Ante los abundantes señalamientos de varios observadores de la pésima preparación de la Procuraduría del caso contra el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, el Secretario de Gobernación Osorio Chong pidió a los mexicanos tenerle fe a la PGR para darle un buen seguimiento al caso. El grado de desconfianza popular sobre las instituciones es tal que los representantes del gobierno nos piden confiar casi de manera religiosa en sus habilidades profesionales, parecieran pensar que “si no nos convencen con los hechos, nos van a conmover con la fe.”
Esta declaración se debe a la creciente debilidad de las instituciones producto, no sólo de la creciente inseguridad y de la mala gestión de los gobernantes emanados de los partidos tradicionales, sino principalmente a las percepciones de que (1) el país se sigue manejando de acuerdo a los intereses de los partidos más que al interés de la nación, y (2) las cosas van de mal en peor. Los datos sobre inseguridad validan esta percepción popular, los índices de violencia son de los más altos de la historia; en el 2016 se registraron 23,953 homicidios, siendo la cifra más alta desde 2011 durante la batalla frontal contra los narco criminales cuando se alcanzó la cifra récord de 27,199 homicidios. En medio de estas enormes cifras, solamente hubo un poco más de 4,000 condenas por este delito (INEGI), manifestando el síndrome de la impunidad rampante.
La violencia lacera más a la sociedad cuando es acompañada por una impunidad casi total, impunidad evidenciada por (1) personajes priistas de la política como Javier Duarte, Cesar Duarte, Borge y Moreira; (2) el crimen organizado como los enfrentamientos y narco bloqueos en Tláhuac en la Ciudad de México sugiriendo vínculos estrechos con las autoridades de Morena en dicha delegación; (3) los amigos y familiares de políticos y autoridades como esposas, hermanos, cuñados, suegros… La historia de la impunidad en México es larga y profunda revelando las grandes dificultades para enfrentarla por el temor a las represalias, compromisos con los partidos políticos y a que muchas autoridades tienen miedo de que les pisen la cola. El problema es que la impunidad retroalimenta a la corrupción y, frecuentemente, conduce a la intimidación y violencia, como muestran los ataques y asesinatos a periodistas. Finalmente llegamos, como casi siempre lo hacemos cuando hablamos de impunidad, al cáncer de nuestra historia como país, a la corrupción.
Los indicadores informan que los mexicanos sienten que la corrupción va en aumento; México cayó del lugar 78 al 93 de 128 países en cuanto a la percepción de corrupción. Es cierto, la corrupción siempre ha existido y probablemente nunca desaparecerá totalmente, pero es posible manejarla y mantenerla en bajos niveles; pero, para lograr esto, como bien apunta mi amigo Carlos Pérez en su columna del fin de semana (Pulso diario de San Luis, 29/VII) se requiere de buenos líderes que se rodeen de colaboradores capaces y efectivos, tal y como fue el caso de la exitosa transición española de 1975 a 78 con el rey Juan Carlos, logrando “reformar desde dentro lo que parecía irreformable” (A. Pérez Reverte, XL Semanal, 23/VII).
No solamente se requiere que nuestros gobernantes tengan los necesarios valores éticos y morales, también se necesita capacidad intelectual para lograr el combate exitoso de la corrupción, violencia e impunidad. La curiosidad nos lleva a preguntar ¿qué tan capaces han sido nuestros presidentes? Desgraciadamente, por motivos obvios, no son públicos los coeficientes intelectuales (CIs) de nuestros presidentes… Pero, no todo está perdido, a través del análisis grafológico se puede tener una buena aproximación al CI de nuestros últimos cinco presidentes y del candidato presidencial perenne, Andrés Manuel López Obrador. A continuación les presento el resultado de los análisis de una de las mejores grafólogas de México, cuyo nombre omito, pero que los que me conocen saben de quién estoy hablando, grafóloga quien frecuentemente nos recuerda: “si no es lógico no es grafológico.”
Antes de pasar revista a nuestros presidentes, conviene aclarar lo que significa el coeficiente intelectual. El CI es un parámetro que sirve para informar sobre el nivel de inteligencia de las personas. De acuerdo con el CEDAT (Centro de Atención al Talento), México tiene en promedio 87 puntos, por debajo del promedio mundial de 100, mientras que China resulta ser el país con gente más inteligente con una puntuación de 107.
