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lunes, mayo 13, 2019

AMLO: Aquí sólo mis chicharrones truenan

Me costó trabajo seleccionar el tema para el artículo de este mes, dado que casi todos mis amigos comentaristas habían escogido temas parecidos que giraban alrededor de la inmutable terquedad de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, quien considera que solamente su opinión cuenta y que siempre tiene la razón. Sin embargo, cuando empecé a escribir sobre Venezuela, otro tema de mi interés, mi mente regresaba a las últimas decisiones de AMLO y los costos que se están dejando sentir en la economía y los bolsillos de las familias mexicanas.

Alguien dijo en alguna ocasión que “no miente tan sólo el que habla en contra de lo que sabe, sino también miente el que habla en contra de lo que no sabe.” Es terrible ver a una persona tomar decisiones sobre el bienestar de otros pensando que sabe lo que no sabe, puesto que el costo de sus malas decisiones lo pagan los incautos que le otorgaron el poder de decisión sobre sus destinos.

Para el señor presidente no importa el sentido común, lo relevante son las buenas intenciones. En efecto, nada es complicado para el que no entiende, como nada es imposible para el que no sabe, pero cree que si sabe. El comportamiento del presidente corresponde al de un hombre soberbio convencido de su superioridad ética y moral, eliminando de facto toda posibilidad de diálogo. De entrada, sus adversarios y aquellos que emiten opiniones contrarias a la suya están descalificados por no admitir que la palabra de otros este a su altura. Por ello AMLO se ha rodeado de aduladores que prefieren guardar silencio ante sus caprichos y errores, que marcarle el alto y ofrecerle opciones correctas. Cualquier experto que discrepe de AMLO, en ese momento se vuelve pirrurris, o sea un desvergonzado que no merece atención alguna.

En estos cinco meses de administración, la administración de AMLO ha cometido un sin número de errores, pero probablemente dos marcarán su gobierno en la historia: el primero fue la terminación NAIM (nuevo aeropuerto internacional de México) en favor de la construcción del de Santa Lucía, y el segundo la construcción de la refinería de Dos Bocas.

Tal y como en su momento el tema de la Casa Blanca fue la que manchó la honestidad y credibilidad de Enrique Peña Nieto, la cancelación del NAIM en favor de Santa Lucía manchará de ineptitud y soberbia la figura histórica de Andrés Manuel López Obrador.

El presupuesto original de Santa Lucía se estimaba en 67,000 millones de pesos, pero de acuerdo al Colegio de Ingenieros va costar más de cuatro veces ese monto, alrededor de 217,000 millones de pesos y tomando en cuenta el costo de cierre del NAIM y otras obras que no se consideraron, saldrá 156,000 millones de pesos más caro que lo que hubiera costado terminar el NAIM, aeropuerto de menores costos de operación y de mayor capacidad, que el proyecto aeroportuario de AMLO, el que curiosamente todavía no se termina de estudiar. Esa decisión autoritaria mandó una pésima señal a los empresarios e inversionistas, los cuales han mantenido una actitud de desconfianza a la administración de AMLO.

El proyecto de la refinería de Dos Bocas se propuso por invitación directa a cuatro firmas expertas en la construcción de refinerías, quienes después de estudiar el proyecto concluyeron que costaría más de los 8,000 millones de dólares y tardaría más de los tres años que habían fijado como límites la administración de AMLO. Ante lo cual, nuestro presidente anunció que Pemex la haría (en el lugar que él escogió personalmente) bajo la dirección de la Secretaría de Energía manteniéndose dentro del presupuesto y terminándola a tiempo. Esta decisión de sustituir a las compañías internacionalmente más capacitadas para construir refinerías por un grupo de burócratas del gobierno y de una paraestatal va en contra de la experiencia histórica y del sentido común.

A ver, examinemos cuatro razones por las que la decisión de construir la refinería de Dos Bocas es una mala decisión, un elefante blanco y una criminal necedad.

