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martes, abril 08, 2014

Diezmo, Corrupción, Pemex y Oceanografía

Durante las últimas semanas han salido varias noticias impactantes sobre corrupción y abusos de autoridad en México. En éste artículo hablo sobre Oceanografía y la corrupción en Pemex. En artículos posteriores trataré otros casos de corrupción insultante que aparecieron en los medios, a saber: Línea 12 del Metro y los “maestros aviadores”. Menciono sólo estos casos, pero ustedes amables lectores, seguramente han vivido en carne propia cientos, si no miles de casos de corrupción e impunidad.

Eran los años 90, acababa de caer la cortina de hierro cuando me tocó ir como representante de un organismo internacional a la República de Georgia, antes parte de la Unión Soviética. Ahí conocí a un simpático sinvergüenza que la gente apodaba “El Diez-Centavos”. Al preguntar por qué lo llamaban así, me respondieron mis contrapartes que era porque se llevaba diez centavos de dólar por cada barril de petróleo importado. Me acuerdo que me preguntaba, ¿cómo puede un país avanzar con semejantes niveles de corrupción e impunidad?, y decía para mis adentros que en México había corrupción, pero no hasta tales magnitudes, concluyendo que esa era una de las principales razones por las cuales los ex países de la Unión Soviética iban a tardar tanto tiempo en avanzar.

Racionalmente uno hubiera esperado que con el cambio del PRI al PAN la honradez y transparencia iban a aumentar por el temor a que la oposición, cuando llegara al poder, denunciaría los actos de corrupción y abuso de poder del gobierno anterior. Pero curiosamente esto no ha sido el caso, pasamos de ser un país dominado por un partido a un partidocracia donde los partidos políticos hacen, deshacen y se reparten el país a su antojo. Los unos protegen a los otros en un acuerdo secreto firmado por el temor a que les descubran sus fechorías anteriores y actuales. Todos parece que tienen cola que les pisen.

Han pasado dos décadas de mi visita a Georgia y ahora veo que México no solamente ha alcanzado dichos niveles de corrupción, sino que probablemente los ha rebasado considerando lo que estamos viviendo y lo que hemos vivido. Recuerden el caso de Raúl Salinas llamado el señor diez por ciento por la comisión que cobraba a sus clientes para conseguirles millonarios contratos públicos. Ahora, consideren los casos más recientes de corrupción que pasaron durante lo que se ha venido a llamar la Docena Trágica, los sexenios del Vicente Fox y Felipe Calderón. La historia de Oceanografía con Pemex se remonta al 2003 y está asociada a los hijos de Marta Sahagún. Ahora ya no se habla del 10 por ciento, sino del 30 hasta el 35 por ciento... dejando muy atrás el antiguo diezmo religioso.

Las comisiones especiales del legislativo para investigar los actos de la corrupción han servido tan solo para la guerra verbal entre partidos y muy poco para encontrar y castigar a los culpables. Las autoridades dan la impresión que no quieren encontrar la verdad, que quieren tapar el sol con un dedo y que fingen investigar solo para que al pasar el tiempo, no encuentren nada, la gente se olvide y las cosas sigan igual o peor que antes.

Para muestra un botón: ¿cómo pueden los responsables de investigar la corrupción ser a la vez juez y parte? Pemex no nos va a decir nada arguyendo que es información reservada y confidencial. La Procuraduría General de la República va a decir que es una investigación complicada y demorada. Excusas para no hacer nada y proteger a los culpables.

Un buen mecanismo de investigación requiere cumplir con ciertos requisitos básicos: (1) independencia y autonomía, (2) imparcialidad y transparencia, (3) poder y autoridad, y (4) seguridad y remuneración. En efecto, los miembros de un buen equipo de investigación deben ser nombrados para tal fin y ser independientes de las autoridades políticas y de los principales actores involucrados en el acto de corrupción. Las fuentes de los recursos para su funcionamiento deben estar aseguradas y no depender de los organismos involucrados. La estructura del equipo ser integral, debe poder investigar e impartir justicia, debe funcionar de manera policial y judicial. Sus conclusiones y pruebas deben darse a conocer de manera transparente. Su personal debe estar protegido y pagársele adecuadamente. Su figura institucional debe incorporar expertos, agentes federales y jueces, los cuales, durante el periodo de la investigación, estarían fuera –tendrían autonomía– de la estructura normal de mando para evitar influencias perversas.

Eso sería lo ideal. Esas serían las características de un mecanismo eficiente para encontrar las causas reales y a los verdaderos culpables independientemente de su posición política, puesto, de quienes son amigos o de sus influencias. El mecanismo debería desembocar en averiguaciones previas y sentencias inculpatorias, de manera rápida, oportuna y contundente.

En el caso de Oceanografía, nos enteramos del fraude a finales de febrero y hasta ahora no sabemos quiénes han sido los responsables.

El Director de Pemex, el Procurador General de la República, y el Secretario de Hacienda declaran que se trata de un caso aislado, de un pleito entre particulares. La evidencia indica que el caso de Oceanografía no es aislado.

Parece que vivimos en Méxicos distintos. A la mejor se les olvidó el Pemexgate y otros hechos de fraude y corrupción en la paraestatal. Un amigo que participó en la construcción del complejo petroquímico La Cangrejera y de Tabasco I, me informaba como funcionarios y líderes sindicales alteraban e inventaban estimaciones, pedían materiales, equipos y mano de obra. Ahora acaba de salir en Estados Unidos la noticia de que una filial de Hewlett-Packard pagó más de 1 millón de dólares en comisiones para obtener un negocio de software con Pemex.

El director de Pemex declaró que de conformidad con la legislación vigente la información debe ser manejada con el sigilo y la secrecía que la ley prevé. Pero, si Pemex es de los mexicanos, entonces por derecho éstos deberían ser informados sobre lo que pasó y por qué paso.

El procurador general de la República reconoció retrasos en la fijación de responsabilidades en el caso de Oceanografía y explicó que ello obedece a cuestiones complejas de contabilidad y análisis financiero de recursos. Además agregó que la autoridad está obligada a ir despacio pero con precisión y contundencia a fin de garantizar la detención de los responsables para que no haya impunidad. El procurador concluyó diciendo que “vamos lentos pero seguros.”

Es un hecho conocido por todos que entre más tiempo se demora una investigación menor es la probabilidad de saber lo que pasó y de encontrar y castigar a los verdaderos culpables. Las pruebas vuelan, los testigos cambian de opinión o desaparecen, los responsables huyen, los culpables construyen muros de protección a su alrededor. Qué importa que los números no sean exactos y que sean aproximados, siempre y cuando estén en la dirección correcta. La premisa de una buena investigación es ir rápido y en la dirección correcta. La obligación no es ir lento y con precisión, la obligación es encontrar a los culpables lo más rápido posible. Si se quiere verdaderamente encontrar a los culpables, se requiere voluntad política y actuar con prontitud.

Hay evidencias reales y de sentido común: que los sospechosos expliquen de dónde salieron sus autos Ferrari, yates, departamentos en Nueva York, fortunas, etcétera. ¿Por qué no se investiga y separa inmediatamente de su cargo a los funcionarios responsables de autorizar contratos mediante asignaciones directas?

En Georgia era un secreto a voces que un hombre cobraba el diezmo en el sector energético. Aquí en México es otro secreto a voces que la mayoría de los funcionarios y líderes sindicales participan por igual en el despojo a Pemex. Si Oceanografía no hubiera existido, la hubieran inventado esos malos mexicanos. Pemex no es de todos los mexicanos, sino de aquellos mexicanos que cobran tres veces el diezmo en Pemex.