El mediocre, cuando se le acaban los argumentos, recurre a los insultos personales.
Ahora AMLO califica a sus rivales de pirrurris, fifis, títeres, etc. (manifestando menosprecio clasista), y luego los llamó blanquitos (en una clara alusión racista).
AMLO parece incapaz de hablar de manera racional, respetuosa y argumentada de sus contrincantes, recurre al consabido ataque personal, al insulto, a la ofensa, a la burla, y al sarcasmo, para dar la impresión de que está por encima de ellos.
El comportamiento insultante y acusatorio de AMLO en la precampaña apunta a una campaña en el 2018, no de propuestas, si no de acusaciones a sus adversarios de corrupción, de mafiosos e insultos clasistas y raciales...
AMLO le está apostando --en su último intento por llegar a la presidencia-- a la confrontación, a la división de clases y al odio racial... Y todos aquellos en su equipo y gabinete no pueden ser tan ciegos como para no darse cuenta hacia donde está llevando a la sociedad Mexicana en su ambición personal por el poder: a despertar al México Bronco.
domingo, diciembre 17, 2017
viernes, diciembre 15, 2017
Los presidenciables al final del 2017
Una imagen de la situación política del momento nos la da las encuestas de las preferencias ciudadanas, pesquisas que no son la verdad sino tan sólo una guía. Al momento, los candidatos más populares son los representados por (1) la Coalición Juntos Haremos Historia integrada por Morena, PT y Encuentro Social (PES), (2) el Frente Ciudadano formado por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, y (3) la coalición “Meade ciudadano por México” compuesta por el PRI, PANAL y Verde. Al día de hoy, la figura de los candidatos independientes no es una opción que destaque. Te confieso querido lector que este economista, con pretensiones de escribiente, tenía y sigue teniendo la ilusión de que está opción en el panorama electoral presidencial de nuestro país constituye una buena alternativa, pero como en todo, el diablo está en los detalles.
El mecanismo para la aceptación por las autoridades electorales de los candidatos independientes ha probado ser excesivamente complicado y nada representativo de la educación y el acceso a la tecnología de la mayoría del pueblo mexicano, sugiriendo que se propusieron requisitos tan difíciles de satisfacer a fin de disminuir el peligro que constituían para los partidos los candidatos independientes. Los únicos aspirantes independientes que al momento pueden tener la posibilidad de ser aceptados, son el ex priísta arrepentido Jaime Rodríguez “El Bronco” y la ex panista y esposa del expresidente Calderón, Margarita Zavala, los cuales en realidad no son representativos de verdaderos candidatos independientes, tal como podría ser el empresario y periodista Pedro Ferriz de Con.
Las encuestas destacan un punto interesante: la contienda se perfila, no como una lucha entre partidos sino, como una competencia entre candidatos. En efecto, la mayoría del electorado está harta de los partidos y las recientes coaliciones entre ellos manifiestan más de lo mismo. Por ejemplo, ¿cómo puede Morena aliarse con el Partido Encuentro Social, uno de los partidos más derechista y ultraconservadores del país? ¿Cómo puede Andrés Manuel López Obrador aceptar al ahora “Izquierdista Iluminado” y antes “Incansable Luchador Priísta” Esteban Moctezuma? ¿Cómo se puede explicar la unión de dos enemigos naturales, el PAN que representa a la Iglesia y derecha mexicana con el PRD de filosofía y valores diametralmente opuestos? Éstas son tan sólo una muestra de las razones por las que los mexicanos están hartos de los partidos tradicionales; sus acuerdos para alcanzar el poder confirman una vez más que su ambición por llegar al poder vence cualquier ideal o compromiso social de los partidos.
En cuanto a las preferencias sobre los candidatos, las más recientes encuestas revelan el secreto a voces que todos veníamos sospechando: AMLO es el candidato puntero, con un margen de preferencia de cuatro hasta siete puntos sobre su más cercano rival, Ricardo Anaya, seguido un poco debajo de éste, por Meade; en la retaguardia –muy lejos de los tres punteros– están los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”.
Claro, lo anterior es el panorama de precampaña, la imagen revelada por las preferencias ciudadanas al cierre del 2017. Seguramente todo esto va a cambiar durante la campaña en el 2018, la popularidad de Andrés Manuel probablemente disminuirá –tal como sucedió en el 2006 y en el 2012. Este escribiente considera que Ricardo Anaya tiene más posibilidades de ser el rival de AMLO, por tener más carisma con el electorado y ser un político con mayor experiencia que José Antonio Meade. El exsecretario de hacienda puede ser el más preparado, un buen economista y la persona con mayor experiencia de servicio público, sin embargo, es un mal candidato político para la contienda presidencial.
En cuanto a los candidatos independientes, probablemente sólo los dos antes mencionados, alcanzarán a cumplir con los requisitos impuestos por el IFE, pero no creo que lleguen a ser contendientes en la recta final, al final de la carrera solamente veo a Andrés Manuel López Obrador y a Ricardo Anaya.
Discutiendo las opciones presidenciables, mencioné –en una peña de amigos– que consideraba a José Antonio Meade ser el candidato más preparado, siendo interrumpido por un amigo que enojado me gritó que él nunca votaría por el PRI, lo cual yo no estaba recomendando, pero que ilustra el punto de que gran parte del electorado van a asociar a Meade con el PRI. Lo que le contesté a él, y ahora les digo ustedes, no voten por los partidos, porque ninguno de los tres candidatos representa a ningún partido, voten por el candidato que a su juicio le haría menos daño a la nación.
En resumen, en las elecciones presidenciales del 2018 no se tratará de elegir al primer óptimo, sino de evitar al más negativo.
El mecanismo para la aceptación por las autoridades electorales de los candidatos independientes ha probado ser excesivamente complicado y nada representativo de la educación y el acceso a la tecnología de la mayoría del pueblo mexicano, sugiriendo que se propusieron requisitos tan difíciles de satisfacer a fin de disminuir el peligro que constituían para los partidos los candidatos independientes. Los únicos aspirantes independientes que al momento pueden tener la posibilidad de ser aceptados, son el ex priísta arrepentido Jaime Rodríguez “El Bronco” y la ex panista y esposa del expresidente Calderón, Margarita Zavala, los cuales en realidad no son representativos de verdaderos candidatos independientes, tal como podría ser el empresario y periodista Pedro Ferriz de Con.
Las encuestas destacan un punto interesante: la contienda se perfila, no como una lucha entre partidos sino, como una competencia entre candidatos. En efecto, la mayoría del electorado está harta de los partidos y las recientes coaliciones entre ellos manifiestan más de lo mismo. Por ejemplo, ¿cómo puede Morena aliarse con el Partido Encuentro Social, uno de los partidos más derechista y ultraconservadores del país? ¿Cómo puede Andrés Manuel López Obrador aceptar al ahora “Izquierdista Iluminado” y antes “Incansable Luchador Priísta” Esteban Moctezuma? ¿Cómo se puede explicar la unión de dos enemigos naturales, el PAN que representa a la Iglesia y derecha mexicana con el PRD de filosofía y valores diametralmente opuestos? Éstas son tan sólo una muestra de las razones por las que los mexicanos están hartos de los partidos tradicionales; sus acuerdos para alcanzar el poder confirman una vez más que su ambición por llegar al poder vence cualquier ideal o compromiso social de los partidos.
En cuanto a las preferencias sobre los candidatos, las más recientes encuestas revelan el secreto a voces que todos veníamos sospechando: AMLO es el candidato puntero, con un margen de preferencia de cuatro hasta siete puntos sobre su más cercano rival, Ricardo Anaya, seguido un poco debajo de éste, por Meade; en la retaguardia –muy lejos de los tres punteros– están los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”.
Claro, lo anterior es el panorama de precampaña, la imagen revelada por las preferencias ciudadanas al cierre del 2017. Seguramente todo esto va a cambiar durante la campaña en el 2018, la popularidad de Andrés Manuel probablemente disminuirá –tal como sucedió en el 2006 y en el 2012. Este escribiente considera que Ricardo Anaya tiene más posibilidades de ser el rival de AMLO, por tener más carisma con el electorado y ser un político con mayor experiencia que José Antonio Meade. El exsecretario de hacienda puede ser el más preparado, un buen economista y la persona con mayor experiencia de servicio público, sin embargo, es un mal candidato político para la contienda presidencial.
En cuanto a los candidatos independientes, probablemente sólo los dos antes mencionados, alcanzarán a cumplir con los requisitos impuestos por el IFE, pero no creo que lleguen a ser contendientes en la recta final, al final de la carrera solamente veo a Andrés Manuel López Obrador y a Ricardo Anaya.
Discutiendo las opciones presidenciables, mencioné –en una peña de amigos– que consideraba a José Antonio Meade ser el candidato más preparado, siendo interrumpido por un amigo que enojado me gritó que él nunca votaría por el PRI, lo cual yo no estaba recomendando, pero que ilustra el punto de que gran parte del electorado van a asociar a Meade con el PRI. Lo que le contesté a él, y ahora les digo ustedes, no voten por los partidos, porque ninguno de los tres candidatos representa a ningún partido, voten por el candidato que a su juicio le haría menos daño a la nación.
En resumen, en las elecciones presidenciales del 2018 no se tratará de elegir al primer óptimo, sino de evitar al más negativo.
sábado, noviembre 04, 2017
México = [Inseguridad x (Corrupción + Impunidad)] ^ Burla
El desbordamiento de la inseguridad en el 2017 en México ha sido el peor de su historia. Claro, el Estado Mexicano ha sido incapaz de combatir el crimen organizado y la inseguridad debido a que la creciente corrupción e impunidad cierra la puerta a un verdadero Estado de Derecho.
El despido del fiscal de la FEPADE, Santiago Nieto, quién investigó a los dos exgobernadores Duarte y a Borges, quien estaba a punto de enjuiciar al exdirector de Pemex Emilio Lozoya, y abrió una carpeta de investigación a Alfredo del Mazo, es muestra de que un gobierno no puede brindar seguridad y justicia a la población cuando su prioridad es protegerse a sí mismo.