Primero, la tendencia internacional es que desaparezcan los vehículos de combustión interna en favor de los eléctricos. Segundo, no se están construyendo nuevas refinerías en el mundo, la última que se construyó fue en Turquía y costó más de 10,000 millones de dólares, tardándose más de siete años en construirla. Tercero, si las compañías expertas concluyeron que la refinería costaría más y tardaría más en terminarse, es sencillamente imposible que Pemex y la SENER sean más eficientes que dichas compañías terminando en costo y en tiempo. Todos los estudios de organismos internacionales e institutos económicos indican que el sector público nunca ha sido más eficiente que el sector privado; que los proyectos bajo el control, dirección y ejecución del sector público tienen resultados peores que los del sector privado; que el dinero en manos del gobierno es infinitamente menos productivo que en manos del sector privado; que los proyectos manejados por el gobierno promueven ineficiencia y corrupción, etcétera. Estas lecciones que todos los economistas e ingenieros aprendemos en la Universidad, las desconoce nuestro presidente sabelotodo. Cuarto, existe exceso de capacidad en la industria mundial de producción de refinados, por lo que sus precios tienden a la baja. Los precios de los refinados producidos en Dos Bocas serán superiores a los precios internacionales por la necesidad de amortizar el capital invertido en la refinería mexicana, mientras que las inversiones en las refinerías existentes alrededor del mundo ya fueron amortizadas.

Viendo estos dos claros ejemplos de ineptitud y soberbia la pregunta clave ahora es ¿qué se nos viene después de todo esto? En economía no se pueden tomar malas decisiones muchas veces todas las veces, el costo no tarda en dejarse sentir y es creciente. En estos cinco meses de administración ya hemos visto un anticipo de lo que se nos viene encima: decaimiento del crecimiento económico y estancamiento de la economía. El peligro que este comentarista ve es que nuestro presidente trate de forzar el crecimiento económico con financiamiento deficitario, lo que desataría la inflación en el país comiéndose los ingresos, en especial, de los que menos tienen, precisamente los que mayormente votaron por él.

Esta administración pasará a la historia como la de las buenas intenciones y la de los pésimos resultados.

miércoles, diciembre 19, 2018

Cancelar o no cancelar el NAIM, esa es la pregunta

Un colega me preguntaba que por qué no había escrito más sobre las declaraciones de nuestro nuevo presidente en funciones y las decisiones que ha venido tomando su administración. Mi respuesta es que estoy algo triste por el bajo nivel de esta administración, cuyo titular fue favorecido por la inmensa mayoría de mexicanos.

Independientemente de que los mexicanos pensantes y patriotas debemos de recapacitar sobre las razones que hicieron que la mayoría de la gente hubiera seleccionado al candidato más inepto y menos preparado para dirigir los destinos de la patria, para así tratar de evitar que vuelva a suceder algo parecido en el futuro, existe la otra pregunta y es, ¿a dónde nos están llevando estas decisiones tan irresponsables, carentes de sentido común, y desamparadas por el conocimiento?

Dentro de todas las decisiones de política pública que ha tomando el gobierno actual hasta el momento, destaca la terminación del aeropuerto en Texcoco, el NAIM. Los expertos internacionales, los intelectuales mexicanos, y la oposición no pudieron convencer a Andrés Manuel López Obrador de continuar con el Aeropuerto de Texcoco, sin embargo, las grandes compañías financieras de Estados Unidos parecen que le están impidiendo que cometa tan grave error. La maraña financiera de recompra de bonos propuesta por el gobierno mexicano para tratar de evitar que estas compañías y sus grandes abogados neoyorquinos llevaran a México a una encrucijada financiera internacional, no ha funcionado y probablemente no vaya a resultar. Las colmilludas empresas tenedoras de los bonos del aeropuerto, pueden sentarse a esperar o emplazar a México para que le pague los bonos no a la par, o sea al valor de recompra de un dólar, sino de dos o tres veces el valor original. El proceso legal llevaría a la reducción de la calificación crediticia de México, aumentando el costo del dinero y disminuyendo la confianza de los inversionistas extranjeros.

