Cuasi-estado, estado fallido o estado fracasado son términos relativamente nuevos de la ciencia política y económica, conceptos que indican una situación preocupante para un país. Los estados fallidos poseen todas las características formales de un estado soberano e independiente, pero carecen de la capacidad institucional, el poder organizacional, las capacidades económica y política para promover certidumbre jurídica, un Estado de Derecho que proteja los derechos humanos y las libertades individuales, que brinde seguridad y un nivel mínimo de desarrollo económico. México se ha venido acercando a un cuasi-estado desde el año pasado cuando tomó el poder el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahora, con la llegada de la pandemia, conocida como coronavirus o COVID-19, se ha generado miles de muertos y una gravísima crisis socioeconómica alrededor del mundo, lo que me hizo recordar a Octavio Paz cuando decía que en la civilización moderna vivíamos el “ocaso de la virtud: debilidad ante las pasiones fáciles y ocultación de la muerte”.
Los cuasi-estados son estados sólo en nombre, pues son ineficientes e inestables, siendo sus gobiernos dirigidos por líderes mediocres, ineptos, mentirosos y conflictivos. Sus economías presentan un desastre socioeconómico creciente, caracterizado por el desmoronamiento progresivo de las instituciones del Estado, la ruptura de la ley y el orden y la descomposición de los servicios básicos como la salud, la educación, la seguridad y el control de los brotes epidemiológicos. Éstos estados en proceso de fracaso generalmente desembocan en caos, anarquía y conflicto social. En el caso de México el proceso de enfrentamiento se produce, de acuerdo a los apologistas de la 4T, entre el buen pueblo (más los denominados chairos que apoyan incondicionalmente a AMLO) y los malos empresarios (más los fifis y conservadores neoclásicos).
En el ámbito internacional, en décadas pasadas, se consideraba un estado con mucho poder una amenaza para la estabilidad mundial. Sin embargo, ahora, un cuasi-estado sin poder es más peligroso para la estabilidad internacional. En efecto, un estado fracasado es caldo de cultivo para la delincuencia organizada, el narcotráfico y el terrorismo. La desintegración de los estados fracasados en África, Medio Oriente y América Latina, está creando grandes áreas que se suman al mundo del desorden, de las cuales salen oleadas masivas y crecientes de refugiados que generan inestabilidad en los países más desarrollados. De tal manera, países dentro del mundo del desorden como Siria, Irak, Libia y buena parte de África, se le suman ahora los países latinoamericanos de Venezuela, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, y muy pronto México.
Llegó el coronavirus a un México desastrado, manejado por un régimen con ideas muertas y aplicando fórmulas del pasado con funcionarios inexpertos, ineptos e insensibles. Desde 2019 todos los análisis indican que México se está convirtiendo en un cuasi-estado, donde la economía disminuyó el primer año que Andrés Manuel López Obrador tomó las riendas del poder y que ahora, en el 2020, la economía se encuentra en caída libre. El estado de derecho se ha venido vulnerando al cerrar proyectos aprobados y con avances significativos mediante instrumentos ilegales como las consultas populares mejor conocidas como consultas patito. Así sucedió con el cierre del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que llevaba más del 30% de avance y la clausura de la cervecería Constellation Brands en Mexicali, que llevaba un grado de avance del 70%. El control gubernamental de la nación ha venido disminuyendo cediendo grandes áreas del territorio a la delincuencia organizada y a los cárteles de la droga. Las políticas económicas han producido una contracción del Producto Interno Bruto. México ha sido el único estado de los países con economías parecidas, que no ha implementado medidas contra cíclicas y de estímulo económico. No ha habido rebajas impositivas, ni ayuda con las deudas del sector productivo. El gobierno de AMLO, a pesar de las recomendaciones de los economistas –ya sea de izquierda o de derecha–, ha descartado las políticas de estímulo al crecimiento económico en favor de las medidas contrarias de austeridad. Estas políticas en tiempos de crisis están empujando a México cada vez más al desastre económico. El gobierno tiene que redirigir sus fondos de inversión de los tres proyectos consentidos de AMLO (el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto de Santa Lucía) al apoyo del consumo y al fortalecimiento del sector productivo.
En momentos de emergencia, el gobierno también tiene que recurrir al financiamiento deficitario y endeudarse. Lo importante es apoyar la demanda y fortalecer la oferta. Con base en las medidas de austeridad que está instrumentando el gobierno de la 4T, en el mejor de los casos , el PIB de México se contraerá 7% y, en el peor de los casos (lo que es más probable), se reducirá más del 10%. Este año la economía perderá alrededor de 3 millones de empleos solamente en el sector formal. El quiebre de empresas, la ruptura de las cadenas productivas y la pérdida de empleos, probablemente aumentará la pobreza extrema a 8.5 por ciento de la población nacional, casi 11 millones de personas.
Desgraciadamente estas ideas y recomendaciones probablemente sólo sean leídas por gente ya convencida de que las mejores fórmulas y políticas son las que funcionan, no las que han fracasado en el pasado y siguen fracasando en el presente. México se encuentra y se encontrará por los próximos 10 meses con una débil demanda por la pérdida de ingresos y de empleos, el quiebre de empresas, los bajos precios del petróleo, la disminución de las remesas y el colapso del turismo. En medio de este desastre económico, seguramente López Obrador encontrará a quién culpar.
jueves, mayo 14, 2020
miércoles, abril 08, 2020
¿Qué va a pasar con nuestro México bajo la dirección de AMLO?
Querido lector, como tú sabes, desde hace varios años he venido examinando y estudiando a este carismático político tropical enfermo por el poder. Lo que hemos visto hasta ahora nos da una buena idea de que nuestro presidente va a continuar ejerciendo su voluntad cueste lo que cueste, le pese a quien le pese. De entre sus rasgos psicológicos destaca la inflexibilidad narcisista. El cree saber más que el resto. Considera que la ciencia y los expertos no son necesarios ante sus convicciones.
AMLO es un líder social en campaña constante. Su objetivo es perpetuarse en el poder. Con sus palabras defiende al pueblo y con sus hechos lo traiciona. Hasta el momento lo que ha hecho en la economía, la seguridad, los servicios médicos, en todo, ha sido desastroso. No se podía esperar una acción lúcida y bien planeada para enfrentarnos a la pandemia del coronavirus. Su primera respuesta fue trivializar la epidemia. Cuando ya no le quedó de otra, empezó a adoptar algunos de los consejos de los miembros de su equipo. Sin embargo, a diferencia de otros líderes en el mundo, no se apoyó en aquellos que mueven la economía, los inversionistas y empresarios, sino que hizo todo lo contrario, los enfrentó. En lugar de alcanzar un acuerdo de colaboración, ha tratado de imponerles obligaciones. Lo que sucedió con la cancelación del aeropuerto internacional a través de una consulta patito y el cierre de la cervecería en Mexicali son señales a los inversionistas que su gobierno no va a respetar sus inversiones ni a sus empresas.
Por lo tanto, la primera consecuencia es que la economía estará en caída libre: Drástica disminución en la inversión, cierre de empresas, fuga de capitales, aumento del desempleo y caída de los ingresos. Este año espero una contracción del Producto Interno Bruto de entre el 5 al 10%. Nuestras finanzas van a estar en serias dificultades, porque la reducción de la calificación crediticia de México y Pemex aumentará el costo del dinero, y actualmente México está más endeudado que en los últimos diez años. En su conferencia vespertina del domingo prometió la creación de 2 millones de empleos en nueve meses, pero en las mejores condiciones, un punto de crecimiento del PIB genera 300 mil empleos, cuando mucho. Y si este año se espera que la economía se contraiga entre 5 a 10 puntos porcentuales, vamos a perder entre un 1.5 a 3 millones de empleos. Es obvio que el presidente mintió ya sea por ineptitud, o porque no acepta la realidad, o simplemente porque es un político ladino. Todo esto le va a seguir costando pérdida de popularidad. La gente ya está despertando, aunque hay que reconocer que todavía tiene muchos seguidores de hueso colorado que lo siguen defendiendo a capa y espada, siendo imposible razonar con ellos, pues niegan la realidad por su fe en el mesías tropical. Sin embargo, su popularidad estaba basada en que la gente que creía sus promesas poco a poco se ha dado cuenta que fueron promesas vacías, por lo que por primera vez están creyéndole más a los hechos que a sus palabras.
¿Qué sigue?
El primer tiempo es pérdida de apoyo popular. El segundo tiempo aumentará la desaprobación y el resentimiento por los malos resultados, sobre todo por la caída del ingreso y el empleo. En el tercer tiempo veremos levantamientos estudiantiles y populares. El cuarto tiempo va a traer consigo descontento castrense. En el quinto tiempo veremos cambio de gobierno ya sea por elecciones o por revolución.