Empecemos con Carlos Salinas quien alcanzó el más alto coeficiente intelectual de 148 puntos; del lado positivo, Salinas es una persona meticulosa, eficiente, productiva, con buena disposición al servicio público, alto liderazgo y mediana creatividad. Del lado negativo, el expresidente sufre de un fuerte complejo de inferioridad, es vengativo e inflexible (no perdona), prefiere su bienestar personal al social y miente cuando así juzga conveniente.
Ernesto Zedillo también es brillante con un CI de 139, manifestando del lado positivo ser una persona efectiva (trabajando diez horas y generando resultados de siete horas), preparada (manteniéndose al corriente de la literatura académica), con mediana actitud al servicio público (es introvertido y no se siente cómodo con la gente), de mediano liderazgo y baja creatividad (más que creador de ideas es repetidor de las buenas ideas). Del lado negativo, se puede destacar su intolerancia, siendo una persona pasiva-agresiva con poco carisma.
Vicente Fox tiene un coeficiente intelectual de 132 puntos, siendo intuitivo, de mediana efectividad (que compensa sus carencias con buenos asesores y colaboradores), tiene la suficiente confianza de delegar decisiones, con buena actitud de servidor público (es extrovertido natural), con dotes de líder y alta creatividad (sobre todo es rápido en sus respuestas y en el manejo del lenguaje). Del lado negativo, tiene una preparación limitada, puede ser muy terco, costando trabajo hacerlo entrar en razón, a veces prefiere caerle bien a las personas diciéndoles lo que quieren escuchar, más que decirles lo difícil aun cuando sea lo correcto.
Felipe Calderón tiene un CI de 136, siendo una persona directa, efectiva (trabajando ocho horas y dando resultados como de seis horas), preparada, racional, con mediana actitud de servidor público, de mediano liderazgo y creatividad. Sus aspectos negativos son su intransigencia (es muy duro), le cuesta trabajo cambiar de idea y tiene una personalidad adictiva.
Nuestro actual Presidente, Enrique Peña Nieto, tiene un coeficiente de 119 puntos siendo, del lado positivo, perceptivo e intuitivo, de mediana efectividad (generando resultados de cinco horas para las siete que trabaja), de baja preparación (lo cual compensa delegando decisiones y responsabilidades en sus principales colaboradores), con mediana actitud de servicio público (habla bien diciendo lo que intuye la gente quiere, pero su forma y comportamiento lo alejan del pueblo). Del lado negativo, EPN carece de iniciativa y creatividad, su baja preparación lo debilita para tomar las decisiones difíciles pero necesarias, es resentido y difícilmente perdona los agravios reales o imaginarios.
Finalmente nuestro candidato presidencial eterno, Andrés Manuel López Obrador, quien a pesar de tener el coeficiente intelectual más bajo de 113 sigue siendo uno de los personajes con más carisma y aceptación popular. Del lado positivo, AMLO es un político intuitivo de gran creatividad, es relativamente efectivo (generando resultados para cuatro horas en una jornada de ocho horas), con mediana actitud de servicio público (habla con el lenguaje de la gente, dice lo que la gente quiere escuchar), tiene una sensibilidad casi femenina (se maneja con el apellido de su madre Obrador), se autodenomina defensor de los más pobres y de los ancianos. AMLO es inseguro, fácilmente se siente amenazado por aquellos que considera mejores que él, se autocalifica como víctima cada vez que alguien le señala un error, abuso, corruptela o cualquier mala conducta, prefiere alejarse de aquellos que difieren de sus decisiones o posturas, es una persona obcecada (cuando se le mete una idea en la cabeza, es difícil que cambie de parecer), puede ser muy autoritario, empujando que se haga su voluntad cueste lo que cueste, piensa que una idea es complicada cuando no la entiende, sospechando que es un truco de sus enemigos para hacerlo quedar mal o arrebatarle su autonomía de decisión, prefiere la mentira siempre y cuando ésta suene mejor que la verdad.
La pregunta que todos nos hacemos es ¿quién va a ser el próximo presidente?, ¿tendrá un alta capacidad intelectual o una baja?, ¿vendrá de los partidos tradicionales o será un independiente?,… Históricamente los líderes de bajo CI han preferido la demagogia al buen gobierno y, claro, no necesariamente los presidentes más capaces y preparados han sido los más honestos.