Ante esta situación, ¿qué es lo que va a pasar? Yo diría que sí hay un poquito de sentido común, la administración actual continuaría con el proyecto de Texcoco ante los enormes costos de terminación del proyecto; pero, conociendo la terquedad del tabasqueño, no me parece nada remoto que se aferre a la decisión de terminar el aeropuerto, llevando al país a uno de los desastres financieros más grandes que hemos vivido en los últimos 100 años, solamente comparable a la crisis que vivimos con Cárdenas con la expropiación del petróleo, cuando México se enfrentó a los gobiernos, empresas petroleras y financieras de Estados Unidos y Europa. En aquel entonces, el gobierno de Cárdenas estaba en lo cierto, lo cual no es el caso para el gobierno actual.

martes, diciembre 04, 2018

NAIM y el problema financiero de abandonar el proyecto

Imagínense que están construyendo un edificio de oficinas de 100 millones de pesos, para lo cual colocaron bonos en el mercado por 30 millones, bonos adquiridos por empresas financieras al valor de venta a la par (costo-precio de un peso). Invierten ustedes esos 30 millones de recursos en el proyecto, el cual avanza 30%. Sin embargo, de repente se les ocurre cambiar de parecer y ya no quieren seguir con ese proyecto sino empezar un segundo edificio del mismo costo en otro sitio, por lo que tratan de abandonar el primer proyecto.

Con el solo anuncio de que van a suspender el proyecto, los tenedores de los bonos sufren la pérdida de valor de los bonos que pasan de un dólar a $0.70, acumulando una pérdida del 30%, por lo que los inversionistas emprenden acciones legales contra ustedes, los propietarios del proyecto.

En las cláusulas de los contratos existen provisiones de penas y castigos por la suspensión arbitraria del proyecto, que en un extremo implica pagar el precio original de los bonos más una compensación. Ustedes, los dueños del proyecto, por lo tanto, perderían:
  1. los 30 millones de financiamiento más las penas, multas y castigos (digamos 6 millones adicionales),
  2. los costos iniciales de 2 millones de pesos más los 30 millones de pesos de los bonos que ya habían invertido en equipos, materiales, estudios, salarios, etcétera, y
  3. el costo de volver a rehabilitar ese terreno (digamos 2 millones adicionales).
En total, ustedes los dueños del proyecto, por la ocurrencia de cambiar de parecer, estarían perdiendo 36 + 32 + 2 = 70 millones de pesos… El 70% del valor del edificio. Aparte, tendrían que pagar 100 millones de pesos adicionales por el desarrollo del 2do edificio; o sea, el caprichito de substituir el proyecto por otro les costaría 170 millones de pesos, 70 millones mas de lo que originalmente iban a pagar.

Algo parecido está sucediendo con la inexplicable ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador de suspender el proyecto actual del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, NAIM.

A fin de evitar semejante pérdida, el gobierno de AMLO ha decidido continuar con el proyecto del NAIM hasta que puedan resolver la amenaza del problema financiero. Las empresas financieras tenedores de las cuatro emisiones de bonos por un total de 6,000 millones de dólares amenazan con acciones legales contra el GACM (Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México). Las empresas calificadoras han reducido la calificación de los bonos casi al grado de papel basura, por lo que las indemnizaciones penas y castigos serían muy elevadas, aparte de que contaminaría otras deudas publicas, como las de Pemex y CFE.

De tal manera, el día 3 de diciembre de 2018 se ofreció la recompra de los bonos por un monto de 1,800 millones de dólares a un precio de adquisición de $0.90 a $1.00 dólar. Esta oferta se mantendrá durante 20 días hábiles hasta el 2 de enero de 2019.

El propósito de esta acción es la de restablecer la confianza de los inversionistas en el papel mexicano y tratar de llegar a un acuerdo con los tenedores para evitar las acciones legales. De tal manera, hay una doble finalidad en esta oferta de recompra, por un lado, restablecer la confianza en México pagando un precio más cercano al precio de adquisición, y, por el otro, convencer a los tenedores para modificar algunas de las cláusulas de los contratos sobre todo en lo referente a las penas y castigos por la suspensión del proyecto.

Muchos partidarios de AMLO han festejado esta maniobra financiera afirmando que aumentará la confianza de los inversionistas, lo cual es equivalente a provocar un incendio de manera intencional y después congratularse por haber llamado a los bomberos.

