días se ha notado una desaceleración del “ritmo histórico”. Pasamos de 20 años de gobiernos débiles, pero democráticos, a los gobiernos del siglo XX de presidentes fuertes, al culto de la personalidad del caudillo. Las acciones y faltas de acciones del gobierno de López Obrador apuntan a un verdadero cruce del Rubicón: “Alea jacta est”. Si algunas palabras pudieran definir estos primeros meses de gestión del gobierno de AMLO serían probablemente la ineptitud y la magia de las palabras: la gente prefiere creer en una irrealidad prometedora, que en la triste realidad.
sábado, septiembre 29, 2018
Pejenomics y el último otoño de Henry
Este otoño estamos viviendo los últimos días de la administración de Henry Monster (Enrique Peña Nieto) y el inicio del Pejegobierno (gobierno de Andrés Manuel López Obrador). Varios grupos de la población están inquietos por no saber cómo se va a manejar la economía, y cómo las políticas públicas van a afectar su bienestar y patrimonio. Las señales son cruzadas, por un lado, Andrés Manuel dice una cosa y luego sus colaboradores dicen otra. Lo peor y lo que más confunde es cuando tratan de explicar que ambos dijeron exactamente lo mismo.
Un amigo economista me decía que “si López obrador supiera de negocios sería un hombre rico y no un político que se la pasa criticando a los ricos.” Éste economista con pretensiones de escribiente piensa que Andrés Manuel ya se ha venido dando topes con la realidad y se está percatando que el manejo de la economía requiere lo que los buenos padres hacen con sus hijos, dejarlos que aprendan y operen en libertad.
Un bosquejo de lo que va a ser el programa económico del próximo gobierno se lanzó durante la campaña en mayo del 2018; a ese ideario económico se le denominó pejenomics. En dicho programa económico se rechazaban varios puntos de conflicto, tales como que no se iban a nacionalizar empresas, ni expropiar negocios, ni aumentar irracionalmente los impuestos. También se aclaraba que pejenomics no estaba en contra de la globalización, sino que buscaba que los beneficios de un México abierto se distribuyeran más equitativamente entre la población. El programa económico del gobierno “juntos haremos historia” buscaba una economía para todos, no para solo unos cuantos.
El programa económico también procuraba tranquilizar a los empresarios, indicando que su programa cubriría los temas relevantes para ellos, tales como la macroeconomía, la innovación, el fomento industrial, el crecimiento económico y el Estado de Derecho.
Pejenomics descansa sobre la premisa de que el programa económico seguido en México durante las últimas tres décadas ha fracasado en todo el mundo y ha dejado al país en una condición delicada, premisa populista difícil de sustentar dado que el país ha podido (1) crecer sin los altibajos observados en la mayoría de los países latinoamericanos, y (2) mantener el pago de sus deudas. El propósito del programa pejenomics ha sido el de despejar las inquietudes sembradas por las campañas de desprestigio de sus rivales durante la contienda electoral
En su Proyecto de Nación se desprenden seis puntos primordiales:
1. estimular la competencia bancaria fomentando la diversidad de actores;
2. crear un fondo de inversión pública y privada;
3. aumentar y diversificar las exportaciones;
4. aplicar una política de cero endeudamiento y de baja inflación;
5. incentivar el desarrollo turístico, y
6. apoyar programas para detonar el consumo y las economías regionales.
Los puntos anteriores suenan más a metas que planes, por ejemplo, poco se dice sobre cómo fomentar la diversidad de actores: ¿sería acaso reduciendo la regulación financiera, y/o liberando las tasas de interés, y/o permitiendo la creación y emisión de nuevos vehículos especulativos, y/o qué? Lo mismo se puede decir acerca de los cinco puntos restantes: son tan solo metas deseadas sin explicar cómo se van a alcanzar.
Un componente clave de pejenomics es el plan de austeridad republicana que básicamente descansa sobre la racionalización del gasto público, reduciendo el desperdicio y fomentando el ahorro. De acuerdo con las sofisticadas fórmulas y algoritmos de pejenomics esto generaría alrededor de 500 billones de pesos, aproximadamente 27 billones de dólares. Éstos recursos liberados servirían para financiar proyectos de desarrollo.
El 16 de septiembre, al inicio de su Gira de Agradecimiento por el país, AMLO anunció en Tepic, Nayarit, que a la mejor no habría suficientes recursos para financiar todos los proyectos propuestos, porque el país se encontraba en bancarrota, agregando que si hubiese una crisis económica no sería por culpa del gobierno sino por causas externas o por el mal manejo por parte del Banco de México. Varios economistas quedamos sorprendidos, pues difícilmente se puede considerar a México como un país en bancarrota, contamos con una buena calificación crediticia, seguimos cumpliendo con el pago de nuestras deudas, recibimos más ingresos de exportación que los egresos por importación, nuestro nivel de reservas internacionales es saludable, etc. claro, el endeudamiento ha crecido rápidamente, los niveles de corrupción, impunidad e inseguridad se han mantenido al alza, y 53 millones continúan en la pobreza, pero estamos lejos de ser un estado fallido o un país en bancarrota.
Nuestro presidente electo se quería curar en salud culpando –antes de tomar posesión– a terceros de las promesas que no va a poder cumplir por falta de recursos. Es más fácil culpar la escasez de recursos a la administración saliente, que reconocer que muchas de las promesas de campaña fueron excesivas e irracionales; es más fácil señalar que si se viene una crisis se deberá a factores externos y al mal manejo del Banco Central que reconocer que las políticas de su administración podrían estar equivocadas.
Semejante declaración sugiere que su relación con el Gobernador de Banxico no es de las mejores, y manifiesta su poco respeto por las instituciones autónomas. En este escenario de señales cruzadas, se antoja difícil cumplir con uno de los ejes rectores de pejenomics: respetar la autonomía del Banco de México para lograr el equilibrio macroeconómico, y evitar devaluación e inflación.
A fin de que la administración de Andrés Manuel mantenga su buena calificación crediticia, tendrá que demostrar, no con palabras sino con hechos, cuatro objetivos:
1. mantener una buena relación con Estados Unidos;
2. mantener o mejorar la gobernabilidad del país;
3. mantener la disciplina fiscal y el buen manejo de las empresas públicas en especial de Pemex y CFE, y
4. lograr crecimientos positivos, sustentables e incluyentes.
Vale la pena desarrollar dos ejercicios: primero, hacer un diagnóstico de cómo recibe el país Andrés Manuel y, segundo, qué es lo que probablemente va a lograr en el primer año, a la mitad de su gestión y al término de esta.
Para empezar, AMLO recibe a una economía, si no en magníficas condiciones, por lo menos no en las pésimas circunstancias que la filosofía de su partido Morena y su programa económico suponen. México está un poco por arriba del promedio de los países latinoamericanos y las economías emergentes.
En el primer año de gobierno tendremos alcances mixtos, tendiendo a resultados más negativos que positivos por varias razones, entre las cuales destacan (1) los cambios geográficos e institucionales en las secretarias que reducirán su funcionalidad durante el periodo de ajuste, y (2) a que muchos de sus colaboradores estarán aprendiendo en el trabajo y su curva de aprendizaje no les permitirá alcanzar los resultados que funcionarios bien preparados lograrían… será un año con reducida nueva inversión externa dado que los inversionistas estarán observando y juzgando el rumbo del pejegobierno antes de comprometer sus recursos.
A la mitad del sexenio estaremos viendo un tipo de cambio cercano a los $25 pesos por dólar, y tasas de inflación cercanas al 10 por ciento. Las tasas de crecimiento estarán por arriba del crecimiento demográfico, pero por abajo del 2.3 por ciento que hemos visto en promedio en los últimos años. Una constante del sexenio será la presión gubernamental sobre Banxico de promover el crecimiento sacrificando la estabilidad de precios. Al final de la administración de AMLO veremos una fuerza laboral menos preparada que la que hubiera podido emerger si se hubiera respetado la reforma educativa, la cual hubiera permitido maestros más preparados bajo evaluación continua, fomentando su preparación a través de incentivos evaluación-remuneración.
Se nos viene un mundo en el cual la mayoría de las actividades económicas descansan sobre el mayor conocimiento, conocimiento necesario de infundir a nuestra juventud, pero... si se piensa más en los maestros como fuerza política, que en los estudiantes como fuerza económica, no es difícil pronosticar un final de sexenio mediocre.
Un mal gobierno siempre se quejará de malas condiciones; un gobierno optimista prometerá mejores resultados, y un buen gobierno responderá a las condiciones que se le presenten cuando se le presenten. ¿Qué tipo de gobierno será el de Andrés Manuel López Obrador? ¿Será acaso que en el otoño del 2024 estaremos extrañando a las cinco administraciones anteriores, o que confirmemos con él, que fueron 30 años de pésimos resultados?
¿Qué pensáis querido lector?
Un amigo economista me decía que “si López obrador supiera de negocios sería un hombre rico y no un político que se la pasa criticando a los ricos.” Éste economista con pretensiones de escribiente piensa que Andrés Manuel ya se ha venido dando topes con la realidad y se está percatando que el manejo de la economía requiere lo que los buenos padres hacen con sus hijos, dejarlos que aprendan y operen en libertad.
