Ante la polémica levantada por la solicitud del presidente Andrés Manuel López Obrador al Rey Felipe VI de España de marzo 2019 de que se disculpe por los abusos cometidos al pueblo mexicano hace 500 años durante la conquista, conviene definir una postura al respecto, especialmente por mi condición de mexicano por nacimiento y de español por herencia.
Como punto de partida hay que reconocer que todas las conquistas han sido crueles y avasalladoras, se llevaron a cabo a sangre, fuego y espada, con la imposición por la fuerza de nuevos dioses, valores e instituciones. Todos los pueblos sometidos, ya sea a través de la conquista, la colonización o una ocupación militar, quedaron con resentimiento histórico, muchos inclusive con complejo de inferioridad y varios con deseo de revanchismo. Es natural, somos seres humanos.
También hay que reconocer que existen antecedentes de gobiernos que se han disculpado por los excesos contra otros pueblos, naciones y religiones. Así sucedió cuando el presidente de Alemania pidió perdón por el holocausto que significó la muerte de 6 millones de judíos durante el periodo nazi, o cuando el gobierno español se disculpó con los sefardíes por habérseles expulsado de España en 1492. A mi modo de ver, pedir perdón por los abusos del pasado, no demerita a un país, sino que lo engrandece.
De tal manera, considerando los horrores de las conquistas y los antecedentes internacionales de pedir perdón, pareciera que la solicitud del gobierno mexicano al español de que pida disculpas estaría en línea con el devenir histórico. El problema es que la relación México-España es diferente, y el contexto actual ha cambiado sustancialmente.
México y España han mantenido una cercanía cultural, intelectual e histórica muy estrecha, probablemente de las más cercanas de todos los países colonizados por España. Basta citar cuando México abrió sus puertas a los exiliados republicanos españoles… más que amistad entre los pueblos mexicano y español, hay una hermandad histórica.
Por ello, a muchos nos sorprendió el sainete que se armó entre ambos países por la exigencia de Andrés Manuel de que España se disculpara por los crímenes de la conquista. Las virulentas reacciones sugieren que la herida histórica y cultural no ha sido superada, a pesar de que han pasado cinco siglos. Probablemente dicha herida nunca logre resarcirse, por ser de esas cicatrices que no se borran con el tiempo. Cabe hacer notar que en México la mayoría de los comentarios han sido burlones y jocosos a AMLO, mientras que la mayoría de las respuestas españolas han sido arrogantes, agresivas, y hasta un tanto insultantes... yo hubiera esperado mas clase moral y estatura histórica de los españoles.
No obstante, desde mi punto de vista, considero que dicha solicitud fue infantil, tonta y desafortunada por dos razones fundamentales.
En primer lugar, por mucho que se disculpe el rey de España, no va a llevar a la reconciliación, ni a borrar de la memoria mexicana los excesos de la conquista. Basta ver la historia de otros acontecimientos históricos injustos: (1) los judíos por muchas disculpas de los alemanes nunca van a poder olvidar el holocausto, o (2) los tártaros de Crimea –por muchas disculpas y compensaciones de los gobiernos ruso y ucraniano– no van a poder olvidar del genocidio perpetrado por Stalin.
En segundo lugar, solicitar disculpas hoy en día por hechos ocurridos hace 500 años es señal de un gobierno que vive en el pasado y que los resentimientos históricos enturbian su visión a futuro de un Estado moderno. Es cierto, no hay que olvidar la historia para evitar repetir los errores del pasado, pero también es cierto que es necesario librarse de las ataduras del pasado para enfrentar los desafíos del mañana.
Querido lector, me temo que, dada la posición y prestigio de México en América Latina, esta desafortunada solicitud de Andrés Manuel de que el gobierno español se disculpe por los abusos de la conquista, será el inicio de una serie de reclamaciones de otros países latinoamericanos a España. Aparte, la abrumadora reacción soberbia y arrogante del rey, funcionarios y políticos españoles hará que se enfríen y deterioren las relaciones de amistad con España.
Como mexicano nunca hubiera solicitado a España que pidiera perdón, pero por el otro, como español, si me hubieran exigido ofrecer disculpas por abusos históricos, lo hubiera hecho sin chistar.
Me parece impropio que un país con la historia de España y su lugar actual en el concierto de naciones no pueda reconocer que cometió atrocidades en el tiempo de la conquista, ofreciendo disculpas a los descendientes de los pueblos originales. El hecho que España haya sufrido en carne propia el dominio romano y árabe no le disminuye en nada su responsabilidad por los excesos de la conquista. Como gran país, como nación con profundas raíces históricas, aceptar los errores del pasado y ofrecer disculpas no es síntoma de debilidad, sino de grandeza.
La solicitud de Andrés Manuel de que España pida perdón fue equivocada y fuera de contexto, pero el hecho es que la solicitud se hizo y requería respuesta. Lo que complicó la situación fue la contestación insensible y soberbia de España; no aceptar los crímenes de la conquista es de tontos e insensatos. Los abusos se cometieron. Que le cuesta a España reconocer, como lo hizo en el caso de los judíos sefardíes, que cometió un crimen de lesa humanidad hace 500 años.
No solamente hay burros populistas en México sino también los hay conservadores y monárquicos en España. La prepotencia de las respuestas españolas solamente ha servido para engrandecer las solicitudes populistas de Andrés Manuel. En las democracias y monarquías siempre existe la posibilidad de que un día llegue al poder el príncipe idiota. Pareciera ser que, en el momento actual, eso fue lo que ocurrió, no sólo en la nueva España, sino también en España.
viernes, marzo 29, 2019
miércoles, marzo 13, 2019
100 días del gobierno de AMLO: concentración del poder en seis actos
Cuando pensé en el tema para este artículo, lo primero que se me vino a la mente fue escribir sobre “los aciertos y desaciertos durante los primeros 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador”, pero cambié de opinión al pensar que sería un tema muy trillado por su gran interés para otros articulistas y analistas dada lo peculiar y popular que ha sido esta administración. Sin embargo, especulé que podría escribir sobre un rasgo que parece irse fortaleciendo con las acciones e inacciones del gobierno de la cuarta transformación: “su evidente estrategia de acumulación y concentración de poder.”
El afán de aumentar y concentrar el poder en el ejecutivo no es nada nuevo en la historia de México. Esta ambición de poder la hemos visto desde antes de la dictadura de Porfirio Díaz hasta los gobiernos post-revolucionarios. Lo nuevo, en la situación actual, es que todo gira alrededor de una persona sin haber precedido una guerra de independencia o revoluciones civiles. Todo se mueve en torno a un carismático líder, de popularidad creciente a pesar de verse envuelto en malas decisiones de política económica y social. Los mexicanos estamos viviendo la época del caudillo teflón, al que lo negativo se le resbala, no se le pega, excepto el cariño creciente de la gente.
Estos 100 días de gobierno dejan ver algunos indicios del “destino manifiesto de la cuarta transformación”, un proyecto no explícito en seis actos para aumentar el poder en la persona de López Obrador, y controlar la dirección del país.
A continuación, hablamos de cada uno de estos actos.
Primer acto: fortalecer al ejecutivo. El estilo de esta administración es la poca tolerancia del presidente con los opositores, y la no admisión de la disensión entre sus rangos. Aun cuando las descalificaciones a sus adversarios han venido disminuyendo en tono y número, todavía escuchamos de vez en cuando los adjetivos de “fifis”, “pirrurris”, y “ternuritas”.
La creación de los súper delegados en los estados tuvo el claro propósito de transferir parte del poder al centro. Las giras a los estados organizadas por el gobierno federal, siempre son caracterizadas por los abucheos a los gobernadores, sugiriendo mano negra en la preparación de estas reuniones por parte del equipo de AMLO.
Si alguien de su administración da muestras de iniciativa e independencia de pensamiento, explicando alguna situación de manera diferente al pensamiento de AMLO, no tarda éste en salir y descalificarlo. Así pasó con el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera que mencionó al Financial Times que la construcción de la refinería se atrasaría porque esos fondos se utilizarían para el fortalecimiento de Pemex. Al día siguiente, AMLO en su conferencia matutina reviro afirmando que la refinería de Dos Bocas en Tabasco iba y que el 18 de marzo se anunciaría su licitación. Sus conferencias matutinas se han distinguido por ser el “show de un solo hombre”, donde sus secretarios de Estado aparecen atrás de él como figuras decorativas.
Segundo acto: hacer al poder legislativo su incondicional mano derecha. A través de la mayoría de Morena –junto con los partidos del trabajo, encuentro social y verde– las cámaras de diputados y senadores han servido para aprobar las iniciativas del ejecutivo. Los ejemplos más claros han sido la aprobación de la guardia civil y el nombramiento de la candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, iniciativas que enfrentaron gran oposición y numerosas descalificaciones, pero que fueron aprobadas por mayoría. Aparte, a través de sus “consultas a modo”, buscando avalar sus decisiones con sus grupos de seguidores, está marginando al poder legislativo para decidir en asuntos de competencia legislativa, tales como decisiones sobre política agrícola, estrategia de pensiones, selección de proyectos de infraestructura, etcétera.
Tercer acto: lograr el apoyo incondicional del ejército. Por un lado, el esfuerzo para la aprobación de la guardia civil empoderó a las Fuerzas Armadas, e implícitamente creara la “guardia pretoriana del gobierno de la cuarta transformación”. Por el otro, la creación del gobierno de nuevas fuentes financieras para el ejército, seduce y compromete a las Fuerzas Armadas; en pocos países –excepto en tiempos de guerra– se ha visto que un gobierno democrático le otorgue el desarrollo y gestión de un aeropuerto civil internacional a las fuerzas armadas. Todas estas acciones sugieren el peligro de un proceso de militarización del país.
Cuarto acto: reducir la autonomía e independencia del poder judicial, los órganos autónomos y organizaciones civiles. En primer lugar, el gobierno ha propuesto la reducción de los sueldos e ingresos de los jueces y funcionarios del poder judicial, abrogándose el derecho de controlar las evaluaciones y promociones de jueces y oficiales de los juzgados. En segundo lugar, el gobierno ha disminuido los presupuestos del INE, el INEE, la CRE y otros órganos reguladores sectoriales. En tercer lugar, cuando un miembro de alguna entidad autónoma expresa alguna duda o disiente de alguna decisión del ejecutivo, inmediatamente las autoridades policiales, fiscales y financieras lo empiezan a investigar y acusar de probables malas conductas y conflicto de intereses. Así le pasó al presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, quien fue atacado por conflicto de intereses tras cuestionar el perfil de los comisionados propuestos por Andrés Manuel López Obrador. En cuarto lugar, el gobierno está tratando de desaparecer a organizaciones no gubernamentales que dependen del apoyo gubernamental para su existencia. Tal ha sido el caso de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres víctimas de la violencia, proyectos ampliamente justificados por estudios internacionales y de derechos humanos. El gobierno de AMLO prefiere dar esos apoyos directamente a las personas a fin de ampliar su base clientelar, en lugar de ayudar a los que menos tienen y sufren más. En resumen, AMLO busca más el poder que servir a la nación.
Quinto acto: aumentar el apoyo de los trabajadores y de la sociedad civil. En primer lugar, la búsqueda durante –la precampaña, campaña y ahora gobierno– del apoyo de los maestros redituó en numerosos votos para la elección presidencial, y en la creciente aceptación durante los primeros 100 días de su administración. AMLO prefiere sacrificar la calidad de la educación y el futuro de la nación, aceptando pérdidas millonarias con los bloqueos de los ferrocarriles en Michoacán por la CNTE, a fin de conseguir más de un millón de adeptos a su proyecto de nación. En segundo lugar, a pesar de las grandes pérdidas en producción y exportaciones, se ha promovido una relación sindical contencioso, pensando que los paros y las amenazas de huelga promueven el aumento de los sueldos. El gobierno se ha mantenido al margen de las huelgas laborales en las empresas en la frontera norte, enviando el mensaje al resto de los trabajadores del país que primero están sus necesidades y luego los intereses de las compañías privadas, todo con el propósito político de conseguir el apoyo de los sindicatos. En tercer lugar, está buscando crear su propio sindicato en oposición a la confederación de trabajadores, la CTM controlada por el PRI. En cuarto lugar, AMLO está buscando el apoyo de los trabajadores agrícolas prometiendo precios de garantía al arroz, frijol, maíz y trigo, a pesar que la historia confirma que dichas medidas –en lugar de mejorar el bienestar del campo y del país– reducen la producción y contribuyen a la inflación.
Finalmente, su administración ha propuesto otorgar apoyos monetarios a varios programas sociales, calificados por los analistas nacionales e internacionales como clientelares. De tal manera, ha propuesto otorgar estipendios mensuales a 10 millones de jubilados, 5 millones de estudiantes, 2 millones de ninis y 4 millones de discapacitados. Estos apoyos monetarios comprometen al receptor, restándole ímpetu emprendedor, y robándole la independencia de pensamiento al considerar que los obsequios obligan.