AMLO es un líder social en campaña constante. Su objetivo es perpetuarse en el poder. Con sus palabras defiende al pueblo y con sus hechos lo traiciona. Hasta el momento lo que ha hecho en la economía, la seguridad, los servicios médicos, en todo, ha sido desastroso. No se podía esperar una acción lúcida y bien planeada para enfrentarnos a la pandemia del coronavirus. Su primera respuesta fue trivializar la epidemia. Cuando ya no le quedó de otra, empezó a adoptar algunos de los consejos de los miembros de su equipo. Sin embargo, a diferencia de otros líderes en el mundo, no se apoyó en aquellos que mueven la economía, los inversionistas y empresarios, sino que hizo todo lo contrario, los enfrentó. En lugar de alcanzar un acuerdo de colaboración, ha tratado de imponerles obligaciones. Lo que sucedió con la cancelación del aeropuerto internacional a través de una consulta patito y el cierre de la cervecería en Mexicali son señales a los inversionistas que su gobierno no va a respetar sus inversiones ni a sus empresas.
Por lo tanto, la primera consecuencia es que la economía estará en caída libre: Drástica disminución en la inversión, cierre de empresas, fuga de capitales, aumento del desempleo y caída de los ingresos. Este año espero una contracción del Producto Interno Bruto de entre el 5 al 10%. Nuestras finanzas van a estar en serias dificultades, porque la reducción de la calificación crediticia de México y Pemex aumentará el costo del dinero, y actualmente México está más endeudado que en los últimos diez años. En su conferencia vespertina del domingo prometió la creación de 2 millones de empleos en nueve meses, pero en las mejores condiciones, un punto de crecimiento del PIB genera 300 mil empleos, cuando mucho. Y si este año se espera que la economía se contraiga entre 5 a 10 puntos porcentuales, vamos a perder entre un 1.5 a 3 millones de empleos. Es obvio que el presidente mintió ya sea por ineptitud, o porque no acepta la realidad, o simplemente porque es un político ladino. Todo esto le va a seguir costando pérdida de popularidad. La gente ya está despertando, aunque hay que reconocer que todavía tiene muchos seguidores de hueso colorado que lo siguen defendiendo a capa y espada, siendo imposible razonar con ellos, pues niegan la realidad por su fe en el mesías tropical. Sin embargo, su popularidad estaba basada en que la gente que creía sus promesas poco a poco se ha dado cuenta que fueron promesas vacías, por lo que por primera vez están creyéndole más a los hechos que a sus palabras.
¿Qué sigue?
El primer tiempo es pérdida de apoyo popular. El segundo tiempo aumentará la desaprobación y el resentimiento por los malos resultados, sobre todo por la caída del ingreso y el empleo. En el tercer tiempo veremos levantamientos estudiantiles y populares. El cuarto tiempo va a traer consigo descontento castrense. En el quinto tiempo veremos cambio de gobierno ya sea por elecciones o por revolución.
lunes, abril 06, 2020
México, nuestros presidentes desde ayer a hoy
Decía Octavio Paz, “el gobernante hace más daño que bien”, por lo que hay que buscar a buenos gobernantes para que hagan el menor daño posible. Veamos cuánto daño han hecho y han dejado de hacer nuestros presidentes desde Lázaro Cárdenas hasta Andrés Manuel López Obrador.
Lázaro Cárdenas (1935-1940), le decían el Tata Cárdenas por su cercanía con la gente, hombre nacionalista, carismático, de ideas socialistas. Dentro de sus varios logros destacan la reforma agraria y la creación de los “ejidos”, la nacionalización de la industria petrolera, el asilo político a los exiliados españoles durante la Guerra civil, la consolidación del Partido Nacional Revolucionario, antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En el plano educativo, creó el Instituto Politécnico Nacional y el Colegio de México. En el ranking presidencial se le considera en la séptima posición (www.mexicomaxico.org/Voto/PIBMex.htm) de los últimos 14 presidentes.
Manuel Ávila Camacho (1941-1946), llamado el Presidente Caballero, mote que se ganó luego de dar su palabra en pro de la libertad de culto. Su gobierno finalizó la transición del liderazgo militar al civil, terminó con el anticlericalismo, revirtió el impulso a la educación socialista y restableció una relación laboral con Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Clasificado sexto en la escala presidencial de mexicomaxico.
Miguel Alemán Valdés (1947-1952), el Cachorro de la Revolución, era un cleptómano narcisista, se distinguió por sus megaproyectos y su gran corrupción. Su administración se caracterizó por la creación de la Ciudad Universitaria y la industrialización de México. Ocupa la octava posición de los 14 presidentes.
Miguel Alemán nombró a Adolfo Ruiz Cortines (1953-1958), el Faquir, hombre serio, honesto, le gustaba bailar danzón y jugar dominó, uno de los mejores presidentes que ha tenido México, clasificado en cuarto lugar pero para muchos –entre ellos un servidor–, debería estar en la primera posición. Ruiz Cortines alineó los ingresos del Estado con sus justos gastos, apoyó la construcción de caminos, redes ferroviarias, presas, escuelas y hospitales. Propuso una iniciativa de ley para reformar el artículo 34 de la Constitución a fin de reconocer el voto de las mujeres, lo que ocurrió en 1953.
Adolfo López Mateos (1959-1964) fue otro buen presidente enlistado en la primera posición por mexicomaxico, creó uno de los mejores gabinetes de la posguerra, su administración creó el ISSSTE y el Museo Nacional de Antropología, nacionalizó la industria eléctrica. Fue un presidente muy popular.
Desgraciadamente López Mateos nombró al Chango como sucesor, Gustavo Díaz Ordaz (1965-1970), un paranoico neurasténico y acomplejado que llevó al país a una crisis de identidad y polarización. La masacre de Tlatelolco nunca se podrá olvidar. Bajo su gestión la economía tuvo uno de sus mayores crecimientos y la inflación se mantuvo en mínimos que no volverían a verse por varias décadas. También se celebraron los Juegos Olímpicos de 1968 y la Copa Mundial de Fútbol de 1970. A pesar de sus logros, fue clasificado en la novena posición, detrás de Miguel Alemán.
Luis Echevarría Álvarez (1971-1976) siguió como presidente. Le apodaban el Loco, un megalómano que desmanteló el modelo de desarrollo estabilizador, para sustituirlo por el modelo de desarrollo compartido, que lo que único que compartió fue la miseria y la inflación, nunca consideró el alto costo de la participación masiva y autoritaria del gobierno. En su gestión aumentó de forma considerable el gasto público, emitiendo dinero sin valor y contratando deuda pública. Durante su mandato se dio la primera crisis económica desde el inicio del llamado Milagro mexicano. El tipo de cambio que había sido de $12.50 por dólar desde 1954 subió a $25 por dólar al final de su mandato. Se le atribuye la represión estudiantil por un grupo paramilitar al servicio del gobierno, llamado Los Halcones. Hechos conocidos con el nombre del halconazo o la Matanza del Jueves de Corpus. LEA es colocado en la posición 13 de los 14 presidentes.
El Loco a su vez nombró a su amigo de infancia, Jolopo, José López Portillo (1977-1982), un narcisista frívolo, cuya excentricidad, despilfarro e influyentísimo se apoderaron de su administración. Nombró a su primogénito subsecretario, a su hermana Alicia su asistente, a su hermana Margarita directora general de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, a su primo Guillermo presidente del Instituto Nacional del Deporte, y a su amante Rosa Luz Alegría secretaria de Turismo. Asimismo, nombró a su viejo amigo de colonia, Arturo Durazo Moreno, director general de Policía y Tránsito del Distrito Federal, quien auspició el cohecho y la tortura, enriqueciéndose escandalosamente acumulando bienes y propiedades como el Partenón, una estrafalaria casa en Zihuatanejo. La administración de Jolopo se caracterizó por decisiones arbitrarias e ineptas que sumieron al país en una crisis financiera que generó un efecto dominó a escala mundial, lo que eventualmente se calificó como la década pérdida. A las administraciones de LEA y Jolopo se les llamó la docena trágica. Jolopo ha sido calificado el peor presidente de todos desde 1935.
Vino luego Miguel de la Madrid (1983-1988), un hombre débil e indeciso de poca imaginación, pésimo líder durante uno de los peores terremotos que sufrió México. Durante su mandato se celebró la Copa Mundial de Futbol de 1986, la entrada de México al GATT y la polémica sucesión presidencial que le dio el triunfo a su sucesor Carlos Salinas de Gortari, lo enlistaron en la posición 12, solo mejor que LEA y Jolopo.