El partido en el poder no entiende de auto límites para retener el poder, optando más por la demagogia que por los buenos actos de gobierno. Que susto ver a un fiscal que mostraba independencia del gobierno y autonomía de pensamiento, que estaba acercándose al propio presidente de México, cuya campaña presidencial había sido financiado en parte por los dineros sucios de Odebrecht-Pemex-Lozoya. Había que ponerle el alto, pero cómo el Procurador Raúl Cervantes, aparentemente no quiso prestarse al juego, prefiriendo renunciar, le pasaron la responsabilidad al Subprocurador en funciones Alberto Elías, quien despidió al fiscal electoral Santiago Nieto por supuestas faltas al código de conducta de la institución. Sin embargo, el gobierno cometió el error de no investigar que el señor Alberto Elías no cumplía con los requisitos para ser procurador, por lo que el despido del fiscal electoral era ilegal, pero eso no importó, la remoción se mantuvo...
¡Caray, que desvergüenza, ni la burla perdonaron!
Todos sabemos que no es lo mismo la opinión pública que la opinión publicada, por lo que el debate subsecuente en el Senado, donde la oposición expresó vehementes opiniones en contra del despido, pareció ser una danza para lograr un pacto de impunidades en lo oscurito. El fiscal electoral, desgastado, sucumbió ante las presiones y abandonó su lucha para ser restituido al cargo.
Las carpetas de investigación se van a mantener en reposo hasta que las alcance el olvido o caduquen los delitos.
El despido del fiscal de la FEPADE, Santiago Nieto, quién investigó a los dos exgobernadores Duarte y a Borges, quien estaba a punto de enjuiciar al exdirector de Pemex Emilio Lozoya, y abrió una carpeta de investigación a Alfredo del Mazo, es muestra de que un gobierno no puede brindar seguridad y justicia a la población cuando su prioridad es protegerse a sí mismo.
El partido en el poder no entiende de auto límites para retener el poder, optando más por la demagogia que por los buenos actos de gobierno. Que susto ver a un fiscal que mostraba independencia del gobierno y autonomía de pensamiento, que estaba acercándose al propio presidente de México, cuya campaña presidencial había sido financiado en parte por los dineros sucios de Odebrecht-Pemex-Lozoya. Había que ponerle el alto, pero cómo el Procurador Raúl Cervantes, aparentemente no quiso prestarse al juego, prefiriendo renunciar, le pasaron la responsabilidad al Subprocurador en funciones Alberto Elías, quien despidió al fiscal electoral Santiago Nieto por supuestas faltas al código de conducta de la institución. Sin embargo, el gobierno cometió el error de no investigar que el señor Alberto Elías no cumplía con los requisitos para ser procurador, por lo que el despido del fiscal electoral era ilegal, pero eso no importó, la remoción se mantuvo...
¡Caray, que desvergüenza, ni la burla perdonaron!
Todos sabemos que no es lo mismo la opinión pública que la opinión publicada, por lo que el debate subsecuente en el Senado, donde la oposición expresó vehementes opiniones en contra del despido, pareció ser una danza para lograr un pacto de impunidades en lo oscurito. El fiscal electoral, desgastado, sucumbió ante las presiones y abandonó su lucha para ser restituido al cargo.
Las carpetas de investigación se van a mantener en reposo hasta que las alcance el olvido o caduquen los delitos.
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viernes, octubre 27, 2017
El ABC del TLCAN
Siempre que hay temas de interés nacional brotan los expertos al vapor, se multiplican las opiniones, se expresan diagnósticos y recomendaciones que en lugar de aclarar, terminan por confundir más. Es por ello que en este breve ensayo haré un breve Análisis de Beneficio Costo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), desde su entrada en vigor hace 24 años, hasta la cuarta renegociación que terminó sin acuerdo, pero con la promesa de una quinta reunión en noviembre de 2017.
La renegociación del tratado en 2017 se llevó a cabo a instancias del presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien considera que éste ha sido altamente negativo para su país. Esta apreciación da lugar a nuestra primera interrogante, ¿tiene razón Trump acerca de que el TLC ha perjudicado más que beneficiado a EE.UU.?
Veamos, cualquier acuerdo comercial crea cambios estructurales que generan ganadores y perdedores, por lo que es necesario justificarlo y legitimarlo ante los ciudadanos del país. La apertura comercial con uno o varios países solamente se puede justificar siempre y cuando sus beneficios sean superiores a los costos, puesto que va a haber grupos, actividades, sectores y regiones que se beneficiarán, mientras que otros van a perder. Por lo tanto, la segunda pregunta es: ¿habrá beneficios suficientes para compensar los costos, dejando a todos en una mejor situación que antes del acuerdo?
Los tres socios del TLC tienen diferentes objetivos, condiciones y desafíos, por lo que las negociaciones han sido y seguirán siendo difíciles. Por un lado, el principal objetivo de Estados Unidos es eliminar la asimetría comercial con México y Canadá, con los que generalmente tienen déficits en la balanza comercial. Por el otro lado, los objetivos de Canadá y México son parecidos, lograr mayor competitividad en sus exportaciones con el resto del mundo.
Las economías de Canadá y Estados Unidos, por sus mayores niveles de desarrollo, son más parecidas y compiten más entre sí, mientras que la economía de EE.UU. y la de México son más complementarias, sugiriendo negociaciones más difíciles de Estados Unidos con Canadá, que con México. Pero por supuesto, esto no toma en cuenta la antipatía que Trump siente por México, ni que –independientemente de lo que acuerde su equipo– puede expresar una opinión diametralmente opuesta a sus negociadores en cualquiera de sus controvertidos tweets.
Estas diferencias de objetivos, condiciones e incertidumbres nos llevan a plantear la tercera pregunta: ¿qué es lo que va pasar si se llega a terminar el TLC?
Antes de tratar de responder a las tres cuestiones anteriores, vale la pena hablar un poco sobre los antecedentes del TLC.
Antecedentes
El TLC se negoció en 1992 y 1993 entre los presidentes Carlos Salinas de Gortari, George Bush, y Brian Mulroney, entrando en vigor a principios de 1994, fue la joya de la administración de Carlos Salinas. Su objetivo era establecer una zona de libre comercio donde hubiera libre circulación de los bienes y servicios de las tres naciones, eliminando los permisos, cuotas y licencias, así como las tarifas y aranceles. El acuerdo creó la zona de libre comercio más grande del mundo, reuniendo a 450 millones de personas y economías que generaban el 28% del Producto Interno Bruto mundial, por encima del 22% de la Unión Europea y el 15% de China.
Los efectos del TLCAN fueron muy diferentes a los que se vaticinaban, produciéndose fuertes reacomodos en el sector industrial americano y el sector agropecuario mexicano. Estos cambios estructurales fueron criticados señalando que el tratado había sido perjudicial, particularmente para EE.UU. por las pérdidas de empleos en varias industrias, sobre todo las intensivas en mano de obra y las menos competitivas que sobrevivían gracias a la protección del gobierno americano. En México las críticas se concentraron en gran medida en el sector agrícola, porque varios de nuestros productores tuvieron que abandonar sus empresas agrícolas al no poder competir con los productos americanos subsidiados. Muchos de los trabajadores agrícolas dejaron de ser ejidatarios y comuneros para pasar a ser peones asalariados. Sin embargo, durante esos 23 años, el balance ha sido altamente positivo para Estados Unidos y México en términos de creación de más empleos que los que se perdieron y de mayor valor agregado que el que se perdió.
El TLC revirtió la tendencia descendente de la competitividad de varias industrias estadounidenses tales como la automotriz, electrodomésticos y electrónicos, entre otros. México, por su lado, empezó a crear nuevas plantas industriales especializadas en partes de la cadena productiva de compañías estadounidenses, en especial las intensivas en mano de obra. México empezó a experimentar superávits en su balanza comercial con EE.UU. y el resto del mundo.
Beneficios
El TLCAN ha tenido siete beneficios principales, a saber: 1) aumento en las exportaciones, 2) mayor productividad y competitividad, 3) reducción de precios y costos, 4) creación de empleos, 5) mayor crecimiento económico, 6) aumento de la inversión y 7) reducción de los gastos públicos.
El tratado cuadruplicó el comercio entre Canadá, México y Estados Unidos. Solamente en el primer año de operación del tratado, México tuvo un déficit comercial con EE.UU., logrando superávits desde 1995 hasta el año 2016. En el caso de Canadá, México ha tenido 12 déficits y 11 superávits. Mientras que Canadá ha tenido superávits todos los años con Estados Unidos.
Los tres socios se volvieron más competitivos frente al resto del mundo. En ese período de 1993 al 2016, México logró exportar siete veces más que lo exportaba un año antes del tratado, mientras que EE.UU. logró en el mismo periodo incrementar sus exportaciones 3.1 veces y Canadá, 2.7 veces.
Empresas americanas que iban a la baja en su participación comercial en el mundo, revirtieron la tendencia gracias a la diversificación y especialización que lograron en varios segmentos de su cadena de producción. La especialización en los segmentos de alta tecnología y la reasignación a México de los segmentos intensivos en mano de obra resucitaron a varias compañías estadounidenses, permitiéndoles mejorar y abaratar sus productos. Estados Unidos, gracias al TLCAN, pudo presentar un frente mejor ante sus competidores europeos y asiáticos, logrando así competir de tú a tú.
Los efectos perniciosos de la crisis financiera del 2008 hubieran sido peores si no hubiera sido por el TLC. Seguramente más gente hubiera estado desempleada y los efectos sociales hubieran sido más extensos que lo que se presentó.
La productividad aumentó en los tres países gracias a las economías de escala y especialización en las actividades con alto contenido de conocimiento, sobre todo en el desarrollo de las tecnologías de punta. Todas las actividades industriales capaces de ser desagregadas en cadenas transnacionales de valor fueron beneficiadas gracias a las cortas distancias entre los tres países, aprovechando que es más barato, fácil y rápido transportar partes e insumos por vía terrestre que por vías marítima o aérea.
