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jueves, agosto 30, 2018

¿Es el Acuerdo Bilateral Estados Unidos–México bueno o malo?

Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le gusta el término Tratado de Libre Comercio de América del Norte, considera más elegante llamarlo Acuerdo de Comercio Estados Unidos-México, por supuesto con el nombre de Estados Unidos por delante. También ese término conlleva la amenaza a Canadá de que o se une y acepta los arreglos alcanzados entre México y Estados Unidos o se queda fuera del juego. Ese es claramente el dilema de Donald Trump: EE.UU. con México, o estos dos con un Canadá más dócil.

Algunos observadores han calificado el acuerdo binacional como una traición de México a Canadá, pero eso no es el caso. Canadá hizo clara su postura diciendo años atrás que México era un país amigo, pero los intereses canadienses eran primero por lo que si era necesario alcanzar un acuerdo con Estados Unidos sin México así lo haría.

Seguramente Estados Unidos y Canadá van a lograr un entendimiento, si no en tres días (para el viernes 31 de agosto), como actualmente se contempla, será en las próximas semanas. Canadá es el primer mercado para las exportaciones estadounidenses y México el segundo. Catorce millones de empleos en Estados Unidos dependen de las exportaciones a Canadá y México; es obvio que no solamente los canadienses van a buscar un entendimiento con los americanos, sino que los estadounidenses a su vez van a tener que ceder un poco para alcanzar el acuerdo. El gobierno canadiense y los legisladores estadounidenses entienden que es preferible un “mal acuerdo” a un “no acuerdo.” Lo que cree Donald Trump sobre el TLCAN 2.0, probablemente ni él lo sabe hasta que no lance su próximo tweet.

La pregunta que surge es si el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y México es bueno o malo. Para empezar, no cabe duda de que el acuerdo podría haber sido mejor, pero sin conocer los detalles de éste sería aventurado descalificarlo… y aun cuando se conocieran los detalles, la única manera de saber si es un buen acuerdo comercial va a ser a través de sus resultados en la balanza comercial durante los próximos seis años.

Tal y como el tratado original de 1994 fue al principio negativo para México, sobre todo en el sector agrícola tradicional, después de algunos años de ajustes México aprovechó las oportunidades del TLCAN, reacomodando sus prioridades productivas en el campo a las actividades agropecuarias con clara ventaja comparativa tales como las hortalizas. La diferencia salarial entre los trabajadores americanos y mexicanos fue un incentivo para trasladar las cadenas productivas de varias industrias que venían sufriendo altos costos y pérdida de competitividad del oeste medio de Estados Unidos a México, ayudando no solamente en la creación de empleos en México, sino haciendo más competitivas a una gran cantidad de compañías americanas, tales como la automotriz, electrodomésticos y electrónicos, permitiéndoles competir en mejores condiciones contra sus rivales europeos y asiáticos.

Los tres socios se volvieron más competitivos frente al resto del mundo. En el período de 1993 al 2017, México logró exportar siete veces más que lo que exportaba un año antes del tratado, mientras que EE.UU. logró en el mismo periodo incrementar sus exportaciones 3.1 veces y Canadá, 2.7 veces.

La mayoría de los economistas concuerdan que gracias al TLCAN hubo un aumento en la tasa de crecimiento de Estados Unidos por lo menos de medio punto porcentual al año, en México entre el 1 al 1.5% y en Canadá entre 0.5 al 1%.

Cabe mencionar la dicotomía entre China y México. Varios de los empleos generados en China fueron creados por empresas de ese país que llevaron a la bancarrota a las empresas americanas con las que competían, perdiéndose fuentes de trabajo en EE.UU. Mientras que muchos empleos generados en México fueron gracias a las compañías americanas que se trasladaron al país cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos. Estas empresas, gracias al ahorro en sus costos de producción, pudieron sobrevivir y enfrentar la competencia China y europea, reinvirtiendo sus ganancias en Estados Unidos y México, en una proporción de 92% en EE.UU. y 8% en México, creando más empleos en Estados Unidos con las nuevas inversiones que los empleos que se perdieron por el traslado inicial a México.

Algo parecido va a suceder con el nuevo pacto comercial. Las concesiones que tuvo que hacer México para alcanzar el acuerdo, tales como las reglas de origen y el aumento salarial van a costar empleos al país y seguramente la inversión extranjera será menor que la que hubiera podido ser. Los trabajadores mexicanos en el sector automotriz ganan en promedio 5.21 dólares por hora, mientras que los trabajadores americanos perciben alrededor de 21.70 dólares por los mismos 60 minutos. El acuerdo indica que los trabajadores mexicanos deberán ganar tres veces más de lo que están ganando actualmente, por lo menos 16 dólares la hora, lo cual disminuirá el incentivo para las compañías que buscan trasladarse a México para aprovechar los menores costos laborales. Los precios de los automóviles aumentarán y la industria será menos competitiva contra sus rivales europeos y asiáticos. Cualquier economista recomendaría que el aumento salarial debería ser progresivo y ligado al incremento de la productividad laboral. Aumentar los salarios por decisión gubernamental, lleva a la disminución del ritmo de creación de empleos y al aumento en la selección y diseño de tecnologías más intensivas en capital, con alto conocimiento incorporado, a costa de las tecnologías de mayor intensidad laboral. Esto ha sido una tendencia que se ha venido observando en las últimas tres décadas en los países desarrollados, tendencia que se va a acelerar en nuestro país con este nuevo acuerdo.

A pesar de algunos efectos negativos, no tengo duda que en promedio vamos a ganar con el nuevo acuerdo comercial. Al eliminar la incertidumbre de si iba a haber o no acuerdo comercial, los inversionistas se sentirán más seguros de mantener su presencia en México y dar marcha adelante en sus planes de inversión. Seguramente habrá un reacomodo en la estructura de nuestras exportaciones de productos y servicios de la industria automotriz a otros productos industriales, como enseres domésticos, electrónicos y de computación, así como productos agropecuarios, como las frutas y hortalizas. Un gran logro del acuerdo bilateral fue el haber mantenido el comercio agrícola con cero tarifas, eliminando la solicitud americana de proteger a sus productores por las variaciones estacionales.