La Ardilla, Carlos Salinas (1989-1994), economista inteligente, autoritario con complejo de chaparro y delirios de grandeza, empezó bien, introdujo el TLCAN y terminó pésimamente, creando una de las peores crisis financieras de la segunda mitad del siglo veinte. Durante su administración, se privatizaron muchas empresas estatales, incluida la banca, se implementó el Programa Nacional de Solidaridad, se restauraron las relaciones Iglesia-Estado, y se establecieron relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Salinas de Gortari es considerado como uno de los expresidentes menos populares, calificado apenas en la décima posición.
Ernesto Zedillo (1995-2000) siguió como presidente, un hábil economista, pero mal político que blindó la economía ante las crisis financieras y permitió el cambio de poder a la oposición. Durante su presidencia enfrentó la peor crisis económica en la historia de México, culpando a su predecesor de la misma. Permitió la captura y arresto de Raúl Salinas de Gortari, el hermano incómodo de Carlos Salinas. Su gobierno estuvo marcado por enfrentamientos con el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y el Ejército Popular Revolucionario, la polémica implementación de Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro) para rescatar al sistema bancario nacional, y una reforma política que permitió a los residentes del Distrito Federal (ahora Ciudad de México) elegir a su propio alcalde, y las masacres de Aguas Blancas y Acteal perpetradas por fuerzas estatales. Sus logros económicos y democráticos llevaron a mexicomaxico a calificarlo como el segundo mejor presidente de los últimos 14.
Luego llegó con bombo y platillo del PAN, el Chachalaca, Vicente Fox (2001-2006) ganó las elecciones presidenciales de 2000 con el 42% de los votos, siendo el primer presidente electo de un partido de la oposición desde la elección de Francisco I. Madero en 1910. Como presidente, mantuvo las políticas económicas de Zedillo y concedió mayor autonomía a los gobiernos estatales, apertura que alimentó fuertemente a la corrupción. Su administración quedó marcada por los intentos fallidos de aplicar un impuesto al valor agregado a los medicamentos, construir el aeropuerto internacional en Texcoco, y un importante conflicto con el líder cubano Fidel Castro. Su gestión evitó que México cayera en una crisis de cambio y mantuvo el crecimiento económico, reduciendo la tasa de pobreza del 43.7% en 2000 al 35.6% en el 2006. mexicomaxico lo calificó como el tercer mejor presidente desde 1935.
Le siguió otro candidato del PAN, Fecal, Felipe Calderón Hinojosa (2007-2012), mejor preparado que su antecesor. Ganó las elecciones presidenciales por un pequeño margen de menos del .5% del total de votos por encima del candidato del PRD Andrés Manuel López Obrador. Su presidencia estuvo marcada por el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico, la gran recesión en 2009, que resultó en una caída de 4.7% en el PIB (producto interno bruto) y por la recuperación en el 2010 con un crecimiento del 5.1%. México sufrió durante su gestión la pandemia de gripe de 2009. Su desempeño lo coloca en la quinta posición de la medición presidencial.
Le siguió el Copetón Enrique Peña Nieto (2013-2018), Henry Monster, candidato del PRI, abogado de escasa preparación y nula imaginación. Como presidente fue efectivo solo al principio al lograr acuerdos con los partidos de oposición para llevar a cabo varias reformas necesarias. Sin embargo, los cuatro años restantes se vio envuelto en escándalos de corrupción e ineptitud. Mexicomaxico lo califica dentro de los cuatro peores presidentes, colocándolo en la posición 11 de los 14.
Finalmente llegamos al momento actual, donde un político provinciano llegó al poder con un partido de su propia creación. Andrés Manuel López Obrador (2019-2024), después de luchar 16 años para alcanzar el poder, mejor conocido como el Peje, un cacique intransigente, ignorante, mentiroso, autoritario y narcisista, ha sido hasta el momento –en la opinión de quien esto escribe– uno de los peores gobernantes que ha tenido el país. No ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña en economía, seguridad, bienestar y otras. Hasta el momento ha hecho más daño que bien. Su promesa de crecer al 6% parece irrealizable, sus promesas de seguridad parecen inalcanzables, su manejo burlón e irresponsable de la pandemia del coronavirus lo hacen hasta ahora, el menos efectivo de todos los gobernantes. Si 15 presidentes fueran comparados, incluyendo al actual, no dudo que AMLO estaría “ranqueado” en la posición 15 después del frívolo Jolopo quien por lo menos logró una tasa de crecimiento promedio anual del PIB de más del 6%, mientras que AMLO probablemente termine con un crecimiento inferior al 1%.
Desgraciadamente todavía nos quedan cuatro años de esta pesadilla llamada la Cuarta Transformación. AMLO confirma con creces lo que decía Octavio Paz, “el gobernante hace más daño que bien.”
Lázaro Cárdenas (1935-1940), le decían el Tata Cárdenas por su cercanía con la gente, hombre nacionalista, carismático, de ideas socialistas. Dentro de sus varios logros destacan la reforma agraria y la creación de los “ejidos”, la nacionalización de la industria petrolera, el asilo político a los exiliados españoles durante la Guerra civil, la consolidación del Partido Nacional Revolucionario, antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En el plano educativo, creó el Instituto Politécnico Nacional y el Colegio de México. En el ranking presidencial se le considera en la séptima posición (www.mexicomaxico.org/Voto/PIBMex.htm) de los últimos 14 presidentes.
Manuel Ávila Camacho (1941-1946), llamado el Presidente Caballero, mote que se ganó luego de dar su palabra en pro de la libertad de culto. Su gobierno finalizó la transición del liderazgo militar al civil, terminó con el anticlericalismo, revirtió el impulso a la educación socialista y restableció una relación laboral con Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Clasificado sexto en la escala presidencial de mexicomaxico.
Miguel Alemán Valdés (1947-1952), el Cachorro de la Revolución, era un cleptómano narcisista, se distinguió por sus megaproyectos y su gran corrupción. Su administración se caracterizó por la creación de la Ciudad Universitaria y la industrialización de México. Ocupa la octava posición de los 14 presidentes.
Miguel Alemán nombró a Adolfo Ruiz Cortines (1953-1958), el Faquir, hombre serio, honesto, le gustaba bailar danzón y jugar dominó, uno de los mejores presidentes que ha tenido México, clasificado en cuarto lugar pero para muchos –entre ellos un servidor–, debería estar en la primera posición. Ruiz Cortines alineó los ingresos del Estado con sus justos gastos, apoyó la construcción de caminos, redes ferroviarias, presas, escuelas y hospitales. Propuso una iniciativa de ley para reformar el artículo 34 de la Constitución a fin de reconocer el voto de las mujeres, lo que ocurrió en 1953.
Adolfo López Mateos (1959-1964) fue otro buen presidente enlistado en la primera posición por mexicomaxico, creó uno de los mejores gabinetes de la posguerra, su administración creó el ISSSTE y el Museo Nacional de Antropología, nacionalizó la industria eléctrica. Fue un presidente muy popular.
Desgraciadamente López Mateos nombró al Chango como sucesor, Gustavo Díaz Ordaz (1965-1970), un paranoico neurasténico y acomplejado que llevó al país a una crisis de identidad y polarización. La masacre de Tlatelolco nunca se podrá olvidar. Bajo su gestión la economía tuvo uno de sus mayores crecimientos y la inflación se mantuvo en mínimos que no volverían a verse por varias décadas. También se celebraron los Juegos Olímpicos de 1968 y la Copa Mundial de Fútbol de 1970. A pesar de sus logros, fue clasificado en la novena posición, detrás de Miguel Alemán.
Luis Echevarría Álvarez (1971-1976) siguió como presidente. Le apodaban el Loco, un megalómano que desmanteló el modelo de desarrollo estabilizador, para sustituirlo por el modelo de desarrollo compartido, que lo que único que compartió fue la miseria y la inflación, nunca consideró el alto costo de la participación masiva y autoritaria del gobierno. En su gestión aumentó de forma considerable el gasto público, emitiendo dinero sin valor y contratando deuda pública. Durante su mandato se dio la primera crisis económica desde el inicio del llamado Milagro mexicano. El tipo de cambio que había sido de $12.50 por dólar desde 1954 subió a $25 por dólar al final de su mandato. Se le atribuye la represión estudiantil por un grupo paramilitar al servicio del gobierno, llamado Los Halcones. Hechos conocidos con el nombre del halconazo o la Matanza del Jueves de Corpus. LEA es colocado en la posición 13 de los 14 presidentes.