Los precios de los productos y alimentos al consumidor disminuyeron en los tres países. En EE.UU., los productos del campo se abarataron por la desaparición de las tarifas, aranceles y trabas al comercio y la disminución en el costo del transporte. Estados Unidos empezó a importar crudo mexicano más barato que antes del acuerdo porque el TLC eliminó las tarifas; al reducir su dependencia del Medio Oriente Estados Unidos aumentó su seguridad. México se benefició en los sectores de consumo y de producción, con la reducción de precios de los enseres domésticos, artículos industriales y bienes de capital.
Con el abaratamiento de los bienes producidos en Norteamérica, la participación en los mercados doméstico y extranjero de las empresas en los tres países aumentó, generando más y mejores empleos. En EE.UU. y Canadá, las industrias de alta tecnología se vieron favorecidas, así como los servicios de consultoría técnica, industrial, financiera y de salud. Solamente, en Estados Unidos, el aumento en las exportaciones generó cerca de 5 millones de nuevos trabajos. En la industria automotriz el empleo aumentó 14.1% en tres años, mientras que los salarios aumentaron 5.6%.
El TLCAN estimuló el crecimiento económico de los tres socios, beneficiando en particular al sector agrícola de Estados Unidos, y la industria automotriz y los servicios de los tres países.
El aumento en la inversión fue significativo, empresarios nacionales y extranjeros invirtieron en México para disfrutar el acceso al mercado americano, aprovechándose de la regla de origen que indicaba que los productos para estar libres de aranceles y ser intercambiados entre las tres naciones deberían tener un contenido norteamericano de por lo menos un 62.5%.
La inversión extranjera en México se triplicó, gran parte de la cual era estadounidense. Empresas americanas invirtieron 452 mil millones de dólares en México y Canadá pero, lo interesante fue que invirtieron más en su propio país. Por ejemplo, las compañías automotrices americanas invirtieron 39 mil millones de dólares en Estados Unidos mientras que en México sólo invirtieron 3 mil millones.
Empresas mexicanas y canadienses, a su vez, invirtieron 240 mil millones de dólares en EE.UU., en especial en las actividades industriales, seguros y compañías bancarias. Con la apertura financiera que permitió el tratado, capital golondrino mexicano fue a parar a Estados Unidos, ayudando en los sectores de la construcción, producción de bienes intermedios y de capital.
El TLCAN permitió una reducción en los gastos gubernamentales al abaratarse el desarrollo de los proyectos públicos mediante la competencia entre las firmas de los tres países.
Costos
En cuanto a los costos del tratado, también se han identificado siete: 1) pérdidas de empleo, 2) debilitamiento de la fuerza sindical, 3) pérdidas de producción, 4) caída de los salarios, 5) reducción de fuentes de financiamiento, 6) deterioración ambiental y 7) pérdidas en el transporte de carga.
Debido a las ventajas salariales, varias empresas americanas trasladaron algunos segmentos de su cadena productiva a México; en particular, en la industria automotriz, textiles, aparatos eléctricos y computación. Se perdieron entre 500 mil a 750 mil empleos en las industrias manufactureras de California, Nueva York, Michigan y Texas. Industrias enteras que sobrevivían gracias a las políticas proteccionistas del gobierno federal, desaparecieron del mapa productivo de Estados Unidos.
Cabe hacer notar la dicotomía entre China y México. Varios de los empleos generados en China fueron creados por empresas de ese país al hacer quebrar a las empresas americanas con las que competían, perdiéndose fuentes de trabajo en EE.UU. Mientras que muchos empleos generados en México fueron gracias a las compañías americanas que se trasladaron al país cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos. Estas empresas, gracias al ahorro en sus costos de producción, pudieron sobrevivir y enfrentar la competencia China, reinvirtiendo sus ganancias en Estados Unidos y México, en una proporción de 92% en EE.UU. y 8% en México, creando más empleos con las nuevas inversiones que los que se perdieron por el traslado inicial. Aparte, hay que destacar que el déficit comercial de EE.UU. con China es cinco veces mayor al que tiene con México.
El poder de negociación de la mano de obra americana disminuyó después del tratado. Entre 1993 a 1995, trabajadores en el 50% de las empresas americanas afectadas informaron que no pudieron negociar aumentos salariales ante la amenaza ejecutiva de cerrar su empresa e irse a México. Este porcentaje aumentó al 65% en 1999.
Los trabajadores agrícolas, desempleados por el cierre de las empresas del campo desplazadas por los agricultores americanos, al buscar empleos en las empresas maquiladoras, deprimieron por varios años los sueldos y salarios de los obreros mexicanos.
Las pérdidas productivas en EE.UU. se debieron al traslado de varias empresas a México, mientras que las pérdidas de producción en México correspondieron a las importaciones agrícolas subsidiadas de Estados Unidos.
Los salarios en las empresas americanas intensivas en mano de obra de baja calificación disminuyeron en EE.UU. Este fenómeno también afectó a México, disminuyendo el nivel de vida de las familias del campo. También, el incremento en la oferta laboral deprimió los salarios de los obreros en las maquiladoras y empresas productivas en México.
La apertura en el sector financiero, permitió el libre movimiento de capitales, lo cual redujo en México la oferta de financiamiento interno. Los empresarios y adinerados mexicanos enviaron parte de su capital a Nueva York como una especie de seguro de protección ante posibles crisis e incertidumbre. Eso aumentó el costo del dinero para financiar las actividades en el sector industrial y de la construcción en México. La crisis financiera que vivió México en 1994-95 fue más profunda que lo que hubiera sido sin esa fuga de capitales.
La transferencia de empresas americanas y canadienses a México tuvieron un fuerte impacto negativo en el medio ambiente, dado que las normas ambientales en México eran menos estrictas. Las empresas bajaron sus costos por una mano de obra más barata, y por el ahorro de costos para la mitigación ambiental. La deterioración ambiental en la frontera fue significativa.
El sector transportista en México fue seriamente afectado al negársele el beneficio ya acordado en la de negociación del TLC de permitir la entrada de camiones mexicanos a Estados Unidos. El argumento usado fue que los transportistas mexicanos representaban un riesgo para la seguridad del transporte carretero en Estados Unidos. Éste fue un argumento a todas luces proteccionista empleado por los transportistas americanos que el Congreso americano recogió y apoyó, cerrando la frontera al auto transporte mexicano. Esta prohibición aumentó los tiempos y costos del transporte entre México y Estados Unidos al tener que intercambiar la carga en la frontera a los camiones del otro país.
Respuestas
En cuanto a la primera pregunta sobre si el tratado había perjudicado más que beneficiado a EE.UU., la respuesta es un categórico NO. A todas luces el impacto ha tenido un impacto neto positivo en (1) el crecimiento económico de los tres países, (2) la modernización de su estructura económica, (3) la productividad y competitividad de Norteamérica, (4) las exportaciones, (5) el empleo, (6) la inversión, y (7) la reducción de costos y precios.
Aún cuando las estimaciones pueden cambiar, todos los estudiosos de la materia reconocen que ha habido un aumento en la tasa de crecimiento de Estados Unidos por lo menos de medio punto porcentual al año, en México entre el 1 al 2% y en Canadá entre 0.5 a 1.5%.
En EE.UU. se produjo un reacomodo gradual de las actividades intensivas en mano de obra hacia las actividades intensivas en conocimientos, mejorando las oportunidades para los empleados más calificados. En Canadá el tratado permitió la reafirmación de sus ventajas comparativas, tales como en las industrias madereras, las aeronaves, los metales y las aleaciones. El nivel de precios al consumidor y al mayoreo disminuyó en los tres países, permitiendo el aumento en el ingreso disponible de las familias y el menor costo de desarrollo de nuevos proyectos.
En cuanto a la segunda pregunta de qué es lo que pasaría si se llegase a terminar el TLCAN, la obvia respuesta es que los tres países sufrirían debido a las trabas para el intercambio, el aumento en las tarifas y aranceles, lo que conduciría a una pérdida relativa en la fortaleza comercial de la zona, en la competitividad y productividad de sus industrias y en el dinamismo y orientación de su crecimiento.
Las consecuencias en México serían económicas, sociales y políticas. En el corto y mediano plazo habría una disminución en el crecimiento económico, reducción en las exportaciones, aumento de costos y precios, caída en la inversión extranjera y pérdida de valor del peso. Los sectores más afectados serían los textiles, ropa, maquinaria pesada y la industria automotriz. México perdería casi un millón de puestos de trabajo. En el mediano y largo plazo, un México que crece poco o nada es un país en el que se exacerban las condiciones de marginación y de descontento popular.
Es cierto que Canadá también sufriría las consecuencias de la terminación del tratado, pero probablemente serían menores que las de sus dos socios, dado que tiene buenas opciones para redirigir sus necesidades comerciales a otros países, en especial el Reino Unido y Europa. Canadá perdería poco más de 125 mil empleos.
Las consecuencias en EE.UU. serían significativas, perdiendo competitividad con el resto del mundo. Estados Unidos perdería alrededor de 250 mil puestos de trabajo. Poco a poco la tendencia observada antes de la entrada en vigor del tratado, de la salida de las empresas y productos americanos de los mercados europeos y asiáticos se volvería a acentuar gradualmente, perdiendo mercados no solamente fuera de Estados Unidos, sino también dentro del propio país. Esto sería más pronunciado en las ramas automotrices, aéreoespaciales, electrodomésticos y computación. El consumidor norteamericano tendría que pagar más por los alimentos y la energía.
Aparte de que Estados Unidos enviaría al resto del mundo una pésima señal de su baja o nula confiabilidad como nación soberana, además de que su liderazgo comercial, económico, industrial y tecnológico se vería cada vez más reducido y desafiado por China. EE.UU. pasaría de haber controlado la zona comercial más grande del mundo a la tercera posición después de la Unión Europea y China.