Un bosquejo de lo que va a ser el programa económico del próximo gobierno se lanzó durante la campaña en mayo del 2018; a ese ideario económico se le denominó pejenomics. En dicho programa económico se rechazaban varios puntos de conflicto, tales como que no se iban a nacionalizar empresas, ni expropiar negocios, ni aumentar irracionalmente los impuestos. También se aclaraba que pejenomics no estaba en contra de la globalización, sino que buscaba que los beneficios de un México abierto se distribuyeran más equitativamente entre la población. El programa económico del gobierno “juntos haremos historia” buscaba una economía para todos, no para solo unos cuantos.
El programa económico también procuraba tranquilizar a los empresarios, indicando que su programa cubriría los temas relevantes para ellos, tales como la macroeconomía, la innovación, el fomento industrial, el crecimiento económico y el Estado de Derecho.
Pejenomics descansa sobre la premisa de que el programa económico seguido en México durante las últimas tres décadas ha fracasado en todo el mundo y ha dejado al país en una condición delicada, premisa populista difícil de sustentar dado que el país ha podido (1) crecer sin los altibajos observados en la mayoría de los países latinoamericanos, y (2) mantener el pago de sus deudas. El propósito del programa pejenomics ha sido el de despejar las inquietudes sembradas por las campañas de desprestigio de sus rivales durante la contienda electoral
En su Proyecto de Nación se desprenden seis puntos primordiales:
1. estimular la competencia bancaria fomentando la diversidad de actores;
2. crear un fondo de inversión pública y privada;
3. aumentar y diversificar las exportaciones;
4. aplicar una política de cero endeudamiento y de baja inflación;
5. incentivar el desarrollo turístico, y
6. apoyar programas para detonar el consumo y las economías regionales.
Los puntos anteriores suenan más a metas que planes, por ejemplo, poco se dice sobre cómo fomentar la diversidad de actores: ¿sería acaso reduciendo la regulación financiera, y/o liberando las tasas de interés, y/o permitiendo la creación y emisión de nuevos vehículos especulativos, y/o qué? Lo mismo se puede decir acerca de los cinco puntos restantes: son tan solo metas deseadas sin explicar cómo se van a alcanzar.
Un componente clave de pejenomics es el plan de austeridad republicana que básicamente descansa sobre la racionalización del gasto público, reduciendo el desperdicio y fomentando el ahorro. De acuerdo con las sofisticadas fórmulas y algoritmos de pejenomics esto generaría alrededor de 500 billones de pesos, aproximadamente 27 billones de dólares. Éstos recursos liberados servirían para financiar proyectos de desarrollo.
El 16 de septiembre, al inicio de su Gira de Agradecimiento por el país, AMLO anunció en Tepic, Nayarit, que a la mejor no habría suficientes recursos para financiar todos los proyectos propuestos, porque el país se encontraba en bancarrota, agregando que si hubiese una crisis económica no sería por culpa del gobierno sino por causas externas o por el mal manejo por parte del Banco de México. Varios economistas quedamos sorprendidos, pues difícilmente se puede considerar a México como un país en bancarrota, contamos con una buena calificación crediticia, seguimos cumpliendo con el pago de nuestras deudas, recibimos más ingresos de exportación que los egresos por importación, nuestro nivel de reservas internacionales es saludable, etc. claro, el endeudamiento ha crecido rápidamente, los niveles de corrupción, impunidad e inseguridad se han mantenido al alza, y 53 millones continúan en la pobreza, pero estamos lejos de ser un estado fallido o un país en bancarrota.
Nuestro presidente electo se quería curar en salud culpando –antes de tomar posesión– a terceros de las promesas que no va a poder cumplir por falta de recursos. Es más fácil culpar la escasez de recursos a la administración saliente, que reconocer que muchas de las promesas de campaña fueron excesivas e irracionales; es más fácil señalar que si se viene una crisis se deberá a factores externos y al mal manejo del Banco Central que reconocer que las políticas de su administración podrían estar equivocadas.
Semejante declaración sugiere que su relación con el Gobernador de Banxico no es de las mejores, y manifiesta su poco respeto por las instituciones autónomas. En este escenario de señales cruzadas, se antoja difícil cumplir con uno de los ejes rectores de pejenomics: respetar la autonomía del Banco de México para lograr el equilibrio macroeconómico, y evitar devaluación e inflación.
A fin de que la administración de Andrés Manuel mantenga su buena calificación crediticia, tendrá que demostrar, no con palabras sino con hechos, cuatro objetivos:
1. mantener una buena relación con Estados Unidos;
2. mantener o mejorar la gobernabilidad del país;
3. mantener la disciplina fiscal y el buen manejo de las empresas públicas en especial de Pemex y CFE, y
4. lograr crecimientos positivos, sustentables e incluyentes.
Vale la pena desarrollar dos ejercicios: primero, hacer un diagnóstico de cómo recibe el país Andrés Manuel y, segundo, qué es lo que probablemente va a lograr en el primer año, a la mitad de su gestión y al término de esta.
Para empezar, AMLO recibe a una economía, si no en magníficas condiciones, por lo menos no en las pésimas circunstancias que la filosofía de su partido Morena y su programa económico suponen. México está un poco por arriba del promedio de los países latinoamericanos y las economías emergentes.
En el primer año de gobierno tendremos alcances mixtos, tendiendo a resultados más negativos que positivos por varias razones, entre las cuales destacan (1) los cambios geográficos e institucionales en las secretarias que reducirán su funcionalidad durante el periodo de ajuste, y (2) a que muchos de sus colaboradores estarán aprendiendo en el trabajo y su curva de aprendizaje no les permitirá alcanzar los resultados que funcionarios bien preparados lograrían… será un año con reducida nueva inversión externa dado que los inversionistas estarán observando y juzgando el rumbo del pejegobierno antes de comprometer sus recursos.
A la mitad del sexenio estaremos viendo un tipo de cambio cercano a los $25 pesos por dólar, y tasas de inflación cercanas al 10 por ciento. Las tasas de crecimiento estarán por arriba del crecimiento demográfico, pero por abajo del 2.3 por ciento que hemos visto en promedio en los últimos años. Una constante del sexenio será la presión gubernamental sobre Banxico de promover el crecimiento sacrificando la estabilidad de precios. Al final de la administración de AMLO veremos una fuerza laboral menos preparada que la que hubiera podido emerger si se hubiera respetado la reforma educativa, la cual hubiera permitido maestros más preparados bajo evaluación continua, fomentando su preparación a través de incentivos evaluación-remuneración.
Se nos viene un mundo en el cual la mayoría de las actividades económicas descansan sobre el mayor conocimiento, conocimiento necesario de infundir a nuestra juventud, pero... si se piensa más en los maestros como fuerza política, que en los estudiantes como fuerza económica, no es difícil pronosticar un final de sexenio mediocre.
Un mal gobierno siempre se quejará de malas condiciones; un gobierno optimista prometerá mejores resultados, y un buen gobierno responderá a las condiciones que se le presenten cuando se le presenten. ¿Qué tipo de gobierno será el de Andrés Manuel López Obrador? ¿Será acaso que en el otoño del 2024 estaremos extrañando a las cinco administraciones anteriores, o que confirmemos con él, que fueron 30 años de pésimos resultados?
¿Qué pensáis querido lector?
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domingo, julio 08, 2018
AMLO y México: rumbos impredecibles
Estamos viviendo tiempos interesantes, especialmente porque no sabemos el rumbo que tomaran las cosas. A Trump se le puede predecir que siga siendo populista de derecha, fascista, racista y mentiroso, mientras que a AMLO se le puede predecir poco, porque cambia a menudo de parecer según las circunstancias.
Al igual que a ti querido lector, no sé qué vaya a pasar con esta nueva administración, pero como típico político que AMLO ha sido y por fortuna –para los mexicanos– continúa siendo, parece que está cambiando de dirección ahora que se siente seguro de ocupar la silla presidencial. Veamos alguno cambios de dirección de AMLO en menos de una semana de ganar las elecciones:
En fin, poco a poco AMLO y su equipo se van a ir topando con el México real y tendrán que enderezar el rumbo, lo que hará que sigan cayendo o desapareciendo las propuestas de campaña. Por eso y mucho más, es posible afirmar que “la mentira es el alma inmortal del populismo”.
Era de esperar que con la llegada al poder con un 53% del voto y absoluta mayoría en ambas cámaras del Congreso, AMLO empezará a cambiar su discurso de campaña y, entre otros cambios, enfatiza ahora que “quiero pasar a la historia como un buen presidente.” Ya no se trata de ganar simpatías con frases pegajosas y chascarrillos, sino buscar consensos con otros grupos de poder, los poderes legislativo y judicial, actuando con cordura, civilidad, pragmatismo, institucionalidad y perspicacia. O sea, esta buscando ser el presidente de todos los mexicanos.
Andrés Manuel busca hacer historia con su cuarta transformación del país, y así cumplir su anhelo de ser un buen presidente, refiriéndose a las tres transformaciones anteriores como la de Miguel Hidalgo en la Independencia, Juárez en la Reforma, y Madero en la Revolución. La cuarta transformación, en principio, se basa en cambiar el modelo neoliberal de desarrollo que se ha seguido desde los años ochenta, economía abierta con un Estado poco intervencionista, modelo que ha brindado estabilidad macroeconómica, pero con bajos crecimientos anuales y una mayor concentración del ingreso. El modelo que propone AMLO tendría un Estado más interventor, así como, un mayor gasto social para abatir la desigualdad y pobreza, aumentando el gasto público con el compromiso de no subir los impuestos, ni endeudarse más.