El Loco a su vez nombró a su amigo de infancia, Jolopo, José López Portillo (1977-1982), un narcisista frívolo, cuya excentricidad, despilfarro e influyentísimo se apoderaron de su administración. Nombró a su primogénito subsecretario, a su hermana Alicia su asistente, a su hermana Margarita directora general de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, a su primo Guillermo presidente del Instituto Nacional del Deporte, y a su amante Rosa Luz Alegría secretaria de Turismo. Asimismo, nombró a su viejo amigo de colonia, Arturo Durazo Moreno, director general de Policía y Tránsito del Distrito Federal, quien auspició el cohecho y la tortura, enriqueciéndose escandalosamente acumulando bienes y propiedades como el Partenón, una estrafalaria casa en Zihuatanejo. La administración de Jolopo se caracterizó por decisiones arbitrarias e ineptas que sumieron al país en una crisis financiera que generó un efecto dominó a escala mundial, lo que eventualmente se calificó como la década pérdida. A las administraciones de LEA y Jolopo se les llamó la docena trágica. Jolopo ha sido calificado el peor presidente de todos desde 1935.
Vino luego Miguel de la Madrid (1983-1988), un hombre débil e indeciso de poca imaginación, pésimo líder durante uno de los peores terremotos que sufrió México. Durante su mandato se celebró la Copa Mundial de Futbol de 1986, la entrada de México al GATT y la polémica sucesión presidencial que le dio el triunfo a su sucesor Carlos Salinas de Gortari, lo enlistaron en la posición 12, solo mejor que LEA y Jolopo.
La Ardilla, Carlos Salinas (1989-1994), economista inteligente, autoritario con complejo de chaparro y delirios de grandeza, empezó bien, introdujo el TLCAN y terminó pésimamente, creando una de las peores crisis financieras de la segunda mitad del siglo veinte. Durante su administración, se privatizaron muchas empresas estatales, incluida la banca, se implementó el Programa Nacional de Solidaridad, se restauraron las relaciones Iglesia-Estado, y se establecieron relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Salinas de Gortari es considerado como uno de los expresidentes menos populares, calificado apenas en la décima posición.
Ernesto Zedillo (1995-2000) siguió como presidente, un hábil economista, pero mal político que blindó la economía ante las crisis financieras y permitió el cambio de poder a la oposición. Durante su presidencia enfrentó la peor crisis económica en la historia de México, culpando a su predecesor de la misma. Permitió la captura y arresto de Raúl Salinas de Gortari, el hermano incómodo de Carlos Salinas. Su gobierno estuvo marcado por enfrentamientos con el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y el Ejército Popular Revolucionario, la polémica implementación de Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro) para rescatar al sistema bancario nacional, y una reforma política que permitió a los residentes del Distrito Federal (ahora Ciudad de México) elegir a su propio alcalde, y las masacres de Aguas Blancas y Acteal perpetradas por fuerzas estatales. Sus logros económicos y democráticos llevaron a mexicomaxico a calificarlo como el segundo mejor presidente de los últimos 14.
Luego llegó con bombo y platillo del PAN, el Chachalaca, Vicente Fox (2001-2006) ganó las elecciones presidenciales de 2000 con el 42% de los votos, siendo el primer presidente electo de un partido de la oposición desde la elección de Francisco I. Madero en 1910. Como presidente, mantuvo las políticas económicas de Zedillo y concedió mayor autonomía a los gobiernos estatales, apertura que alimentó fuertemente a la corrupción. Su administración quedó marcada por los intentos fallidos de aplicar un impuesto al valor agregado a los medicamentos, construir el aeropuerto internacional en Texcoco, y un importante conflicto con el líder cubano Fidel Castro. Su gestión evitó que México cayera en una crisis de cambio y mantuvo el crecimiento económico, reduciendo la tasa de pobreza del 43.7% en 2000 al 35.6% en el 2006. mexicomaxico lo calificó como el tercer mejor presidente desde 1935.
Le siguió otro candidato del PAN, Fecal, Felipe Calderón Hinojosa (2007-2012), mejor preparado que su antecesor. Ganó las elecciones presidenciales por un pequeño margen de menos del .5% del total de votos por encima del candidato del PRD Andrés Manuel López Obrador. Su presidencia estuvo marcada por el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico, la gran recesión en 2009, que resultó en una caída de 4.7% en el PIB (producto interno bruto) y por la recuperación en el 2010 con un crecimiento del 5.1%. México sufrió durante su gestión la pandemia de gripe de 2009. Su desempeño lo coloca en la quinta posición de la medición presidencial.
Le siguió el Copetón Enrique Peña Nieto (2013-2018), Henry Monster, candidato del PRI, abogado de escasa preparación y nula imaginación. Como presidente fue efectivo solo al principio al lograr acuerdos con los partidos de oposición para llevar a cabo varias reformas necesarias. Sin embargo, los cuatro años restantes se vio envuelto en escándalos de corrupción e ineptitud. Mexicomaxico lo califica dentro de los cuatro peores presidentes, colocándolo en la posición 11 de los 14.
Finalmente llegamos al momento actual, donde un político provinciano llegó al poder con un partido de su propia creación. Andrés Manuel López Obrador (2019-2024), después de luchar 16 años para alcanzar el poder, mejor conocido como el Peje, un cacique intransigente, ignorante, mentiroso, autoritario y narcisista, ha sido hasta el momento –en la opinión de quien esto escribe– uno de los peores gobernantes que ha tenido el país. No ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña en economía, seguridad, bienestar y otras. Hasta el momento ha hecho más daño que bien. Su promesa de crecer al 6% parece irrealizable, sus promesas de seguridad parecen inalcanzables, su manejo burlón e irresponsable de la pandemia del coronavirus lo hacen hasta ahora, el menos efectivo de todos los gobernantes. Si 15 presidentes fueran comparados, incluyendo al actual, no dudo que AMLO estaría “ranqueado” en la posición 15 después del frívolo Jolopo quien por lo menos logró una tasa de crecimiento promedio anual del PIB de más del 6%, mientras que AMLO probablemente termine con un crecimiento inferior al 1%.
Desgraciadamente todavía nos quedan cuatro años de esta pesadilla llamada la Cuarta Transformación. AMLO confirma con creces lo que decía Octavio Paz, “el gobernante hace más daño que bien.”
viernes, marzo 13, 2020
México ante la globalización y el coronavirus
La caída en las bolsas de valores de la mayoría de las economías del mundo debido a la preocupación por el coronavirus muestra que el proceso de globalización no solamente afecta las estructuras económicas y políticas, sino también a las personas. Aun cuando muchos grupos políticos y populistas de izquierda quisieran revertir el fenómeno de la globalización, esta llegó para quedarse y continuará creciendo y echando raíces cada vez más profundas. Por un lado, los países continuarán intercambiando bienes y servicios porque es la única manera de mantener el aumento en el bienestar de sus poblaciones, crear empleos y reducir la pobreza. Por el otro, las personas seguirán viajando por negocios, turismo, salud, familia, etcétera; asimismo, continuarán emigrando por conflictos, desastres naturales, discriminación, persecución religiosa, enfermedades contagiosas, y otras razones.
El coronavirus o Covid-19 no solamente afecta la salud física de las personas, sino también su salud mental. El desarrollo de este virus que empezó en China y que ahora se ha extendido a 126 países, permite derivar algunas lecciones.
La primera lección es que para minimizar los efectos negativos de una epidemia es necesario la libertad de información y la transparencia. En efecto, el sistema chino de “mando y control” contribuyó a aumentar la crisis de salud. Un reporte estima que, si China hubiera informado tempranamente de esta enfermedad, probablemente se hubieran evitado más de la mitad de los contagios. Sin embargo, China trató de controlar la información desde el principio, silenciando al doctor Li Wengliang que advirtió del peligro del nuevo virus a través de las redes sociales, por lo que la policía lo obligó a firmar un documento diciendo que se había equivocado bajo la amenaza de que lo iban a acusar de difundir rumores contrarios al interés nacional. Esto produjo molestia y enojo por parte de los periodistas. Luego, cuando se informó de su muerte por contagio del coronavirus mucha gente encontró su fallecimiento sospechoso.
Dos periodistas chinos que decidieron ejercer su labor informativa porque querían mostrar la verdad de lo que estaba sucediendo en el epicentro del brote del coronavirus en China, publicaron vídeos en Internet, compartieron fotos y testimonios dramáticos de lo que estaba sucediendo. Hasta que de repente no se supo ya nada de ellos. Sus seguidores temen que hayan desaparecido para siempre.
La segunda lección es que, ante situaciones de emergencias públicas, los gobiernos actúan más bajo el egoísmo nacional que mediante la cooperación internacional. Los gobiernos de los países que vieron una rápida propagación de la epidemia prefirieron actuar bajo el principio de “sálvese quien pueda”, que bajo el esquema de cooperar para lograr una respuesta coordinada.
La reciente declaración de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud el 12 de marzo, no va cambiar mucho la tónica del esfuerzo individualista de los países, ni promoverá la cooperación para enfrentarse de manera conjunta a este desafío de salud a la población mundial.
