sábado, agosto 09, 2008

En los zapatos de los padres de Fernando Martí

Imagínate que tú eres el que estás hablando…

Las palabras a continuación son un extracto de las dichas durante una misa en memoria de Fernando Martí, niño de 14 años secuestrado y asesinado.

He sido muy afortunado. Dios me dio la oportunidad de tener un hijo, un hermoso niño que sólo pedía una cosa: cariño. Para eso había venido al mundo: para amar y ser amado.

Lo acogí en mis brazos y crecimos juntos. Nos complementamos, y tenía la necesidad de ofrecer ese cariño que él tanto requería. Tuve la oportunidad de darle algo mejor: una familia que vivía en armonía; una mamá, una hermana y un hermano.

Recuerdo el primer día que me dijo “papá” y sentí cómo el cielo se abría, los pájaros cantaban y el sol iluminó el mundo. De la mano íbamos a su escuela.

Los primeros días se le llenaban los ojos de lágrimas, no quería despegarse de mí, pero pronto encontró su mayor interés por el colegio: sus amigos. Además, se divertía jugando futbol y adoraba la música.

Pasaron los años, me sorprendía ver cómo mi pequeño niño se hacía un hombrecito, que maduraba a pasos agigantados, que crecía para ser casi de mi tamaño.

Cumplió catorce años, lo celebramos juntos, en familia con algunos amigos. La vida nos sonreía.

Pero un día el cielo se nubló, los pájaros enmudecieron y la tragedia invadió nuestros corazones: en el camino por donde pasaba mi hijo se cruzaron unos hombres desalmados, personas que no podrían ser descritas con un adjetivo porque no los hay para poderlos describir.

Me avisaron que mi hijo acababa de ser secuestrado, ¿cómo?…, ¿cómo podía ser aquello?…, Al parecer, los plagiarios eran o se hacían pasar por policías.

La noticia me dejó pasmado. No tenía idea de cómo actuar. Por fin nos confirmaron el plagio y pidieron rescate.

Al día siguiente, el drama fue mayor, localizaron un cadáver en la cajuela de un coche, era el chofer, amigo de nuestra familia que cumplía responsablemente con su deber y que dejó en duelo a los suyos¡




Hasta aquí habla el padre de familia

Imagine por un minuto lo que ese padre y su familia pudieron sentir en aquel momento. Pasaron días en total incertidumbre, sin saber en dónde estaba su hijo, si comía o tenía frío, si era golpeado o amenazado.

Peor aún, no sabían si estaba vivo o no. Pero la esperanza nunca muere y ellos esperaron cincuenta días que convertidos en horas podrían traducirse en meses, minutos que se convertían en años y segundos que eran una eternidad sorda.

Aquel padre pidió asesoría; no sabía cómo actuar ante tal situación... Buscó por todos los medios la manera de que su hijo volviera, se hincó ante las autoridades, pidió auxilio a la policía, visitó las oficinas de los procuradores y a los altos mandatarios, rogó a Dios mañana y noche, deseó cambiar su vida por la de su pequeño.

Por supuesto, aquel padre pagó el rescate. Sabía que las monedas eran tan viles como las de Judas; no tenían valor y menos sentido.

Pasó un día, otro y otro. Nada. No hubo llamadas, ni el timbre sonó, ni nadie llegó.

Por fin, recibieron una llamada. Quien hablara no quería entrevistarse con el jefe de familia, pero el padre espetó: “dígame, aquí estoy”; creía estar preparado para todo. El comunicante informó que habían encontrado el cuerpo de una persona en la cajuela de un coche y había que reconocerlo.

Este crimen es un atentado contra cada familia de México y cada uno de sus habitantes... La lloramos todos los mexicanos que tenemos hijos y los que no los tienen.

CONDENAMOS LA IMPUNIDAD Y LA VIOLENCIA.
¡YA BASTA!

Alfredo Harp Helú y
María Isabel Grañén Porrúa
Agosto 2008




El texto completo se lo mandé a mi amigo de toda la vida, el Arquitecto Jesús Goyeneche, maestro universitario, hombre de hablar franco y enorme corazón. A continuación su respuesta:


¡Carajo Luís!