México tenía dos opciones 1) enfrentársele a Estados Unidos, o 2) negociar concediendo. Ante un Donald Trump que ignora la historia económica y lo que dice la ciencia económica de que el comercio libre crea más riqueza y más empleos, mientras que el proteccionismo es la manera más expedita para aumentar precios y generar carencias, México prefirió dar un paso atrás para lograr dos pasos hacia adelante. La postura jurásica de Trump es sencilla, Estados Unidos debe ganar más que los otros. La postura mexicana de negociar concediendo un poco fue la mejor opción dada la asimetría de fuerzas entre nuestros países.

Claro, no todo está terminado ni escrito en piedra, falta la aprobación del Congreso Americano que en principio tiene una visión diferente a la de Donald Trump. Varios legisladores estadounidenses han expresado que la Casa Blanca no tiene autoridad para reemplazar el TLCAN por un acuerdo comercial binacional. De tal manera, aun cuando veo difícil que Estados Unidos y Canadá logren un acuerdo en tres días, no dudo que el acuerdo se logrará y será trilateral.

Donald Trump debería de aprender lo que un compatriota suyo, Benjamín Franklin, dijo hace casi tres siglos atrás “nunca una nación se ha arruinado comerciando.”

lunes, junio 04, 2018

La reunión cumbre del Grupo de los Siete y el desaire canadiense a México

El próximo fin de semana, del 8 al 9 de junio 2018, se celebrará la cumbre de los líderes de los países del Grupo de los Siete en Canadá. Los miembros del G-7 incluyen a varios de los principales países industrializados del mundo tales como Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea. Como preludio a la reunión, el 2 de junio, los representantes financieros de seis del Grupo de los Siete le enviaron un fuerte mensaje a Washington expresando su preocupación y desilusión por la imposición de tarifas al acero y al aluminio a Canadá, México y a los países de la Unión Europea. Ese mensaje de decepción sienta el espíritu para la reunión: la discusión sobre el comercio entre aliados y el liderazgo de Estados Unidos en el concierto económico internacional.

Como es usual, el país anfitrión tiene la prerrogativa de invitar a líderes de otros países que pueden contribuir a los temas a tratar durante la reunión. La agenda incluye: inversión en el crecimiento incluyente, preparación para los empleos del futuro, avanzar en la igualdad de género y en el empoderamiento de las mujeres, trabajo conjunto en cambio climático, los océanos y la energía limpia, construyendo un mundo más pacífico y seguro. De tal manera, Canadá invitó a Argentina, Bangladesh, Haití, Jamaica, Kenia, las Islas Marshall, Noruega, Ruanda, Senegal, Seychelles, Sudáfrica, y Vietnam.

Eso me sorprendió ¿por qué Canadá prefirió invitar a Argentina y excluir a México, su segundo principal socio comercial en América y miembro del TLCAN? Una explicación es que, dado que Argentina ocupa la presidencia para la reunión del grupo de los 20, su asistencia a la cumbre del G7 serviría para armonizar la temática de ambas reuniones, pero creo que la ausencia de México se debió a otras consideraciones.

El anfitrión tiene la elección de invitar algún otro país dependiendo de los cambios en las circunstancias, y con la imposición de Trump de los aranceles a las exportaciones de acero y aluminio, junto con la declaración de descontento de los sies ministros de finanzas del G7, el tema del comercio internacional y la seguridad del mundo fue seguramente incorporado a la agenda informal. En ese momento, Justin Trudeau podía haber invitado a México, prefirió no hacerlo, probablemente porque considera a México un lastre en las negociaciones comerciales con EE.UU. ¿Será que está considerando un acuerdo bilateral con Estados Unidos?

Parece que el primer ministro canadiense y su equipo desconocen el dilema del prisionero en donde dos delincuentes sin comunicación entre ellos podrían cooperar guardando silencio y alcanzar la pena mínima, pero cuando dejan de cooperar y se acusan reciben penas mayores. El dilema del prisionero es un problema fundamental de la teoría de juegos que muestra que dos personas pueden no cooperar incluso si ello va en contra del interés de ambas. La falta de cooperación de Canadá con México llevará a ambos países a tener un peor acuerdo con Estados Unidos.

Ya en la visita de Trudeau a Washington en febrero del 2017, Trump manifestó que no tenía problemas con Canadá sino tan sólo con México. Declaraciones que alegraron al líder canadiense, quien en ningún momento abogó por México.

El primer ministro canadiense parece no darse cuenta que apenas Trump requiera de otro contrincante para presumir otra victoria, ese contendiente va a ser su país, y Trudeau, quien calificó a Fidel Castro como “una figura más grande que la vida que sirvió a su pueblo durante casi medio siglo”, hubiera estado mejor servido hacer equipo con México en lugar de medrosamente olvidar su responsabilidad histórica y geopolítica… “Mr. Trudeau you’re no Fidel Castro.”

“De la misma manera que ha habido estados-nación, habrá estados-relación.
De la misma manera que ha habido fronteras que desaparecen ante causas justas, habrá separación de fronteras ante intereses mezquinos.”

Este desaire y falta de respeto a nuestro país por Canadá, es clara advertencia de que cuando las cosas marchan mal, Canadá salta barco. Ese país no nos va a apoyar, sino va a velar primero por sus intereses, por eso en el pasado nos ha negado las visas y seguirá haciendo lo que considera en su provecho y, si eso implica echar a México a los leones para seguir manteniendo sus beneficios con Estados Unidos, así lo hará.

sábado, junio 02, 2018

Estados Unidos de Trump y Aranceles

Con la reciente medida de Donald Trump de imponer aranceles del 25% a las exportaciones de acero y del 10% a las de aluminio a México, Canadá y los países de la Unión Europea (UE), nos damos cuenta de que su frase América Primero no solamente era una frase de campaña sino una manera de pensar. A Trump no le importa que tan bien le va en otras áreas de su relación con otros países, sino que tiene que ganar en todas ellas. Estados Unidos, con esta acción, declara al mundo 1) que prefiere estar solo que cooperar con otros, 2) que no tiene vecinos y amigos, sino tan sólo intereses, y 3) que prefiere intimidar antes de negociar.

EE.UU. es el país que más enemigos tiene sobre la faz de la tierra, por lo que su seguridad, tranquilidad y bienestar requieren en un mundo globalizado, sin fronteras para el terrorismo, trabajar con otros países de manera concertada y con objetivos comunes. La actitud individualista y egoísta de Trump de atacar a sus vecinos y amigos, hace a Estados Unidos más inseguro y menos confiable.