Sexto acto: debilitar al sector privado. Varios inversionistas, empresarios y trabajadores del sector privado, han expresado preocupación acerca de las políticas del gobierno, muchos de los cuales han criticado sus medidas, advirtiendo sobre las probables consecuencias negativas. De tal manera, en una maniobra política, el gobierno de AMLO está buscando, a través de la otorgación de contratos directos, licitaciones cerradas no transparentes, y la acción de empresarios amigos, dividir al sector privado y, debilitar así a los “empresarios no amigos”.
En resumen, ¿qué podemos concluir y deducir de estas maniobras y acciones del gobierno de la cuarta transformación? Querido lector, veo que la “estrategia de poder del gobierno de AMLO” es para lograr construir un robusto andamiaje que le permita concentrar y mantener el poder en el ejecutivo, en especial en su investidura, a costa del poder de los otros actores en el país.
El principal pilar para lograr el éxito en su “destino manifiesto de concentrar el poder en su persona” es el capital, dinero para comprar y asegurar apoyos. Pero, esto no le será fácil, sobre todo considerando el momento actual: (1) los inciertos precios del petróleo y el bajo nivel de producción de hidrocarburos, (2) la baja recaudación fiscal, los crecientes compromisos financieros por la cancelación del aeropuerto y la propuesta de nuevos proyectos de infraestructura y energía –aeropuerto de Santa Lucía, tren maya y refinería de Dos Bocas–proyectos de baja rentabilidad económica; (3) la disminución en las calificaciones de las agencias calificadoras; (4) la cancelación de buenas inversiones y la iniciación de manos proyectos; y (5) las malas decisiones de gasto público, tales como la compra directa de pipas para distribuir gasolinas, siendo el método más caro de distribución, aumentando los costos de operación.
Todos estos elementos han erosionado la credibilidad económica y política del gobierno de AMLO, disminuyendo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros quienes han decidido mantenerse al margen en una actitud cautelosa de esperar y ver. Si de algo sirve la historia económica, es que la luna de miel con los gobiernos democráticos no es eterna, sino que termina cuando disminuyen los ingresos de la familia. Las perspectivas en la administración de la 4T es que la economía no va a crecer al 4% bajo el timón de AMLO, sino que a duras penas crecerá entre el 1 al 2%. Mi pronóstico es que la luna de miel y la gran popularidad de AMLO disminuirán del tercer año de su administración en adelante.
El afán de aumentar y concentrar el poder en el ejecutivo no es nada nuevo en la historia de México. Esta ambición de poder la hemos visto desde antes de la dictadura de Porfirio Díaz hasta los gobiernos post-revolucionarios. Lo nuevo, en la situación actual, es que todo gira alrededor de una persona sin haber precedido una guerra de independencia o revoluciones civiles. Todo se mueve en torno a un carismático líder, de popularidad creciente a pesar de verse envuelto en malas decisiones de política económica y social. Los mexicanos estamos viviendo la época del caudillo teflón, al que lo negativo se le resbala, no se le pega, excepto el cariño creciente de la gente.
Estos 100 días de gobierno dejan ver algunos indicios del “destino manifiesto de la cuarta transformación”, un proyecto no explícito en seis actos para aumentar el poder en la persona de López Obrador, y controlar la dirección del país.
A continuación, hablamos de cada uno de estos actos.
Primer acto: fortalecer al ejecutivo. El estilo de esta administración es la poca tolerancia del presidente con los opositores, y la no admisión de la disensión entre sus rangos. Aun cuando las descalificaciones a sus adversarios han venido disminuyendo en tono y número, todavía escuchamos de vez en cuando los adjetivos de “fifis”, “pirrurris”, y “ternuritas”.
La creación de los súper delegados en los estados tuvo el claro propósito de transferir parte del poder al centro. Las giras a los estados organizadas por el gobierno federal, siempre son caracterizadas por los abucheos a los gobernadores, sugiriendo mano negra en la preparación de estas reuniones por parte del equipo de AMLO.
Si alguien de su administración da muestras de iniciativa e independencia de pensamiento, explicando alguna situación de manera diferente al pensamiento de AMLO, no tarda éste en salir y descalificarlo. Así pasó con el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera que mencionó al Financial Times que la construcción de la refinería se atrasaría porque esos fondos se utilizarían para el fortalecimiento de Pemex. Al día siguiente, AMLO en su conferencia matutina reviro afirmando que la refinería de Dos Bocas en Tabasco iba y que el 18 de marzo se anunciaría su licitación. Sus conferencias matutinas se han distinguido por ser el “show de un solo hombre”, donde sus secretarios de Estado aparecen atrás de él como figuras decorativas.
Segundo acto: hacer al poder legislativo su incondicional mano derecha. A través de la mayoría de Morena –junto con los partidos del trabajo, encuentro social y verde– las cámaras de diputados y senadores han servido para aprobar las iniciativas del ejecutivo. Los ejemplos más claros han sido la aprobación de la guardia civil y el nombramiento de la candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, iniciativas que enfrentaron gran oposición y numerosas descalificaciones, pero que fueron aprobadas por mayoría. Aparte, a través de sus “consultas a modo”, buscando avalar sus decisiones con sus grupos de seguidores, está marginando al poder legislativo para decidir en asuntos de competencia legislativa, tales como decisiones sobre política agrícola, estrategia de pensiones, selección de proyectos de infraestructura, etcétera.
Tercer acto: lograr el apoyo incondicional del ejército. Por un lado, el esfuerzo para la aprobación de la guardia civil empoderó a las Fuerzas Armadas, e implícitamente creara la “guardia pretoriana del gobierno de la cuarta transformación”. Por el otro, la creación del gobierno de nuevas fuentes financieras para el ejército, seduce y compromete a las Fuerzas Armadas; en pocos países –excepto en tiempos de guerra– se ha visto que un gobierno democrático le otorgue el desarrollo y gestión de un aeropuerto civil internacional a las fuerzas armadas. Todas estas acciones sugieren el peligro de un proceso de militarización del país.
Cuarto acto: reducir la autonomía e independencia del poder judicial, los órganos autónomos y organizaciones civiles. En primer lugar, el gobierno ha propuesto la reducción de los sueldos e ingresos de los jueces y funcionarios del poder judicial, abrogándose el derecho de controlar las evaluaciones y promociones de jueces y oficiales de los juzgados. En segundo lugar, el gobierno ha disminuido los presupuestos del INE, el INEE, la CRE y otros órganos reguladores sectoriales. En tercer lugar, cuando un miembro de alguna entidad autónoma expresa alguna duda o disiente de alguna decisión del ejecutivo, inmediatamente las autoridades policiales, fiscales y financieras lo empiezan a investigar y acusar de probables malas conductas y conflicto de intereses. Así le pasó al presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, quien fue atacado por conflicto de intereses tras cuestionar el perfil de los comisionados propuestos por Andrés Manuel López Obrador. En cuarto lugar, el gobierno está tratando de desaparecer a organizaciones no gubernamentales que dependen del apoyo gubernamental para su existencia. Tal ha sido el caso de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres víctimas de la violencia, proyectos ampliamente justificados por estudios internacionales y de derechos humanos. El gobierno de AMLO prefiere dar esos apoyos directamente a las personas a fin de ampliar su base clientelar, en lugar de ayudar a los que menos tienen y sufren más. En resumen, AMLO busca más el poder que servir a la nación.
Quinto acto: aumentar el apoyo de los trabajadores y de la sociedad civil. En primer lugar, la búsqueda durante –la precampaña, campaña y ahora gobierno– del apoyo de los maestros redituó en numerosos votos para la elección presidencial, y en la creciente aceptación durante los primeros 100 días de su administración. AMLO prefiere sacrificar la calidad de la educación y el futuro de la nación, aceptando pérdidas millonarias con los bloqueos de los ferrocarriles en Michoacán por la CNTE, a fin de conseguir más de un millón de adeptos a su proyecto de nación. En segundo lugar, a pesar de las grandes pérdidas en producción y exportaciones, se ha promovido una relación sindical contencioso, pensando que los paros y las amenazas de huelga promueven el aumento de los sueldos. El gobierno se ha mantenido al margen de las huelgas laborales en las empresas en la frontera norte, enviando el mensaje al resto de los trabajadores del país que primero están sus necesidades y luego los intereses de las compañías privadas, todo con el propósito político de conseguir el apoyo de los sindicatos. En tercer lugar, está buscando crear su propio sindicato en oposición a la confederación de trabajadores, la CTM controlada por el PRI. En cuarto lugar, AMLO está buscando el apoyo de los trabajadores agrícolas prometiendo precios de garantía al arroz, frijol, maíz y trigo, a pesar que la historia confirma que dichas medidas –en lugar de mejorar el bienestar del campo y del país– reducen la producción y contribuyen a la inflación.
Finalmente, su administración ha propuesto otorgar apoyos monetarios a varios programas sociales, calificados por los analistas nacionales e internacionales como clientelares. De tal manera, ha propuesto otorgar estipendios mensuales a 10 millones de jubilados, 5 millones de estudiantes, 2 millones de ninis y 4 millones de discapacitados. Estos apoyos monetarios comprometen al receptor, restándole ímpetu emprendedor, y robándole la independencia de pensamiento al considerar que los obsequios obligan.
Sexto acto: debilitar al sector privado. Varios inversionistas, empresarios y trabajadores del sector privado, han expresado preocupación acerca de las políticas del gobierno, muchos de los cuales han criticado sus medidas, advirtiendo sobre las probables consecuencias negativas. De tal manera, en una maniobra política, el gobierno de AMLO está buscando, a través de la otorgación de contratos directos, licitaciones cerradas no transparentes, y la acción de empresarios amigos, dividir al sector privado y, debilitar así a los “empresarios no amigos”.
En resumen, ¿qué podemos concluir y deducir de estas maniobras y acciones del gobierno de la cuarta transformación? Querido lector, veo que la “estrategia de poder del gobierno de AMLO” es para lograr construir un robusto andamiaje que le permita concentrar y mantener el poder en el ejecutivo, en especial en su investidura, a costa del poder de los otros actores en el país.
El principal pilar para lograr el éxito en su “destino manifiesto de concentrar el poder en su persona” es el capital, dinero para comprar y asegurar apoyos. Pero, esto no le será fácil, sobre todo considerando el momento actual: (1) los inciertos precios del petróleo y el bajo nivel de producción de hidrocarburos, (2) la baja recaudación fiscal, los crecientes compromisos financieros por la cancelación del aeropuerto y la propuesta de nuevos proyectos de infraestructura y energía –aeropuerto de Santa Lucía, tren maya y refinería de Dos Bocas–proyectos de baja rentabilidad económica; (3) la disminución en las calificaciones de las agencias calificadoras; (4) la cancelación de buenas inversiones y la iniciación de manos proyectos; y (5) las malas decisiones de gasto público, tales como la compra directa de pipas para distribuir gasolinas, siendo el método más caro de distribución, aumentando los costos de operación.
Todos estos elementos han erosionado la credibilidad económica y política del gobierno de AMLO, disminuyendo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros quienes han decidido mantenerse al margen en una actitud cautelosa de esperar y ver. Si de algo sirve la historia económica, es que la luna de miel con los gobiernos democráticos no es eterna, sino que termina cuando disminuyen los ingresos de la familia. Las perspectivas en la administración de la 4T es que la economía no va a crecer al 4% bajo el timón de AMLO, sino que a duras penas crecerá entre el 1 al 2%. Mi pronóstico es que la luna de miel y la gran popularidad de AMLO disminuirán del tercer año de su administración en adelante.
miércoles, febrero 06, 2019
¿En que se parece la Administración de la Abundancia al Gobierno de la Cuarta Transformación?
Este inicio de gobierno me hace recordar el arranque de la administración de José López Portillo en 1976, ambos presidentes electos empiezan sus mandatos ante mexicanos llenos de esperanza, deseando mejorar su bienestar y reducir las desigualdades.
Con López Portillo, todo estaba centrado alrededor de un solo ladrillo, un solo bien, el petróleo, cuyo precio en aquellos momentos andaba por arriba de los $30 dólares por barril en un mercado de vendedores. López Portillo –y buena parte de su equipo– en un gesto de prepotencia, invirtieron y continuaron invirtiendo, endeudando al país, apostando a que el precio del petróleo continuaría subiendo y el mercado seguiría siendo de vendedores. Pero, cuando el mercado empezó a cambiar, pasando de vendedores a compradores, cuando los países europeos, Estados Unidos y Japón disminuyeron su demanda por perspectivas económicas más débiles y por la implementación de medidas de ahorro, los países de la OPEP reaccionaron disminuyendo su precio de exportación en más del 10%. Pero, México, siguiendo una lógica infantil y prepotente de creer que podía controlar el mercado internacional, se negó a reducir el precio, y no sólo eso, sino también se resistió a bajar su inversión en los megaproyectos en marcha financiados con deuda externa en dólares.