En cuanto a la tercera pregunta acerca de si los beneficios del TLC compensan sus costos, la respuesta es un rotundo SI. En los casi 24 años de operación del tratado, los beneficios para los tres países han sido relevantes. La economía americana evitó su descenso acelerado al recuperar su posición como una de las primeras potencias comerciales del mundo. La economía canadiense alcanzó los primeros lugares de competitividad en el planeta, mientras que la economía mexicana no sólo mantuvo un crecimiento positivo a pesar de sus muchos obstáculos y desafíos manteniéndose como una de las principales economías emergentes de mayor exportación en el mundo.
Conclusión
Una apertura comercial o un tratado de libre comercio para ser sustentables necesitan que sus beneficios no solamente sean superiores a sus costos, sino que existan además los mecanismos para poder compensar a aquellos grupos y sectores perjudicados por el tratado. Aparte, la única manera válida para legitimar una apertura comercial ante la sociedad es la de comprobar que el país va a estar mejor con el tratado que sin él.
El TLCAN ha sido fundamental para mantener el vigor económico de Norteamérica; es el clásico arreglo “ganar, ganar y ganar” para los tres socios. Resulta de sentido común que la renegociación promovida por Donald Trump tendría que haberse enfocado a modernizar, profundizar y extender las áreas económicas para mejorar el bienestar y potencial de Norteamérica. Sin embargo, la visión restringida de concentrarse en el déficit comercial como la guía rectora, hizo que las cuatro rondas de negociación del TLCAN fracasaran.
Las propuestas disparatadas de los negociadores americanos iban en contra del propio espíritu del tratado –lograr mayores beneficios para los tres socios– proponiendo beneficiar más a EE.UU. a costa de los demás. Dentro de esas propuestas absurdas destacaban (1) la elevación de la regla de origen del sector automotriz de 62.5% a 85%, incluyendo 50% de insumos estadounidenses, (2) la llamada cláusula ocaso que llevaría a la renegociación del tratado cada cinco años, y (3) la eliminación de los paneles de arbitraje para las disputas comerciales. Lo absurdo e injusto de estas propuestas hizo pensar a muchos que tenían el único fin de provocar que Canadá y México se retiraran de las negociaciones, puesto que EE.UU. no quería afrontar el costo político de ser ellos los que terminaran con el tratado.
La pregunta que nos podríamos plantear, dado los malos resultados de las cuatro mesas de negociación del TLCAN es, y ahora ¿qué sigue?
Hay dos escenarios a futuro: con y sin Donald Trump. El “escenario con Trump” es el de seguir con las negociaciones con una actitud prudente y tolerante, pero firme, evitando ser los primeros en levantarse de la mesa. Si el tratado se termina, que sea a iniciativa de la administración de Trump. En el “escenario sin Trump”, seguramente se podrá renegociar y modernizar el TLCAN de manera sensata y en beneficio de los tres socios.
México tendrá que vivir tres años más con la incertidumbre y agravios de la administración Trump. A pesar de que las circunstancias nos cerraron la puerta, también nos abrieron una ventana. Es momento para enfocarnos a resolver nuestros problemas internos, todos relacionados con los malos gobiernos. Nuestro sistema político –con la figura de los candidatos independientes– nos abre un nuevo capítulo en la transparencia para la toma de decisiones de los tres poderes, los tres niveles de gobierno, las autoridades y las instituciones. Un funcionario bajo constante escrutinio es más difícil que abuse y robe o que haga mal o no haga su trabajo.
La esperanza de este economista es que México y Canadá se lleguen a sentar con la próxima administración de EE.UU. a renegociar un nuevo TLC que incluya el libre movimiento de los bienes y servicios, incluyendo la fuerza de trabajo en toda la zona de Norteamérica. El próximo TLCAN debería modernizarse, profundizarse y extenderse para lograr una verdadera unión económica y comercial en los tres países. Pero, se necesita un Estados Unidos más receptivo y menos chovinista, así como un México más honesto, menos corrupto y menos impune. Ese es el México, honesto y honorable, al que todos los mexicanos aspiramos.
La renegociación del tratado en 2017 se llevó a cabo a instancias del presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien considera que éste ha sido altamente negativo para su país. Esta apreciación da lugar a nuestra primera interrogante, ¿tiene razón Trump acerca de que el TLC ha perjudicado más que beneficiado a EE.UU.?
Veamos, cualquier acuerdo comercial crea cambios estructurales que generan ganadores y perdedores, por lo que es necesario justificarlo y legitimarlo ante los ciudadanos del país. La apertura comercial con uno o varios países solamente se puede justificar siempre y cuando sus beneficios sean superiores a los costos, puesto que va a haber grupos, actividades, sectores y regiones que se beneficiarán, mientras que otros van a perder. Por lo tanto, la segunda pregunta es: ¿habrá beneficios suficientes para compensar los costos, dejando a todos en una mejor situación que antes del acuerdo?
Los tres socios del TLC tienen diferentes objetivos, condiciones y desafíos, por lo que las negociaciones han sido y seguirán siendo difíciles. Por un lado, el principal objetivo de Estados Unidos es eliminar la asimetría comercial con México y Canadá, con los que generalmente tienen déficits en la balanza comercial. Por el otro lado, los objetivos de Canadá y México son parecidos, lograr mayor competitividad en sus exportaciones con el resto del mundo.
Las economías de Canadá y Estados Unidos, por sus mayores niveles de desarrollo, son más parecidas y compiten más entre sí, mientras que la economía de EE.UU. y la de México son más complementarias, sugiriendo negociaciones más difíciles de Estados Unidos con Canadá, que con México. Pero por supuesto, esto no toma en cuenta la antipatía que Trump siente por México, ni que –independientemente de lo que acuerde su equipo– puede expresar una opinión diametralmente opuesta a sus negociadores en cualquiera de sus controvertidos tweets.
Estas diferencias de objetivos, condiciones e incertidumbres nos llevan a plantear la tercera pregunta: ¿qué es lo que va pasar si se llega a terminar el TLC?
Antes de tratar de responder a las tres cuestiones anteriores, vale la pena hablar un poco sobre los antecedentes del TLC.
Antecedentes
El TLC se negoció en 1992 y 1993 entre los presidentes Carlos Salinas de Gortari, George Bush, y Brian Mulroney, entrando en vigor a principios de 1994, fue la joya de la administración de Carlos Salinas. Su objetivo era establecer una zona de libre comercio donde hubiera libre circulación de los bienes y servicios de las tres naciones, eliminando los permisos, cuotas y licencias, así como las tarifas y aranceles. El acuerdo creó la zona de libre comercio más grande del mundo, reuniendo a 450 millones de personas y economías que generaban el 28% del Producto Interno Bruto mundial, por encima del 22% de la Unión Europea y el 15% de China.
Los efectos del TLCAN fueron muy diferentes a los que se vaticinaban, produciéndose fuertes reacomodos en el sector industrial americano y el sector agropecuario mexicano. Estos cambios estructurales fueron criticados señalando que el tratado había sido perjudicial, particularmente para EE.UU. por las pérdidas de empleos en varias industrias, sobre todo las intensivas en mano de obra y las menos competitivas que sobrevivían gracias a la protección del gobierno americano. En México las críticas se concentraron en gran medida en el sector agrícola, porque varios de nuestros productores tuvieron que abandonar sus empresas agrícolas al no poder competir con los productos americanos subsidiados. Muchos de los trabajadores agrícolas dejaron de ser ejidatarios y comuneros para pasar a ser peones asalariados. Sin embargo, durante esos 23 años, el balance ha sido altamente positivo para Estados Unidos y México en términos de creación de más empleos que los que se perdieron y de mayor valor agregado que el que se perdió.
El TLC revirtió la tendencia descendente de la competitividad de varias industrias estadounidenses tales como la automotriz, electrodomésticos y electrónicos, entre otros. México, por su lado, empezó a crear nuevas plantas industriales especializadas en partes de la cadena productiva de compañías estadounidenses, en especial las intensivas en mano de obra. México empezó a experimentar superávits en su balanza comercial con EE.UU. y el resto del mundo.
Beneficios
El TLCAN ha tenido siete beneficios principales, a saber: 1) aumento en las exportaciones, 2) mayor productividad y competitividad, 3) reducción de precios y costos, 4) creación de empleos, 5) mayor crecimiento económico, 6) aumento de la inversión y 7) reducción de los gastos públicos.
El tratado cuadruplicó el comercio entre Canadá, México y Estados Unidos. Solamente en el primer año de operación del tratado, México tuvo un déficit comercial con EE.UU., logrando superávits desde 1995 hasta el año 2016. En el caso de Canadá, México ha tenido 12 déficits y 11 superávits. Mientras que Canadá ha tenido superávits todos los años con Estados Unidos.
Los tres socios se volvieron más competitivos frente al resto del mundo. En ese período de 1993 al 2016, México logró exportar siete veces más que lo exportaba un año antes del tratado, mientras que EE.UU. logró en el mismo periodo incrementar sus exportaciones 3.1 veces y Canadá, 2.7 veces.
Empresas americanas que iban a la baja en su participación comercial en el mundo, revirtieron la tendencia gracias a la diversificación y especialización que lograron en varios segmentos de su cadena de producción. La especialización en los segmentos de alta tecnología y la reasignación a México de los segmentos intensivos en mano de obra resucitaron a varias compañías estadounidenses, permitiéndoles mejorar y abaratar sus productos. Estados Unidos, gracias al TLCAN, pudo presentar un frente mejor ante sus competidores europeos y asiáticos, logrando así competir de tú a tú.
Los efectos perniciosos de la crisis financiera del 2008 hubieran sido peores si no hubiera sido por el TLC. Seguramente más gente hubiera estado desempleada y los efectos sociales hubieran sido más extensos que lo que se presentó.
La productividad aumentó en los tres países gracias a las economías de escala y especialización en las actividades con alto contenido de conocimiento, sobre todo en el desarrollo de las tecnologías de punta. Todas las actividades industriales capaces de ser desagregadas en cadenas transnacionales de valor fueron beneficiadas gracias a las cortas distancias entre los tres países, aprovechando que es más barato, fácil y rápido transportar partes e insumos por vía terrestre que por vías marítima o aérea.