El objetivo de esta cuarta transformación es hacer de México un país más democrático, más incluyente, menos desigual y lograr un mayor crecimiento económico sin perder la estabilidad financiera. El modelo establece que los recursos para financiar este mayor gasto social provendrían de la erradicación de la corrupción, centralizando las compras federales para abatir costos. Por otra parte, varias medidas de austeridad gubernamental aumentarían los recursos, tales como reducir a la mitad los sueldos y salarios de los funcionarios federales de mayor nivel. Sin embargo, los números no cuadran, por lo que difícilmente van a alcanzar los recursos con estas medidas para financiar el aumento en el gasto social, al menos de que se aumenten los impuestos, contraigan más deuda o financien el gasto de manera deficitaria.
Por otro lado, tengo seguridad de que varias de sus propuestas e ideología de centroizquierda van a afectar la dirección y marcha de la economía, así como la del Estado y sus instituciones. De que vamos a tener un gobierno más intervencionista, eso no me cabe ni la menor duda, así como de que probablemente vayamos a crecer a un menor ritmo. Consideremos los cinco puntos siguientes:
Al igual que a ti querido lector, no sé qué vaya a pasar con esta nueva administración, pero como típico político que AMLO ha sido y por fortuna –para los mexicanos– continúa siendo, parece que está cambiando de dirección ahora que se siente seguro de ocupar la silla presidencial. Veamos alguno cambios de dirección de AMLO en menos de una semana de ganar las elecciones:
- Prefiere invitar a Donald Trump a su toma de posesión que al revoltoso de maduro.
- Va a mantener el IVA al mismo nivel actual y dudosamente lo reducirá a la mitad como en alguna ocasión prometió.
- El precio de la gasolina no va a bajar se va a mantener en términos reales porque continuará la fórmula actual, lo que significa que los mexicanos seguiremos pagando la gasolina más cara que en Texas.
- Lo más probable que el nuevo aeropuerto continúe, ya que entendió que es el único lugar adecuado por consideraciones aire-tierra, volumen de demanda y a que el financiamiento no proviene de los ingresos fiscales sino del cobro del TUA (tarifa única aeroportuaria).
- La autosuficiencia alimentaria seguramente se abandonará una vez que entienda que esas mismas tierras en México son de menor productividad en la producción de granos que en tierras similares en los Estados Unidos, pero que son de mayor productividad para hortalizas que en los Estados Unidos.
- La construcción de dos nuevas refinerías probablemente no proceda cuando se tope con la dura realidad de que no va haber empresarios e inversionistas privados interesados.
- El avión presidencial ya no se va a vender, porque comprende que nadie le pagaría lo que costó, aparte de que un presidente no puede estar sujeto a los cambios y demoras de las líneas comerciales.
- Antes no a la legalización de la marihuana, y ahora probablemente sí.
- Prometió en campaña que los soldados regresarían a sus cuarteles, ahora su secretario de seguridad habla que será en tres años.
En fin, poco a poco AMLO y su equipo se van a ir topando con el México real y tendrán que enderezar el rumbo, lo que hará que sigan cayendo o desapareciendo las propuestas de campaña. Por eso y mucho más, es posible afirmar que “la mentira es el alma inmortal del populismo”.
Era de esperar que con la llegada al poder con un 53% del voto y absoluta mayoría en ambas cámaras del Congreso, AMLO empezará a cambiar su discurso de campaña y, entre otros cambios, enfatiza ahora que “quiero pasar a la historia como un buen presidente.” Ya no se trata de ganar simpatías con frases pegajosas y chascarrillos, sino buscar consensos con otros grupos de poder, los poderes legislativo y judicial, actuando con cordura, civilidad, pragmatismo, institucionalidad y perspicacia. O sea, esta buscando ser el presidente de todos los mexicanos.
Andrés Manuel busca hacer historia con su cuarta transformación del país, y así cumplir su anhelo de ser un buen presidente, refiriéndose a las tres transformaciones anteriores como la de Miguel Hidalgo en la Independencia, Juárez en la Reforma, y Madero en la Revolución. La cuarta transformación, en principio, se basa en cambiar el modelo neoliberal de desarrollo que se ha seguido desde los años ochenta, economía abierta con un Estado poco intervencionista, modelo que ha brindado estabilidad macroeconómica, pero con bajos crecimientos anuales y una mayor concentración del ingreso. El modelo que propone AMLO tendría un Estado más interventor, así como, un mayor gasto social para abatir la desigualdad y pobreza, aumentando el gasto público con el compromiso de no subir los impuestos, ni endeudarse más.
El objetivo de esta cuarta transformación es hacer de México un país más democrático, más incluyente, menos desigual y lograr un mayor crecimiento económico sin perder la estabilidad financiera. El modelo establece que los recursos para financiar este mayor gasto social provendrían de la erradicación de la corrupción, centralizando las compras federales para abatir costos. Por otra parte, varias medidas de austeridad gubernamental aumentarían los recursos, tales como reducir a la mitad los sueldos y salarios de los funcionarios federales de mayor nivel. Sin embargo, los números no cuadran, por lo que difícilmente van a alcanzar los recursos con estas medidas para financiar el aumento en el gasto social, al menos de que se aumenten los impuestos, contraigan más deuda o financien el gasto de manera deficitaria.
Por otro lado, tengo seguridad de que varias de sus propuestas e ideología de centroizquierda van a afectar la dirección y marcha de la economía, así como la del Estado y sus instituciones. De que vamos a tener un gobierno más intervencionista, eso no me cabe ni la menor duda, así como de que probablemente vayamos a crecer a un menor ritmo. Consideremos los cinco puntos siguientes:
- La descentralización de las secretarías a diferentes estados del país será una verdadera catástrofe, porque sus funciones no dependen de donde se encuentren sino de la capacidad de sus funcionarios. Muchos de estos funcionarios no van a acompañar a otros estados a sus secretarías, lo que requeriría la contratación y preparación de nuevo personal que probablemente no tenga la misma calificación que el existente.
- La corrupción disminuirá, no sé qué tan importante sea la disminución, pero me temo que no será lo suficiente como para poder generar los recursos necesarios para financiar el aumento en el gasto social sin incremento en los impuestos y la deuda.
- En cuanto a educación, me temo que los compromisos con la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) van a reducir la calidad de la educación por las concesiones políticas a los líderes de los maestros revoltosos.
- En lo que toca a la economía, temo que va a tratar de influir en el Banco de México para que promueva el crecimiento, afectando su eficiencia para controlar la inflación.
- En cuanto al combate a la pobreza, asignar recursos monetarios sin compromisos laborales o de capacitación o de educación van a resultar contraproducentes.
martes, mayo 29, 2018
Economía mexicana y los presidenciables
¿Qué podemos esperar en la economía bajo las administraciones de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade? La columna a continuación es un ejercicio de economía-política ficción, no es una predicción de lo que va suceder, sino más bien una advertencia de lo que es posible que suceda. Aunque los elementos para hacer este ejercicio a futuro son las promesas y declaraciones de la campaña electoral de los candidatos, las cuales generalmente distan mucho de lo que eventualmente hacen los candidatos cuando llegan al poder, creo que si hay elementos suficientes para hacer este ejercicio.
La Republica Amorosa: AMLO le daría un impulso importante al crecimiento económico eliminando la corrupción que significa un costo cercano al 10% del PIB, y eliminando la violencia que azota al país la cual cuesta poco más del 20% del PIB, o sea ocho veces la inversión pública en salud y siete veces la inversión en educación… Su frase que llega al inconsciente colectivo de que “las escaleras se barren de arriba hacia abajo”, persuade más a su voto duro que los argumentos para lograrlo. Las fórmulas propuestas parecen no convencer, tales como eliminar la corrupción a través del ejemplo personal de gobernar, y eliminar la inseguridad brindando amnistía a los delincuentes y negociando con la delincuencia organizada.
Otro elemento sería impulsar la autosuficiencia alimentaria reduciendo las importaciones: “sin maíz no hay país” e introduciendo precios de garantía. Esto preocupa a los economistas que advierten que los productores agrícolas migrarán de sus cultivos de exportación a los subsidiados, reduciendo el superávit agropecuario hasta convertirse en un déficit. Los precios de los productos de la canasta básica tales como el maíz y frijol aumentarán de precio promoviendo la inflación y debilitando al peso. El precio de la tortilla se mantendría mediante subsidios, lo cual aumentará el déficit fiscal.
Dentro de las anti medidas para el crecimiento económico estarían el desconocimiento a las reformas educativa y energética, así como detener la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional para la Ciudad de México, medidas que disminuirán la calidad de la educación, la inversión en el sector energético, la inversión en el sector turismo y las entradas de divisas por el transporte aéreo de pasajeros y mercancías.
Ricardo Anaya de frente al futuro: la concepción de Anaya es la de aumentar la inversión pública del actual 3% del PIB al 5% para el 2021, lo cual impulsaría a su vez la inversión privada para que en conjunto alcancen un nivel de inversión del 25% del PIB. Otro elemento es el de crear una unidad especializada en asociaciones público privadas que se abocara a estructurar proyectos susceptibles de financiamiento privado a nivel nacional. Los proyectos de inversión pública se supervisarían y ejecutarían con los más altos estándares técnicos y de transparencia, constituyéndose en verdaderos detonadores del crecimiento. Su tercera propuesta es la creación de un ombudsman de la inversión a fin de desbloquear la inversión productiva, dando así certeza a los empresarios de poder acudir a una institución del Estado que les garantice no tener barreras burocráticas o de corrupción a su inversión. Otros elementos de su propuesta económica son mantener una economía abierta y un tipo de cambio flexible.