Hoy en día, la luz que brilla al final del túnel es que el próximo presidente pueda ser un candidato independiente que reúna lo necesario para alejarnos del círculo vicioso de la corrupción-violencia- impunidad-mal gobierno… Pero, los partidos políticos, en especial el PRI, ya están tratando de restringir las oportunidades de los independientes para llegar al poder, empujando al INE a censurar el uso de las redes sociales como medio de comunicación y difusión política, coartando al único medio disponible para que los independientes puedan llegar e informar a la gente fuera de los medios de comunicación ya establecidos y capturados por los contratos millonarios de los partidos.
Imagínense queridos lectores, sin redes sociales el bronco no sería gobernador independiente de Nuevo León, Pedro Kumamoto no sería diputado independiente de Jalisco, Enrique Alfaro no hubiera podido romper con el bipartidismo de Jalisco y constituirse como el alcalde de la segunda ciudad más importante del país, los diputados ciudadanos no podrían informarnos sobre los abusos, ineficiencias, malas decisiones y corruptelas de los partidos tradicionales.
Hay que presionar y luchar porque el INE no cierre la redes sociales como medio de comunicación y debate político libre e independiente, pues esto evitaría que en el 2018 los mexicanos tuviéramos la oportunidad de (1) tener un presidente independiente sin compromisos con la partidocracia y (2) ser gobernados un poco mejor de lo que nos merecemos.
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sábado, julio 29, 2017
jueves, septiembre 08, 2016
Sale Videgaray, el cerebro político de la administración de Enrique Peña Nieto
Algunos días atrás le prometía a un grupo de amigos que no iba a escribir una nota al día, sino solamente cuando hubiera noticias importantes, la renuncia de Luis Videgaray Caso constituye una de estas, aparte de estar estrechamente ligada a las notas anteriores: “el costoso error de la visita de Trump” y “el pobre informe de gobierno bajo el bobo esquema de jóvenes lambiscones.”
¡Caray, que día tuvimos ayer 7 de septiembre de 2016!
Bueno, basta ya de preliminares y entremos a la pregunta motivo de esta nota:
¿Cuáles son las implicaciones de la salida del principal colaborador del Presidente?
Empecemos diciendo que la presidencia de EPN ha sido por demás una de las más extrañas de los últimos siete gobiernos. En esta administración los que han enfrentado las críticas y errores de política y de política pública no han sido los colaboradores y miembros del gabinete, sino el propio Presidente, distrayéndolo en sus funciones de dirección del país… lo que algunos mal pensados podrían juzgar como algo positivo. Sin embargo, parece ser que todo esto ha terminado con la salida de uno de sus secretarios más cercanos, el que más ha influido en este sexenio, quien fuera su encargado de finanzas en el gobierno del Estado de México, director de su campaña presidencial, arquitecto de las reformas estructurales en el pacto por México, su Secretario de Hacienda, el supér hombre considerado la sombra detrás del trono, el cerebro detrás de las principales decisiones de este gobierno, y quien orquestó la torpe visita de Trump a México.
Varios analistas pensamos que los dos hombres fuertes de Enrique Peña Nieto, Videgaray y Osorio Chong, iban a quedarse hasta el final de su sexenio, y si alguno de los dos tuviera que irse sería el Secretario de Gobernación, pero fue Videgaray el que se fue, y no por un error previsible en el ejercicio de su cartera, sino por ser el más propositivo y arriesgado de los asesores del Presidente. Los otros miembros de su gabinete han preferido trabajar en la sombra, detrás de bambalinas, haciendo lo mínimo o casi nada para evitar las críticas. No quieren sacar la cabeza y arriesgar a que se las corten o pasar a la historia como proponentes de algo fallido, sino pretenden terminar el sexenio sin que los corran. Haciendo una analogía con el ‘bax’, los miembros de su gabinete prefieren correr y rehuir el combate, terminando de pie, antes que atacar y arriesgar a que los noqueen, porque entraron al cuadrilátero no a ganar, sino a perder de la mejor manera... o de la manera menos peor.
Con una visión retrospectiva de 20/20, la invitación a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos de venir a México, y la aceptación de que viniera Trump, pasarán a la historia como uno de los errores más costosos de este gobierno y, probablemente de muchos gobiernos; va a ser el clásico ejemplo de lo que nunca se debería de hacer, uno de los ‘nonos’ de política internacional.
