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jueves, noviembre 13, 2014

México: Historia de una calle

“Casa de 7 millones de dólares”, “Los muertos en Ayotzinapa”, “Un Gobernador dueño de un Banco”, “Quema de la puerta Mariana del Palacio Nacional (patrimonio histórico)”, “Incendios y desmanes en Guerrero”... Ufff que noticias tan tristes. El momento de crisis social tan difícil por el cual estamos atravesando los mexicanos me ha hecho reflexionar sobre quiénes somos como pueblo y nación. El proceso de violencia generado por criminales, narco-funcionarios, maestros disidentes y grupos marginales, es manifestación de la descomposición moral que estamos viviendo por la corrupción e impunidad endémica. No hay nada nuevo, las crisis se han venido gestando desde hace mucho tiempo atrás. Lo preocupante es que nos lleguen todas de repente y sin esperanzas visibles de solución.

Creo que a todos nos resulta más fácil criticar a nuestros gobernantes y autoridades de la situación que criticarnos a nosotros mismos. Los problemas a nivel de país, estado, ciudad, municipio, delegación y de vecindario son tan parecidos que apuntan a una causa común: el origen del problema no son los gobernantes ni las autoridades sino nosotros, sí, nosotros mismos como la materia prima de esta Nación. A continuación me gustaría ilustrar mi argumento con la historia de la calle en donde vivo. ¿A ver qué piensan mis dos o tres estimados lectores?

Radico al sur de la Ciudad de México, en Jardines del Pedregal, una colonia de nivel medio alto en donde se pagan de los prediales más altos del país. Sin embargo, hay una carencia total de servicios por parte de su delegación. En varias ocasiones los vecinos hemos hablado con las autoridades en turno para que nos brinden vigilancia, arreglen las banquetas, pavimenten la calle, desazolven las coladeras, cambien las luminarias fundidas del alumbrado público, pero todo sin éxito. En más de 30 años la delegación no ha arreglado las banquetas, ni pavimentado la calle, ni arreglado el alumbrado público, no ha hecho nada de nada, excepto prometer.

Ante esto, los residentes de la calle formamos una asociación de vecinos, a la cual responsabilizamos para brindar los servicios que la delegación se suponía nos debería de suministrar. Cuando nos constituimos como asociación, el 90% de los residentes contribuíamos con los gastos de operación con cuotas mensuales.

Contratamos a una compañía privada de seguridad, instalamos dos plumas de acceso (brazos mecánicos) a la entrada y salida de la calle; afortunadamente, siendo una calle secundaria, no causó mayores trastornos viales al tránsito de terceros. Los robos a las casas de la calle disminuyeron drásticamente.

Debido al mal estado de las banquetas, la asociación contrató albañiles para que las arreglaran, sin embargo los trabajos se suspendieron al llegar varias patrullas de la delegación para apresar a los trabajadores. En otras palabras, la delegación no solamente no cumplía con sus obligaciones y responsabilidades, sino que además evitaba que nosotros hiciéramos su trabajo. Era claro, lo que buscaban las primeras patrullas eran gratificaciones para permitirnos continuar con nuestras reparaciones.

Vendedores de tamales y puestos de comida se empezaron a instalar en las banquetas en las mañanas y al mediodía para dar de comer a los trabajadores de las construcciones de la calle, generando problemas de basura y de paso vial. La asociación les pidió retirarse de la calle, pero al día siguiente llegó su líder con un equipo de mal encarados y con representantes de la delegación para decirnos que ellos tenían permiso para colocarse en la calle.