Por el México que nos merecemos: Meade le apuesta a que su administración generaría certidumbre y confianza con los inversionistas y empresarios domésticos y extranjeros, evitando una caída en la inversión y el crecimiento económico. Un elemento fundamental para dinamizar el crecimiento es ser más eficiente en el ejercicio del gasto público el cual, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, se pierde en un 3% por ineficiencias. Un segundo elemento sería el impulso y apoyo a las mujeres en la creación de empresas y oportunidades de empleos bien pagados. El grupo poblacional más grande que sufre discriminación, que menos trabaja y menos gana es el de las mujeres, su inclusión dinámica por lo tanto tendrá un impacto positivo en el crecimiento de la economía y del mercado interno. Un tercer elemento es el de continuar con la reducción de los niveles de endeudamiento, lo que permitiría el fortalecimiento del peso y mejorar las perspectivas económicas.
La renta universal: Anaya considera que una renta universal ayudaría a disminuir la pobreza, la desigualdad y estimularía el mercado interno, además de que combatiría al desempleo impulsando a los emprendedores. El financiamiento para esta propuesta provendría, por un lado, de la reordenación de los programas sociales que son más de 6,500 varios de los cuales no cuentan con reglas claras de operación, ni con padrones confiables, muchos de los cuales están duplicados y son terreno fértil para la corrupción; y por el otro, de los recursos ahorrados gracias a un programa de austeridad, de eliminación de los privilegios y gastos innecesarios de los funcionarios públicos. Aun cuando Anaya no ha especificado el monto de la renta universal, un cálculo conservador de $1000 por mes, lo que equivaldría a $12,000 pesos al año a 125 millones de mexicanos, arroja un costo anual de 1.5 billones de pesos. Si se considera que en el 2017 el gasto público ascendió a 5.1 billones de pesos, el costo de financiar la renta universal sería casi una tercera parte del gasto total, muy por encima de lo que podría financiarse por la reordenación de los programas sociales y los ahorros por la austeridad, y eliminación de gastos innecesarios.
Avanzar contigo: Meade pretende reconocer las necesidades individuales de los ciudadanos. De ganar la presidencia, reforzará el programa de ayuda social Prospera, prometiendo otorgar hasta el triple del apoyo económico que actualmente reciben las familias. Su administración (1) apoyaría a las mujeres emprendedoras y crearía guarderías de tiempo completo, (2) otorgaría becas del 100% a estudiantes en edad de preparatoria cuyas familias sean beneficiarias del programa Prospera, (3) duplicaría las pensiones a los adultos mayores pasando de $580 al mes a $1,160 pesos, (4) elevaría a $5,700 bimestrales el apoyo para las familias con alguna persona con discapacidad… Nos dice, “Sé cómo acabar con la pobreza, nuestros adversarios lo que saben es cómo hacerla general”. La manera de financiar sus propuestas seria a través de una mayor eficiencia en el uso y manejo del gasto público, pero pareciera que un ahorro del 3% en el gasto público no sería suficiente para sufragar el costo que implica triplicar su programa social.
AMLO pretende congelar el precio de la gasolina por tres años y construir dos refinerías para reducir las importaciones de refinados, en especial de las gasolinas y diésel. El costo de vender las gasolinas y el diésel por debajo de sus precios internacionales implica un subsidio de alrededor de 20,000 millones de pesos al año.
Ricardo Anaya propone desarrollar energías limpias y mejorar la refinerías actuales; considera que sería antieconómico construir nuevas refinerías cuando la tendencia mundial es precisamente no añadir nueva capacidad de refinación.
José Antonio Meade reconoce que el precio doméstico de las gasolinas debe reflejar su precio internacional y lo que se debe hacer para bajar los precios internos, es reducir los impuestos. También se opone a la construcción de nuevas refinerías.
Ante la compleja situación por las políticas económicas de AMLO, donde la inversión extranjera disminuye, se produce fuga de capitales y de cerebros, los precios aumentan, el peso se devalúa, el dinero se encarece, y empieza a haber escasez de productos básicos, la administración de AMLO radicaliza sus posturas. La disminución en el ritmo de crecimiento económico lleva a AMLO a cambiar el objetivo del Banco de México de controlar la inflación a fomentar el crecimiento económico, lo cual fomenta aún más el aumento de los precios, el incremento en las tasas de interés, y la disminución de la inversión privada por el encarecimiento del dinero. El Presidente Andrés Manuel López Obrador declara que los problemas económicos se deben a la precaria situación que heredó del gobierno previo y del abuso de empresarios y comerciantes en su afán desmedido de lucro, especulando con las necesidades del pueblo. Su fiscal general –seleccionado de la terna que él mismo presentó al Congreso– encarcela a exfuncionarios de la administración de Enrique Peña Nieto y a algunos empresarios considerados de la mafia del poder. Hay que tomar en cuenta que para los populistas es vital la polarización, la división entre “nosotros y ellos” para afianzarse en el poder.
El manual de economía para AMLO es, por un lado, el desarrollo estabilizador de Antonio Ortiz Mena durante las administraciones de López Mateos y Díaz Ordaz, cuando se presentó el mayor crecimiento económico en el país de 1958 a 1970; y por el otro, el populismo de la docena trágica de 1970 a 1982. El problema es que el mundo actual es muy diferente al mundo de entonces. El modelo de desarrollo estabilizador se basaba en el proteccionismo industrial y a la política de sustitución de importaciones, medidas que sirvieron para empoderar la industria mexicana en un primer estadio. La economía de entonces era muy sencilla y mucho antes que la globalización. La llegada de populismo económico de Luis Echeverría y López Portillo mantuvo a la economía cerrada mientras que los tigres asiáticos crecieron abriéndose al mercado internacional. Ahora hasta China y Vietnam tienen economías de mercado que han enriquecido enormemente a esos países… AMLO simplemente ignora al mundo exterior y eso es tremendamente preocupante.
La reedición de las estrategias de AMLO de intervención del Estado, controles de precios, sustitución de importaciones, y déficits fiscales son los ingredientes indispensables para un verdadero desastre económico. Estimado lector, en economía nada es gratis: el mercado no responde a la voluntad de un presidente, sino a las acciones de millones de personas en función de su confianza, su interés, su incentivo o desincentivo.
Ante el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas, AMLO convoca a un plebiscito para llevar a cabo una reforma constitucional, creando un Tribunal Constitucional por encima de la Suprema Corte de Justicia, un tribunal electo a la manera soviético-fascista. Los partidos de oposición son declarados ilegales y sus dirigentes encarcelados.
Crecimiento económico
A pesar de las reformas y una economía abierta, el crecimiento económico se ha mantenido alrededor del 2% lo que significa menos del 1% en términos del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita. Los tres candidatos han prometido mejorar las perspectivas de crecimiento económico, cada uno con su particular manera de pensar.
La Republica Amorosa: AMLO le daría un impulso importante al crecimiento económico eliminando la corrupción que significa un costo cercano al 10% del PIB, y eliminando la violencia que azota al país la cual cuesta poco más del 20% del PIB, o sea ocho veces la inversión pública en salud y siete veces la inversión en educación… Su frase que llega al inconsciente colectivo de que “las escaleras se barren de arriba hacia abajo”, persuade más a su voto duro que los argumentos para lograrlo. Las fórmulas propuestas parecen no convencer, tales como eliminar la corrupción a través del ejemplo personal de gobernar, y eliminar la inseguridad brindando amnistía a los delincuentes y negociando con la delincuencia organizada.
Otro elemento sería impulsar la autosuficiencia alimentaria reduciendo las importaciones: “sin maíz no hay país” e introduciendo precios de garantía. Esto preocupa a los economistas que advierten que los productores agrícolas migrarán de sus cultivos de exportación a los subsidiados, reduciendo el superávit agropecuario hasta convertirse en un déficit. Los precios de los productos de la canasta básica tales como el maíz y frijol aumentarán de precio promoviendo la inflación y debilitando al peso. El precio de la tortilla se mantendría mediante subsidios, lo cual aumentará el déficit fiscal.
Dentro de las anti medidas para el crecimiento económico estarían el desconocimiento a las reformas educativa y energética, así como detener la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional para la Ciudad de México, medidas que disminuirán la calidad de la educación, la inversión en el sector energético, la inversión en el sector turismo y las entradas de divisas por el transporte aéreo de pasajeros y mercancías.
Ricardo Anaya de frente al futuro: la concepción de Anaya es la de aumentar la inversión pública del actual 3% del PIB al 5% para el 2021, lo cual impulsaría a su vez la inversión privada para que en conjunto alcancen un nivel de inversión del 25% del PIB. Otro elemento es el de crear una unidad especializada en asociaciones público privadas que se abocara a estructurar proyectos susceptibles de financiamiento privado a nivel nacional. Los proyectos de inversión pública se supervisarían y ejecutarían con los más altos estándares técnicos y de transparencia, constituyéndose en verdaderos detonadores del crecimiento. Su tercera propuesta es la creación de un ombudsman de la inversión a fin de desbloquear la inversión productiva, dando así certeza a los empresarios de poder acudir a una institución del Estado que les garantice no tener barreras burocráticas o de corrupción a su inversión. Otros elementos de su propuesta económica son mantener una economía abierta y un tipo de cambio flexible.