Los precios de los productos y alimentos al consumidor disminuyeron en los tres países. En EE.UU., los productos del campo se abarataron por la desaparición de las tarifas, aranceles y trabas al comercio y la disminución en el costo del transporte. Estados Unidos empezó a importar crudo mexicano más barato que antes del acuerdo porque el TLC eliminó las tarifas; al reducir su dependencia del Medio Oriente Estados Unidos aumentó su seguridad. México se benefició en los sectores de consumo y de producción, con la reducción de precios de los enseres domésticos, artículos industriales y bienes de capital.
Con el abaratamiento de los bienes producidos en Norteamérica, la participación en los mercados doméstico y extranjero de las empresas en los tres países aumentó, generando más y mejores empleos. En EE.UU. y Canadá, las industrias de alta tecnología se vieron favorecidas, así como los servicios de consultoría técnica, industrial, financiera y de salud. Solamente, en Estados Unidos, el aumento en las exportaciones generó cerca de 5 millones de nuevos trabajos. En la industria automotriz el empleo aumentó 14.1% en tres años, mientras que los salarios aumentaron 5.6%.
El TLCAN estimuló el crecimiento económico de los tres socios, beneficiando en particular al sector agrícola de Estados Unidos, y la industria automotriz y los servicios de los tres países.
El aumento en la inversión fue significativo, empresarios nacionales y extranjeros invirtieron en México para disfrutar el acceso al mercado americano, aprovechándose de la regla de origen que indicaba que los productos para estar libres de aranceles y ser intercambiados entre las tres naciones deberían tener un contenido norteamericano de por lo menos un 62.5%.
La inversión extranjera en México se triplicó, gran parte de la cual era estadounidense. Empresas americanas invirtieron 452 mil millones de dólares en México y Canadá pero, lo interesante fue que invirtieron más en su propio país. Por ejemplo, las compañías automotrices americanas invirtieron 39 mil millones de dólares en Estados Unidos mientras que en México sólo invirtieron 3 mil millones.
Empresas mexicanas y canadienses, a su vez, invirtieron 240 mil millones de dólares en EE.UU., en especial en las actividades industriales, seguros y compañías bancarias. Con la apertura financiera que permitió el tratado, capital golondrino mexicano fue a parar a Estados Unidos, ayudando en los sectores de la construcción, producción de bienes intermedios y de capital.
El TLCAN permitió una reducción en los gastos gubernamentales al abaratarse el desarrollo de los proyectos públicos mediante la competencia entre las firmas de los tres países.
Costos
En cuanto a los costos del tratado, también se han identificado siete: 1) pérdidas de empleo, 2) debilitamiento de la fuerza sindical, 3) pérdidas de producción, 4) caída de los salarios, 5) reducción de fuentes de financiamiento, 6) deterioración ambiental y 7) pérdidas en el transporte de carga.
Debido a las ventajas salariales, varias empresas americanas trasladaron algunos segmentos de su cadena productiva a México; en particular, en la industria automotriz, textiles, aparatos eléctricos y computación. Se perdieron entre 500 mil a 750 mil empleos en las industrias manufactureras de California, Nueva York, Michigan y Texas. Industrias enteras que sobrevivían gracias a las políticas proteccionistas del gobierno federal, desaparecieron del mapa productivo de Estados Unidos.
Cabe hacer notar la dicotomía entre China y México. Varios de los empleos generados en China fueron creados por empresas de ese país al hacer quebrar a las empresas americanas con las que competían, perdiéndose fuentes de trabajo en EE.UU. Mientras que muchos empleos generados en México fueron gracias a las compañías americanas que se trasladaron al país cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos. Estas empresas, gracias al ahorro en sus costos de producción, pudieron sobrevivir y enfrentar la competencia China, reinvirtiendo sus ganancias en Estados Unidos y México, en una proporción de 92% en EE.UU. y 8% en México, creando más empleos con las nuevas inversiones que los que se perdieron por el traslado inicial. Aparte, hay que destacar que el déficit comercial de EE.UU. con China es cinco veces mayor al que tiene con México.
El poder de negociación de la mano de obra americana disminuyó después del tratado. Entre 1993 a 1995, trabajadores en el 50% de las empresas americanas afectadas informaron que no pudieron negociar aumentos salariales ante la amenaza ejecutiva de cerrar su empresa e irse a México. Este porcentaje aumentó al 65% en 1999.
Los trabajadores agrícolas, desempleados por el cierre de las empresas del campo desplazadas por los agricultores americanos, al buscar empleos en las empresas maquiladoras, deprimieron por varios años los sueldos y salarios de los obreros mexicanos.
Las pérdidas productivas en EE.UU. se debieron al traslado de varias empresas a México, mientras que las pérdidas de producción en México correspondieron a las importaciones agrícolas subsidiadas de Estados Unidos.
Los salarios en las empresas americanas intensivas en mano de obra de baja calificación disminuyeron en EE.UU. Este fenómeno también afectó a México, disminuyendo el nivel de vida de las familias del campo. También, el incremento en la oferta laboral deprimió los salarios de los obreros en las maquiladoras y empresas productivas en México.
La apertura en el sector financiero, permitió el libre movimiento de capitales, lo cual redujo en México la oferta de financiamiento interno. Los empresarios y adinerados mexicanos enviaron parte de su capital a Nueva York como una especie de seguro de protección ante posibles crisis e incertidumbre. Eso aumentó el costo del dinero para financiar las actividades en el sector industrial y de la construcción en México. La crisis financiera que vivió México en 1994-95 fue más profunda que lo que hubiera sido sin esa fuga de capitales.
La transferencia de empresas americanas y canadienses a México tuvieron un fuerte impacto negativo en el medio ambiente, dado que las normas ambientales en México eran menos estrictas. Las empresas bajaron sus costos por una mano de obra más barata, y por el ahorro de costos para la mitigación ambiental. La deterioración ambiental en la frontera fue significativa.
El sector transportista en México fue seriamente afectado al negársele el beneficio ya acordado en la de negociación del TLC de permitir la entrada de camiones mexicanos a Estados Unidos. El argumento usado fue que los transportistas mexicanos representaban un riesgo para la seguridad del transporte carretero en Estados Unidos. Éste fue un argumento a todas luces proteccionista empleado por los transportistas americanos que el Congreso americano recogió y apoyó, cerrando la frontera al auto transporte mexicano. Esta prohibición aumentó los tiempos y costos del transporte entre México y Estados Unidos al tener que intercambiar la carga en la frontera a los camiones del otro país.
Respuestas
En cuanto a la primera pregunta sobre si el tratado había perjudicado más que beneficiado a EE.UU., la respuesta es un categórico NO. A todas luces el impacto ha tenido un impacto neto positivo en (1) el crecimiento económico de los tres países, (2) la modernización de su estructura económica, (3) la productividad y competitividad de Norteamérica, (4) las exportaciones, (5) el empleo, (6) la inversión, y (7) la reducción de costos y precios.
Aún cuando las estimaciones pueden cambiar, todos los estudiosos de la materia reconocen que ha habido un aumento en la tasa de crecimiento de Estados Unidos por lo menos de medio punto porcentual al año, en México entre el 1 al 2% y en Canadá entre 0.5 a 1.5%.
En EE.UU. se produjo un reacomodo gradual de las actividades intensivas en mano de obra hacia las actividades intensivas en conocimientos, mejorando las oportunidades para los empleados más calificados. En Canadá el tratado permitió la reafirmación de sus ventajas comparativas, tales como en las industrias madereras, las aeronaves, los metales y las aleaciones. El nivel de precios al consumidor y al mayoreo disminuyó en los tres países, permitiendo el aumento en el ingreso disponible de las familias y el menor costo de desarrollo de nuevos proyectos.
En cuanto a la segunda pregunta de qué es lo que pasaría si se llegase a terminar el TLCAN, la obvia respuesta es que los tres países sufrirían debido a las trabas para el intercambio, el aumento en las tarifas y aranceles, lo que conduciría a una pérdida relativa en la fortaleza comercial de la zona, en la competitividad y productividad de sus industrias y en el dinamismo y orientación de su crecimiento.
Las consecuencias en México serían económicas, sociales y políticas. En el corto y mediano plazo habría una disminución en el crecimiento económico, reducción en las exportaciones, aumento de costos y precios, caída en la inversión extranjera y pérdida de valor del peso. Los sectores más afectados serían los textiles, ropa, maquinaria pesada y la industria automotriz. México perdería casi un millón de puestos de trabajo. En el mediano y largo plazo, un México que crece poco o nada es un país en el que se exacerban las condiciones de marginación y de descontento popular.
Es cierto que Canadá también sufriría las consecuencias de la terminación del tratado, pero probablemente serían menores que las de sus dos socios, dado que tiene buenas opciones para redirigir sus necesidades comerciales a otros países, en especial el Reino Unido y Europa. Canadá perdería poco más de 125 mil empleos.
Las consecuencias en EE.UU. serían significativas, perdiendo competitividad con el resto del mundo. Estados Unidos perdería alrededor de 250 mil puestos de trabajo. Poco a poco la tendencia observada antes de la entrada en vigor del tratado, de la salida de las empresas y productos americanos de los mercados europeos y asiáticos se volvería a acentuar gradualmente, perdiendo mercados no solamente fuera de Estados Unidos, sino también dentro del propio país. Esto sería más pronunciado en las ramas automotrices, aéreoespaciales, electrodomésticos y computación. El consumidor norteamericano tendría que pagar más por los alimentos y la energía.
Aparte de que Estados Unidos enviaría al resto del mundo una pésima señal de su baja o nula confiabilidad como nación soberana, además de que su liderazgo comercial, económico, industrial y tecnológico se vería cada vez más reducido y desafiado por China. EE.UU. pasaría de haber controlado la zona comercial más grande del mundo a la tercera posición después de la Unión Europea y China.