En 1981, después de la drástica caída de los precios del petróleo y de que los compradores del petróleo mexicano dejaron de comprar, empieza el debacle económico de México poniendo fin al sueño de López Portillo de administrar la abundancia. En un marco de gran endeudamiento externo, altas tasas de interés, elevada inflación, peso sobrevaluado, fuertes déficit fiscal y comercial, actividad agropecuaria estancada, y un sector industrial débil con bajas exportaciones, se produce una fuga masiva de capital. En lugar de actuar en consecuencia y prudencia fiscal, López Portillo acusa a los especuladores de debilitar la moneda, prometiendo que “defendería el peso como perro”. En 1982, después de una larga cadena de errores López Portillo introduce al control de cambios y nacionaliza la banca, acción motivada – según López Portillo– por la devaluación del peso y la antipatriótica postura de los banqueros y empresarios mexicanos, quienes sacaron sus capitales al extranjero dejando al país en quiebra. El 1 de septiembre de 1982, López Portillo pronunció una de sus célebres frases ante el Congreso Federal diciendo, con lágrimas en los ojos, “ya nos saquearon no nos volverán a saquear”.
El Estado mexicano se declara en bancarrota: siguiendo el viejo dicho mexicano de “debo, no niego, pago, no tengo.” Pero no sólo eso, México solicita más préstamos para seguir cubriendo el servicio de la deuda, sumiendo a la economía aun mas en la crisis de ingresos, el gobierno finalmente tiene que devaluar el peso. El país pasó mas de una década en salir de la terrible crisis económica que le dejó al país la frívola administración de López Portillo.
¿Por qué menciono todo esto? Porque estoy viendo algo parecido con lo que está sucediendo con la Gobierno de la Cuarta Transformación que acaba de empezar, en donde la razón económica está siendo rebasada por la semántica populista, por las promesas de campaña al pueblo. Con López Obrador, todo está centrado alrededor de una sola variable, sus buenas intenciones. De tal manera, su gobierno no solamente no respeta la naturaleza del dinero, ni la condición de los empresarios que invierten en el país, pensando que sus buenas intenciones, la acción moral, y el predicar con el ejemplo es lo que deben de creer los mercados, en lugar de acciones reales y concretas. AMLO se molesta por la desconfianza de los inversionistas nacionales y extranjeros ante su perdón a los delincuentes, su inacción contra los bloqueos a las vías de comunicación, su nombramiento de equipos empresariales inexpertos, ni preparados para dirigir a Pemex y a la CFE. En otras palabras, Andrés Manuel López Obrador quiere que los inversionistas nacionales y extranjeros, los organismos internacionales, y las calificadoras de riesgo, crean en él porque es virtuoso y tiene nobles propósitos, mientras que en la práctica permite a grupos de aliados violentar la ley, afectar los derechos, negocios, y propiedad privada de terceras personas en un claro y vil chantaje... El mantra de la cuarta transformación parece ser: "Crean en lo que quiero, no en lo que hago."
Llevamos poco más de dos meses del Gobierno de la 4T y lo que estamos viendo es que:
En fin, esto es tan solo una pequeña nota para tu consideración querido lector, esperando sinceramente estar equivocado y que el 86% de los mexicanos tengan razón en confiar en López Obrador. Nadie quiere otra crisis al término de ésta administración como la sucedida al fin del sexenio de López Portillo.
Con López Portillo, todo estaba centrado alrededor de un solo ladrillo, un solo bien, el petróleo, cuyo precio en aquellos momentos andaba por arriba de los $30 dólares por barril en un mercado de vendedores. López Portillo –y buena parte de su equipo– en un gesto de prepotencia, invirtieron y continuaron invirtiendo, endeudando al país, apostando a que el precio del petróleo continuaría subiendo y el mercado seguiría siendo de vendedores. Pero, cuando el mercado empezó a cambiar, pasando de vendedores a compradores, cuando los países europeos, Estados Unidos y Japón disminuyeron su demanda por perspectivas económicas más débiles y por la implementación de medidas de ahorro, los países de la OPEP reaccionaron disminuyendo su precio de exportación en más del 10%. Pero, México, siguiendo una lógica infantil y prepotente de creer que podía controlar el mercado internacional, se negó a reducir el precio, y no sólo eso, sino también se resistió a bajar su inversión en los megaproyectos en marcha financiados con deuda externa en dólares.
En 1981, después de la drástica caída de los precios del petróleo y de que los compradores del petróleo mexicano dejaron de comprar, empieza el debacle económico de México poniendo fin al sueño de López Portillo de administrar la abundancia. En un marco de gran endeudamiento externo, altas tasas de interés, elevada inflación, peso sobrevaluado, fuertes déficit fiscal y comercial, actividad agropecuaria estancada, y un sector industrial débil con bajas exportaciones, se produce una fuga masiva de capital. En lugar de actuar en consecuencia y prudencia fiscal, López Portillo acusa a los especuladores de debilitar la moneda, prometiendo que “defendería el peso como perro”. En 1982, después de una larga cadena de errores López Portillo introduce al control de cambios y nacionaliza la banca, acción motivada – según López Portillo– por la devaluación del peso y la antipatriótica postura de los banqueros y empresarios mexicanos, quienes sacaron sus capitales al extranjero dejando al país en quiebra. El 1 de septiembre de 1982, López Portillo pronunció una de sus célebres frases ante el Congreso Federal diciendo, con lágrimas en los ojos, “ya nos saquearon no nos volverán a saquear”.
El Estado mexicano se declara en bancarrota: siguiendo el viejo dicho mexicano de “debo, no niego, pago, no tengo.” Pero no sólo eso, México solicita más préstamos para seguir cubriendo el servicio de la deuda, sumiendo a la economía aun mas en la crisis de ingresos, el gobierno finalmente tiene que devaluar el peso. El país pasó mas de una década en salir de la terrible crisis económica que le dejó al país la frívola administración de López Portillo.
¿Por qué menciono todo esto? Porque estoy viendo algo parecido con lo que está sucediendo con la Gobierno de la Cuarta Transformación que acaba de empezar, en donde la razón económica está siendo rebasada por la semántica populista, por las promesas de campaña al pueblo. Con López Obrador, todo está centrado alrededor de una sola variable, sus buenas intenciones. De tal manera, su gobierno no solamente no respeta la naturaleza del dinero, ni la condición de los empresarios que invierten en el país, pensando que sus buenas intenciones, la acción moral, y el predicar con el ejemplo es lo que deben de creer los mercados, en lugar de acciones reales y concretas. AMLO se molesta por la desconfianza de los inversionistas nacionales y extranjeros ante su perdón a los delincuentes, su inacción contra los bloqueos a las vías de comunicación, su nombramiento de equipos empresariales inexpertos, ni preparados para dirigir a Pemex y a la CFE. En otras palabras, Andrés Manuel López Obrador quiere que los inversionistas nacionales y extranjeros, los organismos internacionales, y las calificadoras de riesgo, crean en él porque es virtuoso y tiene nobles propósitos, mientras que en la práctica permite a grupos de aliados violentar la ley, afectar los derechos, negocios, y propiedad privada de terceras personas en un claro y vil chantaje... El mantra de la cuarta transformación parece ser: "Crean en lo que quiero, no en lo que hago."
Llevamos poco más de dos meses del Gobierno de la 4T y lo que estamos viendo es que:
- El Producto Interno Bruto (PIB) no va a crecer al 4%, tal y como AMLO prometió, sino que difícilmente alcanzará el 1% en el 2019, y, como van las cosas, difícilmente crecerá por arriba del 2% del 2020 hasta el 2024;
- las mismas expectativas que generó en el arranque el Gobierno de la Abundancia de López Portillo, parecen ser las que está generando la Administración de la 4T, la gente sufre de disonancia cognitiva: prefiere creer en promesas, que aceptar la triste realidad;
- ambos presidentes iniciaron sus mandatos con un alto grado de popularidad, AMLO empezó con un 77% de aceptación y el 6 de febrero de 2019 contó con el 86% de aprobación;
- ambas administraciones desconocen o ignoran las realidades de los mercados y la conducta de sus agentes económicos, y
- parecen seguir el mismo camino de: Luna de Miel – Crisis Económica – Casería de Brujas –Desencanto Social.
En fin, esto es tan solo una pequeña nota para tu consideración querido lector, esperando sinceramente estar equivocado y que el 86% de los mexicanos tengan razón en confiar en López Obrador. Nadie quiere otra crisis al término de ésta administración como la sucedida al fin del sexenio de López Portillo.
jueves, enero 31, 2019
El ayer, hoy y el mañana de la 4T
¿Cómo vemos el desarrollo del gobierno de AMLO en estos dos primeros meses de su administración? ¿Es posible pronosticar con base en las decisiones y resultados de estos 62 días como va a ser el resto de su gestión?
Obviamente sería irresponsable asegurar que, con tan solo dos meses de información, al principio de su mandato, se puede predecir con certidumbre cómo va a ser la administración de Andrés Manuel López Obrador durante los restantes cinco años y 10 meses, pero si pienso que existe una razonable probabilidad para vaticinar los principales rasgos que definirán al Gobierno de la Cuarta Transformación.
En este breve lapso de tiempo se ha podido notar una desaceleración del “ritmo histórico”. Las decisiones, resultados y reacciones del gobierno de Andrés Manuel apuntan a un verdadero paso del Rubicón: “Alea jacta est” –“El dado está lanzado” o “La suerte está echada”. En el ámbito de la política-política sus acciones apuntan un diálogo populista, demagógico y de confrontación ante las críticas y diferencias de opinión. En el entorno de la política económica, el gobierno ya ratificó su estilo estatista, intervencionista y de poco entendimiento de los mercados. En el ámbito de la política de seguridad también ya se definió su manera de pensar y actuar, basándose más en promesas, ocurrencias y una gran ingenuidad. En el campo de la política internacional ya se definió a través de acciones concretas como una administración hacia dentro, de escaso interés en las relaciones internacionales.
Revisemos algunas de las acciones, medidas de política y otros hechos de esta administración en sus dos primeros meses en el poder: diciembre del 2018 y enero del 2019.
En política Andrés Manuel ha mostrado que sabe de control político pero muy poco de cómo gobernar. Ha tratado de convencer a sus seguidores que ya no están en campaña, sino que están gobernando al país, por lo que deben de ser más tolerantes con la oposición. Sin embargo, algo es el discurso y otra es la acción, el gobierno ha dado muestras de poca paciencia con algunos gobernadores de oposición, mientras que les ha dado una gran apertura a las acciones ilegales de sus partidarios, tales como los maestros de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación).
Este gobierno ha dado muestras de ser más subjetivo que objetivo, empezando con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, destruyendo un tercio de lo que se había hecho de un aeropuerto que nos iba va a poner en la vanguardia de la industria aeronáutica mundial. Cancelación sin respaldo técnico, mediante una consulta popular patito, que significa pérdidas para México de cientos de miles de millones de pesos. Esta obra se pagaba por sí sola, salvo que la cancelaran y demolieran… Así lo hizo este gobierno.
Otro ejemplo de subjetividad es el particular modo de entender el concepto de “legalidad”. Todos recordamos la fase de AMLO de que “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.” Si este gobierno fuera objetivo, perseguiría todos los actos ilegales, y las acciones que atentan contra la propiedad privada e integridad física de los mexicanos. Sin embargo, el ejecutivo ha tenido acciones contra los huachicoleros, mientras que se ha mantenido al margen de las acciones ilegales de los maestros de la CNTE al bloquear las vías ferroviarias en Michoacán y ocasionando pérdidas por más de 25,000 millones de pesos, 3 millones de toneladas de mercancía sin trasportar y más de 350 ferrocarriles varados.
El Estado tiene el monopolio constitucional del uso de la fuerza, ningún otro grupo de la sociedad se puede adjudicar dicha atribución, es por ello que se persiguen a los criminales y delincuentes. El Estado mexicano, al permitirle a los maestros usar la fuerza para bloquear las vías de transporte y afectar los derechos de terceros, tuvo una conducta impropia a un estado de derecho, y fue señal de gobierno fallido. Un estado verdaderamente democrático debe actuar con imparcialidad, sin tener grupos favoritos, debe gobernar para todos y representar a todos sus habitantes. En el extremo de la lógica subjetiva de la administración de López Obrador, se le podría cuestionar ¿qué hace peores a los ladrones de combustibles? Y ¿qué hace mejores a los maestros que bloquean el transporte de personas, bienes y mercancías produciendo pérdidas millonarias a los empresarios, quebrantos económicos a las personas y desaparición de fuentes de trabajo. Lo subjetivo de esta administración es que a algunos se les aplica la ley, mientras que a otros no, dejándolos que resuelvan sus diferencias con el argumento de “prefiero no meterme,” a pesar de que sus acciones no son más que un chantaje que afecta los derechos del resto de la sociedad.