Esto me tiene furioso (aparte de muy consternado). Quisiera agarrar a uno de estos cabrones y sacarle los ojos, o meterles un tiro en el culo, para que no se murieran luego, luego, que sufrieran los cabrones que secuestraron y mataron a este pobre niño de catorce años. Yo no sé que piensen los demás, pero para mí, que maten a este tipo de gente. ¡Qué Derechos Humanos ni que la chingada! Como es posible que haya personas que piensen que este tipo de personas pueda tener alguna clase de derecho. Esto de los Derechos Humanos es una puta vacilada de creación política, para que los pinches políticos presenten fachadas de personas preocupadas por los demás. La verdad, yo creo, está más clara que el agua.

Chucho




Esto fue lo que le contesté:

Estimado Chucho:

Lo que sucedió con el niño Martí nos tiene a todos consternados. Es otra triste manifestación de la onda creciente de la falta de respeto a la vida y propiedad ajenas. Sus inicios vienen de varios años atrás. Aparece de la mano del aumento en la corrupción e impunidad que empezó con el milenio. Es síntoma de la gradual erosión de las fibras de nuestra sociedad.

En mis 63 años de existencia, nunca había visto semejante corrupción e inseguridad. Un amigo fue a tramitar una licencia para vender vino y licores en su restaurante. Para empezar a hablar, le pidieron una mordida de 100,000 pesos. Las autoridades de la delegación donde tiene su restaurante son del PAN, partido que cuando no estaba en el poder alardeaba de su honradez. ¿Cómo se le puede exigir un comportamiento honesto a la policía cuando las propias autoridades políticas y administrativas son tan corruptas? Las principales bandas criminales tienen en sus filas a ex policías ó a personal de seguridad en funciones. Los policías ven como sus jefes y los jefes de sus jefes se hinchan de dinero al amparo del poder, así es que ellos buscan también la ganancia personal en lo que saben hacer, pero ahora del otro lado. Los mandos bajos han perdido orgullo y respeto por su trabajo, en parte, por ser testigos del constante abuso de poder y enriquecimiento ilícito de los mandos altos.

La corrupción está en todos lados:


1) Los funcionarios de la delegación que asignan contratos por obras inexistentes, que no hacen su trabajo, que piden mordidas, etc. Los vecinos, a pesar de que pagamos prediales altísimos, tenemos que pavimentar nuestras propias banquetas, sufriendo el constante agobio de varias patrullas que paran los trabajos pidiendo una gratificación.
2) Los funcionarios de la Comisión del Agua que dan trabajos a amigos o venden plazas y desperdician recursos. Reportas una fuga de agua, vienen al segundo día ocho trabajadores, dos se duermen en la cabina, cinco platican fumando recargados en el vehículo, mientras uno trabaja. Te piden la tubería, pues no traen. La compras y se las das. Reparan una sección con una cámara de llanta, y se van sin tapar el hoyo que hicieron. Todo a pesar de que pagas unos cuentones por el agua.
3) Los líderes políticos y sindicales que roban impunemente a sus agremiados, chantajeando a las autoridades con sus amenazas laborales y equipos de choque, y chupando -en última instancia- la sangre y la economía de los ciudadanos.
4) Los ex presidentes y sus familias que entraron con limitados y contados recursos al poder y salieron con inmensas fortunas: Llámense los Salinas o los Fox.
5) Los banqueros que suben las comisiones cuando se supone que, como resultado de la desaceleración económica y la competencia entre bancos, estás comisiones deberían de bajar. Las autoridades reguladoras de los bancos que reciben una prebenda a cambio de hacerse de la vista gorda ante semejante robo al despoblado.
6) Las autoridades policiacas que regularmente sirven a los narcotraficantes brindándoles servicios de información y apoyo, etcétera.


¿Qué cuál es la solución? Sí, hay que endurecer las penas. No me cabe la menor duda. Inclusive, introducir la pena de muerte para delitos tipificados de alta criminalidad, como el secuestro y asesinato por ex policías. Esto sería lo inmediato. Pero hay también que hacer algo a mediano y largo plazo para atacar los orígenes de ésta plaga: Hay que procesar a los funcionarios corruptos actuales y pasados; hay que parar con la impunidad en todos sus niveles. Esto es difícil.