Por el México que nos merecemos: Meade le apuesta a que su administración generaría certidumbre y confianza con los inversionistas y empresarios domésticos y extranjeros, evitando una caída en la inversión y el crecimiento económico. Un elemento fundamental para dinamizar el crecimiento es ser más eficiente en el ejercicio del gasto público el cual, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, se pierde en un 3% por ineficiencias. Un segundo elemento sería el impulso y apoyo a las mujeres en la creación de empresas y oportunidades de empleos bien pagados. El grupo poblacional más grande que sufre discriminación, que menos trabaja y menos gana es el de las mujeres, su inclusión dinámica por lo tanto tendrá un impacto positivo en el crecimiento de la economía y del mercado interno. Un tercer elemento es el de continuar con la reducción de los niveles de endeudamiento, lo que permitiría el fortalecimiento del peso y mejorar las perspectivas económicas.
Los tres candidatos han prometido no generar más déficit en las finanzas públicas, no recurrir a una mayor deuda pública, y respetar la autonomía del Banco de México, promesas que seguramente algunos candidatos no respetarán si llegan a ganar las elecciones, puesto que “en economía nada es gratis”.
Del crecimiento al progreso económico
Primero los pobres: AMLO se ha comprometido a otorgarle $3,600 pesos a 2.3 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, los conocidos ninis, para que se inserten a la vida académica y laboral, así como duplicar las pensiones a los adultos mayores. El apoyo a los ninis significaría un gasto anual de $100,000 millones de pesos, lo cual tendrá que venir de la reducción en el gasto público, de mayor recaudación o más deuda. El financiamiento para aumentar las pensiones a las personas de la tercera edad provendría de la eliminación de las pensiones a los ex presidentes, las cuales ascienden a cerca de 50 millones de pesos por cada exmandatario federal.La renta universal: Anaya considera que una renta universal ayudaría a disminuir la pobreza, la desigualdad y estimularía el mercado interno, además de que combatiría al desempleo impulsando a los emprendedores. El financiamiento para esta propuesta provendría, por un lado, de la reordenación de los programas sociales que son más de 6,500 varios de los cuales no cuentan con reglas claras de operación, ni con padrones confiables, muchos de los cuales están duplicados y son terreno fértil para la corrupción; y por el otro, de los recursos ahorrados gracias a un programa de austeridad, de eliminación de los privilegios y gastos innecesarios de los funcionarios públicos. Aun cuando Anaya no ha especificado el monto de la renta universal, un cálculo conservador de $1000 por mes, lo que equivaldría a $12,000 pesos al año a 125 millones de mexicanos, arroja un costo anual de 1.5 billones de pesos. Si se considera que en el 2017 el gasto público ascendió a 5.1 billones de pesos, el costo de financiar la renta universal sería casi una tercera parte del gasto total, muy por encima de lo que podría financiarse por la reordenación de los programas sociales y los ahorros por la austeridad, y eliminación de gastos innecesarios.
Avanzar contigo: Meade pretende reconocer las necesidades individuales de los ciudadanos. De ganar la presidencia, reforzará el programa de ayuda social Prospera, prometiendo otorgar hasta el triple del apoyo económico que actualmente reciben las familias. Su administración (1) apoyaría a las mujeres emprendedoras y crearía guarderías de tiempo completo, (2) otorgaría becas del 100% a estudiantes en edad de preparatoria cuyas familias sean beneficiarias del programa Prospera, (3) duplicaría las pensiones a los adultos mayores pasando de $580 al mes a $1,160 pesos, (4) elevaría a $5,700 bimestrales el apoyo para las familias con alguna persona con discapacidad… Nos dice, “Sé cómo acabar con la pobreza, nuestros adversarios lo que saben es cómo hacerla general”. La manera de financiar sus propuestas seria a través de una mayor eficiencia en el uso y manejo del gasto público, pero pareciera que un ahorro del 3% en el gasto público no sería suficiente para sufragar el costo que implica triplicar su programa social.
Los tres candidatos prometen mejorar el bienestar económico de los grupos más vulnerables de la sociedad sin aumentar impuestos y con cero deudas, lo cual a todas luces parece inverosímil. Los apoyos monetarios a los ninis y la renta universal seguramente promovería la cultura del menor esfuerzo, suscitaría inflación y aumentaría las tasas de interés… no tengo duda, México perdería grado de inversión.
Gasolinazos
Los economistas saben que el precio correcto de un bien transable en el mercado internacional es su costo de oportunidad, si se trata de un bien importado su precio en el país tiene que reflejar su costo de importación más los seguros y fletes; si se trata de un bien exportable, su precio en el mercado interno tiene que expresar lo que el país deja de ganar al no venderlo en el mercado internacional, o sea su precio de exportación. Vender en el mercado nacional a un precio inferior al costo de oportunidad, significa menor crecimiento económico, implica perder divisas y promover el consumo excesivo.
AMLO pretende congelar el precio de la gasolina por tres años y construir dos refinerías para reducir las importaciones de refinados, en especial de las gasolinas y diésel. El costo de vender las gasolinas y el diésel por debajo de sus precios internacionales implica un subsidio de alrededor de 20,000 millones de pesos al año.
Ricardo Anaya propone desarrollar energías limpias y mejorar la refinerías actuales; considera que sería antieconómico construir nuevas refinerías cuando la tendencia mundial es precisamente no añadir nueva capacidad de refinación.
José Antonio Meade reconoce que el precio doméstico de las gasolinas debe reflejar su precio internacional y lo que se debe hacer para bajar los precios internos, es reducir los impuestos. También se opone a la construcción de nuevas refinerías.
La propuesta de AMLO aumentaría la deuda y las tasas de interés, y llevaría a la construcción de dos elefantes blancos. La recomendación de Anaya de desarrollar energías amigables al medio ambiente es una recomendación de mediano y largo plazo, y en línea con la tendencia mundial. La propuesta de Meade de reducir los impuestos a los combustibles para el transporte es probablemente más razonable y aplicable en el corto plazo.
2019-2024: Desastre socioeconómico provocado por un modelo fracasado
AMLO gana las elecciones y dirige los destinos del país del 2019 al 2024, esto es lo que supongo va pasar durante ese periodo.
Ante la compleja situación por las políticas económicas de AMLO, donde la inversión extranjera disminuye, se produce fuga de capitales y de cerebros, los precios aumentan, el peso se devalúa, el dinero se encarece, y empieza a haber escasez de productos básicos, la administración de AMLO radicaliza sus posturas. La disminución en el ritmo de crecimiento económico lleva a AMLO a cambiar el objetivo del Banco de México de controlar la inflación a fomentar el crecimiento económico, lo cual fomenta aún más el aumento de los precios, el incremento en las tasas de interés, y la disminución de la inversión privada por el encarecimiento del dinero. El Presidente Andrés Manuel López Obrador declara que los problemas económicos se deben a la precaria situación que heredó del gobierno previo y del abuso de empresarios y comerciantes en su afán desmedido de lucro, especulando con las necesidades del pueblo. Su fiscal general –seleccionado de la terna que él mismo presentó al Congreso– encarcela a exfuncionarios de la administración de Enrique Peña Nieto y a algunos empresarios considerados de la mafia del poder. Hay que tomar en cuenta que para los populistas es vital la polarización, la división entre “nosotros y ellos” para afianzarse en el poder.
El manual de economía para AMLO es, por un lado, el desarrollo estabilizador de Antonio Ortiz Mena durante las administraciones de López Mateos y Díaz Ordaz, cuando se presentó el mayor crecimiento económico en el país de 1958 a 1970; y por el otro, el populismo de la docena trágica de 1970 a 1982. El problema es que el mundo actual es muy diferente al mundo de entonces. El modelo de desarrollo estabilizador se basaba en el proteccionismo industrial y a la política de sustitución de importaciones, medidas que sirvieron para empoderar la industria mexicana en un primer estadio. La economía de entonces era muy sencilla y mucho antes que la globalización. La llegada de populismo económico de Luis Echeverría y López Portillo mantuvo a la economía cerrada mientras que los tigres asiáticos crecieron abriéndose al mercado internacional. Ahora hasta China y Vietnam tienen economías de mercado que han enriquecido enormemente a esos países… AMLO simplemente ignora al mundo exterior y eso es tremendamente preocupante.
La reedición de las estrategias de AMLO de intervención del Estado, controles de precios, sustitución de importaciones, y déficits fiscales son los ingredientes indispensables para un verdadero desastre económico. Estimado lector, en economía nada es gratis: el mercado no responde a la voluntad de un presidente, sino a las acciones de millones de personas en función de su confianza, su interés, su incentivo o desincentivo.
Ante el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas, AMLO convoca a un plebiscito para llevar a cabo una reforma constitucional, creando un Tribunal Constitucional por encima de la Suprema Corte de Justicia, un tribunal electo a la manera soviético-fascista. Los partidos de oposición son declarados ilegales y sus dirigentes encarcelados.
Nuestro historiador Enrique Krauze advierte que cuatro palabras que deberían ser impronunciables en política son “el pueblo soy yo”… Ese será el lema de nuestro mesías tropical y los primeros en sufrir por su ignorancia, incapacidad, y autoritarismo serán precisamente las personas que constituyen su voto duro: los pobres y los trabajadores de baja y mediana calificación. Posiblemente por ignorancia o por odio a los últimos gobiernos, sus seguidores no se dan cuenta o pretenden ignorar cuanto más se pueden empeorar las cosas en México.
jueves, mayo 10, 2018
Boletas de Calificaciones de los tres candidatos presidenciales: Tercer Grado
Después de ver y escuchar a los tres candidatos presidenciales en el programa Tercer Grado (mayo 2018), AMLO, Meade y Anaya, no hubo sorpresas, los resultados fueron los esperados:
1) Anaya hablando menos que de costumbre, el mejor;
2) Meade animado expuso sus virtudes, en segundo lugar, y
3) AMLO muy pausado hablando de lo que quería hablar, al último.