La frontera más transitada del mundo es la de México con Estados Unidos, y a pesar de que más de un millón de personas cruza la frontera cada día, ni un solo terrorista ha entrado a Estados Unidos por México. Donald Trump no reconoce la colaboración del Estado Mexicano en materia de seguridad, sino que lo sigue atacando de “que no hace lo suficiente para controlar el flujo de indocumentados de México y Centroamérica a su país”.

La historia auguraba que la región de América del Norte, con la unión de sus tres países, sería una de las de mayor crecimiento y prosperidad del mundo. Desde su inicio el TLCAN benefició a los tres países, dándoles un piso de crecimiento positivo mínimo y un blindaje económico ante las crisis financieras y políticas internacionales. Trump no entiende que los déficits o superávits comerciales entre países no son decisión de sus gobiernos sino de las decisiones libres de millones de consumidores y productores en los tres países, en donde los gobiernos tienen poca injerencia. La economía nos dice que en el mediano y largo plazo las tendencias “ganar ganar” en un ambiente de libertad y poca intervención gubernamental tienden al equilibrio, mejorando el bienestar por encima de lo que cada país hubiera podido lograr sólo, produciéndose un mayor intercambio y mayor riqueza en las economías que se unen.

Trump busca las ganancias ya, en éste momento, y sólo para Estados Unidos. Su visión es cortoplacista, ejemplifica la filosofía del bully, del matón, de exigir todo a cambio de cacahuates. Con la imposición de estos aranceles de castigo a Canadá y México, Donald Trump acaba de tirar a la basura los principios de la integración económica, la cooperación y la buena vecindad.

Una guerra comercial no beneficia a nadie y al final del día, los más perjudicados son los habitantes de los tres países, o sea, sus consumidores. Aun cuando Trump diera marcha atrás y revirtiera los aranceles, habrá consecuencias. Probablemente la primera es que los otros países serán más cautos en negociar y para creerle a Estados Unidos, porque inconscientemente van a considerar que es un país sin palabra, con gobernantes nada confiables. Una segunda consecuencia es que este comportamiento aumentará el costo de las relaciones entre los países en materia de cooperación, comercio y seguridad.

“Historia Magistra Vitae”, en efecto la historia es maestra de la vida, la historia nos ayuda a evitar los errores del pasado. Con esta acción, Donald Trump confirma –una vez más– que es un ignorante de la historia, pero no sólo el, sino también son ignorantes, chovinistas y los principales culpables de la situación actual aquellos que lo llevaron al poder y lo siguen apoyando. Los Estados Unidos de Trump son los principales culpables del retroceso de la cooperación y armonía internacional que costó tantas vidas y dos guerras mundiales para alcanzar.

viernes, octubre 27, 2017

El ABC del TLCAN

Siempre que hay temas de interés nacional brotan los expertos al vapor, se multiplican las opiniones, se expresan diagnósticos y recomendaciones que en lugar de aclarar, terminan por confundir más. Es por ello que en este breve ensayo haré un breve Análisis de Beneficio Costo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), desde su entrada en vigor hace 24 años, hasta la cuarta renegociación que terminó sin acuerdo, pero con la promesa de una quinta reunión en noviembre de 2017.

La renegociación del tratado en 2017 se llevó a cabo a instancias del presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien considera que éste ha sido altamente negativo para su país. Esta apreciación da lugar a nuestra primera interrogante, ¿tiene razón Trump acerca de que el TLC ha perjudicado más que beneficiado a EE.UU.?

Veamos, cualquier acuerdo comercial crea cambios estructurales que generan ganadores y perdedores, por lo que es necesario justificarlo y legitimarlo ante los ciudadanos del país. La apertura comercial con uno o varios países solamente se puede justificar siempre y cuando sus beneficios sean superiores a los costos, puesto que va a haber grupos, actividades, sectores y regiones que se beneficiarán, mientras que otros van a perder. Por lo tanto, la segunda pregunta es: ¿habrá beneficios suficientes para compensar los costos, dejando a todos en una mejor situación que antes del acuerdo?

Los tres socios del TLC tienen diferentes objetivos, condiciones y desafíos, por lo que las negociaciones han sido y seguirán siendo difíciles. Por un lado, el principal objetivo de Estados Unidos es eliminar la asimetría comercial con México y Canadá, con los que generalmente tienen déficits en la balanza comercial. Por el otro lado, los objetivos de Canadá y México son parecidos, lograr mayor competitividad en sus exportaciones con el resto del mundo.

Las economías de Canadá y Estados Unidos, por sus mayores niveles de desarrollo, son más parecidas y compiten más entre sí, mientras que la economía de EE.UU. y la de México son más complementarias, sugiriendo negociaciones más difíciles de Estados Unidos con Canadá, que con México. Pero por supuesto, esto no toma en cuenta la antipatía que Trump siente por México, ni que –independientemente de lo que acuerde su equipo– puede expresar una opinión diametralmente opuesta a sus negociadores en cualquiera de sus controvertidos tweets.

Estas diferencias de objetivos, condiciones e incertidumbres nos llevan a plantear la tercera pregunta: ¿qué es lo que va pasar si se llega a terminar el TLC?

Antes de tratar de responder a las tres cuestiones anteriores, vale la pena hablar un poco sobre los antecedentes del TLC.

Antecedentes
El TLC se negoció en 1992 y 1993 entre los presidentes Carlos Salinas de Gortari, George Bush, y Brian Mulroney, entrando en vigor a principios de 1994, fue la joya de la administración de Carlos Salinas. Su objetivo era establecer una zona de libre comercio donde hubiera libre circulación de los bienes y servicios de las tres naciones, eliminando los permisos, cuotas y licencias, así como las tarifas y aranceles. El acuerdo creó la zona de libre comercio más grande del mundo, reuniendo a 450 millones de personas y economías que generaban el 28% del Producto Interno Bruto mundial, por encima del 22% de la Unión Europea y el 15% de China.