El sistema actual de impartición de justicia no está funcionando. Hay que cambiarlo. La pregunta clave es ¿Cómo? Es obvio que no se puede cambiar bajo el sistema político actual. Vivimos bajo un clima de ingobernabilidad. Un poder ejecutivo y uno legislativo que no se entienden, que no buscan el beneficio nacional, ni quedar bien con la historia; sino que buscan ganancias personales, partidistas o tribales. Te imaginas el debate para hacer una reforma a fondo de los sistemas de seguridad y judicial. ¡Qué circo sería!

Mientras sigan llegando al poder los actuales políticos, no vamos a poder cambiar nada. Se requieren nuevas figuras, personas mas honestas, gente comprometida con el México actual y futuro. Y esto implicaría subirnos al ring político (luchar contra los políticos actuales) o dar un golpe de estado, y esto último (de acuerdo a la historia) sería contraproducente, pues la propia solución engendra su semilla de abuso destructivo.

¿Cuál sería la solución a mediano y largo plazo? ¿Crear un nuevo partido político? ¿Promover un cambio de forma de gobierno a un sistema parlamentario, para darle más gobernabilidad al país? ¿Eliminar a los organismos nacionales (históricamente influenciables y corruptibles) reguladores de nuestra democracia, finanzas y derechos humanos, e instaurar organismos internacionales para que hagan estas funciones? ¿Limpiar y modificar nuestro sistema educativo (pues la buena educación universal es la única solución a largo plazo)? ¿Descentralizar a los sistemas policiales y concentrarlos en unos cuantos organismos con buenos recursos? Etcétera.

Desgraciadamente, tengo mas preguntas que respuestas. Pero, soy optimista. Creo que ésta degradación de valores en nuestra sociedad es resultado de la falta de patriotismo real, no el patrioterismo de gritar de que “como México no hay dos”, o llorar de emoción cuando un connacional gana oro en una competencia internacional, o cantar cuando estamos en el extranjero “México lindo y querido”. No. Me refiero a una conducta honesta, de servicio público; de educar bien a los hijos; de hacer bien tu trabajo; de no ser abusivo; de cuidar los animales, los bosques, las calles; de no dar mordidas, etc. Creo que como sociedad eventualmente le pondremos un hasta aquí a nuestro país secuestrado por la corrupción e impunidad.

Lo que le sucedió al niño Fernando Martí nos ha llegado muy de cerca. No solo como mexicanos y padres de familia, sino porque nuestros grandes y queridos amigos Fernando y Alejandrina son cercanos a la familia Martí.

Estimado Chucho, yo también siento la misma rabia, frustración y deseo de venganza que tú.

Un fuerte abrazo.

Luis Emiliano




Mis Apreciados Amigos Fernando y Alejandrina Solís me mandaron el siguiente mensaje:

Querido Luis:

Muchas gracias.
Tu mensaje es muy alentador. Todos estamos muy consternados con la situación que estamos viviendo, qué país le estamos dejando a nuestros hijos ???

En efecto nos ha tocado vivir muy de cerca esta tragedia que ha consternado a todos los Mexicanos. Es terrible ver el inmenso dolor que puede sentir una familia que jamás le ha hecho daño a nadie, familia trabajadora, deportista, como muchas otras.

Esperamos que la misión de Fernandito, como lo dicen sus propios padres, sea el crearnos conciencia y sentido de unidad entre todos nosotros para luchar juntos y exigir a las autoridades un combate REAL a la delincuencia que a diario termina con la felicidad de tantas y tantas familias mexicanas.

Saludos,

Alejandrina y Fernando

domingo, junio 01, 2008

Un poemilla de Salvador Díaz Mirón

Este poema es para mis asiduos y gigantesco número de lectores - o sean tres: Yo, migomismo y un servidor.