Andrés Manuel López Obrador tuvo la peor actuación al evitar contestar casi todas las preguntas de los periodistas, y anteponiendo sus temas menos controversiales. Se vio desorganizado, olvidadizo, autoritario y defensivo. Actuaba más como presidente que como candidato. Los periodistas que lo entrevistaron no fueron lo suficientemente incisivos. Le formularon sus preguntas, pero AMLO aprovechó el tiempo de respuestas para enviar sus mensajes: "si me apoyas, te perdono… si me críticas, ahí de ti… yo decido antes que las instituciones, etc.”
A mi juicio, reprobó con una calificación de 4 en la escala de 10.
Le sigue José Antonio Meade, quién --apasionado y optimista-- interrumpió a casi todos sus entrevistadores, hablando sin parar, muchas veces no contestando las preguntas directamente, sino haciendo sus propios planteamientos… parecía gritar “no me den por muerto… soy el mejor… soy la única opción para salir adelante.”
Lo vi con contundencia y profundidad, manifestando muchos de sus principios rectores. Desgraciadamente perdió gran parte del tiempo atacando a Andrés Manuel y auto elogiando sus virtudes, como su experiencia, capacidad, honestidad... pero, perdió la oportunidad de deslindarse de los lastres que le significan el PRI y Peña Nieto.
Su calificación es de 6, pasó, pero de panzazo.
Finalmente, Ricardo Anaya hizo una entrevista clara, conciliadora y más pausada, respondiendo a casi todas las preguntas... en lugar de interrumpir a los entrevistadores, estos lo interrumpían, y a pesar de ello, Anaya mantuvo la línea de sus pensamientos. Se notaba preparado, organizado, contundente y seguro de sí mismo. Trató de verse institucional, tendiendo puentes a Felipe Calderón y a Margarita. Efectivamente, no contestó a todo, evitando en ocasiones meterse en camisa de 11 varas y aceptar la responsabilidad en varios hechos que le correspondía como miembro directivo del PAN...
Su calificación para mí fue de 7.5, la mejor de los 3 candidatos.
Cabe aclarar que es difícil que cualquiera que pretenda un puesto de elección popular obtenga una calificación cercana al 10, porque su condición de político lo hace decir la verdad a medias, y ocultar la verdad con tramas ajenos al tema de la conversación.
1) Anaya hablando menos que de costumbre, el mejor;
2) Meade animado expuso sus virtudes, en segundo lugar, y
3) AMLO muy pausado hablando de lo que quería hablar, al último.
Andrés Manuel López Obrador tuvo la peor actuación al evitar contestar casi todas las preguntas de los periodistas, y anteponiendo sus temas menos controversiales. Se vio desorganizado, olvidadizo, autoritario y defensivo. Actuaba más como presidente que como candidato. Los periodistas que lo entrevistaron no fueron lo suficientemente incisivos. Le formularon sus preguntas, pero AMLO aprovechó el tiempo de respuestas para enviar sus mensajes: "si me apoyas, te perdono… si me críticas, ahí de ti… yo decido antes que las instituciones, etc.”
A mi juicio, reprobó con una calificación de 4 en la escala de 10.
Le sigue José Antonio Meade, quién --apasionado y optimista-- interrumpió a casi todos sus entrevistadores, hablando sin parar, muchas veces no contestando las preguntas directamente, sino haciendo sus propios planteamientos… parecía gritar “no me den por muerto… soy el mejor… soy la única opción para salir adelante.”
Lo vi con contundencia y profundidad, manifestando muchos de sus principios rectores. Desgraciadamente perdió gran parte del tiempo atacando a Andrés Manuel y auto elogiando sus virtudes, como su experiencia, capacidad, honestidad... pero, perdió la oportunidad de deslindarse de los lastres que le significan el PRI y Peña Nieto.
Su calificación es de 6, pasó, pero de panzazo.
Finalmente, Ricardo Anaya hizo una entrevista clara, conciliadora y más pausada, respondiendo a casi todas las preguntas... en lugar de interrumpir a los entrevistadores, estos lo interrumpían, y a pesar de ello, Anaya mantuvo la línea de sus pensamientos. Se notaba preparado, organizado, contundente y seguro de sí mismo. Trató de verse institucional, tendiendo puentes a Felipe Calderón y a Margarita. Efectivamente, no contestó a todo, evitando en ocasiones meterse en camisa de 11 varas y aceptar la responsabilidad en varios hechos que le correspondía como miembro directivo del PAN...
Su calificación para mí fue de 7.5, la mejor de los 3 candidatos.
Cabe aclarar que es difícil que cualquiera que pretenda un puesto de elección popular obtenga una calificación cercana al 10, porque su condición de político lo hace decir la verdad a medias, y ocultar la verdad con tramas ajenos al tema de la conversación.
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Tercer Grado
jueves, marzo 29, 2018
Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: ¿proyecto estelar o elefante blanco?
El
buen evaluador sabe que a fuerza de construir buenos proyectos, se
construye una buena nación.
El 3 de septiembre de 2014, después del Segundo Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la realización del megaproyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) en los terrenos del viejo lago de Texcoco a 15 km del centro de la Ciudad de México, a un costo de 169,000 millones de pesos (equivalente a 13,000 millones de dólares al tipo de cambio de septiembre 2014). La ejecución del proyecto se inició en el 2015 para entrar en operación en el 2019 con tres pistas independientes y una capacidad para atender 50 millones de pasajeros al año, contemplándose su expansión gradual conforme crezca la demanda futura. Ahora el costo se ha elevado a 13,500 millones, y su entrada en operación se ha atrasado un año, estimándose estará funcionando en octubre del 2020.
El NAICM es la obra estelar del sexenio peñista: el aeropuerto no solamente será el más grande del país, sino de América Latina, y uno de los tres más grandes del mundo. Su diseño vanguardista fue elaborado por el arquitecto británico Norman Foster en colaboración con el arquitecto mexicano Fernando Romero yerno del magnate Carlos Slim, uno de los principales contratistas del NAICM y el principal inversionista privado.
El anuncio del megaproyecto agarró a todos de sorpresa, pues ni el Plan
Nacional de Infraestructura, ni ninguno de los anuncios de proyectos de
inversión mencionaban la construcción de vías de acceso o de trenes de
pasajeros al nuevo puerto aéreo. Los opositores empezaron a sospechar que ese
megaproyecto se había venido negociado en lo oscurito desde que EPN llegó al
poder, alrededor de 20 meses atrás; tal sigilo y opacidad en la negociación y
preparación de este proyecto desencadenó una ola de críticas y acusaciones de
falta de transparencia y corrupción. Uno de sus principales censores fue Andrés
Manuel López Obrador, quien hasta la fecha considera el NAICM innecesario y
ciertamente no la mejor opción para el país.
A tres meses de las elecciones presidenciales, la discusión del nuevo puerto aéreo ha trascendido de las esferas técnico-económicas a la esfera política-electoral, generando una confusión creciente. Por un lado, sus críticos hablan de un proyecto carísimo y riesgoso, dado que los suelos del lago de Texcoco no sólo no son idóneos para semejante mega aeropuerto, sino que ha habido tal opacidad y falta de transparencia que seguramente, acusan, se trata de una cloaca de corrupción. Por el otro lado, sus proponentes y defensores citan que se han creado y se crearán miles de empleos, aparte de que sería un verdadero disparate suspender un proyecto tan importante para el país, lo que resultaría costosísimo para México.
Por lo tanto, mi querido lector, en este breve artículo me gustaría arrojar un poco de luz para aclarar la controversia, examinando:
A tres meses de las elecciones presidenciales, la discusión del nuevo puerto aéreo ha trascendido de las esferas técnico-económicas a la esfera política-electoral, generando una confusión creciente. Por un lado, sus críticos hablan de un proyecto carísimo y riesgoso, dado que los suelos del lago de Texcoco no sólo no son idóneos para semejante mega aeropuerto, sino que ha habido tal opacidad y falta de transparencia que seguramente, acusan, se trata de una cloaca de corrupción. Por el otro lado, sus proponentes y defensores citan que se han creado y se crearán miles de empleos, aparte de que sería un verdadero disparate suspender un proyecto tan importante para el país, lo que resultaría costosísimo para México.
Por lo tanto, mi querido lector, en este breve artículo me gustaría arrojar un poco de luz para aclarar la controversia, examinando:
- ¿si el NAICM es la mejor
opción?,
- ¿si fue bien estudiado?,
- ¿si se está llevando a cabo
correctamente?,
- ¿cuáles son sus focos rojos?, y
- ¿cómo hay que proseguir?