La propuesta de Videgaray, aceptada por el Presidente y sus colaboradores, fue una apuesta que perdió; seguramente, deslumbrado por los beneficios, no pudo apreciar los costos y riesgos; vio la iniciativa como una manera para posicionar en el escenario mundial a Peña Nieto como líder de la política internacional y de paso hacerlo más popular en el país, pero los beneficios esperados fueron tan sólo un espejismo… Caray, ahora, después del hecho, cuesta trabajo pensar que alguien en el uso pleno de sus cabales se le pueda ocurrir que seria bueno enfrentar a Peña Nieto con Trump, conociendo el perfil de ambos. Seguramente varios de los miembros del gabinete pudieron apreciar los riesgos, pero prefirieron callarse, dejando que Videgaray y el Presidente asumieran todos los riesgos.
Luis Videgaray salió del gabinete porque había perdido credibilidad como timonel de la administración, mostrándole, de tal manera, algo de lealtad a Peña Nieto, ya que su presencia le estaba pegando. Videgaray asumió las consecuencias de la fallida visita de Trump, quien continua mostrando su habilidad política callejera declarando de que la salida de Videgaray es confirmación de lo bien que le fue en su visita a México… “that’s how well we did!”
Y, ¿qué hay con respecto al resto de los cambios en el gabinete?
Ahora el Secretario de Hacienda será José Antonio Meade Kuribreña, quien había sido Secretario de Hacienda en el gobierno de Felipe Calderón y fungía como Secretario de la Secretaría de Desarrollo Social; un funcionario que no es asociado a ningún partido y con buenas relaciones con todos. Meade llega a recortar el gasto público y a poner orden en las finanzas del Estado, cuya deuda pública había crecido preocupantemente, sobre todo porque no había sido acompañado por un aumento paralelo en la inversión pública. Su desafío va a ser el saneamiento de las finanzas, más que perder el tiempo en hacer política, actividad a la cual le dedicaba más tiempo su antecesor Luis Videgaray.
El gran cuate de Peña Nieto, quien fungía como subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, considerado el operador político del Presidente, entra ahora como Secretario de Sedesol con la misión de “reducir la pobreza.” Este nombramiento parece extraño pues no hay ninguna indicación en el perfil de este hombre que lo haga adecuado para tal cartera, pero cuando se considera que Sedesol es más bien un instrumento político, entonces su nombramiento resulta explicable: El otorgamiento de los recursos de Sedesol se hará de acuerdo con las necesidades de política, no por las necesidades de quienes menos tienen. El tocayo del señor Presidente seguirá siendo su operador político, pero ahora lo hará desde la Sedesol.
Lo dicho por el Presidente Peña Nieto –en el marco de la inauguración de un ecoparque en la ciudad de Zacatecas– de que “Llegará el momento en que se entienda el porqué de mis decisiones…”, me hizo pensar en lo que Albert Einstein dijo una vez: “Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente.”
Peña Nieto causa pena ajena… no llegó a la presidencia por capacidad o liderazgo sino gracias a una democracia manipulada y sesgada por los medios… me decía Rosamar, una de mis estudiantes y ahora amiga economista, “cuando el poder es heredado, impuesto o determinado, más temprano que tarde, termina por llegar un príncipe idiota a detentarlo.”
¡Caray, que día tuvimos ayer 7 de septiembre de 2016!
Bueno, basta ya de preliminares y entremos a la pregunta motivo de esta nota:
¿Cuáles son las implicaciones de la salida del principal colaborador del Presidente?
Empecemos diciendo que la presidencia de EPN ha sido por demás una de las más extrañas de los últimos siete gobiernos. En esta administración los que han enfrentado las críticas y errores de política y de política pública no han sido los colaboradores y miembros del gabinete, sino el propio Presidente, distrayéndolo en sus funciones de dirección del país… lo que algunos mal pensados podrían juzgar como algo positivo. Sin embargo, parece ser que todo esto ha terminado con la salida de uno de sus secretarios más cercanos, el que más ha influido en este sexenio, quien fuera su encargado de finanzas en el gobierno del Estado de México, director de su campaña presidencial, arquitecto de las reformas estructurales en el pacto por México, su Secretario de Hacienda, el supér hombre considerado la sombra detrás del trono, el cerebro detrás de las principales decisiones de este gobierno, y quien orquestó la torpe visita de Trump a México.