Los efectos del TLCAN fueron muy diferentes a los que se vaticinaban, produciéndose fuertes reacomodos en el sector industrial americano y el sector agropecuario mexicano. Estos cambios estructurales fueron criticados señalando que el tratado había sido perjudicial, particularmente para EE.UU. por las pérdidas de empleos en varias industrias, sobre todo las intensivas en mano de obra y las menos competitivas que sobrevivían gracias a la protección del gobierno americano. En México las críticas se concentraron en gran medida en el sector agrícola, porque varios de nuestros productores tuvieron que abandonar sus empresas agrícolas al no poder competir con los productos americanos subsidiados. Muchos de los trabajadores agrícolas dejaron de ser ejidatarios y comuneros para pasar a ser peones asalariados. Sin embargo, durante esos 23 años, el balance ha sido altamente positivo para Estados Unidos y México en términos de creación de más empleos que los que se perdieron y de mayor valor agregado que el que se perdió.

El TLC revirtió la tendencia descendente de la competitividad de varias industrias estadounidenses tales como la automotriz, electrodomésticos y electrónicos, entre otros. México, por su lado, empezó a crear nuevas plantas industriales especializadas en partes de la cadena productiva de compañías estadounidenses, en especial las intensivas en mano de obra. México empezó a experimentar superávits en su balanza comercial con EE.UU. y el resto del mundo.

Beneficios
El TLCAN ha tenido siete beneficios principales, a saber: 1) aumento en las exportaciones, 2) mayor productividad y competitividad, 3) reducción de precios y costos, 4) creación de empleos, 5) mayor crecimiento económico, 6) aumento de la inversión y 7) reducción de los gastos públicos.

El tratado cuadruplicó el comercio entre Canadá, México y Estados Unidos. Solamente en el primer año de operación del tratado, México tuvo un déficit comercial con EE.UU., logrando superávits desde 1995 hasta el año 2016. En el caso de Canadá, México ha tenido 12 déficits y 11 superávits. Mientras que Canadá ha tenido superávits todos los años con Estados Unidos.

Los tres socios se volvieron más competitivos frente al resto del mundo. En ese período de 1993 al 2016, México logró exportar siete veces más que lo exportaba un año antes del tratado, mientras que EE.UU. logró en el mismo periodo incrementar sus exportaciones 3.1 veces y Canadá, 2.7 veces.

Empresas americanas que iban a la baja en su participación comercial en el mundo, revirtieron la tendencia gracias a la diversificación y especialización que lograron en varios segmentos de su cadena de producción. La especialización en los segmentos de alta tecnología y la reasignación a México de los segmentos intensivos en mano de obra resucitaron a varias compañías estadounidenses, permitiéndoles mejorar y abaratar sus productos. Estados Unidos, gracias al TLCAN, pudo presentar un frente mejor ante sus competidores europeos y asiáticos, logrando así competir de tú a tú.

Los efectos perniciosos de la crisis financiera del 2008 hubieran sido peores si no hubiera sido por el TLC. Seguramente más gente hubiera estado desempleada y los efectos sociales hubieran sido más extensos que lo que se presentó.

La productividad aumentó en los tres países gracias a las economías de escala y especialización en las actividades con alto contenido de conocimiento, sobre todo en el desarrollo de las tecnologías de punta. Todas las actividades industriales capaces de ser desagregadas en cadenas transnacionales de valor fueron beneficiadas gracias a las cortas distancias entre los tres países, aprovechando que es más barato, fácil y rápido transportar partes e insumos por vía terrestre que por vías marítima o aérea.

Los precios de los productos y alimentos al consumidor disminuyeron en los tres países. En EE.UU., los productos del campo se abarataron por la desaparición de las tarifas, aranceles y trabas al comercio y la disminución en el costo del transporte. Estados Unidos empezó a importar crudo mexicano más barato que antes del acuerdo porque el TLC eliminó las tarifas; al reducir su dependencia del Medio Oriente Estados Unidos aumentó su seguridad. México se benefició en los sectores de consumo y de producción, con la reducción de precios de los enseres domésticos, artículos industriales y bienes de capital.

Con el abaratamiento de los bienes producidos en Norteamérica, la participación en los mercados doméstico y extranjero de las empresas en los tres países aumentó, generando más y mejores empleos. En EE.UU. y Canadá, las industrias de alta tecnología se vieron favorecidas, así como los servicios de consultoría técnica, industrial, financiera y de salud. Solamente, en Estados Unidos, el aumento en las exportaciones generó cerca de 5 millones de nuevos trabajos. En la industria automotriz el empleo aumentó 14.1% en tres años, mientras que los salarios aumentaron 5.6%.

El TLCAN estimuló el crecimiento económico de los tres socios, beneficiando en particular al sector agrícola de Estados Unidos, y la industria automotriz y los servicios de los tres países.

El aumento en la inversión fue significativo, empresarios nacionales y extranjeros invirtieron en México para disfrutar el acceso al mercado americano, aprovechándose de la regla de origen que indicaba que los productos para estar libres de aranceles y ser intercambiados entre las tres naciones deberían tener un contenido norteamericano de por lo menos un 62.5%.

La inversión extranjera en México se triplicó, gran parte de la cual era estadounidense. Empresas americanas invirtieron 452 mil millones de dólares en México y Canadá pero, lo interesante fue que invirtieron más en su propio país. Por ejemplo, las compañías automotrices americanas invirtieron 39 mil millones de dólares en Estados Unidos mientras que en México sólo invirtieron 3 mil millones.

Empresas mexicanas y canadienses, a su vez, invirtieron 240 mil millones de dólares en EE.UU., en especial en las actividades industriales, seguros y compañías bancarias. Con la apertura financiera que permitió el tratado, capital golondrino mexicano fue a parar a Estados Unidos, ayudando en los sectores de la construcción, producción de bienes intermedios y de capital.

El TLCAN permitió una reducción en los gastos gubernamentales al abaratarse el desarrollo de los proyectos públicos mediante la competencia entre las firmas de los tres países.

Costos
En cuanto a los costos del tratado, también se han identificado siete: 1) pérdidas de empleo, 2) debilitamiento de la fuerza sindical, 3) pérdidas de producción, 4) caída de los salarios, 5) reducción de fuentes de financiamiento, 6) deterioración ambiental y 7) pérdidas en el transporte de carga.