Probablemente sea la primera vez que las reacciones ante una crisis de salud hayan sido tan grandes e impactantes. A la mejor, por la caída de los precios del petróleo ante la disputa entre Arabia Saudita y Rusia, dichas reacciones fueron mayores. Entre los efectos que se pueden destacar están: la caída en las bolsas de valores, las pérdidas en la productividad laboral, la cuarentena de ciudades enteras, el impacto en el turismo, la interrupción por 30 días de los viajes de Europa a Estados Unidos por Donald Trump, el aplazamiento de los eventos deportivos, la suspensión de eventos masivos, las compras de pánico, etcétera.
Aparte de los trágicos costos humanos, los costos económicos por el Covid-19 serán muy importantes. La tasa de crecimiento económica global probablemente disminuya por abajo del 1%. La agencia de comercio de las Naciones Unidas sugiere que el costo para la economía global en el 2020 comprenderá una reducción del PIB mundial de un trillón de dólares (18 ceros).
El impacto en las economías de los países variará dependiendo de la magnitud del contagio de sus poblaciones, la fortaleza de sus sistemas económicos, y los problemas nacionales que tengan. En el caso de México, este economista con pretensiones de escribiente lamenta decirte que tiene una visión pesimista, puesto que, al impacto internacional de la crisis, la caída del precio del petróleo, hay que sumarle la crisis de seguridad, los bloqueos de las vías férreas, los enfrentamientos del presidente con los supuestos conservadores y los movimientos sociales como el movimiento femenil. Probablemente no habrá crecimiento económico en México durante el 2020, sino una contracción económica del PIB de alrededor del -2%.
El escritor ucraniano Nikolái Vasílievich Gógol dijo en el siglo XIX, “el pánico es más contagioso que la peste y se comunica en un instante.”
El coronavirus o Covid-19 no solamente afecta la salud física de las personas, sino también su salud mental. El desarrollo de este virus que empezó en China y que ahora se ha extendido a 126 países, permite derivar algunas lecciones.
La primera lección es que para minimizar los efectos negativos de una epidemia es necesario la libertad de información y la transparencia. En efecto, el sistema chino de “mando y control” contribuyó a aumentar la crisis de salud. Un reporte estima que, si China hubiera informado tempranamente de esta enfermedad, probablemente se hubieran evitado más de la mitad de los contagios. Sin embargo, China trató de controlar la información desde el principio, silenciando al doctor Li Wengliang que advirtió del peligro del nuevo virus a través de las redes sociales, por lo que la policía lo obligó a firmar un documento diciendo que se había equivocado bajo la amenaza de que lo iban a acusar de difundir rumores contrarios al interés nacional. Esto produjo molestia y enojo por parte de los periodistas. Luego, cuando se informó de su muerte por contagio del coronavirus mucha gente encontró su fallecimiento sospechoso.
Dos periodistas chinos que decidieron ejercer su labor informativa porque querían mostrar la verdad de lo que estaba sucediendo en el epicentro del brote del coronavirus en China, publicaron vídeos en Internet, compartieron fotos y testimonios dramáticos de lo que estaba sucediendo. Hasta que de repente no se supo ya nada de ellos. Sus seguidores temen que hayan desaparecido para siempre.
La segunda lección es que, ante situaciones de emergencias públicas, los gobiernos actúan más bajo el egoísmo nacional que mediante la cooperación internacional. Los gobiernos de los países que vieron una rápida propagación de la epidemia prefirieron actuar bajo el principio de “sálvese quien pueda”, que bajo el esquema de cooperar para lograr una respuesta coordinada.
La reciente declaración de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud el 12 de marzo, no va cambiar mucho la tónica del esfuerzo individualista de los países, ni promoverá la cooperación para enfrentarse de manera conjunta a este desafío de salud a la población mundial.
Probablemente sea la primera vez que las reacciones ante una crisis de salud hayan sido tan grandes e impactantes. A la mejor, por la caída de los precios del petróleo ante la disputa entre Arabia Saudita y Rusia, dichas reacciones fueron mayores. Entre los efectos que se pueden destacar están: la caída en las bolsas de valores, las pérdidas en la productividad laboral, la cuarentena de ciudades enteras, el impacto en el turismo, la interrupción por 30 días de los viajes de Europa a Estados Unidos por Donald Trump, el aplazamiento de los eventos deportivos, la suspensión de eventos masivos, las compras de pánico, etcétera.
Aparte de los trágicos costos humanos, los costos económicos por el Covid-19 serán muy importantes. La tasa de crecimiento económica global probablemente disminuya por abajo del 1%. La agencia de comercio de las Naciones Unidas sugiere que el costo para la economía global en el 2020 comprenderá una reducción del PIB mundial de un trillón de dólares (18 ceros).
El impacto en las economías de los países variará dependiendo de la magnitud del contagio de sus poblaciones, la fortaleza de sus sistemas económicos, y los problemas nacionales que tengan. En el caso de México, este economista con pretensiones de escribiente lamenta decirte que tiene una visión pesimista, puesto que, al impacto internacional de la crisis, la caída del precio del petróleo, hay que sumarle la crisis de seguridad, los bloqueos de las vías férreas, los enfrentamientos del presidente con los supuestos conservadores y los movimientos sociales como el movimiento femenil. Probablemente no habrá crecimiento económico en México durante el 2020, sino una contracción económica del PIB de alrededor del -2%.
El escritor ucraniano Nikolái Vasílievich Gógol dijo en el siglo XIX, “el pánico es más contagioso que la peste y se comunica en un instante.”
jueves, febrero 13, 2020
México, AMLO, Distractores y engaños: frases populacheras vencen realidades
Un apreciado amigo sugería que, a pesar de las constantes metidas de pata y ausencia de resultados, AMLO continuaba manteniendo su popularidad, apuntando que entre más mal gobernada más popular se convertía. En efecto, pareciera que los engaños y distractores le gustan a la mayoría de mexicanos que votaron por él y que lo siguen apoyando, prefieren los ardides y astucias, convencidos desatinadamente de que éstos van en contra de los fifís y pirruris más que contra de ellos.
AMLO, amado por las mayorías y odiado por las minorías, líder carismático que exalta logros y festeja ausencia de resultados con frases entretenidas, simpáticas y vulgares. Le decía a mi amigo, vivimos en un país kafkiano en donde la sustancia pasa a segundo plano y donde las promesas y dichos populares desplazan a la realidad.
Sin embargo, en días recientes se ha notado algo de desgaste en el prestigio de López Obrador. Una de las razones ha sido la debacle de la rifa del avión presidencial, que luego no fue rifa para ganar el avión, sino para obtener un premio en efectivo repartido entre varios ganadores. La simpática ocurrencia se viralizó por el mundo haciendo al gobierno de la 4T el hazmerreír de propios y extraños. Otros problemas que contribuyeron a su pérdida de popularidad fueron el chantaje a 100 empresarios mexicanos para que cada uno comprara por lo menos 20 millones de pesos en boletos para la rifa del disque avión presidencial, el aumento en la inseguridad (con los escándalos de los feminicidios y el asesinato de la familia LeBarón), la contracción económica, el aumento del desempleo, la falta de servicios y medicamentos en los sistemas de salud (con el escándalo de la falta de medicinas para los niños con cáncer). Asimismo, parte de la pérdida del afecto popular se debió a que le falló su “lengua de plata” que generalmente lo ha beneficiado y sacado de apuros, pero que recientemente lo traicionó al mencionar que “no quería que los feminicidios opacaran la rifa del avión”, y al expresar el término “fuchi-caca” refiriéndose a la corrupción.
AMLO necesitaba un golpe impactante para remontar su popularidad; un distractor poderoso para alejar la atención pública de los problemas del país. Ese golpe mediático lo logró genialmente con la aprehensión en España de Emilio Lozoya Austin, el exdirector de petróleos mexicanos, considerado el artífice de una tranza multimillonaria y símbolo de la corrupción y tropelías del régimen de Enrique Peña Nieto.
La primera causa de su aprehensión fue la compra de Agronitrogenados, por parte de Pemex, en diciembre del 2013, por la que se pagó un sobreprecio de 57% por arriba del valor real, o sea alrededor de 93 millones de dólares por encima de su costo de mercado, planta de 30 años de antigüedad con 14 años sin operar, que requería un costoso proceso de rehabilitación y que ahora permanece como chatarra. Estas anomalías resultaron en órdenes de aprehensión contra de Emilio Lozoya y Alonso Ancira, director general de Altos Hornos. Ambos personajes fueron apresados en España. Lozoya está encarcelado, mientras que Ancira enfrenta su proceso de extradición en libertad.