El gobierno entrante ha informado que se mantendrán los trabajos en el proyecto hasta que no se actualice el programa institucional del nuevo aeropuerto internacional, incluyendo hacer frente a los compromisos con los inversionistas, contratistas y acreedores. Suponiendo que esta maniobra financiera tuviera éxito, el cierre del NAIM se podría anunciar en la segunda quincena de diciembre del 2018.

Pero cabe hacernos la pregunta de ¿cuánto nos va a costar a los mexicanos la suspensión arbitraria del NAIM?

  1. Todo lo que se ha invertido hasta el momento en el proyecto, alrededor de 60,000 millones de pesos.
  2. Los 36,000 millones de pesos que de inmediato se irían a pagar una deuda originalmente contratada de 10 a 30 años.
  3. Seguir pagando los bonos que permanecen manos de los inversionistas extranjeros, o sea 84,000 millones de pesos por una obra que ya no se está realizando.
  4. Alrededor de 38,000 millones de pesos para los contratos ya firmados del NAIM.
  5. Un costo aproximado de 40,000 millones de pesos para eliminar lo hecho hasta ahora y rehabilitar el área del proyecto en Texcoco.
  6. Los 80,000 millones de pesos de desarrollar el aeropuerto de Santa Lucía.
  7. Los 5,000 millones de las adaptaciones en los aeropuertos de Toluca y el AICM (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México).
  8. Los 2,500 millones de pesos para conectar el AICM con el de Santa Lucía.

O sea, el costo de suspensión del NAIM (suma del 1 al 5) ascendería a 258,000 millones de pesos, alrededor del 99% del costo total del proyecto de Texcoco de 260,000 millones de dólares pesos. Aparte, hay que sumar los 80,000 millones de pesos que costaría el aeropuerto es Santa Lucía, más los 5,000 millones de las adaptaciones de los aeropuertos de Toluca y el de AICM, y 2,500 millones de pesos para las vías para conectar el aeropuerto de Toluca con el de Santa Lucía.

El capricho autoritario de suspender el aeropuerto en Texcoco nos saldrá costando a los mexicanos arriba de 345,500 millones de pesos, 85,500 millones de pesos más que el costo del proyecto actual, para tener un sistema aeroportuario de menor capacidad de flujos de pasajeros y carga. Y, claro, hay que recordar que todavía falta por hacer el proyecto ejecutivo para el aeropuerto de Santa Lucía que hasta el momento no se tiene.

Las preguntas clave son:
  1. ¿podría volverse a reactivar el proyecto del aeropuerto en Texcoco y abandonar el de Santa Lucía.
  2. ¿Podrán estas medidas de parches financieros devolver la confianza de los inversionistas a los proyectos de infraestructura del gobierno mexicano?
En la opinión de quien esto escribe, la decisión de abandonar el proyecto del aeropuerto en Texcoco ya fue tomada, a pesar de que los costos financieros, económicos y de pérdida de empleos sigan ascendiendo. AMLO, fiel a su obstinada condición de ser, suspenderá el proyecto del NAIM y desarrollará la opción de Santa Lucía independientemente de lo que le digan los expertos, mercados e inversionistas.

En cuanto a restablecer la confianza de los inversionistas con estas maniobras financieras, difícilmente lo logrará en los próximos años: los mercados olvidan, pero no perdonan. Por ello, a pesar de la oferta de recompra por 1,800 millones de dólares, 1) la calificadora Moody’s mantuvo su baja calificación de Baa3 de dichos bonos, el último peldaño antes de llegar al bono basura, y 2) varios inversionistas han declarado que rechazarán la oferta de recompra.

Ponte a pensar querido lector, si tú fueras inversionista, ¿invertirías en un país cuyo gobierno abandona el proyecto de infraestructura más importante de las últimas décadas, que había sido estudiado por más de 30 años y recomendado por los más capacitados expertos internacionales, en favor de un aeropuerto alterno confirmado por los expertos como la peor opción? Esto, esto querido lector, no da confianza.