Confieso que siempre tenido dificultades para entender la lógica de un gobierno que le permite a pseudo estudiantes, normalistas, porros, anarquistas y otros grupos el bloqueo de avenidas, secuestro e incendio de vehículos y camiones, rompimiento de puertas, vidrieras y ventanas de negocios legalmente establecidos, lanzamiento de piedras y proyectiles a las fuerzas del orden. Los que actúan de esa manera son vándalos a los que se les debe de aplicar todo el rigor de la ley, no hacerlo es simple y llanamente señal de ingobernabilidad.
Con tantas promesas de campaña y alianzas con los sindicatos, la entrada en funciones del gobierno de Andrés Manuel acabó con la paz laboral en México. Hasta el momento han estallado 47 huelgas, el doble de las que hubo en el sexenio pasado.
Nadie en pleno uso de sus facultades, podría oponerse al combate contra el robo de combustibles, pero la inacción y falta de decisión para usar la fuerza pública para evitar el robo de gasolina por los pobladores de Tlahuelilpan, Hidalgo, condujo a la tragedia de la explosión y muerte de casi 130 pobladores de la zona. Con esta singular manera de actuar –de evitar confrontaciones con el pueblo– no se pudo impedir una tragedia fácilmente evitable, falta de carácter del gobierno Federal que señala debilidad, ingobernabilidad e ineptitud.
Aquí vale la pena hacer un breve paréntesis acerca del robo de combustibles, puesto que las cifras reportadas por Pemex son tan solo el 25% de las pérdidas estimadas con base en los anuarios estadísticos de la paraestatal. Pemex estima que las pérdidas en el 2018 solo ascendieron a $60,300 millones de pesos, equivalente a 58,200 barriles diarios, pero cálculos propios sugieren que los robos son cuatro veces más que lo reportado por Pemex. En efecto, las pérdidas reales fueron de $259,645 millones de pesos, equivalentes a 253,909 barriles diarios de gasolina, lo que equivale al 1.7 por ciento del valor del Producto Interno Bruto de México en el 2018.
La diferencia entre las cifras publicadas por las autoridades y las calculadas por este comentarista solamente se pueden explicar si no se consideran algunos modos de robo de combustibles, tales como el robo (1) en las instalaciones de Pemex, (2) en sus ductos, (3) de las pipas, (4) en los puertos, y (5) en alta mar.
El robo de combustibles se ha venido dando desde hace varios sexenios atrás, en el 2000 ascendió al 1.6 por ciento del PIB subiendo a la cifra récord del 2.5 por ciento del PIB en el 2016. Llos volúmenes robados más grandes se presentaron durante los sexenios de Vicente Fox (41% del total de la oferta de gasolinas y diésel usurpado en promedio del 2001 al 2006), y de Peña Nieto (38% de la oferta de combustibles de transporte saqueado en promedio del 2013 al 2018), mientras que en el sexenio de Felipe Calderón (2007-2012) los robos bajaron al 24% de la oferta de gasolinas y diésel. Estos hurtos millonarios nunca se podrían explicar sin la colaboración y participación de las autoridades gubernamentales y funcionarios de la paraestatal.
Las gráficas a continuación permiten apreciar cómo en el periodo de 2000 al 2006 los robos de combustibles fueron casi la mitad de la oferta, reduciéndose a partir del 2006 hasta el 2012 a partir de donde crecen de manera abrupta, manteniendo altos niveles hasta el final de sexenio de Enrique Peña Nieto. La primera gráfica se refiere a volúmenes de ventas, mientras que la segunda a valores constantes de 2018, por lo que ni la inflación ni el tipo de cambio influyeron en los resultados.
Lo que está haciendo la administración de AMLO para evitar estos robos, es una acción necesaria que se debería de haber hecho desde hace mucho tiempo atrás. Obviamente que a muchos de nosotros nos gustaría ver a esos corruptos gobernantes y funcionarios que saquearon a Pemex en la cárcel, pero lo primero que hay que hacer, y que se está haciendo, es evitar todos los diferentes modos de robo de combustibles a Pemex.
El desabasto en el suministro de gasolinas se produjo –de acuerdo con las autoridades– por estas acciones de combate al huachicoleo, pero en realidad no solamente fueron resultado de éste combate, sino a que también hubo una fuerte disminución en las importaciones de gasolinas. Esa baja fue resultado de una mala planeación: las cifras no mienten.
Los desafíos financieros de Pemex y la falta de confianza de los analistas internacionales sobre el equipo dirigente para administrar a la petrolera llevaron a la Calificadora Fitch Ratings a reducir la calificación de los bonos a largo plazo en dólares y pesos de Pemex, lo cual encarece el acceso al crédito. Esto es resultado, por un lado, del continuo deterioro del perfil crediticio de Pemex y, por el otro, del escepticismo de los mercados acerca de la capacidad del equipo de funcionarios nombrados para manejar a la paraestatal.
Ante la reducción de la calificación de la agencia crediticia, AMLO reaccionó a lo tonto, como Nicolás Maduro, atacando, criticando y acusando a Fitch Ratings de hipócrita, pues según el mandatario, “la agencia permitió el saqueo de Pemex, avalando la reforma estructural en materia energética sin que haya llegado la inversión extranjera, ni aumentado la producción petrolera.” La molestia de Andrés Manuel fue mayúscula, agregando que, “los inversionistas con ética saben que Pemex es una empresa sólida porque ya está manejada con honestidad…” Esto último sonó inocente e ingenuo.
Caray, nadie duda de que las calificadoras no son éticas ni morales, pero hay que reconocer que mueven los mercados e impactan en la inversión que tanto requiere el país. El mensaje que la agencia Fitch mandó a México lo tiene que escuchar fríamente el gobierno, escuchar con la cabeza, no con las vísceras. En sencillas palabras, el mensaje es que el equipo novato propuesto para Pemex no es viable ni sostenible. La recomendación obvia a AMLO es que cambie el equipo directivo a uno más preparado y fogueado en el sector. Por lo pronto, ese error le va a costar al país entre 20 a 30 mil millones de pesos.
Otra recomendación a nuestro presidente es que las cifras –resultados de los cálculos financieros y de robos– sean lo más apegadas a la realidad, eso mandaría una buena señal a los mercados de que su equipo de funcionarios sabe sumar, restar, multiplicar y dividir. Estimaciones diferentes de los analistas de las calificadoras e inversionistas con respecto a las reportadas por Pemex, conducen a la desconfianza y al cuestionamiento de la capacidad profesional de los encargados del sector y de sus empresas.
En el ámbito de política internacional, AMLO ha dado muestras de falta de interés y de poco entendimiento del contexto internacional. Por un lado, colocó a México a la diestra del dictador de Venezuela, Nicolás maduro, formando fila con Nicaragua, Cuba, Siria, Rusia, Irán y China. Por el otro, ante la deterioración de las perspectivas de crecimiento, justo cuando el Fondo Monetario Internacional pronosticaba que la economía de México crecería más lento debido a la caída de la inversión privada, Andrés Manuel López Obrador decide no asistir a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ni enviar a ningún miembro de jerarquía de su gabinete. En cambio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, capturó la atención mundial cuando habló ante el foro, celebrando reuniones con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y otros gobernantes e inversionistas mundiales. La cumbre anual de Davos es de las pocas ocasiones en que los presidentes latinoamericanos pueden atraer la atención de los inversionistas, especialmente cuando inician su mandato y no son conocidos en el exterior. Qué pena, México tuvo la presencia de más bajo perfil en la historia reciente de las reuniones en Davos, precisamente ahora cuando lo que más necesita es disipar las dudas y preocupaciones de los inversionistas.
Muchos inversionistas continúan inquietos por las señales que AMLO esta enviado, tales como la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México, para el que ya se habían firmado contratos y emitido bonos, y el cambio de las leyes del sector energético que buscaban atraer inversiones y aumentar la productividad.
Los inversionistas son una variable esencial en la función objetivo del gobierno de AMLO. Cueste lo que cueste, por muy denigrante que sea, es preferible cortejar a los inversionistas que confrontarlos. No puede haber un aumento sostenible en la riqueza, ni una reducción duradera en la pobreza, sin crecimiento económico, y no puede haber crecimiento económico sustentable sin inversión.
El gobierno cerró Pro México, el instrumento para atraer la inversión externa que a juicio de la mayoría de los analistas había dado buenos resultados. $193,000 millones de dólares en inversión extranjera llegaron a México durante el sexenio de peña Nieto, gracias en parte a la labor de Pro México. En efecto, el dinero no llega solo, hay que pelearlo y atraerlo. También el gobierno clausuró el Fondo Nacional de Promoción Turística cuya labor contribuyó a que México se convirtiera en la sexta potencia turística mundial.
A pesar de las buenas intenciones, la honestidad de AMLO, y el predicar con el ejemplo, la corrupción parece no disminuir, sino que – de acuerdo con la percepción popular– sigue en ascenso, lo que sugiere que esas buenas intenciones sufren de ingenuidad. En efecto, según Transparencia Mexicana, México cayó tres lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), ubicándose en la posición 138 de 180 países a nivel global. A pesar de las buenas intenciones de Andrés Manuel, la corrupción en México sigue su tendencia ascendente, producto de serios problemas de gobernabilidad y bajos niveles de ingreso y de desarrollo humano. El nivel de México lo coloca en el último lugar entre los miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), por debajo de Grecia y Hungría, países que en años recientes enfrentaron severos problemas de gobernabilidad y viabilidad económica.
La política de seguridad este gobierno consiste en militarizar al país mediante la creación de una Guardia Nacional, y a buscar la Pax Narca. En una de sus conferencias de prensa matutinas, nuestro mandatario explicó la génesis de su política de seguridad diciendo que “…la guerra contra los líderes del crimen organizado ha terminado oficialmente”, exponiendo que “el objetivo no es la captura de los cabecillas de los carteles de la droga o del huachicoleo, sino garantizar la seguridad pública… Eso es lo fundamental, no lo espectacular… ya no hay guerra, nosotros queremos la paz… La función principal del gobierno es garantizar la seguridad y bajar el número de robos, homicidios y secuestros… No se han detenido a capos, porque esa no es nuestra función principal, sino la de garantizar la seguridad pública.”
Las preguntas obligadas son ¿para que quienes la Guardia Nacional entonces? Y ¿cómo se puede garantizar la seguridad si se permite a los criminales seguir delinquiendo? La seguridad pública solamente se puede garantizar cuando los que atentan contra ella son inhabilitados para hacerlo. Evitar el crimen, sin detener al criminal, sólo conduce a más crímenes. Pensar que la solución a la inseguridad es atacar a los actos delictivos sin aprender y enjuiciar a los culpables es simplemente demagogia, o una increíble ingenuidad.
¿Cómo veo a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador? Francamente me gustaría hablar bien de él y evaluar su gestión positivamente, porque entre mejor le vaya, mejor le ira a México, pero me es imposible hacerlo. Andrés Manuel es una persona de piel delgada con un frágil ego, pero terco y obstinado. AMLO es el único que puede decidir, ignora a sus colaboradores, porque inconscientemente se considera tocado por Dios. Sus promesas de grandes crecimientos, de por lo menos el 4% anual, dificultosamente los va a poder cumplir, el crecimiento en el 2019 difícilmente será superior al 1%, lo que significa una disminución en términos reales de los ingresos de todas las familias mexicanas.
Empero, lo importante para él parece ser su popularidad más que el buen manejo del país. Las conferencias diarias de prensa de AMLO y su lucha contra el huachicoleo han aumentado su popularidad, que era del 77 por ciento cuando empezó su mandato y el 6 de febrero de 2019 contó con el 86 por ciento de aprobación (según una encuesta del periódico El Financiero). Muchos mexicanos lo ven como su líder, honesto, transparente y accesible. No obstante, las acciones políticas, económicas, de seguridad e internacionales colocan a este arranque de gobierno como el más caro de los últimos 70 años.
En estos dos meses y días se ha notado una desaceleración del “ritmo histórico”. Pasamos de 20 años de gobiernos débiles, pero democráticos, a los gobiernos del siglo XX de presidentes fuertes, al culto de la personalidad del caudillo. Las acciones y faltas de acciones del gobierno de López Obrador apuntan a un verdadero cruce del Rubicón: “Alea jacta est”. Si algunas palabras pudieran definir estos primeros meses de gestión del gobierno de AMLO serían probablemente la ineptitud y la magia de las palabras: la gente prefiere creer en una irrealidad prometedora, que en la triste realidad.
Obviamente sería irresponsable asegurar que, con tan solo dos meses de información, al principio de su mandato, se puede predecir con certidumbre cómo va a ser la administración de Andrés Manuel López Obrador durante los restantes cinco años y 10 meses, pero si pienso que existe una razonable probabilidad para vaticinar los principales rasgos que definirán al Gobierno de la Cuarta Transformación.