La otra causa fue la acusación de sobornos por 10.5 millones de dólares por parte de la compañía Odebrecht a cambio de contratos con Pemex. Aparte existen varios procesos que se siguen investigando en contra de extitular de Pemex por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.
Esta acción fortalece la narrativa de la administración de la 4T en dos vertientes. Por un lado, que va en contra de la gran corrupción de la mafia del poder, y por el otro, que gran parte de las culpas de los problemas actuales se deben a que los gobiernos del pasado dejaron en muy mal estado al país. La aprehensión de Lozoya le da oxígeno al gobierno de AMLO, permitiéndole ignorar su creciente desprestigio.
El gobierno de AMLO tiene otros importantes distractores en su arsenal, uno de los cuales es la propuesta de vender las embajadas de México. La propuesta de vender los terrenos y edificaciones de nuestras embajadas y rentar lugares comerciales para las funciones diplomáticas es una pésima idea desde el punto de vista financiero, funcional, diplomático y de imagen de México. La propuesta plantea sustituir un buen negocio por uno malo. Las embajadas al ser propiedad de México no pagan rentas ni impuestos, y son parte del territorio nacional. Su venta constituiría la pérdida de un valioso patrimonio de la nación, patrimonio que se ha venido construyendo a lo largo de varias décadas y que le pertenece no sólo a los mexicanos de hoy sino a las futuras generaciones de mexicanos.
Si se venden las embajadas habrá necesidad de rentar lugares alternativos en donde se tendrá que pagar rentas, seguros comerciales e impuestos asociados a los inmuebles. Lugares que nunca pasarían a ser parte del patrimonio de la nación. Dicha propuesta va en línea con la poca importancia que la administración de la 4T asigna a nuestras relaciones exteriores y al comercio internacional.
La propuesta no considera los costos de readaptación, porque las embajadas requieren lugares seguros sin micrófonos, con cuartos seguros para comunicaciones, discusiones de alto nivel de inteligencia, de misiones de negociación. Esos lugares ya existen en las embajadas actuales después de décadas de inversión y de trabajos de adecuación por expertos. Al cambiarse a lugares más modestos habrá que invertir en ellos para lograr esa seguridad necesaria. Cualquier análisis de beneficio costo resultaría en descalificar la propuesta de vender las embajadas actuales, porque sus costos en valor presente serían sin duda alguna superiores a sus beneficios. El único beneficio no es económico, ni funcional, ni diplomático sino tan sólo mediático, para conseguir mayor popularidad… el culto a su personalidad.
En efecto, la venta de las embajadas tendría un impacto mediático de corto plazo entre los seguidores de AMLO con disonancia cognitiva, que prefieren creer en sus palabras y promesas que en los hechos. Esto se basa en el dogma de que un pueblo pobre no debería tener propiedades de calidad. La propuesta de deshacerse de nuestras embajadas equivale a la versión diplomática de vender el avión presidencial.
El proyecto es congruente con la visión de austeridad de López Obrador, quien considera que un inmueble más modesto representa mejor su filosofía de gobierno, olvidándose que su gobierno solamente dura seis años mientras que las embajadas se han adquirido y construido a lo largo de varios siglos. La política de austeridad le está costando muy, pero muy caro al país pues solamente considera el corto plazo y no el mediano (10 años) y largo plazo (30 o más años). Nuestro presidente le está dando la espalda a nuestra historia diplomática y a las necesidades futuras del país en el mundo.
Al principio de esta nota mencionaba que mientras más mal gobernaba López Obrador, parecía que se volvía más popular. Sin embargo, este escribiente duda que siempre vaya ser así. Eventualmente la administración de la 4T va tener que pagar la factura por haber prometido tanto y cumplir tan poco. Parafraseando a Montesquieu, “no hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el nombre de la justicia”.
AMLO, amado por las mayorías y odiado por las minorías, líder carismático que exalta logros y festeja ausencia de resultados con frases entretenidas, simpáticas y vulgares. Le decía a mi amigo, vivimos en un país kafkiano en donde la sustancia pasa a segundo plano y donde las promesas y dichos populares desplazan a la realidad.
Sin embargo, en días recientes se ha notado algo de desgaste en el prestigio de López Obrador. Una de las razones ha sido la debacle de la rifa del avión presidencial, que luego no fue rifa para ganar el avión, sino para obtener un premio en efectivo repartido entre varios ganadores. La simpática ocurrencia se viralizó por el mundo haciendo al gobierno de la 4T el hazmerreír de propios y extraños. Otros problemas que contribuyeron a su pérdida de popularidad fueron el chantaje a 100 empresarios mexicanos para que cada uno comprara por lo menos 20 millones de pesos en boletos para la rifa del disque avión presidencial, el aumento en la inseguridad (con los escándalos de los feminicidios y el asesinato de la familia LeBarón), la contracción económica, el aumento del desempleo, la falta de servicios y medicamentos en los sistemas de salud (con el escándalo de la falta de medicinas para los niños con cáncer). Asimismo, parte de la pérdida del afecto popular se debió a que le falló su “lengua de plata” que generalmente lo ha beneficiado y sacado de apuros, pero que recientemente lo traicionó al mencionar que “no quería que los feminicidios opacaran la rifa del avión”, y al expresar el término “fuchi-caca” refiriéndose a la corrupción.
AMLO necesitaba un golpe impactante para remontar su popularidad; un distractor poderoso para alejar la atención pública de los problemas del país. Ese golpe mediático lo logró genialmente con la aprehensión en España de Emilio Lozoya Austin, el exdirector de petróleos mexicanos, considerado el artífice de una tranza multimillonaria y símbolo de la corrupción y tropelías del régimen de Enrique Peña Nieto.
La primera causa de su aprehensión fue la compra de Agronitrogenados, por parte de Pemex, en diciembre del 2013, por la que se pagó un sobreprecio de 57% por arriba del valor real, o sea alrededor de 93 millones de dólares por encima de su costo de mercado, planta de 30 años de antigüedad con 14 años sin operar, que requería un costoso proceso de rehabilitación y que ahora permanece como chatarra. Estas anomalías resultaron en órdenes de aprehensión contra de Emilio Lozoya y Alonso Ancira, director general de Altos Hornos. Ambos personajes fueron apresados en España. Lozoya está encarcelado, mientras que Ancira enfrenta su proceso de extradición en libertad.
La otra causa fue la acusación de sobornos por 10.5 millones de dólares por parte de la compañía Odebrecht a cambio de contratos con Pemex. Aparte existen varios procesos que se siguen investigando en contra de extitular de Pemex por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.
Esta acción fortalece la narrativa de la administración de la 4T en dos vertientes. Por un lado, que va en contra de la gran corrupción de la mafia del poder, y por el otro, que gran parte de las culpas de los problemas actuales se deben a que los gobiernos del pasado dejaron en muy mal estado al país. La aprehensión de Lozoya le da oxígeno al gobierno de AMLO, permitiéndole ignorar su creciente desprestigio.
El gobierno de AMLO tiene otros importantes distractores en su arsenal, uno de los cuales es la propuesta de vender las embajadas de México. La propuesta de vender los terrenos y edificaciones de nuestras embajadas y rentar lugares comerciales para las funciones diplomáticas es una pésima idea desde el punto de vista financiero, funcional, diplomático y de imagen de México. La propuesta plantea sustituir un buen negocio por uno malo. Las embajadas al ser propiedad de México no pagan rentas ni impuestos, y son parte del territorio nacional. Su venta constituiría la pérdida de un valioso patrimonio de la nación, patrimonio que se ha venido construyendo a lo largo de varias décadas y que le pertenece no sólo a los mexicanos de hoy sino a las futuras generaciones de mexicanos.
Si se venden las embajadas habrá necesidad de rentar lugares alternativos en donde se tendrá que pagar rentas, seguros comerciales e impuestos asociados a los inmuebles. Lugares que nunca pasarían a ser parte del patrimonio de la nación. Dicha propuesta va en línea con la poca importancia que la administración de la 4T asigna a nuestras relaciones exteriores y al comercio internacional.
La propuesta no considera los costos de readaptación, porque las embajadas requieren lugares seguros sin micrófonos, con cuartos seguros para comunicaciones, discusiones de alto nivel de inteligencia, de misiones de negociación. Esos lugares ya existen en las embajadas actuales después de décadas de inversión y de trabajos de adecuación por expertos. Al cambiarse a lugares más modestos habrá que invertir en ellos para lograr esa seguridad necesaria. Cualquier análisis de beneficio costo resultaría en descalificar la propuesta de vender las embajadas actuales, porque sus costos en valor presente serían sin duda alguna superiores a sus beneficios. El único beneficio no es económico, ni funcional, ni diplomático sino tan sólo mediático, para conseguir mayor popularidad… el culto a su personalidad.