Debido a las ventajas salariales, varias empresas americanas trasladaron algunos segmentos de su cadena productiva a México; en particular, en la industria automotriz, textiles, aparatos eléctricos y computación. Se perdieron entre 500 mil a 750 mil empleos en las industrias manufactureras de California, Nueva York, Michigan y Texas. Industrias enteras que sobrevivían gracias a las políticas proteccionistas del gobierno federal, desaparecieron del mapa productivo de Estados Unidos.

Cabe hacer notar la dicotomía entre China y México. Varios de los empleos generados en China fueron creados por empresas de ese país al hacer quebrar a las empresas americanas con las que competían, perdiéndose fuentes de trabajo en EE.UU. Mientras que muchos empleos generados en México fueron gracias a las compañías americanas que se trasladaron al país cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos. Estas empresas, gracias al ahorro en sus costos de producción, pudieron sobrevivir y enfrentar la competencia China, reinvirtiendo sus ganancias en Estados Unidos y México, en una proporción de 92% en EE.UU. y 8% en México, creando más empleos con las nuevas inversiones que los que se perdieron por el traslado inicial. Aparte, hay que destacar que el déficit comercial de EE.UU. con China es cinco veces mayor al que tiene con México.

El poder de negociación de la mano de obra americana disminuyó después del tratado. Entre 1993 a 1995, trabajadores en el 50% de las empresas americanas afectadas informaron que no pudieron negociar aumentos salariales ante la amenaza ejecutiva de cerrar su empresa e irse a México. Este porcentaje aumentó al 65% en 1999.

Los trabajadores agrícolas, desempleados por el cierre de las empresas del campo desplazadas por los agricultores americanos, al buscar empleos en las empresas maquiladoras, deprimieron por varios años los sueldos y salarios de los obreros mexicanos.

Las pérdidas productivas en EE.UU. se debieron al traslado de varias empresas a México, mientras que las pérdidas de producción en México correspondieron a las importaciones agrícolas subsidiadas de Estados Unidos.

Los salarios en las empresas americanas intensivas en mano de obra de baja calificación disminuyeron en EE.UU. Este fenómeno también afectó a México, disminuyendo el nivel de vida de las familias del campo. También, el incremento en la oferta laboral deprimió los salarios de los obreros en las maquiladoras y empresas productivas en México.

La apertura en el sector financiero, permitió el libre movimiento de capitales, lo cual redujo en México la oferta de financiamiento interno. Los empresarios y adinerados mexicanos enviaron parte de su capital a Nueva York como una especie de seguro de protección ante posibles crisis e incertidumbre. Eso aumentó el costo del dinero para financiar las actividades en el sector industrial y de la construcción en México. La crisis financiera que vivió México en 1994-95 fue más profunda que lo que hubiera sido sin esa fuga de capitales.

La transferencia de empresas americanas y canadienses a México tuvieron un fuerte impacto negativo en el medio ambiente, dado que las normas ambientales en México eran menos estrictas. Las empresas bajaron sus costos por una mano de obra más barata, y por el ahorro de costos para la mitigación ambiental. La deterioración ambiental en la frontera fue significativa.

El sector transportista en México fue seriamente afectado al negársele el beneficio ya acordado en la de negociación del TLC de permitir la entrada de camiones mexicanos a Estados Unidos. El argumento usado fue que los transportistas mexicanos representaban un riesgo para la seguridad del transporte carretero en Estados Unidos. Éste fue un argumento a todas luces proteccionista empleado por los transportistas americanos que el Congreso americano recogió y apoyó, cerrando la frontera al auto transporte mexicano. Esta prohibición aumentó los tiempos y costos del transporte entre México y Estados Unidos al tener que intercambiar la carga en la frontera a los camiones del otro país.

Respuestas
En cuanto a la primera pregunta sobre si el tratado había perjudicado más que beneficiado a EE.UU., la respuesta es un categórico NO. A todas luces el impacto ha tenido un impacto neto positivo en (1) el crecimiento económico de los tres países, (2) la modernización de su estructura económica, (3) la productividad y competitividad de Norteamérica, (4) las exportaciones, (5) el empleo, (6) la inversión, y (7) la reducción de costos y precios.

Aún cuando las estimaciones pueden cambiar, todos los estudiosos de la materia reconocen que ha habido un aumento en la tasa de crecimiento de Estados Unidos por lo menos de medio punto porcentual al año, en México entre el 1 al 2% y en Canadá entre 0.5 a 1.5%.

En EE.UU. se produjo un reacomodo gradual de las actividades intensivas en mano de obra hacia las actividades intensivas en conocimientos, mejorando las oportunidades para los empleados más calificados. En Canadá el tratado permitió la reafirmación de sus ventajas comparativas, tales como en las industrias madereras, las aeronaves, los metales y las aleaciones. El nivel de precios al consumidor y al mayoreo disminuyó en los tres países, permitiendo el aumento en el ingreso disponible de las familias y el menor costo de desarrollo de nuevos proyectos.

En cuanto a la segunda pregunta de qué es lo que pasaría si se llegase a terminar el TLCAN, la obvia respuesta es que los tres países sufrirían debido a las trabas para el intercambio, el aumento en las tarifas y aranceles, lo que conduciría a una pérdida relativa en la fortaleza comercial de la zona, en la competitividad y productividad de sus industrias y en el dinamismo y orientación de su crecimiento.

Las consecuencias en México serían económicas, sociales y políticas. En el corto y mediano plazo habría una disminución en el crecimiento económico, reducción en las exportaciones, aumento de costos y precios, caída en la inversión extranjera y pérdida de valor del peso. Los sectores más afectados serían los textiles, ropa, maquinaria pesada y la industria automotriz. México perdería casi un millón de puestos de trabajo. En el mediano y largo plazo, un México que crece poco o nada es un país en el que se exacerban las condiciones de marginación y de descontento popular.

Es cierto que Canadá también sufriría las consecuencias de la terminación del tratado, pero probablemente serían menores que las de sus dos socios, dado que tiene buenas opciones para redirigir sus necesidades comerciales a otros países, en especial el Reino Unido y Europa. Canadá perdería poco más de 125 mil empleos.

Las consecuencias en EE.UU. serían significativas, perdiendo competitividad con el resto del mundo. Estados Unidos perdería alrededor de 250 mil puestos de trabajo. Poco a poco la tendencia observada antes de la entrada en vigor del tratado, de la salida de las empresas y productos americanos de los mercados europeos y asiáticos se volvería a acentuar gradualmente, perdiendo mercados no solamente fuera de Estados Unidos, sino también dentro del propio país. Esto sería más pronunciado en las ramas automotrices, aéreoespaciales, electrodomésticos y computación. El consumidor norteamericano tendría que pagar más por los alimentos y la energía.