Los problemas con los malos vecinos empezaron casi inmediatamente después de la constitución de la asociación. La esposa de un ex líder sindical, propietaria de una de las casas más grandes y lujosas con seis vehículos, dejó de pagar con el argumento de que era viuda. El residente más adinerado de la calle, un ex funcionario del gobierno del Distrito Federal, puso una escuela para menores para que su esposa tuviera algo que hacer lo que creó un incómodo problema de tráfico a la entrada y salida de los estudiantes. Otros residentes empezaron a rentar sus casas a las cadenas televisivas para hacer telecomedias, ocasionando congestionamiento vial y ensuciando la calle con basura de los empleados de apoyo. Otras familias organizaron tumultuosas fiestas de paga donde se tocaba música a altos volúmenes hasta el amanecer y se les vendía bebidas alcohólicas a menores. Cuando la asociación les pidió que dejaran de hacer esto por los problemas y molestias que ocasionaban al resto de los vecinos, los residentes involucrados reaccionaron agresivamente e inclusive dejaron de contribuir a la asociación de vecinos.

Cuando la asociación trató de reducir los beneficios a aquellos residentes que no pagaban –pidiéndoles que ellos mismos levantaran la pluma cuando tenían que entrar o salir de la calle–, varios de los vecinos gorrones, en lugar de empezar a contribuir con sus cuotas, prefirieron darle gratificación a los policías de la delegación para que apresaran a nuestros guardias privados por supuestamente impedir el libre tránsito.

Una señora a quien se le pidió su identificación para entrar a la calle se molestó tanto que embistió con su coche al guardia enviándolo al hospital. El novio de una muchacha residente, al pedírsele su identificación se enojó a tal grado que se bajó a golpear al guardia. El hijo de uno de los residentes que no contribuía a la asociación, al solicitársele su identificación, se negó, aceleró y arremetió en contra de la pluma, destrozándola.

En una asamblea de vecinos me invitaron a participar en la mesa directiva. Como el presidente en turno de la asociación no entregaba informes financieros, los empecé a solicitar. Al cabo de varias solicitudes el presidente entregó unos informes sumamente condensados sin mayor detalle, pero encontramos que había estado cargando a la asociación sus gastos de gasolina durante los cinco años que había estado al frente de la asociación. Cuando le hicimos notar estos hechos, negó los cargos y contraatacó tratando de desprestigiarnos. En una álgida asamblea fue destituido y se nombró a una nueva mesa directiva. Los vecinos no le pidieron que devolviera el dinero para evitar un conflicto: prefirieron la impunidad al enfrentamiento. Ahora, dicho ex presidente de la asociación no cubre sus cuotas.

Actualmente, solamente el 55% de los residentes contribuyen a los gastos de la asociación.

Guardando toda proporción, los problemas de mi calle son los problemas de México. Lo único en común de ambos lugares somos nosotros, sí, nosotros los mexicanos.

La historia de mi calle es tan sólo un microcosmos de la vida de nuestro país, pero considero que refleja muy bien la calidad humana de muchos de nosotros, seamos gobernados o gobernantes. Mientras no seamos capaces de entender que el bien de mi vecino es mi propio bien; que mi abuso es el abuso de mi vecino; que mi mordida es la mordida en contra de mis derechos; que hacerme de la vista gorda ante la corrupción e impunidad de propios es la arbitrariedad en contra mía, nuestros problemas como nación y como pueblo continuarán.

Mientras no cambiemos, nada va a cambiar, todo va a seguir siendo igual o todo va a seguir empeorando. La diferencia entre lo que somos y lo que queremos ser, está en lo que hacemos.

sábado, abril 12, 2014

Venezuela y Diálogo

Finalmente empezó el diálogo del gobierno de Nicolás Maduro con la oposición, después de dos meses de manifestaciones, casi 40 muertos, más de 600 heridos y cerca de 2,300 detenidos. Sin embargo dos hechos han enturbiado el panorama.

Primero, una manifestación pacífica de estudiantes fue agredida por un grupo paramilitar dentro de la propia Universidad Central de Venezuela. No solamente los agredieron y golpearon salvajemente sino que los desnudaron. Lo que hace recordar, como dice mi amigo Sadio Garabini, a las SA nazi, que acostumbraban desnudar a los judíos para deshumanizarlos y rebajarlos. El ser humano es el único animal que se viste no sólo para enfrentar los cambios en la temperatura, sino por el concepto del pudor, característica típica del ser humano civilizado. El ataque y vejación a los estudiantes no lo debería de hacer ningún gobierno que se considere representativo y democrático, pues atenta contra lo más valioso de un país, su juventud.