En efecto, la venta de las embajadas tendría un impacto mediático de corto plazo entre los seguidores de AMLO con disonancia cognitiva, que prefieren creer en sus palabras y promesas que en los hechos. Esto se basa en el dogma de que un pueblo pobre no debería tener propiedades de calidad. La propuesta de deshacerse de nuestras embajadas equivale a la versión diplomática de vender el avión presidencial.
El proyecto es congruente con la visión de austeridad de López Obrador, quien considera que un inmueble más modesto representa mejor su filosofía de gobierno, olvidándose que su gobierno solamente dura seis años mientras que las embajadas se han adquirido y construido a lo largo de varios siglos. La política de austeridad le está costando muy, pero muy caro al país pues solamente considera el corto plazo y no el mediano (10 años) y largo plazo (30 o más años). Nuestro presidente le está dando la espalda a nuestra historia diplomática y a las necesidades futuras del país en el mundo.
Al principio de esta nota mencionaba que mientras más mal gobernaba López Obrador, parecía que se volvía más popular. Sin embargo, este escribiente duda que siempre vaya ser así. Eventualmente la administración de la 4T va tener que pagar la factura por haber prometido tanto y cumplir tan poco. Parafraseando a Montesquieu, “no hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el nombre de la justicia”.
miércoles, enero 15, 2020
Irán y Estados Unidos: Inicio de la Tercera Guerra Mundial
El asesinato del segundo hombre más importante del régimen teocrático de Irán, el general Qasem Soleimani por órdenes del presidente de los Estados Unidos Donald Trump produjo una gran especulación en las redes sociales de una posible TGM (Tercera Guerra Mundial). Circularon textos anónimos sobre un complot americano para controlar el mercado de hidrocarburos reduciendo la influencia china e hindú a través de la provocación de un conflicto con Irán, uno de los principales proveedores de crudo de estos países. De tal manera, querido lector, pensé apropiado examinar en esta breve nota la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial provocada por el conflicto entre Donald Trump y los extremistas ayatolas.
Primero, hablemos de los antecedentes, ¿ha habido algo parecido en el pasado que haya desatado un gran conflicto con lo que ahora está sucediendo? La respuesta es sí, si lo hubo.
Europa a principios del siglo XX era el centro geopolítico del mundo y la vida transcurría tranquila y en paz en las principales capitales. Sin embargo, esa calma fue interrumpida en junio de 1914 en Sarajevo –capital de una Bosnia Herzegovina anexada al imperio austrohúngaro– con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa Sofía Chotek por un grupo de nacionalistas bosnios. Nadie pensaba días después del incidente que el asesinato pudiera llevar a hechos mayores. La vida en la capital del imperio austrohúngaro continuaba de manera tranquila y serena. Sin embargo, el asesinato pronto generó un efecto dominó, agrupando a las principales potencias europeas en dos bandos antagónicos desatando la Primera Guerra Mundial.
Lo mismo podría pasar ahora. Estados Unidos es la principal potencia militar del mundo e Irán no constituye comparativamente una amenaza significativa, pero lo que no se puede prever con certidumbre son los efectos colaterales en otros países, lo que podría llevar a una confrontación entre el bando de países anti norteamericanos y el bando de los países prooccidentales.
Segundo, antes de entrar al tema de los posibles ejes antagónicos, hablemos de las causas que puedan hacer crecer este conflicto. Éstas son:
Después de que Estados Unidos abandonó el patrón oro para respaldar su moneda en 1971, las fuerzas de la demanda y oferta de dólares fijaron su valor contra las otras divisas. Sin embargo, los principales precios del comercio internacional siguieron fijándose en dólares, por ello el término de petrodólares. Esto significó que los países, al necesitar dólares para importar sus productos en los mercados internacionales, extendían un préstamo sin intereses a los Estados Unidos, cuya moneda ya no estaba respaldada por oro sino por la demanda de otros países por su moneda.
El petróleo casi siempre se ha vendido en dólares por lo que cuando el valor del dólar cae el precio del crudo aumenta y viceversa, manteniéndose el mismo valor del petróleo en el mercado. Sin embargo, uno de los principales productores e importadores de petróleo, China ha empezado recientemente a solicitar pagos y cotizaciones del petróleo en su moneda, el RNB (Renminbi). Sin embargo, si otros países –en especial India e Irán– empiezan a aceptar otras monedas de referencia diferentes al dólar, Estados Unidos perderá su influencia dominante en el mercado de hidrocarburos, algo que están tratando de evitar a través de presiones y sanciones.
Dentro de los cinco principales productores de petróleo están Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Canadá, y China. En cuanto a los principales exportadores están Arabia Saudita, Rusia, Irak, Canadá, Emiratos Árabes, Irán y Estados Unidos (México está en la posición 14 con el 2.3 por ciento del valor total de las exportaciones de petróleo).
Los principales compradores de petróleo iraní son India, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur y Turquía, países que siguen comprando crudo iraní a pesar de las presiones de Estados Unidos. Aun cuando EE.UU. tiene una posición relevante como productor y exportador, su predominancia ya no es absoluta, sino que ahora hay otros grupos de países influyentes en el mercado del petróleo.
Irán controla el estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el golfo de Omán, siendo el canal más importante para el transporte internacional de petróleo de los productores de la región hacia los mercados asiáticos. Por este estrecho pasa poco más del 20 por ciento del petróleo mundial.
En una escalación del conflicto contra EE.UU., Irán podría cerrar el estrecho lo cual sería catastrófico para el mercado petrolero, aumentando exponencialmente el precio del crudo y perjudicando las economías de varios países, especialmente de China y la India.
Toda esta tensión entre Washington y Teherán se da en el contexto de un conflicto permanente en el Medio Oriente. No solamente Irak e Irán están involucrados, sino también Israel, Líbano, Siria, Arabia saudita, Qatar, Yemen y Afganistán. Detrás de la confrontación americana-iraní, existen varios jugadores antagónicos y apoyos explícitos e implícitos como los de Rusia y China. La arena del pleito es la más volátil inestable del mundo, cualquier cosa puede pasar.
Finalmente, hay que preguntarse, ¿existen las condiciones para que haya una conflagración mundial? Este economista piensa que no existen tales condiciones para una TGM.
Para empezar, una guerra global requiere la participación activa de dos grandes ejes que agrupen a las principales potencias militares y nucleares. El radar bélico indica que el probable eje antinorteamericano agruparía a China, Rusia, Irán y Corea del Norte. El problema con este bando es que estos países no comparten los mismos intereses económico-políticos, no son ni siquiera economías interdependientes, carecen de una ideología similar y no tienen un denominador cultural común. Estas diferencias son profundas y difícilmente les permitirá construir una alianza fuerte y sustentable.
Mientras que, por el otro lado, el eje pro americano incluiría a EE.UU., Inglaterra, Francia e Israel, países que tienen una simbiosis de intereses político-económicos. Sus intereses y objetivos políticos y económicos están prácticamente en línea. Son países que forman parte del capitalismo global y practicantes del libre mercado. Estas afinidades les han permitido a estos países superar diferencias históricas casi irreconciliables, permitiéndoles pacificar el epicentro de dos guerras mundiales y crear la unión europea.
En conclusión, querido lector no creo que estemos ante el nacimiento de una TGM. El conflicto entre Estados Unidos e Irán no es el prólogo de un conflicto bélico global. China y Rusia están conscientes de sus debilidades y dificultades de crear una alianza equivalente a la occidental. Irán, aparte de no ser una superpotencia, está inhabilitado por la distancia geográfica con Estados Unidos, para llevar a cabo una guerra directa y transcontinental.
Opino que la tensión entre ambos países continuará, pero no creo –por lo menos no durante el 2020– que haya guerra entre Estados Unidos e Irán.
Primero, hablemos de los antecedentes, ¿ha habido algo parecido en el pasado que haya desatado un gran conflicto con lo que ahora está sucediendo? La respuesta es sí, si lo hubo.
Europa a principios del siglo XX era el centro geopolítico del mundo y la vida transcurría tranquila y en paz en las principales capitales. Sin embargo, esa calma fue interrumpida en junio de 1914 en Sarajevo –capital de una Bosnia Herzegovina anexada al imperio austrohúngaro– con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa Sofía Chotek por un grupo de nacionalistas bosnios. Nadie pensaba días después del incidente que el asesinato pudiera llevar a hechos mayores. La vida en la capital del imperio austrohúngaro continuaba de manera tranquila y serena. Sin embargo, el asesinato pronto generó un efecto dominó, agrupando a las principales potencias europeas en dos bandos antagónicos desatando la Primera Guerra Mundial.
Lo mismo podría pasar ahora. Estados Unidos es la principal potencia militar del mundo e Irán no constituye comparativamente una amenaza significativa, pero lo que no se puede prever con certidumbre son los efectos colaterales en otros países, lo que podría llevar a una confrontación entre el bando de países anti norteamericanos y el bando de los países prooccidentales.