Aparte de que Estados Unidos enviaría al resto del mundo una pésima señal de su baja o nula confiabilidad como nación soberana, además de que su liderazgo comercial, económico, industrial y tecnológico se vería cada vez más reducido y desafiado por China. EE.UU. pasaría de haber controlado la zona comercial más grande del mundo a la tercera posición después de la Unión Europea y China.

En cuanto a la tercera pregunta acerca de si los beneficios del TLC compensan sus costos, la respuesta es un rotundo SI. En los casi 24 años de operación del tratado, los beneficios para los tres países han sido relevantes. La economía americana evitó su descenso acelerado al recuperar su posición como una de las primeras potencias comerciales del mundo. La economía canadiense alcanzó los primeros lugares de competitividad en el planeta, mientras que la economía mexicana no sólo mantuvo un crecimiento positivo a pesar de sus muchos obstáculos y desafíos manteniéndose como una de las principales economías emergentes de mayor exportación en el mundo.

Conclusión
Una apertura comercial o un tratado de libre comercio para ser sustentables necesitan que sus beneficios no solamente sean superiores a sus costos, sino que existan además los mecanismos para poder compensar a aquellos grupos y sectores perjudicados por el tratado. Aparte, la única manera válida para legitimar una apertura comercial ante la sociedad es la de comprobar que el país va a estar mejor con el tratado que sin él.

El TLCAN ha sido fundamental para mantener el vigor económico de Norteamérica; es el clásico arreglo “ganar, ganar y ganar” para los tres socios. Resulta de sentido común que la renegociación promovida por Donald Trump tendría que haberse enfocado a modernizar, profundizar y extender las áreas económicas para mejorar el bienestar y potencial de Norteamérica. Sin embargo, la visión restringida de concentrarse en el déficit comercial como la guía rectora, hizo que las cuatro rondas de negociación del TLCAN fracasaran.

Las propuestas disparatadas de los negociadores americanos iban en contra del propio espíritu del tratado –lograr mayores beneficios para los tres socios– proponiendo beneficiar más a EE.UU. a costa de los demás. Dentro de esas propuestas absurdas destacaban (1) la elevación de la regla de origen del sector automotriz de 62.5% a 85%, incluyendo 50% de insumos estadounidenses, (2) la llamada cláusula ocaso que llevaría a la renegociación del tratado cada cinco años, y (3) la eliminación de los paneles de arbitraje para las disputas comerciales. Lo absurdo e injusto de estas propuestas hizo pensar a muchos que tenían el único fin de provocar que Canadá y México se retiraran de las negociaciones, puesto que EE.UU. no quería afrontar el costo político de ser ellos los que terminaran con el tratado.

La pregunta que nos podríamos plantear, dado los malos resultados de las cuatro mesas de negociación del TLCAN es, y ahora ¿qué sigue?

Hay dos escenarios a futuro: con y sin Donald Trump. El “escenario con Trump” es el de seguir con las negociaciones con una actitud prudente y tolerante, pero firme, evitando ser los primeros en levantarse de la mesa. Si el tratado se termina, que sea a iniciativa de la administración de Trump. En el “escenario sin Trump”, seguramente se podrá renegociar y modernizar el TLCAN de manera sensata y en beneficio de los tres socios.

México tendrá que vivir tres años más con la incertidumbre y agravios de la administración Trump. A pesar de que las circunstancias nos cerraron la puerta, también nos abrieron una ventana. Es momento para enfocarnos a resolver nuestros problemas internos, todos relacionados con los malos gobiernos. Nuestro sistema político –con la figura de los candidatos independientes– nos abre un nuevo capítulo en la transparencia para la toma de decisiones de los tres poderes, los tres niveles de gobierno, las autoridades y las instituciones. Un funcionario bajo constante escrutinio es más difícil que abuse y robe o que haga mal o no haga su trabajo.

La esperanza de este economista es que México y Canadá se lleguen a sentar con la próxima administración de EE.UU. a renegociar un nuevo TLC que incluya el libre movimiento de los bienes y servicios, incluyendo la fuerza de trabajo en toda la zona de Norteamérica. El próximo TLCAN debería modernizarse, profundizarse y extenderse para lograr una verdadera unión económica y comercial en los tres países. Pero, se necesita un Estados Unidos más receptivo y menos chovinista, así como un México más honesto, menos corrupto y menos impune. Ese es el México, honesto y honorable, al que todos los mexicanos aspiramos.


Los Pros y Cons del TLCAN
Concepto
Pros
Cons
Valió la pena
Comercio
Aumentó
Si
Producción
Aumentó
1) Disminuyó en EE.UU. en las industrias intensivas en mano de obra y las industrias protegidas;
2) La producción agropecuaria en México disminuyó al no poder competir con los productos americanos subsidiados
Si
Empleo
1) Generó 5 millones de trabajos en EE.UU.;
2) Creó miles de empleos en México en las maquiladoras de partes automotrices, electrónicos y computación
1) 682,900 puestos de trabajo se perdieron en el sector manufacturero estadounidense;
2) Miles de trabajos se perdieron en el sector agropecuario mexicano
Si
Salarios
Salario promedio aumentó
1) Empresas en EE.UU. suprimieron alza de salarios;
2) Disminuyeron salarios de los trabajadores en las maquiladoras
Si
Inversión
Aumentó en los tres países
Fuga de capital mexicano hacia EE.UU.
Si
Petróleo
1) Los costos disminuyeron en EE.UU.;
2) Aumentó la seguridad americana
Si
Servicios
EE.UU. exportó financiamiento y servicios de salud
Si
Gastos capital gobierno
Disminución gracias al aumento en la competencia
Si
Alimentos
Los precios al consumidor disminuyeron en los 3 países
1) Agricultores americanos recibieron subsidios;
2) Empresarios agrícolas mexicanos quebraron
No
Trabajadores
1) Trabajadores americanos perdieron poder de negociación;
2) Trabajadores mexicanos fueron sobreexplotados
No
Auto Transporte

1) Prohibición americana al libre tránsito de camiones mexicanos;
2) Traslado de carga en la frontera a camiones de EE.UU.;
3) Demoras y mayores costos
No
Medio ambiente
EE.UU. mejoró su medio ambiente
En México se deterioró
No

miércoles, octubre 11, 2017

¿Cómo afectará a México la terminación del TLCAN?