Necesidad del Proyecto: es del conocimiento de todos que desde hace más
de tres décadas el Aeropuerto Benito Juárez ha venido siendo rebasado por la
demanda de pasajeros y de carga, convirtiéndose en un aeropuerto riesgoso y de
operación cada vez más difícil por el volumen creciente de operaciones. Hoy
dicho aeropuerto da servicio a 42 millones de pasajeros al año, cifra por
arriba de su máxima capacidad estimada para atender satisfactoriamente a 34
millones de pasajeros. Ya –durante la administración de Vicente Fox– se trató de
iniciar la construcción de un nuevo aeropuerto, pero se enfrentó a una gran
oposición social y política, en especial por parte de los comuneros de San
Salvador Atenco, denominados los macheteros de Atenco, por lo que el proyecto
fue congelado. No obstante, el gobierno de Fox expropió 5,400 hectáreas a 4 mil
familias de la zona previendo el futuro. Ahora, bajo la administración de Peña
Nieto, el proyecto se reinició pero con varios cambios y diferentes matices,
anunciándose como un megaproyecto de primer orden en cuanto a su diseño y
dimensiones. A partir del 2020, el NAICM tendrá capacidad para atender a 70
millones de pasajeros anualmente, pero no se quedará ahí, pues habrá la
posibilidad de expandir su capacidad en las próximas décadas conforme crece la
demanda, hasta alcanzar los 125 millones de pasajeros al año. En efecto, el
proyecto tendrá la capacidad suficiente para atender las necesidades de
pasajeros y mercancías en el futuro previsible.
Posiciones A Favor y En Contra: los proponentes y defensores del proyecto incluyen a las autoridades responsables, los otros candidatos presidenciales y al sector privado. Los argumentos van desde que es un proyecto necesario bien fundamentado, que constituye la mejor opción de todas las posibles, y que se han considerado todos los aspectos (de aire y tierra) para su evaluación y ejecución, los aeronáuticos, la mecánica de suelos, el impacto ambiental, la generación de empleos, el impacto distributivo, la mitigación de la corrupción, etcétera. Presumen que se han generado 160,000 empleos directos e indirectos durante la construcción, y que se emplearán alrededor de 600,000 trabajadores durante su operación.
Los críticos y oponentes, destacándose el candidato presidencial por Morena, Andrés Manuel López Obrador, proponen detener el proyecto hasta comprobar que es en realidad es la mejor opción y que se está llevando a cabo de manera honesta. Los señalamientos van desde que es un proyecto costoso y riesgoso –debido a las características del subsuelo, lo que haría su mantenimiento carísimo– hasta que es un hoyo de corrupción donde las decisiones se han venido tomando de manera opaca y la asignación de recursos ha favorecido la asignación directa, sin licitación abierta y competitiva.
AMLO y su equipo de asesores consideran que el proyecto no es la mejor opción, que sería preferible continuar con el aeropuerto actual y construir dos nuevas pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía. Razonan que la operación del nuevo aeropuerto implicaría cerrar los aeropuertos Benito Juárez y el de Santa Lucía, perdiéndose las inversiones hechas en la segunda terminal y en el hangar presidencial. Por lo tanto, AMLO propuso al sector privado la formación de un panel revisor con cinco representantes de cada uno de los tres participantes: gobierno, sector privado y partido Morena.
¿Quién tiene la razón? Los proponentes y defensores aseguran que es el mejor proyecto y que sería un absurdo detenerlo, pues saldría carísimo dadas las multas y penas que habría que incurrirse por el incumplimiento de los contratos y las indemnizaciones a los trabajadores, calculando un costo de suspensión de 120,000 millones de pesos, casi la mitad del costo actual del proyecto. También argumentan que el proyecto no aumentaría la deuda publica, pues solamente el 30% del financiamiento provendría de recursos fiscales, mientras que el 70% restante sería financiamiento privado. Sin embargo, eso es impreciso, puesto que ese 70% del financiamiento provendría de la colocación de bonos en los mercados bursátiles, bonos que se constituyen como deuda pública al ser el gobierno el “prestamista de último recurso” (lender of last resort), en el caso de los bonos usados para el financiamiento del NAICM se pagarían con los ingresos provenientes del cobro de la tarifa de uso aeroportuario (TUA), tarifa que pagamos todos los pasajeros cuando volamos. El TUA ha sido elevado dos veces durante este sexenio para financiar los créditos que obtenga el GACM, estando ahora a 44.07 dólares (la tarifa más alta de todos los aeropuertos de México) y los viajeros nacionales 23.20 dólares, incrementos de 24.7% y 2.0%, respectivamente.
Mientras que, por el otro lado, sus críticos y opositores consideran que es necesario evitar un elefante blanco que no solamente saldría muy caro, sino que tendría una baja rentabilidad, y, probablemente, una rentabilidad negativa.
Antecedentes: el éxito de un proyecto de infraestructura depende en buena medida de la calidad de sus estudios, en especial del análisis integral de costo-beneficio que incluya:
Posiciones A Favor y En Contra: los proponentes y defensores del proyecto incluyen a las autoridades responsables, los otros candidatos presidenciales y al sector privado. Los argumentos van desde que es un proyecto necesario bien fundamentado, que constituye la mejor opción de todas las posibles, y que se han considerado todos los aspectos (de aire y tierra) para su evaluación y ejecución, los aeronáuticos, la mecánica de suelos, el impacto ambiental, la generación de empleos, el impacto distributivo, la mitigación de la corrupción, etcétera. Presumen que se han generado 160,000 empleos directos e indirectos durante la construcción, y que se emplearán alrededor de 600,000 trabajadores durante su operación.
Los críticos y oponentes, destacándose el candidato presidencial por Morena, Andrés Manuel López Obrador, proponen detener el proyecto hasta comprobar que es en realidad es la mejor opción y que se está llevando a cabo de manera honesta. Los señalamientos van desde que es un proyecto costoso y riesgoso –debido a las características del subsuelo, lo que haría su mantenimiento carísimo– hasta que es un hoyo de corrupción donde las decisiones se han venido tomando de manera opaca y la asignación de recursos ha favorecido la asignación directa, sin licitación abierta y competitiva.
AMLO y su equipo de asesores consideran que el proyecto no es la mejor opción, que sería preferible continuar con el aeropuerto actual y construir dos nuevas pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía. Razonan que la operación del nuevo aeropuerto implicaría cerrar los aeropuertos Benito Juárez y el de Santa Lucía, perdiéndose las inversiones hechas en la segunda terminal y en el hangar presidencial. Por lo tanto, AMLO propuso al sector privado la formación de un panel revisor con cinco representantes de cada uno de los tres participantes: gobierno, sector privado y partido Morena.
¿Quién tiene la razón? Los proponentes y defensores aseguran que es el mejor proyecto y que sería un absurdo detenerlo, pues saldría carísimo dadas las multas y penas que habría que incurrirse por el incumplimiento de los contratos y las indemnizaciones a los trabajadores, calculando un costo de suspensión de 120,000 millones de pesos, casi la mitad del costo actual del proyecto. También argumentan que el proyecto no aumentaría la deuda publica, pues solamente el 30% del financiamiento provendría de recursos fiscales, mientras que el 70% restante sería financiamiento privado. Sin embargo, eso es impreciso, puesto que ese 70% del financiamiento provendría de la colocación de bonos en los mercados bursátiles, bonos que se constituyen como deuda pública al ser el gobierno el “prestamista de último recurso” (lender of last resort), en el caso de los bonos usados para el financiamiento del NAICM se pagarían con los ingresos provenientes del cobro de la tarifa de uso aeroportuario (TUA), tarifa que pagamos todos los pasajeros cuando volamos. El TUA ha sido elevado dos veces durante este sexenio para financiar los créditos que obtenga el GACM, estando ahora a 44.07 dólares (la tarifa más alta de todos los aeropuertos de México) y los viajeros nacionales 23.20 dólares, incrementos de 24.7% y 2.0%, respectivamente.
Mientras que, por el otro lado, sus críticos y opositores consideran que es necesario evitar un elefante blanco que no solamente saldría muy caro, sino que tendría una baja rentabilidad, y, probablemente, una rentabilidad negativa.
Antecedentes: el éxito de un proyecto de infraestructura depende en buena medida de la calidad de sus estudios, en especial del análisis integral de costo-beneficio que incluya:
- las fases de preparación,
construcción y operación;
- la comparación de las
alternativas;
- la evaluación de los escenarios
con y sin proyecto;
- el cómputo de todos los costos
directos e indirectos del proyecto, los efectos tangibles e intangibles,
de primera y de segunda vuelta;
- calcular las tasas de
rendimiento económicas y financieras;
- estimar los grados de certeza
de los resultados, etcétera.
Sin embargo, a pesar
de que el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, GACM, presume que todos
los estudios necesarios se han llevado a cabo, no hay (por lo menos en el
portal del GACM) ningún documento de análisis costo-beneficio –tal y como se
acostumbra en los proyectos de aeropuertos en la mayoría de los países en las
últimas décadas–. Hay que reconocer que existe un buen estudio de gobernanza
preparado bajo el liderazgo de la OCDE, pero, aparte de éste y algunos
documentos de presentaciones sobre los beneficios del proyecto y contratos
otorgados, el acervo documental de respaldo al alcance de la sociedad está
incompleto.
Focos Rojos: a ojo de buen cubero, este economista ha podido identificar cinco focos rojos.
Focos Rojos: a ojo de buen cubero, este economista ha podido identificar cinco focos rojos.
El primero es que el proyecto se negoció en lo oscurito por casi 20 meses antes del anuncio presidencial del 3 de septiembre de 2014.