Varios analistas pensamos que los dos hombres fuertes de Enrique Peña Nieto, Videgaray y Osorio Chong, iban a quedarse hasta el final de su sexenio, y si alguno de los dos tuviera que irse sería el Secretario de Gobernación, pero fue Videgaray el que se fue, y no por un error previsible en el ejercicio de su cartera, sino por ser el más propositivo y arriesgado de los asesores del Presidente. Los otros miembros de su gabinete han preferido trabajar en la sombra, detrás de bambalinas, haciendo lo mínimo o casi nada para evitar las críticas. No quieren sacar la cabeza y arriesgar a que se las corten o pasar a la historia como proponentes de algo fallido, sino pretenden terminar el sexenio sin que los corran. Haciendo una analogía con el ‘bax’, los miembros de su gabinete prefieren correr y rehuir el combate, terminando de pie, antes que atacar y arriesgar a que los noqueen, porque entraron al cuadrilátero no a ganar, sino a perder de la mejor manera... o de la manera menos peor.
Con una visión retrospectiva de 20/20, la invitación a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos de venir a México, y la aceptación de que viniera Trump, pasarán a la historia como uno de los errores más costosos de este gobierno y, probablemente de muchos gobiernos; va a ser el clásico ejemplo de lo que nunca se debería de hacer, uno de los ‘nonos’ de política internacional.
La propuesta de Videgaray, aceptada por el Presidente y sus colaboradores, fue una apuesta que perdió; seguramente, deslumbrado por los beneficios, no pudo apreciar los costos y riesgos; vio la iniciativa como una manera para posicionar en el escenario mundial a Peña Nieto como líder de la política internacional y de paso hacerlo más popular en el país, pero los beneficios esperados fueron tan sólo un espejismo… Caray, ahora, después del hecho, cuesta trabajo pensar que alguien en el uso pleno de sus cabales se le pueda ocurrir que seria bueno enfrentar a Peña Nieto con Trump, conociendo el perfil de ambos. Seguramente varios de los miembros del gabinete pudieron apreciar los riesgos, pero prefirieron callarse, dejando que Videgaray y el Presidente asumieran todos los riesgos.
Luis Videgaray salió del gabinete porque había perdido credibilidad como timonel de la administración, mostrándole, de tal manera, algo de lealtad a Peña Nieto, ya que su presencia le estaba pegando. Videgaray asumió las consecuencias de la fallida visita de Trump, quien continua mostrando su habilidad política callejera declarando de que la salida de Videgaray es confirmación de lo bien que le fue en su visita a México… “that’s how well we did!”
Y, ¿qué hay con respecto al resto de los cambios en el gabinete?
Ahora el Secretario de Hacienda será José Antonio Meade Kuribreña, quien había sido Secretario de Hacienda en el gobierno de Felipe Calderón y fungía como Secretario de la Secretaría de Desarrollo Social; un funcionario que no es asociado a ningún partido y con buenas relaciones con todos. Meade llega a recortar el gasto público y a poner orden en las finanzas del Estado, cuya deuda pública había crecido preocupantemente, sobre todo porque no había sido acompañado por un aumento paralelo en la inversión pública. Su desafío va a ser el saneamiento de las finanzas, más que perder el tiempo en hacer política, actividad a la cual le dedicaba más tiempo su antecesor Luis Videgaray.
El gran cuate de Peña Nieto, quien fungía como subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, considerado el operador político del Presidente, entra ahora como Secretario de Sedesol con la misión de “reducir la pobreza.” Este nombramiento parece extraño pues no hay ninguna indicación en el perfil de este hombre que lo haga adecuado para tal cartera, pero cuando se considera que Sedesol es más bien un instrumento político, entonces su nombramiento resulta explicable: El otorgamiento de los recursos de Sedesol se hará de acuerdo con las necesidades de política, no por las necesidades de quienes menos tienen. El tocayo del señor Presidente seguirá siendo su operador político, pero ahora lo hará desde la Sedesol.
Lo dicho por el Presidente Peña Nieto –en el marco de la inauguración de un ecoparque en la ciudad de Zacatecas– de que “Llegará el momento en que se entienda el porqué de mis decisiones…”, me hizo pensar en lo que Albert Einstein dijo una vez: “Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente.”
Peña Nieto causa pena ajena… no llegó a la presidencia por capacidad o liderazgo sino gracias a una democracia manipulada y sesgada por los medios… me decía Rosamar, una de mis estudiantes y ahora amiga economista, “cuando el poder es heredado, impuesto o determinado, más temprano que tarde, termina por llegar un príncipe idiota a detentarlo.”
viernes, septiembre 02, 2016
Informe Presidencial o concurso de popularidad: ¿qué fue éste cuarto informe de gobierno?