En este breve lapso de tiempo se ha podido notar una desaceleración del “ritmo histórico”. Las decisiones, resultados y reacciones del gobierno de Andrés Manuel apuntan a un verdadero paso del Rubicón: “Alea jacta est” –“El dado está lanzado” o “La suerte está echada”. En el ámbito de la política-política sus acciones apuntan un diálogo populista, demagógico y de confrontación ante las críticas y diferencias de opinión. En el entorno de la política económica, el gobierno ya ratificó su estilo estatista, intervencionista y de poco entendimiento de los mercados. En el ámbito de la política de seguridad también ya se definió su manera de pensar y actuar, basándose más en promesas, ocurrencias y una gran ingenuidad. En el campo de la política internacional ya se definió a través de acciones concretas como una administración hacia dentro, de escaso interés en las relaciones internacionales.
Revisemos algunas de las acciones, medidas de política y otros hechos de esta administración en sus dos primeros meses en el poder: diciembre del 2018 y enero del 2019.
En política Andrés Manuel ha mostrado que sabe de control político pero muy poco de cómo gobernar. Ha tratado de convencer a sus seguidores que ya no están en campaña, sino que están gobernando al país, por lo que deben de ser más tolerantes con la oposición. Sin embargo, algo es el discurso y otra es la acción, el gobierno ha dado muestras de poca paciencia con algunos gobernadores de oposición, mientras que les ha dado una gran apertura a las acciones ilegales de sus partidarios, tales como los maestros de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación).
Este gobierno ha dado muestras de ser más subjetivo que objetivo, empezando con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, destruyendo un tercio de lo que se había hecho de un aeropuerto que nos iba va a poner en la vanguardia de la industria aeronáutica mundial. Cancelación sin respaldo técnico, mediante una consulta popular patito, que significa pérdidas para México de cientos de miles de millones de pesos. Esta obra se pagaba por sí sola, salvo que la cancelaran y demolieran… Así lo hizo este gobierno.
Otro ejemplo de subjetividad es el particular modo de entender el concepto de “legalidad”. Todos recordamos la fase de AMLO de que “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.” Si este gobierno fuera objetivo, perseguiría todos los actos ilegales, y las acciones que atentan contra la propiedad privada e integridad física de los mexicanos. Sin embargo, el ejecutivo ha tenido acciones contra los huachicoleros, mientras que se ha mantenido al margen de las acciones ilegales de los maestros de la CNTE al bloquear las vías ferroviarias en Michoacán y ocasionando pérdidas por más de 25,000 millones de pesos, 3 millones de toneladas de mercancía sin trasportar y más de 350 ferrocarriles varados.
El Estado tiene el monopolio constitucional del uso de la fuerza, ningún otro grupo de la sociedad se puede adjudicar dicha atribución, es por ello que se persiguen a los criminales y delincuentes. El Estado mexicano, al permitirle a los maestros usar la fuerza para bloquear las vías de transporte y afectar los derechos de terceros, tuvo una conducta impropia a un estado de derecho, y fue señal de gobierno fallido. Un estado verdaderamente democrático debe actuar con imparcialidad, sin tener grupos favoritos, debe gobernar para todos y representar a todos sus habitantes. En el extremo de la lógica subjetiva de la administración de López Obrador, se le podría cuestionar ¿qué hace peores a los ladrones de combustibles? Y ¿qué hace mejores a los maestros que bloquean el transporte de personas, bienes y mercancías produciendo pérdidas millonarias a los empresarios, quebrantos económicos a las personas y desaparición de fuentes de trabajo. Lo subjetivo de esta administración es que a algunos se les aplica la ley, mientras que a otros no, dejándolos que resuelvan sus diferencias con el argumento de “prefiero no meterme,” a pesar de que sus acciones no son más que un chantaje que afecta los derechos del resto de la sociedad.
Confieso que siempre tenido dificultades para entender la lógica de un gobierno que le permite a pseudo estudiantes, normalistas, porros, anarquistas y otros grupos el bloqueo de avenidas, secuestro e incendio de vehículos y camiones, rompimiento de puertas, vidrieras y ventanas de negocios legalmente establecidos, lanzamiento de piedras y proyectiles a las fuerzas del orden. Los que actúan de esa manera son vándalos a los que se les debe de aplicar todo el rigor de la ley, no hacerlo es simple y llanamente señal de ingobernabilidad.
Con tantas promesas de campaña y alianzas con los sindicatos, la entrada en funciones del gobierno de Andrés Manuel acabó con la paz laboral en México. Hasta el momento han estallado 47 huelgas, el doble de las que hubo en el sexenio pasado.
Nadie en pleno uso de sus facultades, podría oponerse al combate contra el robo de combustibles, pero la inacción y falta de decisión para usar la fuerza pública para evitar el robo de gasolina por los pobladores de Tlahuelilpan, Hidalgo, condujo a la tragedia de la explosión y muerte de casi 130 pobladores de la zona. Con esta singular manera de actuar –de evitar confrontaciones con el pueblo– no se pudo impedir una tragedia fácilmente evitable, falta de carácter del gobierno Federal que señala debilidad, ingobernabilidad e ineptitud.
Aquí vale la pena hacer un breve paréntesis acerca del robo de combustibles, puesto que las cifras reportadas por Pemex son tan solo el 25% de las pérdidas estimadas con base en los anuarios estadísticos de la paraestatal. Pemex estima que las pérdidas en el 2018 solo ascendieron a $60,300 millones de pesos, equivalente a 58,200 barriles diarios, pero cálculos propios sugieren que los robos son cuatro veces más que lo reportado por Pemex. En efecto, las pérdidas reales fueron de $259,645 millones de pesos, equivalentes a 253,909 barriles diarios de gasolina, lo que equivale al 1.7 por ciento del valor del Producto Interno Bruto de México en el 2018.
La diferencia entre las cifras publicadas por las autoridades y las calculadas por este comentarista solamente se pueden explicar si no se consideran algunos modos de robo de combustibles, tales como el robo (1) en las instalaciones de Pemex, (2) en sus ductos, (3) de las pipas, (4) en los puertos, y (5) en alta mar.
El robo de combustibles se ha venido dando desde hace varios sexenios atrás, en el 2000 ascendió al 1.6 por ciento del PIB subiendo a la cifra récord del 2.5 por ciento del PIB en el 2016. Llos volúmenes robados más grandes se presentaron durante los sexenios de Vicente Fox (41% del total de la oferta de gasolinas y diésel usurpado en promedio del 2001 al 2006), y de Peña Nieto (38% de la oferta de combustibles de transporte saqueado en promedio del 2013 al 2018), mientras que en el sexenio de Felipe Calderón (2007-2012) los robos bajaron al 24% de la oferta de gasolinas y diésel. Estos hurtos millonarios nunca se podrían explicar sin la colaboración y participación de las autoridades gubernamentales y funcionarios de la paraestatal.
Las gráficas a continuación permiten apreciar cómo en el periodo de 2000 al 2006 los robos de combustibles fueron casi la mitad de la oferta, reduciéndose a partir del 2006 hasta el 2012 a partir de donde crecen de manera abrupta, manteniendo altos niveles hasta el final de sexenio de Enrique Peña Nieto. La primera gráfica se refiere a volúmenes de ventas, mientras que la segunda a valores constantes de 2018, por lo que ni la inflación ni el tipo de cambio influyeron en los resultados.
Lo que está haciendo la administración de AMLO para evitar estos robos, es una acción necesaria que se debería de haber hecho desde hace mucho tiempo atrás. Obviamente que a muchos de nosotros nos gustaría ver a esos corruptos gobernantes y funcionarios que saquearon a Pemex en la cárcel, pero lo primero que hay que hacer, y que se está haciendo, es evitar todos los diferentes modos de robo de combustibles a Pemex.
El desabasto en el suministro de gasolinas se produjo –de acuerdo con las autoridades– por estas acciones de combate al huachicoleo, pero en realidad no solamente fueron resultado de éste combate, sino a que también hubo una fuerte disminución en las importaciones de gasolinas. Esa baja fue resultado de una mala planeación: las cifras no mienten.
Los desafíos financieros de Pemex y la falta de confianza de los analistas internacionales sobre el equipo dirigente para administrar a la petrolera llevaron a la Calificadora Fitch Ratings a reducir la calificación de los bonos a largo plazo en dólares y pesos de Pemex, lo cual encarece el acceso al crédito. Esto es resultado, por un lado, del continuo deterioro del perfil crediticio de Pemex y, por el otro, del escepticismo de los mercados acerca de la capacidad del equipo de funcionarios nombrados para manejar a la paraestatal.
Ante la reducción de la calificación de la agencia crediticia, AMLO reaccionó a lo tonto, como Nicolás Maduro, atacando, criticando y acusando a Fitch Ratings de hipócrita, pues según el mandatario, “la agencia permitió el saqueo de Pemex, avalando la reforma estructural en materia energética sin que haya llegado la inversión extranjera, ni aumentado la producción petrolera.” La molestia de Andrés Manuel fue mayúscula, agregando que, “los inversionistas con ética saben que Pemex es una empresa sólida porque ya está manejada con honestidad…” Esto último sonó inocente e ingenuo.
Caray, nadie duda de que las calificadoras no son éticas ni morales, pero hay que reconocer que mueven los mercados e impactan en la inversión que tanto requiere el país. El mensaje que la agencia Fitch mandó a México lo tiene que escuchar fríamente el gobierno, escuchar con la cabeza, no con las vísceras. En sencillas palabras, el mensaje es que el equipo novato propuesto para Pemex no es viable ni sostenible. La recomendación obvia a AMLO es que cambie el equipo directivo a uno más preparado y fogueado en el sector. Por lo pronto, ese error le va a costar al país entre 20 a 30 mil millones de pesos.
Otra recomendación a nuestro presidente es que las cifras –resultados de los cálculos financieros y de robos– sean lo más apegadas a la realidad, eso mandaría una buena señal a los mercados de que su equipo de funcionarios sabe sumar, restar, multiplicar y dividir. Estimaciones diferentes de los analistas de las calificadoras e inversionistas con respecto a las reportadas por Pemex, conducen a la desconfianza y al cuestionamiento de la capacidad profesional de los encargados del sector y de sus empresas.
En el ámbito de política internacional, AMLO ha dado muestras de falta de interés y de poco entendimiento del contexto internacional. Por un lado, colocó a México a la diestra del dictador de Venezuela, Nicolás maduro, formando fila con Nicaragua, Cuba, Siria, Rusia, Irán y China. Por el otro, ante la deterioración de las perspectivas de crecimiento, justo cuando el Fondo Monetario Internacional pronosticaba que la economía de México crecería más lento debido a la caída de la inversión privada, Andrés Manuel López Obrador decide no asistir a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ni enviar a ningún miembro de jerarquía de su gabinete. En cambio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, capturó la atención mundial cuando habló ante el foro, celebrando reuniones con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y otros gobernantes e inversionistas mundiales. La cumbre anual de Davos es de las pocas ocasiones en que los presidentes latinoamericanos pueden atraer la atención de los inversionistas, especialmente cuando inician su mandato y no son conocidos en el exterior. Qué pena, México tuvo la presencia de más bajo perfil en la historia reciente de las reuniones en Davos, precisamente ahora cuando lo que más necesita es disipar las dudas y preocupaciones de los inversionistas.
Muchos inversionistas continúan inquietos por las señales que AMLO esta enviado, tales como la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto de Ciudad de México, para el que ya se habían firmado contratos y emitido bonos, y el cambio de las leyes del sector energético que buscaban atraer inversiones y aumentar la productividad.
Los inversionistas son una variable esencial en la función objetivo del gobierno de AMLO. Cueste lo que cueste, por muy denigrante que sea, es preferible cortejar a los inversionistas que confrontarlos. No puede haber un aumento sostenible en la riqueza, ni una reducción duradera en la pobreza, sin crecimiento económico, y no puede haber crecimiento económico sustentable sin inversión.
El gobierno cerró Pro México, el instrumento para atraer la inversión externa que a juicio de la mayoría de los analistas había dado buenos resultados. $193,000 millones de dólares en inversión extranjera llegaron a México durante el sexenio de peña Nieto, gracias en parte a la labor de Pro México. En efecto, el dinero no llega solo, hay que pelearlo y atraerlo. También el gobierno clausuró el Fondo Nacional de Promoción Turística cuya labor contribuyó a que México se convirtiera en la sexta potencia turística mundial.
A pesar de las buenas intenciones, la honestidad de AMLO, y el predicar con el ejemplo, la corrupción parece no disminuir, sino que – de acuerdo con la percepción popular– sigue en ascenso, lo que sugiere que esas buenas intenciones sufren de ingenuidad. En efecto, según Transparencia Mexicana, México cayó tres lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), ubicándose en la posición 138 de 180 países a nivel global. A pesar de las buenas intenciones de Andrés Manuel, la corrupción en México sigue su tendencia ascendente, producto de serios problemas de gobernabilidad y bajos niveles de ingreso y de desarrollo humano. El nivel de México lo coloca en el último lugar entre los miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), por debajo de Grecia y Hungría, países que en años recientes enfrentaron severos problemas de gobernabilidad y viabilidad económica.