En cuanto a la tercera pregunta acerca de si los beneficios del TLC compensan sus costos, la respuesta es un rotundo SI. En los casi 24 años de operación del tratado, los beneficios para los tres países han sido relevantes. La economía americana evitó su descenso acelerado al recuperar su posición como una de las primeras potencias comerciales del mundo. La economía canadiense alcanzó los primeros lugares de competitividad en el planeta, mientras que la economía mexicana no sólo mantuvo un crecimiento positivo a pesar de sus muchos obstáculos y desafíos manteniéndose como una de las principales economías emergentes de mayor exportación en el mundo.
Conclusión
Una apertura comercial o un tratado de libre comercio para ser sustentables necesitan que sus beneficios no solamente sean superiores a sus costos, sino que existan además los mecanismos para poder compensar a aquellos grupos y sectores perjudicados por el tratado. Aparte, la única manera válida para legitimar una apertura comercial ante la sociedad es la de comprobar que el país va a estar mejor con el tratado que sin él.
El TLCAN ha sido fundamental para mantener el vigor económico de Norteamérica; es el clásico arreglo “ganar, ganar y ganar” para los tres socios. Resulta de sentido común que la renegociación promovida por Donald Trump tendría que haberse enfocado a modernizar, profundizar y extender las áreas económicas para mejorar el bienestar y potencial de Norteamérica. Sin embargo, la visión restringida de concentrarse en el déficit comercial como la guía rectora, hizo que las cuatro rondas de negociación del TLCAN fracasaran.
Las propuestas disparatadas de los negociadores americanos iban en contra del propio espíritu del tratado –lograr mayores beneficios para los tres socios– proponiendo beneficiar más a EE.UU. a costa de los demás. Dentro de esas propuestas absurdas destacaban (1) la elevación de la regla de origen del sector automotriz de 62.5% a 85%, incluyendo 50% de insumos estadounidenses, (2) la llamada cláusula ocaso que llevaría a la renegociación del tratado cada cinco años, y (3) la eliminación de los paneles de arbitraje para las disputas comerciales. Lo absurdo e injusto de estas propuestas hizo pensar a muchos que tenían el único fin de provocar que Canadá y México se retiraran de las negociaciones, puesto que EE.UU. no quería afrontar el costo político de ser ellos los que terminaran con el tratado.
La pregunta que nos podríamos plantear, dado los malos resultados de las cuatro mesas de negociación del TLCAN es, y ahora ¿qué sigue?
Hay dos escenarios a futuro: con y sin Donald Trump. El “escenario con Trump” es el de seguir con las negociaciones con una actitud prudente y tolerante, pero firme, evitando ser los primeros en levantarse de la mesa. Si el tratado se termina, que sea a iniciativa de la administración de Trump. En el “escenario sin Trump”, seguramente se podrá renegociar y modernizar el TLCAN de manera sensata y en beneficio de los tres socios.
México tendrá que vivir tres años más con la incertidumbre y agravios de la administración Trump. A pesar de que las circunstancias nos cerraron la puerta, también nos abrieron una ventana. Es momento para enfocarnos a resolver nuestros problemas internos, todos relacionados con los malos gobiernos. Nuestro sistema político –con la figura de los candidatos independientes– nos abre un nuevo capítulo en la transparencia para la toma de decisiones de los tres poderes, los tres niveles de gobierno, las autoridades y las instituciones. Un funcionario bajo constante escrutinio es más difícil que abuse y robe o que haga mal o no haga su trabajo.
La esperanza de este economista es que México y Canadá se lleguen a sentar con la próxima administración de EE.UU. a renegociar un nuevo TLC que incluya el libre movimiento de los bienes y servicios, incluyendo la fuerza de trabajo en toda la zona de Norteamérica. El próximo TLCAN debería modernizarse, profundizarse y extenderse para lograr una verdadera unión económica y comercial en los tres países. Pero, se necesita un Estados Unidos más receptivo y menos chovinista, así como un México más honesto, menos corrupto y menos impune. Ese es el México, honesto y honorable, al que todos los mexicanos aspiramos.
Los Pros y Cons del TLCAN
Concepto
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Pros
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Cons
|
Valió la pena
|
Comercio
|
Aumentó
|
Si
|
|
Producción
|
Aumentó
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1) Disminuyó en EE.UU. en las industrias intensivas
en mano de obra y las industrias protegidas;
2) La producción agropecuaria en México disminuyó al
no poder competir con los productos americanos subsidiados
|
Si
|
Empleo
|
1) Generó 5 millones de trabajos en EE.UU.;
2) Creó miles de empleos en México en las
maquiladoras de partes automotrices, electrónicos y computación
|
1) 682,900 puestos de trabajo se perdieron en el
sector manufacturero estadounidense;
2) Miles de trabajos se perdieron en el sector
agropecuario mexicano
|
Si
|
Salarios
|
Salario promedio aumentó
|
1) Empresas en EE.UU. suprimieron alza de salarios;
2) Disminuyeron salarios de los trabajadores en las
maquiladoras
|
Si
|
Inversión
|
Aumentó en los tres países
|
Fuga de capital mexicano hacia EE.UU.
|
Si
|
Petróleo
|
1) Los costos disminuyeron en EE.UU.;
2) Aumentó la seguridad americana
|
Si
|
|
Servicios
|
EE.UU. exportó financiamiento y servicios de salud
|
Si
|
|
Gastos capital gobierno
|
Disminución gracias al aumento en la competencia
|
Si
|
|
Alimentos
|
Los precios al consumidor disminuyeron en los 3
países
|
1) Agricultores americanos recibieron subsidios;
2) Empresarios agrícolas mexicanos quebraron
|
No
|
Trabajadores
|
1) Trabajadores americanos perdieron poder de
negociación;
2) Trabajadores mexicanos fueron sobreexplotados
|
No
|
|
Auto Transporte
|
1) Prohibición americana al libre tránsito de
camiones mexicanos;
2) Traslado de carga en la frontera a camiones de
EE.UU.;
3) Demoras y mayores costos
|
No
|
|
Medio ambiente
|
EE.UU. mejoró su medio ambiente
|
En México se deterioró
|
No
|
miércoles, octubre 11, 2017
¿Cómo afectará a México la terminación del TLCAN?
Se han puesto a pensar ¿cómo los va afectar la terminación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)?
Si piensan que la terminación del tratado no los va a afectar, o que los va a afectar de manera positiva, piensen de nuevo. La desaparición del TLC nos va afectar negativamente en el corto y mediano plazo.
El TLC ha venido funcionando como una válvula de escape por 23 años para los principales problemas de México, tales como: desempleo, baja inversión, baja productividad laboral, bajo crecimiento del ingreso familiar, concentración de la riqueza, corrupción, inseguridad, etcétera. El TLC nos ha permitido crecer entre uno a dos puntos porcentuales por arriba de lo que normalmente hubiéramos crecido. Sin el tratado, México va a vivir momentos caóticos y desafiantes.
Las próximas elecciones se darán en un contexto de incertidumbre económica y de creciente descontento popular, condiciones fértiles para que llegue a la presidencia nuestro mesías tropical y populista iletrado, AMLO.
Piensen en un México que crece por debajo del aumento de la población, manejado por gobernantes ineptos y corruptos, con una inseguridad creciente por la falta de empleos y caída del ingreso real. Un Estados Unidos cada vez más difícil de entrar para los trabajadores mexicanos, y de penetrar para el crimen organizado… que se volcará a operar en México.
Estos y algunos otros serán los efectos de la terminación del TLC.
No hay duda de que EU va perder crecimiento y posición competitiva en el mundo, cediendo terreno a las zonas comerciales de Asia y Europa. El TLCAN les ha venido dando mayor competitividad a varias empresas americanas al trasladar parte de sus cadenas de producción a México aprovechando economías de escala y de especialización, así como menores costos laborales. Un Estados Unidos débil comercial y económicamente es un Estados Unidos peligroso militarmente, porque puede ser seducido por acciones bélicas a fin de mantener su liderazgo y estimular su economía.
México va a tener que rehacer todas sus normas y procedimientos en sus relaciones con Estados Unidos. Los procedimientos en la frontera más transitada y movida del planeta van a tener que cambiar; las colas para cruzar no se medirán en horas, sino en días y hasta semanas, y los empresarios mexicanos verán una caída en sus negocios que todos lamentaran.
Claro, eso es consecuencia de elegir a una persona inepta e irracional a la presidencia del país más poderoso del mundo. Donald Trump piensa que el TLCAN es el peor tratado comercial de la historia de EU, sin tener la más mínima y remota idea de que se trata. Tristemente, Trump es un hombre sin visión ni plan a largo plazo, que entiende mucho menos de lo que le ha hecho pensar a sus seguidores. Cree que el comercio internacional es peligroso e innecesario, yendo en contra de toda la teoría e historia económica, piensa que no es necesario competir de igual a igual cuando se es más fuerte que el contrario. Por ello, Trump pretende construir muros, acabar acuerdos y pelearse con quien sea.
Probablemente, la historia bautizará a la administración de Trump como la administración del abandono (Tratado de Asociación Transpacífico "TPP", Acuerdo de París, Unesco, TLCAN y otros) y de la autarquía (EU primero).
Si piensan que la terminación del tratado no los va a afectar, o que los va a afectar de manera positiva, piensen de nuevo. La desaparición del TLC nos va afectar negativamente en el corto y mediano plazo.
El TLC ha venido funcionando como una válvula de escape por 23 años para los principales problemas de México, tales como: desempleo, baja inversión, baja productividad laboral, bajo crecimiento del ingreso familiar, concentración de la riqueza, corrupción, inseguridad, etcétera. El TLC nos ha permitido crecer entre uno a dos puntos porcentuales por arriba de lo que normalmente hubiéramos crecido. Sin el tratado, México va a vivir momentos caóticos y desafiantes.
Las próximas elecciones se darán en un contexto de incertidumbre económica y de creciente descontento popular, condiciones fértiles para que llegue a la presidencia nuestro mesías tropical y populista iletrado, AMLO.