El otro hecho es que la oposición no está cabalmente representada. El diálogo para ser efectivo tiene que incluir al líder más popular de la oposición, el encarcelado Leopoldo López, y a los representantes de su partido Voluntad Popular. Sólo en igualdad de circunstancias podrá funcionar el diálogo.

Asimismo, para que el diálogo tenga posibilidades de éxito se requiere cumplir con algunos requisitos previos. El más importante es que cesen las hostilidades contra la oposición. Sin embargo, la Fiscal General acaba de calificar al partido Voluntad Popular como una estructura criminal. Otro requisito imprescindible es que se liberen a todos los dirigentes de la oposición, que cesen los procesos judiciales contra los alcaldes de la oposición, que se restituya a la diputada María Colina Machado. Sin embargo, esto no se ha hecho y probablemente no se hará.

La pregunta obligada es ¿quiere en realidad el gobierno de Nicolás maduro que funcione el diálogo, o solamente se trata de una farsa mediática? Parece ser que los hechos apuntan a lo segundo.

viernes, marzo 28, 2014

Venezuela en el ojo del huracán

Luis Gutiérrez Poucel
Lunes 31 marzo 2014

Lo que está sucediendo en Venezuela era predecible. El gobierno de Nicolás Maduro llegó al poder con una ventaja mínima del 1.5% de los votos, según los discutibles y discutidos  cómputos oficiales. En otras palabras, llegó al poder con casi el 50% de oposición. Como se ha visto en otros países, un gobierno que llega al poder en elecciones reñidas y cercanas, solo puede ganarse a la población generando buenos resultados. Pero éste no ha sido el caso del gobierno de Nicolás Maduro. La inseguridad ha continuado aumentando y la economía ha seguido cayendo.
Los pésimos resultados de la administración de Maduro continúan alimentando el descontento popular. Aparte, todo lo que no debería de hacer un gobierno para agravar una crisis política, el gobierno de Nicolás Maduro lo ha hecho y lo sigue siendo… Maduro parece ilustrar aquel dicho de Einstein, que dice: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.”
Me he desempeñado durante 20 años como economista internacional, teniendo la suerte de visitar casi todos los países del mundo y puedo asegurar que no hay un solo país en donde he trabajado que no me haya gustado. Sin embargo, hay de gustos a gustos. Mientras que hay países en donde uno va solamente a trabajar, también los hay donde uno va a gozar el trabajar. Venezuela era uno de éstos. Los venezolanos son alegres, abiertos y directos. Se pueden tener discusiones ardientes, terminando con una sonrisa y sin resentimientos. En mi experiencia, la gente alegre es generalmente buena. Es por ello que lo que está pasando allá me causa tan profunda pena.
El problema inició, como casi siempre, con los que menos deben y menos temen, los estudiantes, quienes se manifestaban contra la inseguridad. El gobierno venezolano en lugar de reconocer su legítimo derecho a protestar respondió con la represión. Todo lo que un gobierno no debía de hacer para agravar una crisis, lo hizo el presidente Maduro. En lugar de buscar el diálogo prefirió la confrontación y la criminalización del movimiento. En lugar de admitir que los estudiantes estaban protestando por un derecho o por una causa justa los acusó de golpistas, de que se trataba de una minoría enloquecida,  y declaró que se trataba de un complot.
Claro, hubo enfrentamientos entre protestantes y simpatizantes del gobierno, lo cual condujo a que el descontento se propagara a otros sectores de la población. Ahora el problema no es tan sólo la inseguridad sino la carencia de productos básicos y medicinas, y la falta de libertades de manifestación y expresión.
La primordial causa por la cual el descontento y las manifestaciones se extendieron tan rápidamente fue por los malos resultados económicos: 1) escasez de empleos y de productos básicos de la canasta popular; 2) disminución en los ingresos reales; 3) aumento en la inflación, la más elevada de la región, 56.2% en 2013, y 4) desplome del bolívar, mientras el cambio oficial está a 6.3 bolívares por dólar, en el mercado negro se encuentra a 10 veces ese valor.