La política de seguridad este gobierno consiste en militarizar al país mediante la creación de una Guardia Nacional, y a buscar la Pax Narca. En una de sus conferencias de prensa matutinas, nuestro mandatario explicó la génesis de su política de seguridad diciendo que “…la guerra contra los líderes del crimen organizado ha terminado oficialmente”, exponiendo que “el objetivo no es la captura de los cabecillas de los carteles de la droga o del huachicoleo, sino garantizar la seguridad pública… Eso es lo fundamental, no lo espectacular… ya no hay guerra, nosotros queremos la paz… La función principal del gobierno es garantizar la seguridad y bajar el número de robos, homicidios y secuestros… No se han detenido a capos, porque esa no es nuestra función principal, sino la de garantizar la seguridad pública.”
Las preguntas obligadas son ¿para que quienes la Guardia Nacional entonces? Y ¿cómo se puede garantizar la seguridad si se permite a los criminales seguir delinquiendo? La seguridad pública solamente se puede garantizar cuando los que atentan contra ella son inhabilitados para hacerlo. Evitar el crimen, sin detener al criminal, sólo conduce a más crímenes. Pensar que la solución a la inseguridad es atacar a los actos delictivos sin aprender y enjuiciar a los culpables es simplemente demagogia, o una increíble ingenuidad.
¿Cómo veo a nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador? Francamente me gustaría hablar bien de él y evaluar su gestión positivamente, porque entre mejor le vaya, mejor le ira a México, pero me es imposible hacerlo. Andrés Manuel es una persona de piel delgada con un frágil ego, pero terco y obstinado. AMLO es el único que puede decidir, ignora a sus colaboradores, porque inconscientemente se considera tocado por Dios. Sus promesas de grandes crecimientos, de por lo menos el 4% anual, dificultosamente los va a poder cumplir, el crecimiento en el 2019 difícilmente será superior al 1%, lo que significa una disminución en términos reales de los ingresos de todas las familias mexicanas.
Empero, lo importante para él parece ser su popularidad más que el buen manejo del país. Las conferencias diarias de prensa de AMLO y su lucha contra el huachicoleo han aumentado su popularidad, que era del 77 por ciento cuando empezó su mandato y el 6 de febrero de 2019 contó con el 86 por ciento de aprobación (según una encuesta del periódico El Financiero). Muchos mexicanos lo ven como su líder, honesto, transparente y accesible. No obstante, las acciones políticas, económicas, de seguridad e internacionales colocan a este arranque de gobierno como el más caro de los últimos 70 años.
En estos dos meses y días se ha notado una desaceleración del “ritmo histórico”. Pasamos de 20 años de gobiernos débiles, pero democráticos, a los gobiernos del siglo XX de presidentes fuertes, al culto de la personalidad del caudillo. Las acciones y faltas de acciones del gobierno de López Obrador apuntan a un verdadero cruce del Rubicón: “Alea jacta est”. Si algunas palabras pudieran definir estos primeros meses de gestión del gobierno de AMLO serían probablemente la ineptitud y la magia de las palabras: la gente prefiere creer en una irrealidad prometedora, que en la triste realidad.
domingo, enero 13, 2019
La cuarta transformación en el mundo distópico de Trump y Maduro
Es difícil hacer varias cosas a la vez, en especial para los hombres. Las mujeres tienen más facilidad para el “multitasking”, hacer varias tareas simultáneamente. Muchos de nosotros, tenemos la clásica “visión de túnel”, que –en la cultura popular– significa que solamente podemos hacer una cosa a la vez… “no podemos encontrar la mantequilla en el refrigerador si nos las mueven de lugar.” Los investigadores masculinos, analistas y articulistas, entre otros, requerimos hacer el doble esfuerzo de tratar de comprender “el todo” para entender “lo específico”. No es algo que se nos dé de manera natural.
Parafraseando a nuestra gran artista Leonora Carrington, “la tarea del ojo derecho es mirar por el telescopio, mientras que la del izquierdo es mirar en el microscopio.” Es cierto, hay que apreciar el bosque para poder entender al árbol, lo que significa que no hay que perder de vista el contexto para poder entender la trama.
¿A qué viene todo esto? Bueno, pues viene para tratar de entender cómo y por qué AMLO llegó al poder, caray, a mí todavía me cuesta trabajo entender cómo llegó al poder con tal abrumadora mayoría. En primer lugar, es necesario entender que el triunfo de Andrés Manuel no solamente se debió a su admirable enjundia y persistencia, sino a los errores de cinco administraciones anteriores. En segundo lugar, tiene el carisma popular que lo identifica con la mayoría de los mexicanos… la gente lo quiere y confía en él. En tercer lugar, lo que sucede en México también tiene que ver en parte con lo que está sucediendo alrededor del mundo.
Ahora que AMLO llegó al poder, insiste una y otra vez, que no le va a fallar a los mexicanos, lo que nos lleva a la siguiente interrogante, ¿que nos dicen estos primeros meses? ¿Está cumpliendo o no con esta promesa?
La administración de AMLO ha empezado con fuerza y vigor, tomando decisiones controversiales de impactos trascendentales. En mis más de 70 años de vida, solamente había visto otro gobierno que había entrado en funciones con tanta energía y disrupción, me refiero, a la administración de Luis Echeverría Álvarez, quien hizo famosa la frase de “arriba y adelante”, y nos llevó a preguntar “qué tan alto es arriba y que tan lejos es adelante” … Y el balance histórico fue que no crecimos, pero que si retrocedimos.
Inicio de la Cuarta Transformación: el gobierno de AMLO empezó con un error de consecuencias catastróficas, “la suspensión de la construcción del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco”. Esta decisión no fue apoyada por estudios analíticos, sino por una decisión personal de Andrés Manuel, diría yo, por una decisión de carácter subjetivo. La cancelación de un proyecto avalado por más de 30 años de estudios por los expertos internacionales más reconocidos y que llevaba más de 30% de avance, es un error histórico que lo marcará de por vida, y que lo perseguirá en la historia, al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Seguramente la historia juzgará negativamente la decisión del tabasqueño de dar marcha atrás a la reforma educativa para afianzar las simpatías políticas de los maestros y pagarles su apoyo político durante la campaña, claro todo a costa de la mejor educación de la juventud mexicana.
Otra terrible mancha negra en su administración fue el misterioso accidente del helicóptero donde murió la gobernadora panista Martha Erika Alonso Hidalgo y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, después de una fuerte y reñida contienda electoral donde perdió el candidato de Morena. Aun cuando el hecho se sigue investigando, cada día se habla menos y menos acerca del trágico evento… Y aun cuando la gente no cree en coincidencias, la gente tiende a olvidar.
El problema nacional del huachicoleo (robo de combustibles) y la manera en cómo el gobierno de AMLO está tratando de resolverlo, parece generar más costos que beneficios. Éste comentarista ha trabajado más de 20 años en los sectores energéticos de varios países alrededor del mundo, y si algo ha aprendido, es que una red de abasto ilegal de la magnitud de la mexicana solamente puede explicarse con el apoyo y colaboración de las autoridades y expertos de la propia empresa, Pemex.
Cerrar los ductos, atacar los puntos de ordeña, y vigilar con militares las pipas, es una estrategia de solución, pero el problema es que no es sustentable, pues provoca desabastos, y es una estrategia cara que no afecta a los culpables. Lo correcto sería de ir en contra de los culpables, su dinero, bienes y riqueza. La estrategia seguida por la administración de AMLO, después de más de una semana, no ha logrado capturar a los malhechores, pero si ha provocado desabastos de combustibles que le está costando mucho al país en términos de productividad laboral perdida, desabasto de bienes y servicios, y disminución de la actividad económica.
Aun cuando la Administración 2018-2024 empezara a generar buenos resultados, seguirá siendo acusada de ignorancia e ineptitud por la forma tan inexperta e ineficiente de resolver el problema. En efecto, a pesar de sus buenas intenciones, las decisiones de AMLO en sus primeros meses no han sido las mejores, ya sea por la falta de capacidad de sus colaboradores o por su particular arrogancia de creer que sabe más que los demás.
La cuarta transformación implica dirigir a los mexicanos a una epopeya histórica, conducción que conlleva riesgos y peligros que apuntan a que las ambiciones desmedidas pueden llevar a grandes desastres. A la mejor, en la apreciación de éste comentarista, metas más modestas –pero alcanzables– hubieran sido preferibles para el bienestar y futuro de México.
Claro, el mundo continúa “con” y “sin” la cuarta transformación, los hechos y desechos en los países, las sociedades y la naturaleza continuarán. Venezuela sigue y seguirá en su espiral descendente, provocando la emigración masiva de millones de venezolanos y la pérdida de bienestar de los que permanecen. La situación en Centroamérica se mantiene, induciendo las caravanas de migrantes, con la carencia de capacidad y recursos de México para atenderlos, y con el trato despiadado e inhumano a los migrantes y sus familias por las autoridades americanas… El deterioro mundial se mantiene, ante la pasividad de los organismos internacionales.
La Venezuela de Maduro: El gobierno de Nicolás Maduro continúa siendo un ejemplo descarado de abuso a los derechos humanos y de coerción a las libertades de expresión. No hay duda de que el régimen de Maduro todavía goza del apoyo de un segmento importante del electorado venezolano; a la vez, no hay duda de que la principal responsabilidad para cambiar al gobierno de Venezuela recae en los propios venezolanos. No obstante, tampoco hay duda de que el sufrimiento de millones de venezolanos no es sólo la responsabilidad de los propios venezolanos, sino también del resto del mundo, sobre todo para señalar los abusos del poder y las carencias de libertades.
El mundo actual, el del siglo XXI, es muy diferente al del siglo XX. La Doctrina Estrada tuvo sus méritos en México a partir de 1930, en aquel mundo de grandes distancias y de grandes separaciones ideológicas y culturales, en especial para defender el no intervencionismo en países con gobiernos revolucionarios en un mundo colonialista y de potencias imperialistas. El mundo actual es diferente. Ahora vivimos en un mundo interconectado, de información instantánea, de comunicación inmediata y de redes sociales que empiezan a prevalecer sobre la redes nacionales. En estas circunstancias, los líderes, pensadores, formadores de opinión y los propios gobiernos democráticos tienen la obligación moral de señalar los abusos de los dictadores, gobiernos totalitarios, grupos de poder y gobiernos corruptos, ya sean de derecha o izquierda. El principio de no intervención favorecido por AMLO, que hoy en día descansa en el pensamiento de que no intervengo en sus países para que no intervengan en el mío, es miope y egoísta.
Los Estados Unidos de Trump: Allá en el siglo XVIII, un pensador ítalo francés, el conde de Maistre, dijo que “cada nación tiene el gobierno que se merece”, lo que hoy muchos alrededor del mundo acusan a Estados Unidos con su presidente Donald Trump. En la historia política de la humanidad ha habido muchos ejemplos de líderes que han favorecido a la mentira como la mejor forma de gobernar, bajo el precepto de que para que decir la verdad siempre que con la mentira se alcanza mayor popularidad y apoyo. Es el caso de ese extraño y “difícil de explicar” personaje, Presidente de la nación más poderosa de la tierra, Donald Trump, protagonista que hace recordar la frase de Leonora Carrington de que “no hay que poner la palabra antes de la realidad, sino hay que poner primero la realidad.”
Seguramente la historia va a reconocer una o dos explicaciones del por qué el presidente de Estados Unidos en el siglo XXI prefirió cerrar el gobierno para chantajear al Congreso para que le aprobara la construcción de un muro en la frontera con México que a todas luces no serviría para nada, justificando su necesidad con mentiras, exageraciones y medias verdades.
Conclusión para el 2019: Este nuevo año empieza con desafíos que pocas veces habíamos visto desde la Guerra Fría. En Estados Unidos los fantasmas de la polarización política están generando una crisis financiera de grandes proporciones, detonadas por el cierre del gobierno por el capricho infantil y pueril de construir un muro entre dos naciones amigas por un presidente racista y megalómano. La incesante necesidad de confrontación de Trump continuará escalando la rivalidad con China, generando inestabilidad e incertidumbre en el escenario internacional… Lo cual seguirá afectando negativamente a sus vecinos inmediatos México y Canadá.
En América latina, la tendencia, por un lado, hacia los gobiernos de derecha y, por el otro, hacia la permanencia dictatorial de los gobiernos populistas de izquierda, en especial en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, están llevando al rompimiento del diálogo y a los acuerdos de cooperación. Un México bajo la filosofía política de Andrés Manuel no es conducente a la reunificación de valores y principios en América Latina.
En México, los fantasmas del populismo y la ineptitud nos están llevando, por un lado, a la caída de la inversión, el empleo, los ingresos, y el bienestar de la población, y, por el otro, a la polarización entre los incondicionales del régimen y sus críticos, entre el pueblo y los fifis, entre el autoritarismo populista y las instituciones democráticas.