Piensen en un México que crece por debajo del aumento de la población, manejado por gobernantes ineptos y corruptos, con una inseguridad creciente por la falta de empleos y caída del ingreso real. Un Estados Unidos cada vez más difícil de entrar para los trabajadores mexicanos, y de penetrar para el crimen organizado… que se volcará a operar en México.
Estos y algunos otros serán los efectos de la terminación del TLC.
No hay duda de que EU va perder crecimiento y posición competitiva en el mundo, cediendo terreno a las zonas comerciales de Asia y Europa. El TLCAN les ha venido dando mayor competitividad a varias empresas americanas al trasladar parte de sus cadenas de producción a México aprovechando economías de escala y de especialización, así como menores costos laborales. Un Estados Unidos débil comercial y económicamente es un Estados Unidos peligroso militarmente, porque puede ser seducido por acciones bélicas a fin de mantener su liderazgo y estimular su economía.
México va a tener que rehacer todas sus normas y procedimientos en sus relaciones con Estados Unidos. Los procedimientos en la frontera más transitada y movida del planeta van a tener que cambiar; las colas para cruzar no se medirán en horas, sino en días y hasta semanas, y los empresarios mexicanos verán una caída en sus negocios que todos lamentaran.
Claro, eso es consecuencia de elegir a una persona inepta e irracional a la presidencia del país más poderoso del mundo. Donald Trump piensa que el TLCAN es el peor tratado comercial de la historia de EU, sin tener la más mínima y remota idea de que se trata. Tristemente, Trump es un hombre sin visión ni plan a largo plazo, que entiende mucho menos de lo que le ha hecho pensar a sus seguidores. Cree que el comercio internacional es peligroso e innecesario, yendo en contra de toda la teoría e historia económica, piensa que no es necesario competir de igual a igual cuando se es más fuerte que el contrario. Por ello, Trump pretende construir muros, acabar acuerdos y pelearse con quien sea.
Probablemente, la historia bautizará a la administración de Trump como la administración del abandono (Tratado de Asociación Transpacífico "TPP", Acuerdo de París, Unesco, TLCAN y otros) y de la autarquía (EU primero).
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lunes, octubre 02, 2017
Puño en alto a victimas del tiroteo en Las Vegas, torpeza española ante referéndum catalán, insensibilidad de Trump ante sufrimiento de Puerto Rico, debate post-S19 sobre financiamiento a los partidos
El lunes 2 de octubre despertamos con muchas noticias: el tiroteo en el concierto de Las Vegas, la represión del referéndum independentista en Cataluña, los ataques de Trump a quienes lo han acusado de tardar en ayudar a Puerto Rico y el debate post S19 sobre el financiamiento a los partidos.
El tiroteo masivo en Las Vegas rebasa al entendimiento humano. Imagínense estar divirtiéndose tranquilamente en un concierto de música y de repente un loco les empieza a disparar sin ton ni son… Independientemente de cuál fuera la razón de este psicópata asesino, porque no hay razón alguna que pueda justificar semejante acto de barbarie, me pregunto: ¿sería posible este mortal ataque si la venta y uso de las armas semiautomáticas estuvieran prohibidas?
Hay que reconocer que el fácil acceso a las armas no es solamente la única ni la principal razón de este tiroteo. Los suizos, al no tener ejército regular, entrenan a cada adulto en el uso de las armas, convocándolo a mantener una en su hogar para ser usada en caso de tener que defender a su país. Sin embargo, los suizos no usan estas armas en contra de sus connacionales, mientras que Estados Unidos con el 5% de la población mundial produce más del 30% de los tiroteos masivos.
¿Qué hace diferentes a los americanos de la gente de otras naciones en donde se permite la posesión de las armas? No sé cuál será la respuesta, pero no tengo dudas de que sería menor el número de muertes si hubiera prohibición en la venta de cierto tipo de armas. ¿Se podrían ustedes imaginar a cuánto ascendería el número de fatalidades si la solicitud de la NRA de permitir la venta de silenciadores se hubiera aprobado? Escapa a la imaginación.
Nuestro puño en alto en signo de apoyo a las víctimas y sus familiares de esta insensata balacera.
Independientemente de que estemos o no a favor de la independencia de Cataluña, la decisión del gobierno de Rajoy de reprimir el referéndum independentista fue un error histórico. Lo mejor que podría haber hecho el gobierno español es dejar las cosas correr. Los catalanes tienen todo el derecho a la libertad de expresar sus preferencias, nadie puede decidir por ellos; si se equivocan, ellos tendrán que sufrir las consecuencias. La mejor forma de combatir un movimiento separatista es a través de los mecanismos de expresión popular, ya sea mediante elecciones, referéndum o encuestas. Mientras los catalanes no estuvieran atentado en contra de terceros bloqueando vialidades, secuestrando autobuses o quemando camiones, el gobierno debería de haberles permitido su referéndum. Es preferible que los movimientos extremos fallezcan por inanición, que darles motivo para tener nuevos mártires.
Donald Trump se ha tardado en ayudar a los puertorriqueños después de la devastación del huracán María. Cuando la alcaldesa de Puerto Rico señaló su tardanza, Trump –mientras descansaba en su club de golf– reaccionó atacando a la alcaldesa diciendo que era una líder incapaz y a los portorriqueños que eran unos flojos en espera a que otros hicieran su trabajo. Trump manifiesta su antipatía contra los latinos, poniendo en evidencia que los puertorriqueños solamente están un poquito abajo en su escala de animadversión que los mexicanos. Me parece recordar que en alguna ocasión dijo "los mexicanos mas sucios y ladrones vienen de Puerto Rico." Trump es el claro ejemplo de que es imposible sostener un diálogo maduro con una persona intolerante y agresiva reactiva, una persona que no acepta equivocarse y no reconoce sus errores se cierra a la posibilidad de aprender de ellos.
No hay duda, el terremoto S19 abrirá la puerta a cambios políticos e institucionales en México. El tema de debate es el financiamiento oficial a los partidos políticos ¿debe continuar o suspenderse? Considero necesario que el financiamiento continúe, probablemente a menor nivel, pero nunca debe ser totalmente privado, pues se correría el peligro de que cada grupo de poder, dentro o al margen de la ley, adquiriera su propio partido. El financiamiento oficial nivela el campo de juego entre los partidos pobres y ricos, de izquierda y de derecha, y evita de que la democracia sea capturada por los poderosos, reduciendo así las posibilidades de una plutocracia.
El tiroteo masivo en Las Vegas rebasa al entendimiento humano. Imagínense estar divirtiéndose tranquilamente en un concierto de música y de repente un loco les empieza a disparar sin ton ni son… Independientemente de cuál fuera la razón de este psicópata asesino, porque no hay razón alguna que pueda justificar semejante acto de barbarie, me pregunto: ¿sería posible este mortal ataque si la venta y uso de las armas semiautomáticas estuvieran prohibidas?
Hay que reconocer que el fácil acceso a las armas no es solamente la única ni la principal razón de este tiroteo. Los suizos, al no tener ejército regular, entrenan a cada adulto en el uso de las armas, convocándolo a mantener una en su hogar para ser usada en caso de tener que defender a su país. Sin embargo, los suizos no usan estas armas en contra de sus connacionales, mientras que Estados Unidos con el 5% de la población mundial produce más del 30% de los tiroteos masivos.
¿Qué hace diferentes a los americanos de la gente de otras naciones en donde se permite la posesión de las armas? No sé cuál será la respuesta, pero no tengo dudas de que sería menor el número de muertes si hubiera prohibición en la venta de cierto tipo de armas. ¿Se podrían ustedes imaginar a cuánto ascendería el número de fatalidades si la solicitud de la NRA de permitir la venta de silenciadores se hubiera aprobado? Escapa a la imaginación.
Nuestro puño en alto en signo de apoyo a las víctimas y sus familiares de esta insensata balacera.
Independientemente de que estemos o no a favor de la independencia de Cataluña, la decisión del gobierno de Rajoy de reprimir el referéndum independentista fue un error histórico. Lo mejor que podría haber hecho el gobierno español es dejar las cosas correr. Los catalanes tienen todo el derecho a la libertad de expresar sus preferencias, nadie puede decidir por ellos; si se equivocan, ellos tendrán que sufrir las consecuencias. La mejor forma de combatir un movimiento separatista es a través de los mecanismos de expresión popular, ya sea mediante elecciones, referéndum o encuestas. Mientras los catalanes no estuvieran atentado en contra de terceros bloqueando vialidades, secuestrando autobuses o quemando camiones, el gobierno debería de haberles permitido su referéndum. Es preferible que los movimientos extremos fallezcan por inanición, que darles motivo para tener nuevos mártires.
Donald Trump se ha tardado en ayudar a los puertorriqueños después de la devastación del huracán María. Cuando la alcaldesa de Puerto Rico señaló su tardanza, Trump –mientras descansaba en su club de golf– reaccionó atacando a la alcaldesa diciendo que era una líder incapaz y a los portorriqueños que eran unos flojos en espera a que otros hicieran su trabajo. Trump manifiesta su antipatía contra los latinos, poniendo en evidencia que los puertorriqueños solamente están un poquito abajo en su escala de animadversión que los mexicanos. Me parece recordar que en alguna ocasión dijo "los mexicanos mas sucios y ladrones vienen de Puerto Rico." Trump es el claro ejemplo de que es imposible sostener un diálogo maduro con una persona intolerante y agresiva reactiva, una persona que no acepta equivocarse y no reconoce sus errores se cierra a la posibilidad de aprender de ellos.