El segundo foco rojo es la baja calidad de sus directivos: el nombramiento del titular de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, como Presidente del Consejo de Administración de la empresa estatal, GACM, señalado como uno de los principales culpables del socavón del paso Express de Cuernavaca, y cuestionado en el 2015 por la adjudicación directa a Parsons International para supervisar al proyecto del NAICM a un costo de 2,362 millones de pesos, contratación directa que se trató de justificar por motivos de seguridad nacional (?); aparte, la composición del GACM es de burócratas y administradores, sin que haya personal profesional con experiencia en evaluación y ejecución de proyectos (posiblemente se dirá que algunos de ellos adquirieron experiencia en Banobras y Nafin, pero fueron experiencias de acompañamiento, no de liderazgo de proyectos); finalmente, el funcionario más importante y mejor remunerado del GACM, Federico Patiño Márquez, no tiene el respaldo académico requerido para su función y puesto, no tiene licenciatura ni posgrados.
El tercero es la construcción de la barda perimetral del aeropuerto, la cual:
- se llevó a cabo sin proyecto
ejecutivo,
- se asignó de manera directa,
sin licitación, a la Secretaría de Defensa Nacional,
- el costo original de 1,547
millones de pesos se rebaso por 1,383 millones, alcanzando un costo final
de 2,930 millones de pesos, un encarecimiento de 89%,
- la terminación del proyecto se
atrasó más de 531 días calendario,
- se encontraron dos empresas
fantasmas;
- Sedena se negó a entregar los
contratos involucrados en la construcción de la barda, argumentando que no
los podía encontrar… ¡Por favor, estamos hablando de una barda!.
El cuarto foco
rojo es la emisión de los atractivos bonos bursátiles denominados Fibra E, los
cuales fueron adquiridos en su gran mayoría por el empresario Slim y los
Afores, bonos que ofrecen un rendimiento real del 10%, rendimiento por arriba
del mercado.
El quinto es el aumento en los costos el cual no han podido explicar, el único factor aludido ha sido el tipo de cambio, pero eso no es causa suficiente. Aparte, el 70% de los contratos se han adjudicando de manera directa lo cual va en contra de las buenas prácticas en la ejecución de proyectos de infraestructura, atenta contra la transparencia e invita a la corrupción.
El quinto es el aumento en los costos el cual no han podido explicar, el único factor aludido ha sido el tipo de cambio, pero eso no es causa suficiente. Aparte, el 70% de los contratos se han adjudicando de manera directa lo cual va en contra de las buenas prácticas en la ejecución de proyectos de infraestructura, atenta contra la transparencia e invita a la corrupción.
De continuar con la
ejecución del proyecto como se ha venido haciendo hasta el momento, la
administración de Enrique Peña Nieto pasará a la historia como ineficiente,
inepta y/o corrupta. Por favor, ¿Qué diablos tiene que hacer la
Sedena construyendo bardas? Si se argumenta que es por motivos de
seguridad contra ataques terroristas o del crimen organizado, la Sedena puede
supervisar, pero no construir. Todos los niveles de gobierno, desde el federal
hasta el municipal, tienen experiencia en el desarrollo de proyectos de infraestructura,
y es sabido por todos de que los contratos importantes deben asignarse de
manera competitiva en licitaciones abiertas… Lo contrario generalmente se llama corrupción.
Buenas prácticas: En la fase de evaluación se tienen que estimar todos los impactos positivos y negativos en el ingreso nacional, en los empleos, en el medio ambiente, en la balanza comercial, etcétera. Es por ello que la evaluación de proyectos arroja resultados sobre si conviene o no hacer el proyecto no solamente para el grupo de inversionistas, sino para la sociedad en su conjunto, considerando aquellos que pueden perder y los que van a ganar con el proyecto, bajo el precepto de que los ganadores pueden compensar a los perdedores y aún estar en una mejor posición que antes del proyecto. La información brindada por la empresa estatal GACM a cargo del proyecto no es contundente ni satisfactoria, no sabemos si (1) se estudiaron las alternativas y qué alternativas, y (2) la evaluación económica y financiera consideró los escenarios con y sin el proyecto.
El análisis costo-beneficio comprende las dos caras de una misma moneda. Por un lado, se presenta la promesa de un aumento en el bienestar gracias al proyecto, de un mayor crecimiento incluyente, de más y mejores empleos, de una economía más competitiva, y de mejores servicios públicos para la población. El otro lado de la moneda conlleva costos y riesgos, tales como comprometer recursos escasos en la construcción del proyecto, de que haya una gestión deficiente, que los estudios se hagan mal y se presenten sobrecostos importantes, y que la corrupción afecte la calidad de los resultados y los tiempos de construcción.
Es por ello que la práctica internacional de los organismos internacionales reitera una y otra vez que la fórmula para el éxito depende de:
Buenas prácticas: En la fase de evaluación se tienen que estimar todos los impactos positivos y negativos en el ingreso nacional, en los empleos, en el medio ambiente, en la balanza comercial, etcétera. Es por ello que la evaluación de proyectos arroja resultados sobre si conviene o no hacer el proyecto no solamente para el grupo de inversionistas, sino para la sociedad en su conjunto, considerando aquellos que pueden perder y los que van a ganar con el proyecto, bajo el precepto de que los ganadores pueden compensar a los perdedores y aún estar en una mejor posición que antes del proyecto. La información brindada por la empresa estatal GACM a cargo del proyecto no es contundente ni satisfactoria, no sabemos si (1) se estudiaron las alternativas y qué alternativas, y (2) la evaluación económica y financiera consideró los escenarios con y sin el proyecto.
El análisis costo-beneficio comprende las dos caras de una misma moneda. Por un lado, se presenta la promesa de un aumento en el bienestar gracias al proyecto, de un mayor crecimiento incluyente, de más y mejores empleos, de una economía más competitiva, y de mejores servicios públicos para la población. El otro lado de la moneda conlleva costos y riesgos, tales como comprometer recursos escasos en la construcción del proyecto, de que haya una gestión deficiente, que los estudios se hagan mal y se presenten sobrecostos importantes, y que la corrupción afecte la calidad de los resultados y los tiempos de construcción.
Es por ello que la práctica internacional de los organismos internacionales reitera una y otra vez que la fórmula para el éxito depende de:
- la eficiencia del proyecto en
sus fases de planeación, construcción y operación;
- que se hagan bien todos los
estudios necesarios;
- la capacidad y habilidades de
los directores del proyecto para contratar al mejor personal, por su
capacidad y experiencia y no por amiguismos o para pagar favores
políticos, y, sobre todo,
- que haya transparencia real, no
solamente presumir que existe, sino de presentar y facilitar los
documentos de respaldo cuando se solicitan.
Desgraciadamente, en
la experiencia de más de 20 años de este economista en la evaluación de
proyectos de infraestructura –incluyendo aeropuertos–, la aplicación de esta
fórmula del éxito continúa siendo un reto.
Conclusiones y recomendaciones: Te confieso amigo lector, que cuando empezó el debate sobre el aeropuerto mi primera reacción fue que el NAICM era necesario y que probablemente se estaba llevando a cabo correctamente. Sin embargo, después de algunos días de estar estudiando el proyecto y su contexto me parece que el NAICM está lejos de ser el proyecto estelar que presumen algunos funcionarios. Primero, el proyecto se ha venido gestando en un contexto de opacidad y de decisiones autoritarias; segundo, la configuración del GACM, la unidad responsable del proyecto no es la más adecuada, y tercero, la asignación directa de contratos es una práctica ineficiente y conducente a la corrupción.
El proyecto ya transitó de la discusión técnico económica a la duda social; ahora lo importante, lo que conviene no sólo al país, sino también a la administración de Enrique Peña Nieto y su legado, es que de aquí en adelante el proyecto se lleve a cabo de la manera más efectiva. Por lo tanto, recomendaría:
Conclusiones y recomendaciones: Te confieso amigo lector, que cuando empezó el debate sobre el aeropuerto mi primera reacción fue que el NAICM era necesario y que probablemente se estaba llevando a cabo correctamente. Sin embargo, después de algunos días de estar estudiando el proyecto y su contexto me parece que el NAICM está lejos de ser el proyecto estelar que presumen algunos funcionarios. Primero, el proyecto se ha venido gestando en un contexto de opacidad y de decisiones autoritarias; segundo, la configuración del GACM, la unidad responsable del proyecto no es la más adecuada, y tercero, la asignación directa de contratos es una práctica ineficiente y conducente a la corrupción.
El proyecto ya transitó de la discusión técnico económica a la duda social; ahora lo importante, lo que conviene no sólo al país, sino también a la administración de Enrique Peña Nieto y su legado, es que de aquí en adelante el proyecto se lleve a cabo de la manera más efectiva. Por lo tanto, recomendaría:
- crear una Comisión de la
Sociedad Civil para que conduzca un monitoreo constante en la otorgación
de contratos y adquisición de bienes y servicios;
- la reestructuración de la
unidad del proyecto GACM nombrando a personal con experiencia en la
evaluación y construcción de proyectos;
- prohibir la otorgación de
contratos por asignación directa cuando rebasen un monto razonable
(digamos no más de medio millón de pesos);
- subir al portal todos los
estudios de respaldo (técnicos, económicos, financieros, ambientales,
etc.), y
- responder de manera inmediata a todas las acusaciones y señalamientos de corrupción.
Ojo, hago un llamado a alguien que le diga a nuestro mandatario Enrique Peña Nieto que, si no toma cartas en el asunto para enderezar
este proyecto y encausarlo por buen camino corre el terrible riesgo de dejar un elefante blanco, y de pasar a la historia como un presidente inepto, y, tal vez, corrupto.
Señor presidente,
dejar una mejor nación que la que usted recibió cuando tomó las riendas del
poder, implica hacer buenos proyectos, o por lo menos hacer bien el proyecto
más importante de su administración y de las últimas generaciones.
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