El gobierno de Maduro, en lugar de estimular la inversión y la producción, ha introducido nuevos controles para las ganancias a las ventas y a los precios de los productos lo que ha llevado, como era de esperarse, a una mayor escasez de productos básicos y a un mercado negro galopante.
La ineptitud del gobierno para llevar a cabo políticas económicas correctas explica en buena medida la crisis actual. No hay políticas económicas de izquierda o de derecha, solamente hay políticas buenas o malas. Las políticas del gobierno han sido incorrectas, pero el gobierno y sus simpatizantes no admiten responsabilidad. Culpan del deterioro económico a la guerra económica de los enemigos de su llamada revolución bolivariana… qué torpeza no admitir responsabilidad, aprender de los errores, tratar de enmendar el rumbo y conquistar el afecto de los Venezolanos.
Estamos viendo en Venezuela una lección de lo que un gobierno no debe de hacer, así como los errores que se deben evitar en la gestión económica y política de un país.
El presidente Maduro dice una cosa y hace otra. Declara, por ejemplo, 1) que no quiere la confrontación, 2) que ya basta de sembrar tanto odio y tanta intolerancia, 3) que su gobierno está en un combate por la defensa de la paz, de la independencia, del derecho que tiene el pueblo a existir y a vivir.
Pero todas son palabras huecas y sin mensaje alguno, porque Maduro inmediatamente añade 1) que el líder opositor Leopoldo López debe responder ante la justicia por sus llamadas a la sedición, 2) que las manifestaciones son movimientos nazi fascistas que buscan un golpe de Estado, 3) que los protestantes tienen una agenda contra la revolución bolivariana y 4) que fueron entrenados en México para desestabilizar a Venezuela. Más torpeza sobre torpeza.
Esta falta de inteligencia política le ha costado la vida a más de 30 personas, ha generado decenas de heridos y torturados y ha privado de su libertad a cerca de un millar de detenidos.
La crisis ha rebasado las fronteras de Venezuela. La comunidad internacional, con sus diferentes matices y posiciones, ha coincidido en hacer un llamado al diálogo. Sin embargo, el gobierno de Maduro vuelve a hacer gala de falta de criterio político, improvisando un proceso llamado “Conferencia Nacional de Paz“, mediante el cual el gobierno, aposentado en el presídium, escucha y comenta algunos discursos representativos, como los del sector empresarial, y a otros que en cambio no representan a nadie, pero que sin embargo apoyan las posiciones oficialistas.
Para que haya un diálogo real y que no sea una farsa mediática debe de haber un mínimo de condiciones previas. Para empezar, 1º se tienen que liberar a los presos políticos y a los estudiantes detenidos, 2º la oposición tiene que estar representada en igualdad con el gobierno y 3º tiene que haber mediadores internacionales e imparciales.
La única salida a la crisis política actual es, por un lado, participar en un diálogo transparente, imparcial y justo, y, por el otro, empezar a diseñar e implementar políticas económicas correctas que generen buenos resultados. Sin embargo, viendo la trayectoria del gobierno de Nicolás Maduro no se ve cómo pueda hacer lo que por inteligencia política debería hacer.
Nicolás Maduro no es ningún Hugo Chávez, no tiene su carisma ni su inteligencia para manejar a las multitudes. También dista mucho de ser un Lula. Mientras el brasileño promovió la participación e inversión privada y la apertura de los mercados, haciendo caso omiso de la demagogia populista de que se atentaba contra la soberanía nacional y se explotaba a los consumidores, Maduro hace y declara todo lo contrario.
¡Caray!, cómo me gustaría volver a trabajar en Venezuela y gozar de mi trabajo con esa gente alegre y buena. Sin embargo, no se ven posibilidades en un futuro inmediato, porque no se vislumbra el fin del problema. Lo que veo tristemente en el horizonte es la continuación del descontento popular y el desbordamiento de la represión y la violencia.

¡Qué pena!, Venezuela parece continuará en el ojo del huracán.