No hay duda, el terremoto S19 abrirá la puerta a cambios políticos e institucionales en México. El tema de debate es el financiamiento oficial a los partidos políticos ¿debe continuar o suspenderse? Considero necesario que el financiamiento continúe, probablemente a menor nivel, pero nunca debe ser totalmente privado, pues se correría el peligro de que cada grupo de poder, dentro o al margen de la ley, adquiriera su propio partido. El financiamiento oficial nivela el campo de juego entre los partidos pobres y ricos, de izquierda y de derecha, y evita de que la democracia sea capturada por los poderosos, reduciendo así las posibilidades de una plutocracia.
miércoles, septiembre 27, 2017
Del terremoto, de los héroes y villanos del momento
La pregunta que a muchos nos inquieta es ¿por qué tantos edificios, construidos después del año 1985, se desplomaron o quedaron en tan mal estado? Después del mortal sismo del 19 septiembre de ese año, se aprobó una nueva normatividad que elevaba los criterios de seguridad para las nuevas construcciones, con normas, códigos y técnicas antisísmicas. Por lo que, las autoridades han declarado que todas estas construcciones posteriores a la emisión de la normatividad que se dañaron o cayeron durante el terremoto del 19 de septiembre de este año van a ser investigadas, y, si llegaran a encontrar irregularidades, los responsables van a ser procesados con todo el rigor de la ley. No queremos ser cínicos o incrédulos, pero pensamos que todas estas investigaciones se alargarán en el tiempo, los procesos van a conducirse con poca transparencia y los responsables –como casi siempre–escaparán de la justicia… Hay muchas autoridades del pasado y presente involucradas.
La tragedia de los dos terremotos nos dio a los mexicanos la oportunidad para reencontrarnos con la fuerza de la unión, solidaridad y generosidad. Todos quisiéramos que lo bueno que vimos de la gente, de los jóvenes y de los rescatistas continuara, desplazando todo lo malo a lo que, como mexicanos, nos hemos acostumbrado a vivir en silencio. Las acciones de desprendimiento, sacrificio y amor fueron prueba de que existen más mexicanos buenos que malos. Claro, está en nuestra naturaleza como seres humanos el quejarnos y criticar que el pan de ayer está duro, pero se nos olvida que es más duro no tener pan. Ante la tragedia, todos los que pudimos ayudamos y donamos en la medida de nuestras posibilidades, tratando de que los afectados por el sismo tuvieran algo para comer y beber.
Infortunadamente siempre habrá gente ruin que tratará de lucrar con el sufrimiento e infortunio ajeno. Así como algunas esposas de gobernadores directoras del DIF trataron de acaparar y controlar la ayuda que las familias mexicanas donaron. Afortunadamente algunas de estas alimañas fueron denunciadas y puestas en evidencia en las redes sociales, disminuyendo y evitándose sus acciones arbitrarias y leoninas. El ejército, desgraciadamente, también hizo algo parecido al impedir que aterrizara un avión particular con ayuda enviada por otros compatriotas… supuestamente porque querían que las despensas llegaran a sus bodegas, a lo que los donantes se opusieron porque querían asegurarse de que su ayuda fuera realmente a los damnificados.
Otras personas escondidas detrás de sus monitores y celulares iniciaron rumores falsos sobre supuestos desperfectos en el periférico, o de una donación rusa de 20 millones de euros para los damnificados, o de abusos cometidos por la marina de arrasar con maquinaria pesada edificios caídos con sobrevivientes adentro, etcétera. Muchos de estos mensajes se volvieron virales provocando la indignación de la gente que los creyó de buena fe. Estos ociosos bichos crearon más sufrimiento e incertidumbre por el solo placer de ver que sus mentiras se propagarían por todo el país.
Algo que sorprendió fue que no hayamos visto a ninguno de los expresidentes apoyando en las labores de remoción de escombros o levantamiento de fondos para los afectados. Quién sabe, a la mejor temieron por su seguridad, o posiblemente les dio miedo estar hombro con hombro con el pueblo, o quizás el presidente en funciones les pidió que no le hicieran sombra.
¿Quiénes fueron los héroes del momento, aquellos que nos gustará recordar en el futuro como “los buenos”? Lo primero que seguramente se nos viene a la mente son los rescatistas, personas de todo tipo, desde los oficiales como los bomberos y soldados, hasta los voluntarios como los topos y aquellos jóvenes de ambos sexos que, en lugar de correr y esconderse, acudieron a los lugares de desastre a ayudar, a encontrar sobrevivientes, a remover el escombro, a entregar despensas, y a ofrecer sus servicios solo a cambio de la satisfacción de ayudar. Estos chicos del milenio, nacidos entre 1980 y 2005, con edades entre 16 a 29 años, frecuentemente acusados de ser materialistas y egoístas, que no recuerdan un mundo sin internet, dieron la cara con valentía, entereza y decisión. Esos mismos que se organizaron con sus celulares mediante mensajes en WhatsApp, Facebook y Twitter lanzando la invitación para unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos por los demás. Estos rescatistas que dieron muestra de generosidad y solidaridad son mis primeros héroes.
Mis otros héroes ladran y llevan botitas en sus cuatro patas, son los perros rescatistas cuyos nombres difícilmente vamos olvidar, Frida, Evil, Eco, Titán y Humo, perros que salvaron muchas, pero muchas vidas. También hay que reconocer a estos grandes jóvenes y brillantes actores Diego Luna y Gael García quienes promovieron la donación de recursos para ayudar a la reconstrucción. Claro, no podemos olvidar la maravilla del apoyo internacional gritando ¡GRACIAS Israel, Japón, Chile, Estados Unidos, España, Honduras, Venezuela, Panamá, Colombia y Argentina, entre otros!
La lección de estas tragedias es que ante una desdicha, las palabras no son tan necesarias como el acompañamiento en silencio y el apoyo solidario de nuestros compatriotas. Todos vamos a recordar aquel puño en alto, no como un signo de odio ni de venganza, sino como signo de vida, como señal de guardar silencio para salvar una vida.
Dios siempre perdona, el hombre a veces, pero ¡la Naturaleza NUNCA!
La tragedia de los dos terremotos nos dio a los mexicanos la oportunidad para reencontrarnos con la fuerza de la unión, solidaridad y generosidad. Todos quisiéramos que lo bueno que vimos de la gente, de los jóvenes y de los rescatistas continuara, desplazando todo lo malo a lo que, como mexicanos, nos hemos acostumbrado a vivir en silencio. Las acciones de desprendimiento, sacrificio y amor fueron prueba de que existen más mexicanos buenos que malos. Claro, está en nuestra naturaleza como seres humanos el quejarnos y criticar que el pan de ayer está duro, pero se nos olvida que es más duro no tener pan. Ante la tragedia, todos los que pudimos ayudamos y donamos en la medida de nuestras posibilidades, tratando de que los afectados por el sismo tuvieran algo para comer y beber.
Infortunadamente siempre habrá gente ruin que tratará de lucrar con el sufrimiento e infortunio ajeno. Así como algunas esposas de gobernadores directoras del DIF trataron de acaparar y controlar la ayuda que las familias mexicanas donaron. Afortunadamente algunas de estas alimañas fueron denunciadas y puestas en evidencia en las redes sociales, disminuyendo y evitándose sus acciones arbitrarias y leoninas. El ejército, desgraciadamente, también hizo algo parecido al impedir que aterrizara un avión particular con ayuda enviada por otros compatriotas… supuestamente porque querían que las despensas llegaran a sus bodegas, a lo que los donantes se opusieron porque querían asegurarse de que su ayuda fuera realmente a los damnificados.
Otras personas escondidas detrás de sus monitores y celulares iniciaron rumores falsos sobre supuestos desperfectos en el periférico, o de una donación rusa de 20 millones de euros para los damnificados, o de abusos cometidos por la marina de arrasar con maquinaria pesada edificios caídos con sobrevivientes adentro, etcétera. Muchos de estos mensajes se volvieron virales provocando la indignación de la gente que los creyó de buena fe. Estos ociosos bichos crearon más sufrimiento e incertidumbre por el solo placer de ver que sus mentiras se propagarían por todo el país.
Algo que sorprendió fue que no hayamos visto a ninguno de los expresidentes apoyando en las labores de remoción de escombros o levantamiento de fondos para los afectados. Quién sabe, a la mejor temieron por su seguridad, o posiblemente les dio miedo estar hombro con hombro con el pueblo, o quizás el presidente en funciones les pidió que no le hicieran sombra.
¿Quiénes fueron los héroes del momento, aquellos que nos gustará recordar en el futuro como “los buenos”? Lo primero que seguramente se nos viene a la mente son los rescatistas, personas de todo tipo, desde los oficiales como los bomberos y soldados, hasta los voluntarios como los topos y aquellos jóvenes de ambos sexos que, en lugar de correr y esconderse, acudieron a los lugares de desastre a ayudar, a encontrar sobrevivientes, a remover el escombro, a entregar despensas, y a ofrecer sus servicios solo a cambio de la satisfacción de ayudar. Estos chicos del milenio, nacidos entre 1980 y 2005, con edades entre 16 a 29 años, frecuentemente acusados de ser materialistas y egoístas, que no recuerdan un mundo sin internet, dieron la cara con valentía, entereza y decisión. Esos mismos que se organizaron con sus celulares mediante mensajes en WhatsApp, Facebook y Twitter lanzando la invitación para unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos por los demás. Estos rescatistas que dieron muestra de generosidad y solidaridad son mis primeros héroes.
Mis otros héroes ladran y llevan botitas en sus cuatro patas, son los perros rescatistas cuyos nombres difícilmente vamos olvidar, Frida, Evil, Eco, Titán y Humo, perros que salvaron muchas, pero muchas vidas. También hay que reconocer a estos grandes jóvenes y brillantes actores Diego Luna y Gael García quienes promovieron la donación de recursos para ayudar a la reconstrucción. Claro, no podemos olvidar la maravilla del apoyo internacional gritando ¡GRACIAS Israel, Japón, Chile, Estados Unidos, España, Honduras, Venezuela, Panamá, Colombia y Argentina, entre otros!
La lección de estas tragedias es que ante una desdicha, las palabras no son tan necesarias como el acompañamiento en silencio y el apoyo solidario de nuestros compatriotas. Todos vamos a recordar aquel puño en alto, no como un signo de odio ni de venganza, sino como signo de vida, como señal de guardar silencio para salvar una vida.
Dios siempre perdona, el hombre a veces, pero ¡la Naturaleza NUNCA!
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