Se han puesto a pensar ¿cómo los va afectar la terminación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)?

Si piensan que la terminación del tratado no los va a afectar, o que los va a afectar de manera positiva, piensen de nuevo. La desaparición del TLC nos va afectar negativamente en el corto y mediano plazo.

El TLC ha venido funcionando como una válvula de escape por 23 años para los principales problemas de México, tales como: desempleo, baja inversión, baja productividad laboral, bajo crecimiento del ingreso familiar, concentración de la riqueza, corrupción, inseguridad, etcétera. El TLC nos ha permitido crecer entre uno a dos puntos porcentuales por arriba de lo que normalmente hubiéramos crecido. Sin el tratado, México va a vivir momentos caóticos y desafiantes.

Las próximas elecciones se darán en un contexto de incertidumbre económica y de creciente descontento popular, condiciones fértiles para que llegue a la presidencia nuestro mesías tropical y populista iletrado, AMLO.

Piensen en un México que crece por debajo del aumento de la población, manejado por gobernantes ineptos y corruptos, con una inseguridad creciente por la falta de empleos y caída del ingreso real. Un Estados Unidos cada vez más difícil de entrar para los trabajadores mexicanos, y de penetrar para el crimen organizado… que se volcará a operar en México.

Estos y algunos otros serán los efectos de la terminación del TLC.

No hay duda de que EU va perder crecimiento y posición competitiva en el mundo, cediendo terreno a las zonas comerciales de Asia y Europa. El TLCAN les ha venido dando mayor competitividad a varias empresas americanas al trasladar parte de sus cadenas de producción a México aprovechando economías de escala y de especialización, así como menores costos laborales. Un Estados Unidos débil comercial y económicamente es un Estados Unidos peligroso militarmente, porque puede ser seducido por acciones bélicas a fin de mantener su liderazgo y estimular su economía.

México va a tener que rehacer todas sus normas y procedimientos en sus relaciones con Estados Unidos. Los procedimientos en la frontera más transitada y movida del planeta van a tener que cambiar; las colas para cruzar no se medirán en horas, sino en días y hasta semanas, y los empresarios mexicanos verán una caída en sus negocios que todos lamentaran.

Claro, eso es consecuencia de elegir a una persona inepta e irracional a la presidencia del país más poderoso del mundo. Donald Trump piensa que el TLCAN es el peor tratado comercial de la historia de EU, sin tener la más mínima y remota idea de que se trata. Tristemente, Trump es un hombre sin visión ni plan a largo plazo, que entiende mucho menos de lo que le ha hecho pensar a sus seguidores. Cree que el comercio internacional es peligroso e innecesario, yendo en contra de toda la teoría e historia económica, piensa que no es necesario competir de igual a igual cuando se es más fuerte que el contrario. Por ello, Trump pretende construir muros, acabar acuerdos y pelearse con quien sea.

Probablemente, la historia bautizará a la administración de Trump como la administración del abandono (Tratado de Asociación Transpacífico "TPP", Acuerdo de París, Unesco, TLCAN y otros) y de la autarquía (EU primero).

martes, febrero 14, 2017

La locura del rey Trump

Consideré escribir esta nota sobre cualquier otro tema que no fuera el recién inaugurado Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, pero no hay tema alguno que se pueda comparar en interés y actualidad al de Mr. Trump, por lo que aquí me tienen nuevamente escribiendo acerca de este extraño y chocante individuo.

La prestigiada revista inglesa Economist publicó un artículo sobre el manejo de la verdad por Trump, acuñando el término post-verdad que significa una falsedad que de tanto repetirse aparece como la verdad. Post-verdad es aquella declaración errónea basada en las emociones, los temores y las creencias de la gente. El atractivo de la post-verdad proviene de que es más fácil para muchas personas culpar a otros de sus errores, deficiencias, limitaciones y/o problemas que reconocer los tropezones propios y aprender de ellos.

El electorado americano le perdonó a Donald Trump todas las evidencias de mala conducta mientras que castigó a Hillary Clinton por rumores infundados. La campaña presidencial americana probó que los hechos objetivos tienen menor peso relativo en la formación de la opinión pública, que los rumores infundados que suenan verídicos, convirtiendo a Donald Trump en el mejor exponente de la post-verdad… de aquellas afirmaciones que quiere escuchar el común denominador de la gente porque los hace sentir bien aunque no tengan ningún fundamento en la realidad.

Es cierto, en un mundo ideal la política debería basarse en la evidencia, pero si algo nos ha demostrado la victoria de Trump es de que estamos lejos de un mundo ideal. En los regímenes totalitarios la post-verdad es el pan de cada día, pero también en la democracia la post-verdad atrae a grandes mayorías porque son más interesantes y divertidas las valentonadas y acusaciones a las minorías que escuchar y analizar los aburridos hechos.

Con Trump lo remoto dejó de serlo... Los americanos, aun cuando el tiempo los ha suavizado, siempre se han distinguido por ser gritones y prepotentes: los Cowboys de la política internacional. Donald Trump vuelve a implantar ese estilo que explica en su libro El Arte de Negociar, en donde menciona que a los débiles hay que aplastarlos y a los poderosos hay que negociar con ellos. Desde el principio que empezó a blandir su sable contra México, la administración de Peña Nieto dio muestras de debilidad, flaqueza que seguirá explotando porque requiere de victorias, y necesita empezar con un triunfo rápido, contra un adversario fácil, quien sea que este sea, aunque en realidad no sea un contendiente sino tan solamente el amigo débil de la relación.

Es por ello que en la reciente visita del primer ministro canadiense a Washington, Trump manifestó que no tenía problemas con Canadá sino tan sólo con México. Declaraciones que aparentemente alegraron al líder canadiense, quien en ningún momento abogó por México.

Lamento pronosticarle señor primer ministro Justin Trudeau que apenas Trump requiera de otro contrincante para presumir otra victoria, ese contendiente va a ser su país, y usted, quien calificó a Fidel Castro como “una figura más grande que la vida que sirvió a su pueblo durante casi medio siglo”, hubiera estado mejor servido en jugársela como hombrecito con México en lugar de medrosamente olvidar su responsabilidad histórica y geopolítica… “Mr. Trudeau you’re no Fidel Castro.”