Como muchos de ustedes ayer 1ro de septiembre de 2016 estuve escuchando el diálogo entre 300 jóvenes y el presidente Enrique Peña Nieto. Mi primera impresión de lo que vi fue de una especie de “reality show”, en donde la figura central se rodea de varios amigos para que lo aplaudan y le rindan pleitesía. No se trató de una reunión con espíritu crítico, sino de un montaje acartonado con jóvenes seleccionados por su entreguismo al régimen y con preguntas preparadas. Una de las primeras preguntas fue ¿qué más buenas noticias tiene de mejoras en nuestro país?, pues gracias a usted tenemos prácticamente todo.” Ya con esa pregunta se le marcó el rumbo y perfil al resto de la reunión, haciéndome pensar que estaba viviendo en el país de las maravillas, no en el país de las tristes realidades.
En el pasado, el día del Informe Presidencial era el Día del Presidente, el Presidente iba al Congreso y pronunciaba un largo discurso frecuentemente interrumpido por aplausos. Eso cambió con la apertura democrática que permitió las críticas, y ante las amenazas de la oposición, los presidentes recientes prefirieron rendir su informe, no en el Congreso, sino ante un público amigo de funcionarios y políticos aliados e invitados especiales.
Ahora, se presentó un nuevo formato en dos vertientes; por un lado, el Secretario de Gobernación Osorio Chong fue al Congreso a entregar el informe impreso, y por el otro, el Presidente Enrique Peña Nieto se reunió en Palacio Nacional con varios jóvenes que se supone representaban a la juventud de México, pero que en realidad sólo representaban los intereses del gobierno.
Ayer no solamente no fue el día del señor Presidente ni el día de rendición de cuentas a la nación, sino siguió siendo un día bajo la sombra de la malograda visita de Donald Trump. El propósito de convertir el cuarto informe en el día de un popular presidente, fracasó al caer en el ridículo las intervenciones zalameras de esos jóvenes lambiscones. Lo de ayer no fue un informe, ni un debate, ni un mensaje a la nación, fue tan solo un concurso de popularidad organizado por presidencia en donde sólo hubo un único concursante… Enrique Peña Nieto.
Lo que se debe de hacer en los siguientes informes es presentar una verdadera rendición de cuentas en un formato cercano a un régimen parlamentario, en donde los representantes democráticos del país cuestionen abiertamente al presidente, su gobierno y partido sobre los logros y fracasos de su administración.
El Cuarto Informe de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto quedó muy lejos de su pensamiento de que “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho.” Como siempre la triste realidad nos situó en el otro extremo en donde “lo malo se siente y se siente mucho…”
En conclusión, dos días de fracasos de la administración de Enrique Peña Nieto.
En el pasado, el día del Informe Presidencial era el Día del Presidente, el Presidente iba al Congreso y pronunciaba un largo discurso frecuentemente interrumpido por aplausos. Eso cambió con la apertura democrática que permitió las críticas, y ante las amenazas de la oposición, los presidentes recientes prefirieron rendir su informe, no en el Congreso, sino ante un público amigo de funcionarios y políticos aliados e invitados especiales.
Ahora, se presentó un nuevo formato en dos vertientes; por un lado, el Secretario de Gobernación Osorio Chong fue al Congreso a entregar el informe impreso, y por el otro, el Presidente Enrique Peña Nieto se reunió en Palacio Nacional con varios jóvenes que se supone representaban a la juventud de México, pero que en realidad sólo representaban los intereses del gobierno.
Ayer no solamente no fue el día del señor Presidente ni el día de rendición de cuentas a la nación, sino siguió siendo un día bajo la sombra de la malograda visita de Donald Trump. El propósito de convertir el cuarto informe en el día de un popular presidente, fracasó al caer en el ridículo las intervenciones zalameras de esos jóvenes lambiscones. Lo de ayer no fue un informe, ni un debate, ni un mensaje a la nación, fue tan solo un concurso de popularidad organizado por presidencia en donde sólo hubo un único concursante… Enrique Peña Nieto.
Lo que se debe de hacer en los siguientes informes es presentar una verdadera rendición de cuentas en un formato cercano a un régimen parlamentario, en donde los representantes democráticos del país cuestionen abiertamente al presidente, su gobierno y partido sobre los logros y fracasos de su administración.
El Cuarto Informe de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto quedó muy lejos de su pensamiento de que “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho.” Como siempre la triste realidad nos situó en el otro extremo en donde “lo malo se siente y se siente mucho…”
En conclusión, dos días de fracasos de la administración de Enrique Peña Nieto.
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