Sin pretender ser negativo ni muy crítico, considero que estos primeros meses en el poder de la administración de AMLO, cuando consideramos sus acciones dentro del contexto global, el gobierno sale reprobado. México no es una isla, la terminación del proyecto aeroportuario más importante de las últimas décadas, la falta de apoyo a una educación de calidad, la falta de definición ante una Venezuela absolutista, el pésimo manejo de robo de combustibles, hacen de esta administración una administración de promesas y no de hechos.
Conforme pase el tiempo, AMLO y sus colaboradores van a tener que responder con hechos antes de repartir culpas.
Parafraseando a nuestra gran artista Leonora Carrington, “la tarea del ojo derecho es mirar por el telescopio, mientras que la del izquierdo es mirar en el microscopio.” Es cierto, hay que apreciar el bosque para poder entender al árbol, lo que significa que no hay que perder de vista el contexto para poder entender la trama.
¿A qué viene todo esto? Bueno, pues viene para tratar de entender cómo y por qué AMLO llegó al poder, caray, a mí todavía me cuesta trabajo entender cómo llegó al poder con tal abrumadora mayoría. En primer lugar, es necesario entender que el triunfo de Andrés Manuel no solamente se debió a su admirable enjundia y persistencia, sino a los errores de cinco administraciones anteriores. En segundo lugar, tiene el carisma popular que lo identifica con la mayoría de los mexicanos… la gente lo quiere y confía en él. En tercer lugar, lo que sucede en México también tiene que ver en parte con lo que está sucediendo alrededor del mundo.
Ahora que AMLO llegó al poder, insiste una y otra vez, que no le va a fallar a los mexicanos, lo que nos lleva a la siguiente interrogante, ¿que nos dicen estos primeros meses? ¿Está cumpliendo o no con esta promesa?
La administración de AMLO ha empezado con fuerza y vigor, tomando decisiones controversiales de impactos trascendentales. En mis más de 70 años de vida, solamente había visto otro gobierno que había entrado en funciones con tanta energía y disrupción, me refiero, a la administración de Luis Echeverría Álvarez, quien hizo famosa la frase de “arriba y adelante”, y nos llevó a preguntar “qué tan alto es arriba y que tan lejos es adelante” … Y el balance histórico fue que no crecimos, pero que si retrocedimos.
Inicio de la Cuarta Transformación: el gobierno de AMLO empezó con un error de consecuencias catastróficas, “la suspensión de la construcción del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco”. Esta decisión no fue apoyada por estudios analíticos, sino por una decisión personal de Andrés Manuel, diría yo, por una decisión de carácter subjetivo. La cancelación de un proyecto avalado por más de 30 años de estudios por los expertos internacionales más reconocidos y que llevaba más de 30% de avance, es un error histórico que lo marcará de por vida, y que lo perseguirá en la historia, al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Seguramente la historia juzgará negativamente la decisión del tabasqueño de dar marcha atrás a la reforma educativa para afianzar las simpatías políticas de los maestros y pagarles su apoyo político durante la campaña, claro todo a costa de la mejor educación de la juventud mexicana.
Otra terrible mancha negra en su administración fue el misterioso accidente del helicóptero donde murió la gobernadora panista Martha Erika Alonso Hidalgo y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, después de una fuerte y reñida contienda electoral donde perdió el candidato de Morena. Aun cuando el hecho se sigue investigando, cada día se habla menos y menos acerca del trágico evento… Y aun cuando la gente no cree en coincidencias, la gente tiende a olvidar.
El problema nacional del huachicoleo (robo de combustibles) y la manera en cómo el gobierno de AMLO está tratando de resolverlo, parece generar más costos que beneficios. Éste comentarista ha trabajado más de 20 años en los sectores energéticos de varios países alrededor del mundo, y si algo ha aprendido, es que una red de abasto ilegal de la magnitud de la mexicana solamente puede explicarse con el apoyo y colaboración de las autoridades y expertos de la propia empresa, Pemex.
Cerrar los ductos, atacar los puntos de ordeña, y vigilar con militares las pipas, es una estrategia de solución, pero el problema es que no es sustentable, pues provoca desabastos, y es una estrategia cara que no afecta a los culpables. Lo correcto sería de ir en contra de los culpables, su dinero, bienes y riqueza. La estrategia seguida por la administración de AMLO, después de más de una semana, no ha logrado capturar a los malhechores, pero si ha provocado desabastos de combustibles que le está costando mucho al país en términos de productividad laboral perdida, desabasto de bienes y servicios, y disminución de la actividad económica.
Aun cuando la Administración 2018-2024 empezara a generar buenos resultados, seguirá siendo acusada de ignorancia e ineptitud por la forma tan inexperta e ineficiente de resolver el problema. En efecto, a pesar de sus buenas intenciones, las decisiones de AMLO en sus primeros meses no han sido las mejores, ya sea por la falta de capacidad de sus colaboradores o por su particular arrogancia de creer que sabe más que los demás.
La cuarta transformación implica dirigir a los mexicanos a una epopeya histórica, conducción que conlleva riesgos y peligros que apuntan a que las ambiciones desmedidas pueden llevar a grandes desastres. A la mejor, en la apreciación de éste comentarista, metas más modestas –pero alcanzables– hubieran sido preferibles para el bienestar y futuro de México.
Claro, el mundo continúa “con” y “sin” la cuarta transformación, los hechos y desechos en los países, las sociedades y la naturaleza continuarán. Venezuela sigue y seguirá en su espiral descendente, provocando la emigración masiva de millones de venezolanos y la pérdida de bienestar de los que permanecen. La situación en Centroamérica se mantiene, induciendo las caravanas de migrantes, con la carencia de capacidad y recursos de México para atenderlos, y con el trato despiadado e inhumano a los migrantes y sus familias por las autoridades americanas… El deterioro mundial se mantiene, ante la pasividad de los organismos internacionales.
La Venezuela de Maduro: El gobierno de Nicolás Maduro continúa siendo un ejemplo descarado de abuso a los derechos humanos y de coerción a las libertades de expresión. No hay duda de que el régimen de Maduro todavía goza del apoyo de un segmento importante del electorado venezolano; a la vez, no hay duda de que la principal responsabilidad para cambiar al gobierno de Venezuela recae en los propios venezolanos. No obstante, tampoco hay duda de que el sufrimiento de millones de venezolanos no es sólo la responsabilidad de los propios venezolanos, sino también del resto del mundo, sobre todo para señalar los abusos del poder y las carencias de libertades.
El mundo actual, el del siglo XXI, es muy diferente al del siglo XX. La Doctrina Estrada tuvo sus méritos en México a partir de 1930, en aquel mundo de grandes distancias y de grandes separaciones ideológicas y culturales, en especial para defender el no intervencionismo en países con gobiernos revolucionarios en un mundo colonialista y de potencias imperialistas. El mundo actual es diferente. Ahora vivimos en un mundo interconectado, de información instantánea, de comunicación inmediata y de redes sociales que empiezan a prevalecer sobre la redes nacionales. En estas circunstancias, los líderes, pensadores, formadores de opinión y los propios gobiernos democráticos tienen la obligación moral de señalar los abusos de los dictadores, gobiernos totalitarios, grupos de poder y gobiernos corruptos, ya sean de derecha o izquierda. El principio de no intervención favorecido por AMLO, que hoy en día descansa en el pensamiento de que no intervengo en sus países para que no intervengan en el mío, es miope y egoísta.
Los Estados Unidos de Trump: Allá en el siglo XVIII, un pensador ítalo francés, el conde de Maistre, dijo que “cada nación tiene el gobierno que se merece”, lo que hoy muchos alrededor del mundo acusan a Estados Unidos con su presidente Donald Trump. En la historia política de la humanidad ha habido muchos ejemplos de líderes que han favorecido a la mentira como la mejor forma de gobernar, bajo el precepto de que para que decir la verdad siempre que con la mentira se alcanza mayor popularidad y apoyo. Es el caso de ese extraño y “difícil de explicar” personaje, Presidente de la nación más poderosa de la tierra, Donald Trump, protagonista que hace recordar la frase de Leonora Carrington de que “no hay que poner la palabra antes de la realidad, sino hay que poner primero la realidad.”
Seguramente la historia va a reconocer una o dos explicaciones del por qué el presidente de Estados Unidos en el siglo XXI prefirió cerrar el gobierno para chantajear al Congreso para que le aprobara la construcción de un muro en la frontera con México que a todas luces no serviría para nada, justificando su necesidad con mentiras, exageraciones y medias verdades.
Conclusión para el 2019: Este nuevo año empieza con desafíos que pocas veces habíamos visto desde la Guerra Fría. En Estados Unidos los fantasmas de la polarización política están generando una crisis financiera de grandes proporciones, detonadas por el cierre del gobierno por el capricho infantil y pueril de construir un muro entre dos naciones amigas por un presidente racista y megalómano. La incesante necesidad de confrontación de Trump continuará escalando la rivalidad con China, generando inestabilidad e incertidumbre en el escenario internacional… Lo cual seguirá afectando negativamente a sus vecinos inmediatos México y Canadá.
En América latina, la tendencia, por un lado, hacia los gobiernos de derecha y, por el otro, hacia la permanencia dictatorial de los gobiernos populistas de izquierda, en especial en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, están llevando al rompimiento del diálogo y a los acuerdos de cooperación. Un México bajo la filosofía política de Andrés Manuel no es conducente a la reunificación de valores y principios en América Latina.
En México, los fantasmas del populismo y la ineptitud nos están llevando, por un lado, a la caída de la inversión, el empleo, los ingresos, y el bienestar de la población, y, por el otro, a la polarización entre los incondicionales del régimen y sus críticos, entre el pueblo y los fifis, entre el autoritarismo populista y las instituciones democráticas.
Sin pretender ser negativo ni muy crítico, considero que estos primeros meses en el poder de la administración de AMLO, cuando consideramos sus acciones dentro del contexto global, el gobierno sale reprobado. México no es una isla, la terminación del proyecto aeroportuario más importante de las últimas décadas, la falta de apoyo a una educación de calidad, la falta de definición ante una Venezuela absolutista, el pésimo manejo de robo de combustibles, hacen de esta administración una administración de promesas y no de hechos.
Conforme pase el tiempo, AMLO y sus colaboradores van a tener que responder con hechos antes de repartir culpas.
miércoles, diciembre 19, 2018
Cancelar o no cancelar el NAIM, esa es la pregunta
Un colega me preguntaba que por qué no había escrito más sobre las declaraciones de nuestro nuevo presidente en funciones y las decisiones que ha venido tomando su administración. Mi respuesta es que estoy algo triste por el bajo nivel de esta administración, cuyo titular fue favorecido por la inmensa mayoría de mexicanos.
Independientemente de que los mexicanos pensantes y patriotas debemos de recapacitar sobre las razones que hicieron que la mayoría de la gente hubiera seleccionado al candidato más inepto y menos preparado para dirigir los destinos de la patria, para así tratar de evitar que vuelva a suceder algo parecido en el futuro, existe la otra pregunta y es, ¿a dónde nos están llevando estas decisiones tan irresponsables, carentes de sentido común, y desamparadas por el conocimiento?
Dentro de todas las decisiones de política pública que ha tomando el gobierno actual hasta el momento, destaca la terminación del aeropuerto en Texcoco, el NAIM. Los expertos internacionales, los intelectuales mexicanos, y la oposición no pudieron convencer a Andrés Manuel López Obrador de continuar con el Aeropuerto de Texcoco, sin embargo, las grandes compañías financieras de Estados Unidos parecen que le están impidiendo que cometa tan grave error. La maraña financiera de recompra de bonos propuesta por el gobierno mexicano para tratar de evitar que estas compañías y sus grandes abogados neoyorquinos llevaran a México a una encrucijada financiera internacional, no ha funcionado y probablemente no vaya a resultar. Las colmilludas empresas tenedoras de los bonos del aeropuerto, pueden sentarse a esperar o emplazar a México para que le pague los bonos no a la par, o sea al valor de recompra de un dólar, sino de dos o tres veces el valor original. El proceso legal llevaría a la reducción de la calificación crediticia de México, aumentando el costo del dinero y disminuyendo la confianza de los inversionistas extranjeros.
Ante esta situación, ¿qué es lo que va a pasar? Yo diría que sí hay un poquito de sentido común, la administración actual continuaría con el proyecto de Texcoco ante los enormes costos de terminación del proyecto; pero, conociendo la terquedad del tabasqueño, no me parece nada remoto que se aferre a la decisión de terminar el aeropuerto, llevando al país a uno de los desastres financieros más grandes que hemos vivido en los últimos 100 años, solamente comparable a la crisis que vivimos con Cárdenas con la expropiación del petróleo, cuando México se enfrentó a los gobiernos, empresas petroleras y financieras de Estados Unidos y Europa. En aquel entonces, el gobierno de Cárdenas estaba en lo cierto, lo cual no es el caso para el gobierno actual.
Independientemente de que los mexicanos pensantes y patriotas debemos de recapacitar sobre las razones que hicieron que la mayoría de la gente hubiera seleccionado al candidato más inepto y menos preparado para dirigir los destinos de la patria, para así tratar de evitar que vuelva a suceder algo parecido en el futuro, existe la otra pregunta y es, ¿a dónde nos están llevando estas decisiones tan irresponsables, carentes de sentido común, y desamparadas por el conocimiento?