Segundo, antes de entrar al tema de los posibles ejes antagónicos, hablemos de las causas que puedan hacer crecer este conflicto. Éstas son:
- la moneda de referencia para las cotizaciones y transacciones en el mercado internacional del petróleo;
- los principales países oferentes de petróleo;
- el control de Irán del estrecho de Ormuz por donde pasa más de la quinta parte del petróleo mundial, y
- el panorama futuro de Medio Oriente.
Después de que Estados Unidos abandonó el patrón oro para respaldar su moneda en 1971, las fuerzas de la demanda y oferta de dólares fijaron su valor contra las otras divisas. Sin embargo, los principales precios del comercio internacional siguieron fijándose en dólares, por ello el término de petrodólares. Esto significó que los países, al necesitar dólares para importar sus productos en los mercados internacionales, extendían un préstamo sin intereses a los Estados Unidos, cuya moneda ya no estaba respaldada por oro sino por la demanda de otros países por su moneda.
El petróleo casi siempre se ha vendido en dólares por lo que cuando el valor del dólar cae el precio del crudo aumenta y viceversa, manteniéndose el mismo valor del petróleo en el mercado. Sin embargo, uno de los principales productores e importadores de petróleo, China ha empezado recientemente a solicitar pagos y cotizaciones del petróleo en su moneda, el RNB (Renminbi). Sin embargo, si otros países –en especial India e Irán– empiezan a aceptar otras monedas de referencia diferentes al dólar, Estados Unidos perderá su influencia dominante en el mercado de hidrocarburos, algo que están tratando de evitar a través de presiones y sanciones.
Dentro de los cinco principales productores de petróleo están Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Canadá, y China. En cuanto a los principales exportadores están Arabia Saudita, Rusia, Irak, Canadá, Emiratos Árabes, Irán y Estados Unidos (México está en la posición 14 con el 2.3 por ciento del valor total de las exportaciones de petróleo).
Los principales compradores de petróleo iraní son India, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur y Turquía, países que siguen comprando crudo iraní a pesar de las presiones de Estados Unidos. Aun cuando EE.UU. tiene una posición relevante como productor y exportador, su predominancia ya no es absoluta, sino que ahora hay otros grupos de países influyentes en el mercado del petróleo.
Irán controla el estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el golfo de Omán, siendo el canal más importante para el transporte internacional de petróleo de los productores de la región hacia los mercados asiáticos. Por este estrecho pasa poco más del 20 por ciento del petróleo mundial.
En una escalación del conflicto contra EE.UU., Irán podría cerrar el estrecho lo cual sería catastrófico para el mercado petrolero, aumentando exponencialmente el precio del crudo y perjudicando las economías de varios países, especialmente de China y la India.
Toda esta tensión entre Washington y Teherán se da en el contexto de un conflicto permanente en el Medio Oriente. No solamente Irak e Irán están involucrados, sino también Israel, Líbano, Siria, Arabia saudita, Qatar, Yemen y Afganistán. Detrás de la confrontación americana-iraní, existen varios jugadores antagónicos y apoyos explícitos e implícitos como los de Rusia y China. La arena del pleito es la más volátil inestable del mundo, cualquier cosa puede pasar.
Finalmente, hay que preguntarse, ¿existen las condiciones para que haya una conflagración mundial? Este economista piensa que no existen tales condiciones para una TGM.
Para empezar, una guerra global requiere la participación activa de dos grandes ejes que agrupen a las principales potencias militares y nucleares. El radar bélico indica que el probable eje antinorteamericano agruparía a China, Rusia, Irán y Corea del Norte. El problema con este bando es que estos países no comparten los mismos intereses económico-políticos, no son ni siquiera economías interdependientes, carecen de una ideología similar y no tienen un denominador cultural común. Estas diferencias son profundas y difícilmente les permitirá construir una alianza fuerte y sustentable.
Mientras que, por el otro lado, el eje pro americano incluiría a EE.UU., Inglaterra, Francia e Israel, países que tienen una simbiosis de intereses político-económicos. Sus intereses y objetivos políticos y económicos están prácticamente en línea. Son países que forman parte del capitalismo global y practicantes del libre mercado. Estas afinidades les han permitido a estos países superar diferencias históricas casi irreconciliables, permitiéndoles pacificar el epicentro de dos guerras mundiales y crear la unión europea.
En conclusión, querido lector no creo que estemos ante el nacimiento de una TGM. El conflicto entre Estados Unidos e Irán no es el prólogo de un conflicto bélico global. China y Rusia están conscientes de sus debilidades y dificultades de crear una alianza equivalente a la occidental. Irán, aparte de no ser una superpotencia, está inhabilitado por la distancia geográfica con Estados Unidos, para llevar a cabo una guerra directa y transcontinental.
Opino que la tensión entre ambos países continuará, pero no creo –por lo menos no durante el 2020– que haya guerra entre Estados Unidos e Irán.
miércoles, diciembre 18, 2019
México ante el peligro de volver al fanatismo religioso
México corre el gran riesgo de regresar al fanatismo religioso que con gran sacrificio se logró desterrar con las guerras de reforma y la cristera. La senadora de Morena, María Luévano, presentó una iniciativa de reforma integral a la ley de asociaciones religiosas y culto público, iniciativa qué de ser aprobada, representaría un bárbaro retroceso de la democracia en el país.
Es curioso que miembros de un partido que pretende emular a Benito Juárez sean quienes pretenden dar marcha atrás a la relación que el estado mexicano rompió con la iglesia en 1861, modernizando las instituciones republicanas del México moderno.
Imagínense ustedes, ahora sectas religiosas, con sus propias escuelas, campos de adoctrinamiento, promoviendo políticos a cargos populares, sus propios partidos... adiós a la libertad de pensamiento. Las instituciones democráticas deben estar separadas de las instituciones religiosas, porqué el fanatismo siempre triunfa sobre el raciocinio. Con esta Iniciativa de ley, México corre el peligro de ser balcanizado y, en un extremo, de vivir enfrentamientos entre grupos religiosos, y de una mayor polarización de la sociedad.
Este es uno de los gobiernos, desde la independencia, que menos piensa en las consecuencias de sus acciones, bastan algunos ejemplos: 1) permite el paso humanitario de las caravanas migratorias hasta que Trump amenaza a México... inmediatamente AMLO da marcha atrás, convirtiendo a la guardia nacional en el muro, y 2) le da asilo político al dictador Evo Morales hasta que Trump amenaza, inmediatamente lo echan del país para Argentina.
Esperemos que la razón prevalezca y que esta Iniciativa no sea aprobada, de lo contrario México se va a llenar no solamente de chairos a favor de Andrés Manuel, sino chairos de Cristo Rey, de la Iglesia de la Luz del Mundo, de la Iglesia de las Nubes Divinas, de Mahoma, de los Testículos de Jehová, de los Monjes Guadalupanos, de los Jaguares de Huitzilopochtli, etc...
Pobre México en medio de 2 burros: Trump y López.
Es curioso que miembros de un partido que pretende emular a Benito Juárez sean quienes pretenden dar marcha atrás a la relación que el estado mexicano rompió con la iglesia en 1861, modernizando las instituciones republicanas del México moderno.
Imagínense ustedes, ahora sectas religiosas, con sus propias escuelas, campos de adoctrinamiento, promoviendo políticos a cargos populares, sus propios partidos... adiós a la libertad de pensamiento. Las instituciones democráticas deben estar separadas de las instituciones religiosas, porqué el fanatismo siempre triunfa sobre el raciocinio. Con esta Iniciativa de ley, México corre el peligro de ser balcanizado y, en un extremo, de vivir enfrentamientos entre grupos religiosos, y de una mayor polarización de la sociedad.
Este es uno de los gobiernos, desde la independencia, que menos piensa en las consecuencias de sus acciones, bastan algunos ejemplos: 1) permite el paso humanitario de las caravanas migratorias hasta que Trump amenaza a México... inmediatamente AMLO da marcha atrás, convirtiendo a la guardia nacional en el muro, y 2) le da asilo político al dictador Evo Morales hasta que Trump amenaza, inmediatamente lo echan del país para Argentina.
Esperemos que la razón prevalezca y que esta Iniciativa no sea aprobada, de lo contrario México se va a llenar no solamente de chairos a favor de Andrés Manuel, sino chairos de Cristo Rey, de la Iglesia de la Luz del Mundo, de la Iglesia de las Nubes Divinas, de Mahoma, de los Testículos de Jehová, de los Monjes Guadalupanos, de los Jaguares de Huitzilopochtli, etc...
Pobre México en medio de 2 burros: Trump y López.
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