Nos tenemos que acostumbrar a que hemos entrado en una nueva etapa en nuestra relación con Estados Unidos, incierta y peligrosa. Estamos solos, Canadá no nos va a apoyar, solamente va velar por sus propios intereses, por eso en el pasado nos ha negado las visas y seguirán haciendo lo que considera en su interés nacional y si eso implica echar a México a los leones para seguir manteniendo su relación especial con Estados Unidos, así lo seguirá haciendo.

Todo lo que se ha dicho de Trump en el pasado ha estado equivocado, tal y como que: no iba a ganar la candidatura, era imposible que llegara a ser presidente, no podía enemistarse con todos los líderes de otros países, no va a iniciar una guerra comercial, no va a invadir México, no va a preparar una guerra contra Irán,… etc. Si de algunas cosas podemos estar seguros, es que con este señor nada está escrito, lo más remoto dejo de serlo para convertirse en la ocurrencia del día, su tweet de la mañana... oigan, cualquier cosa puede suceder.

¿Amenazó Trump a Peña Nieto con invadir a México en su ya famosa charla telefónica? ¡Claro que sí! Conociendo cómo se maneja el dialogo entre los líderes de países después de la Segunda Guerra Mundial, las llamadas telefónicas se respetaban bajo el supuesto de que los líderes podían decirse lo que quisieran, sea cual fuera el tema, para así resolver problemas en lo íntimo y establecer una mayor confianza y cercanía, claro, siempre y cuando las pláticas se mantuvieran confidenciales y en secreto. Fidel Castro, el dictador favorito de Canadá, fue el primero en romper ese pacto de caballeros al sacar a la luz la grabación de la charla que tuvo con Vicente Fox… recuerden el famoso comentario “comes y te vas”.

A Trump le gusta negociar desde una posición de fuerza, por lo que intimida y amenaza a fin de atemorizar y ablandar a sus contrarios. Por supuesto que Donald Trump amenazó a Peña Nieto con enviar tropas americanas a limpiar la frontera, con el argumento de que nuestro ejército no podía. Esa fue la excusa para enviarle a Peña Nieto el mensaje de fondo: “o haces lo que quiero o te hago que lo hagas”. Es por ello que la propia Casa Blanca filtró parte de la conversación a los medios.

La filtración debilitó a Peña Nieto y a México, inclusive algunas fuentes indicaron que nuestro presidente apenas balbuceó algunas tibias respuestas ante la agresividad de Trump. El pacto entre líderes nacionales, obedece a reglas diplomáticas no escritas, que suponen que ambos líderes deben respetar como caballeros. Pero si alguno de ellos (DT) no es caballero, ni sigue las reglas, filtrando parte de la conversación, el otro (EPN) automáticamente está en libertad para dar a conocer la grabación de la conversación en su totalidad... claro, éste otro requiere saber cómo actuar y tener pantalones.

Es infantil pensar que México debe adherirse a las reglas diplomáticas mientras que Trump no lo hace… Con Trump nunca va a funcionar “dar la otra mejilla”, lo que si puede funcionar es, como con todo bully, darle la cara y contestarle con firmeza y dignidad. El gobierno de Peña debía de dar a conocer la grabación de la conversación… que no se hagan locos, por supuesto que presidencia graba las conversaciones.

Las propuestas de que México debe ver hacia el sur, Europa y Asia son válidas hasta cierto punto. Nuestra suerte como país ya está echada, somos cautivos de la geopolítica. México no se puede reinventar lejos de Estados Unidos, siempre hemos sido y seguiremos siendo su vecino del sur. Los flujos humanos, comerciales y financieros podrán disminuir a lo largo del tiempo pero nunca van a desaparecer.

¿Qué pensarían ustedes queridos lectores, o para ser menos optimista, “querido lector”, de una persona que en todas las pláticas lanza una, dos o más mentiras en promedio? Bueno, por supuesto, tratarías de evitarlo, pensando que se trata de un mitómano, de un individuo con problemas mentales. Bueno, ¿qué podemos pensar de un líder nacional que dice que el presidente Barack Obama creó el Estado Islámico, que todos los trabajadores indocumentados de México son narcotraficantes, asesinos, ladrones y violadores, que la tasa de asesinatos en Estados Unidos es una de las más altas de los últimos 50 años (cuando es una de las más bajas desde 1960), etcétera y etcétera? Bueno, lo que seguramente pensaríamos es que se trata de un líder loco, un psicótico peligroso y de cuidado.

Me dio tristeza ver que la marcha anti-Trump del domingo 12 de febrero 2017 no fuera lo que se esperaba, solamente participaron alrededor de 20 mil personas mientras que en la marcha de la inseguridad en la misma ciudad de México participaron cerca de un millón de participantes. A muchos de nosotros nos cuesta trabajo interpretar esta falta de interés por parte de nuestros compatriotas ante el inmenso reto que representa el actual presidente de los Estados Unidos.

¿Cuáles pudieron haber sido las razones de que dicha marcha fuera tan raquítica? Hablando con varios amigos parece ser que hubo descalificaciones, protagonismos y rivalidades que limitaron la participación ciudadana. Un grupo, por muy meritorias que sean sus causas, trató de arrebatar el liderazgo proponiendo no solamente protestar contra Trump, sino también contra Peña Nieto, la corrupción y otras causas. Las invitaciones a participar en la marcha no mencionaban que era una marcha anti-Trump. Algunas personas prefirieron no participar ante el temor de que los fueran a identificar y fichar en la embajada americana y no pudieran entrar a los Estados Unidos, Algunos políticos, entre otros Andrés Manuel López Obrador, descalificaron la marcha. En otras palabras, querido lector, está magnífica propuesta para manifestarnos ante un enemigo en común fracasó por el síndrome del cangrejo…

“La cubeta de los cangrejos no-mexicanos se tapa porque si no, un cangrejo se monta sobre los otros, hasta que llega arriba y ayuda a los demás salir de la cubeta. La cubeta de los cangrejos mexicanos no es necesario taparla, porque si uno intenta subir, los demás lo jalan abajo y ninguno alcanza a salir de la cubeta.”