Dentro de todas las decisiones de política pública que ha tomando el gobierno actual hasta el momento, destaca la terminación del aeropuerto en Texcoco, el NAIM. Los expertos internacionales, los intelectuales mexicanos, y la oposición no pudieron convencer a Andrés Manuel López Obrador de continuar con el Aeropuerto de Texcoco, sin embargo, las grandes compañías financieras de Estados Unidos parecen que le están impidiendo que cometa tan grave error. La maraña financiera de recompra de bonos propuesta por el gobierno mexicano para tratar de evitar que estas compañías y sus grandes abogados neoyorquinos llevaran a México a una encrucijada financiera internacional, no ha funcionado y probablemente no vaya a resultar. Las colmilludas empresas tenedoras de los bonos del aeropuerto, pueden sentarse a esperar o emplazar a México para que le pague los bonos no a la par, o sea al valor de recompra de un dólar, sino de dos o tres veces el valor original. El proceso legal llevaría a la reducción de la calificación crediticia de México, aumentando el costo del dinero y disminuyendo la confianza de los inversionistas extranjeros.
Ante esta situación, ¿qué es lo que va a pasar? Yo diría que sí hay un poquito de sentido común, la administración actual continuaría con el proyecto de Texcoco ante los enormes costos de terminación del proyecto; pero, conociendo la terquedad del tabasqueño, no me parece nada remoto que se aferre a la decisión de terminar el aeropuerto, llevando al país a uno de los desastres financieros más grandes que hemos vivido en los últimos 100 años, solamente comparable a la crisis que vivimos con Cárdenas con la expropiación del petróleo, cuando México se enfrentó a los gobiernos, empresas petroleras y financieras de Estados Unidos y Europa. En aquel entonces, el gobierno de Cárdenas estaba en lo cierto, lo cual no es el caso para el gobierno actual.
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NAIM
martes, diciembre 04, 2018
NAIM y el problema financiero de abandonar el proyecto
Imagínense que están construyendo un edificio de oficinas de 100 millones de pesos, para lo cual colocaron bonos en el mercado por 30 millones, bonos adquiridos por empresas financieras al valor de venta a la par (costo-precio de un peso). Invierten ustedes esos 30 millones de recursos en el proyecto, el cual avanza 30%. Sin embargo, de repente se les ocurre cambiar de parecer y ya no quieren seguir con ese proyecto sino empezar un segundo edificio del mismo costo en otro sitio, por lo que tratan de abandonar el primer proyecto.
Con el solo anuncio de que van a suspender el proyecto, los tenedores de los bonos sufren la pérdida de valor de los bonos que pasan de un dólar a $0.70, acumulando una pérdida del 30%, por lo que los inversionistas emprenden acciones legales contra ustedes, los propietarios del proyecto.
En las cláusulas de los contratos existen provisiones de penas y castigos por la suspensión arbitraria del proyecto, que en un extremo implica pagar el precio original de los bonos más una compensación. Ustedes, los dueños del proyecto, por lo tanto, perderían:
Algo parecido está sucediendo con la inexplicable ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador de suspender el proyecto actual del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, NAIM.
A fin de evitar semejante pérdida, el gobierno de AMLO ha decidido continuar con el proyecto del NAIM hasta que puedan resolver la amenaza del problema financiero. Las empresas financieras tenedores de las cuatro emisiones de bonos por un total de 6,000 millones de dólares amenazan con acciones legales contra el GACM (Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México). Las empresas calificadoras han reducido la calificación de los bonos casi al grado de papel basura, por lo que las indemnizaciones penas y castigos serían muy elevadas, aparte de que contaminaría otras deudas publicas, como las de Pemex y CFE.
De tal manera, el día 3 de diciembre de 2018 se ofreció la recompra de los bonos por un monto de 1,800 millones de dólares a un precio de adquisición de $0.90 a $1.00 dólar. Esta oferta se mantendrá durante 20 días hábiles hasta el 2 de enero de 2019.
El propósito de esta acción es la de restablecer la confianza de los inversionistas en el papel mexicano y tratar de llegar a un acuerdo con los tenedores para evitar las acciones legales. De tal manera, hay una doble finalidad en esta oferta de recompra, por un lado, restablecer la confianza en México pagando un precio más cercano al precio de adquisición, y, por el otro, convencer a los tenedores para modificar algunas de las cláusulas de los contratos sobre todo en lo referente a las penas y castigos por la suspensión del proyecto.
Muchos partidarios de AMLO han festejado esta maniobra financiera afirmando que aumentará la confianza de los inversionistas, lo cual es equivalente a provocar un incendio de manera intencional y después congratularse por haber llamado a los bomberos.
El gobierno entrante ha informado que se mantendrán los trabajos en el proyecto hasta que no se actualice el programa institucional del nuevo aeropuerto internacional, incluyendo hacer frente a los compromisos con los inversionistas, contratistas y acreedores. Suponiendo que esta maniobra financiera tuviera éxito, el cierre del NAIM se podría anunciar en la segunda quincena de diciembre del 2018.
Pero cabe hacernos la pregunta de ¿cuánto nos va a costar a los mexicanos la suspensión arbitraria del NAIM?
O sea, el costo de suspensión del NAIM (suma del 1 al 5) ascendería a 258,000 millones de pesos, alrededor del 99% del costo total del proyecto de Texcoco de 260,000 millones de dólares pesos. Aparte, hay que sumar los 80,000 millones de pesos que costaría el aeropuerto es Santa Lucía, más los 5,000 millones de las adaptaciones de los aeropuertos de Toluca y el de AICM, y 2,500 millones de pesos para las vías para conectar el aeropuerto de Toluca con el de Santa Lucía.
El capricho autoritario de suspender el aeropuerto en Texcoco nos saldrá costando a los mexicanos arriba de 345,500 millones de pesos, 85,500 millones de pesos más que el costo del proyecto actual, para tener un sistema aeroportuario de menor capacidad de flujos de pasajeros y carga. Y, claro, hay que recordar que todavía falta por hacer el proyecto ejecutivo para el aeropuerto de Santa Lucía que hasta el momento no se tiene.
Las preguntas clave son:
En cuanto a restablecer la confianza de los inversionistas con estas maniobras financieras, difícilmente lo logrará en los próximos años: los mercados olvidan, pero no perdonan. Por ello, a pesar de la oferta de recompra por 1,800 millones de dólares, 1) la calificadora Moody’s mantuvo su baja calificación de Baa3 de dichos bonos, el último peldaño antes de llegar al bono basura, y 2) varios inversionistas han declarado que rechazarán la oferta de recompra.
Ponte a pensar querido lector, si tú fueras inversionista, ¿invertirías en un país cuyo gobierno abandona el proyecto de infraestructura más importante de las últimas décadas, que había sido estudiado por más de 30 años y recomendado por los más capacitados expertos internacionales, en favor de un aeropuerto alterno confirmado por los expertos como la peor opción? Esto, esto querido lector, no da confianza.
Con el solo anuncio de que van a suspender el proyecto, los tenedores de los bonos sufren la pérdida de valor de los bonos que pasan de un dólar a $0.70, acumulando una pérdida del 30%, por lo que los inversionistas emprenden acciones legales contra ustedes, los propietarios del proyecto.
En las cláusulas de los contratos existen provisiones de penas y castigos por la suspensión arbitraria del proyecto, que en un extremo implica pagar el precio original de los bonos más una compensación. Ustedes, los dueños del proyecto, por lo tanto, perderían:
- los 30 millones de financiamiento más las penas, multas y castigos (digamos 6 millones adicionales),
- los costos iniciales de 2 millones de pesos más los 30 millones de pesos de los bonos que ya habían invertido en equipos, materiales, estudios, salarios, etcétera, y
- el costo de volver a rehabilitar ese terreno (digamos 2 millones adicionales).
Algo parecido está sucediendo con la inexplicable ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador de suspender el proyecto actual del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, NAIM.
A fin de evitar semejante pérdida, el gobierno de AMLO ha decidido continuar con el proyecto del NAIM hasta que puedan resolver la amenaza del problema financiero. Las empresas financieras tenedores de las cuatro emisiones de bonos por un total de 6,000 millones de dólares amenazan con acciones legales contra el GACM (Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México). Las empresas calificadoras han reducido la calificación de los bonos casi al grado de papel basura, por lo que las indemnizaciones penas y castigos serían muy elevadas, aparte de que contaminaría otras deudas publicas, como las de Pemex y CFE.
De tal manera, el día 3 de diciembre de 2018 se ofreció la recompra de los bonos por un monto de 1,800 millones de dólares a un precio de adquisición de $0.90 a $1.00 dólar. Esta oferta se mantendrá durante 20 días hábiles hasta el 2 de enero de 2019.
El propósito de esta acción es la de restablecer la confianza de los inversionistas en el papel mexicano y tratar de llegar a un acuerdo con los tenedores para evitar las acciones legales. De tal manera, hay una doble finalidad en esta oferta de recompra, por un lado, restablecer la confianza en México pagando un precio más cercano al precio de adquisición, y, por el otro, convencer a los tenedores para modificar algunas de las cláusulas de los contratos sobre todo en lo referente a las penas y castigos por la suspensión del proyecto.
Muchos partidarios de AMLO han festejado esta maniobra financiera afirmando que aumentará la confianza de los inversionistas, lo cual es equivalente a provocar un incendio de manera intencional y después congratularse por haber llamado a los bomberos.
El gobierno entrante ha informado que se mantendrán los trabajos en el proyecto hasta que no se actualice el programa institucional del nuevo aeropuerto internacional, incluyendo hacer frente a los compromisos con los inversionistas, contratistas y acreedores. Suponiendo que esta maniobra financiera tuviera éxito, el cierre del NAIM se podría anunciar en la segunda quincena de diciembre del 2018.
Pero cabe hacernos la pregunta de ¿cuánto nos va a costar a los mexicanos la suspensión arbitraria del NAIM?
- Todo lo que se ha invertido hasta el momento en el proyecto, alrededor de 60,000 millones de pesos.
- Los 36,000 millones de pesos que de inmediato se irían a pagar una deuda originalmente contratada de 10 a 30 años.
- Seguir pagando los bonos que permanecen manos de los inversionistas extranjeros, o sea 84,000 millones de pesos por una obra que ya no se está realizando.
- Alrededor de 38,000 millones de pesos para los contratos ya firmados del NAIM.
- Un costo aproximado de 40,000 millones de pesos para eliminar lo hecho hasta ahora y rehabilitar el área del proyecto en Texcoco.
- Los 80,000 millones de pesos de desarrollar el aeropuerto de Santa Lucía.
- Los 5,000 millones de las adaptaciones en los aeropuertos de Toluca y el AICM (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México).
- Los 2,500 millones de pesos para conectar el AICM con el de Santa Lucía.
O sea, el costo de suspensión del NAIM (suma del 1 al 5) ascendería a 258,000 millones de pesos, alrededor del 99% del costo total del proyecto de Texcoco de 260,000 millones de dólares pesos. Aparte, hay que sumar los 80,000 millones de pesos que costaría el aeropuerto es Santa Lucía, más los 5,000 millones de las adaptaciones de los aeropuertos de Toluca y el de AICM, y 2,500 millones de pesos para las vías para conectar el aeropuerto de Toluca con el de Santa Lucía.
El capricho autoritario de suspender el aeropuerto en Texcoco nos saldrá costando a los mexicanos arriba de 345,500 millones de pesos, 85,500 millones de pesos más que el costo del proyecto actual, para tener un sistema aeroportuario de menor capacidad de flujos de pasajeros y carga. Y, claro, hay que recordar que todavía falta por hacer el proyecto ejecutivo para el aeropuerto de Santa Lucía que hasta el momento no se tiene.
Las preguntas clave son:
- ¿podría volverse a reactivar el proyecto del aeropuerto en Texcoco y abandonar el de Santa Lucía.
- ¿Podrán estas medidas de parches financieros devolver la confianza de los inversionistas a los proyectos de infraestructura del gobierno mexicano?
En cuanto a restablecer la confianza de los inversionistas con estas maniobras financieras, difícilmente lo logrará en los próximos años: los mercados olvidan, pero no perdonan. Por ello, a pesar de la oferta de recompra por 1,800 millones de dólares, 1) la calificadora Moody’s mantuvo su baja calificación de Baa3 de dichos bonos, el último peldaño antes de llegar al bono basura, y 2) varios inversionistas han declarado que rechazarán la oferta de recompra.
Ponte a pensar querido lector, si tú fueras inversionista, ¿invertirías en un país cuyo gobierno abandona el proyecto de infraestructura más importante de las últimas décadas, que había sido estudiado por más de 30 años y recomendado por los más capacitados expertos internacionales, en favor de un aeropuerto alterno confirmado por los expertos como la peor opción? Esto, esto querido lector, no da confianza.
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