Que como el perro que lame
la mano de su señor,
el miedo ablande el rigor
que con el llanto derrame;
que la ignorancia reclame
al cielo el bien que le falta.
Yo, con la frente muy alta,
cual retando al rayo a herirme
soportaré sin rendirme
la tempestad que me asalta.
No esperes en tu piedad
que lo inflexible se tuerza:
yo seré esclavo por fuerza
pero no por voluntad.
Mi indomable vanidad
no se aviene a tan ruin papel.
¿Humillarme? Ni ante aquel
que enciende y apaga el día.
Si yo fuera ángel, sería
el soberbio ángel Luzbel.
El hombre de corazón
nunca cede a la malicia.
¡No hay más Dios que la justicia
ni más ley que la razón!
¿Sujetarme a la presión
del levita o del escriba?
¿Doblegar la frente altiva
ante torpes soberanos?
Yo no acepto a los tiranos
ni aquí abajo ni allá arriba.

viernes, mayo 30, 2008

Rollos sobre la Amistad

Aquí están algunas frases sobre la amistad. ¿Qué otras se te ocurren?
  1. Nosotros no pudimos escoger a nuestros familiares, pero afortunadamente podemos escoger a nuestros amigos.
  2. Un amigo es una persona con quien te atreves a ser tú mismo.
  3. No esperes que un amigo venga a decirte que está necesitado, ayúdale antes.
  4. El privilegio del buen amigo es que no hay que explicarle nada.
  5. Los silencios entre amigos constituyen auténticas conversaciones.
  6. Lo importante no es lo que decimos, sino lo que no precisamos decir.
  7. Mi amigo escucha la canción de mi corazón y me la canta cuando me falla la memoria.
  8. El simple saber del amigo nos permite resistir la soledad, la enfermedad y la confusión.
  9. La amistad no disminuye con la distancia, ni con el tiempo, la cárcel, la enfermedad o el silencio.
  10. El pilar de la amistad no es tanto la ayuda del amigo sino la seguridad de poder contar con él.
  11. Los amigos son la historia de nuestra vida.
  12. Siempre crucé el umbral del amigo sin más pena que la de marcharme.
  13. Una amistad se construye tanto con dolores como con alegrías.
  14. La amistad tarda en crecer, requiere tiempo para compartir sueños y memorias.
  15. Amigo es aquel que conoce todo sobre ti, y a pesar de ello te sigue queriendo.


miércoles, abril 09, 2008

Ni Tan Niños Ni Tan Héroes

De casualidad leí algunas de las preguntas y respuestas acerca de los Niños Héroes en el blog de Yahoo, y quedé francamente sorprendido: “Que los niños héroes ni eran tan niños ni eran tan héroes”, “que Juan Escutia no se tiró envuelto en la bandera, sino que se cayó ebrio de borracho”, “que no eran cadetes sino reos prisioneros en el castillo”, “que la gesta solo cobró importancia por necesidad política hasta Miguel Alemán”, etc. Me gustaría aclarar estos puntos, y la mejor manera de hacerlo es visitando las fuentes históricas.

En éste capítulo de nuestra historia hay cuatro fuentes:

  1. La de los americanos,
  2. la del gobierno mexicano de la época,
  3. la de los opositores al gobierno, y
  4. la propia historia de los involucrados.

Los Niños Héroes según fuentes americanas: Los americanos tienen records confirmando (a) un enfrentamiento en la toma del Castillo, (b) la captura de prisioneros en el Castillo y su liberación posterior de 49 apresados por autorización del Teniente Coronel Ethan A. Hitchock, encargado de la inspección general del ejército norteamericano. Entre otros, aparecen los siguientes nombres: J. Mariano Monterde (Director General), Antonio Poucel (Prof. Esgrima) y alumnos: Manuel Alemán, Fernando Poucel, Miguel Poucel, José T. Cuellar, Antonio Solá, Ignacio Molina, Cástulo García, Esteban Zamora, Vicente Herrera, Ignacio Burgoa, Santiago Hernández, etc.

Fuentes oficiales de la época: Los documentos registran que el 11 de Noviembre de 1847 se crea la Medalla de Honor, para venerar a los defensores del Castillo de Chapultepec. El Director del Colegio Militar, el General José Mariano Monterde envió a la Secretaría de Guerra el 6 de Diciembre de 1848 la relación de los defensores del Castillo para ser condecorados con la Cruz de Honor. En ella figuran, entre otros, los tenientes Manuel Alemán, Fernando Poucel, Juan de la Barrera; subtenientes Miguel Poucel, José T. Cuellar, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, Vicente Suarez, etc. Esta lista apareció el 16 de octubre de 1848 en el Correo Nacional, periódico oficial del Gobierno de la República Mexicana (por cierto, en dicha publicación deletrean incorrectamente Poucel, como Pouset). Los sobrevivientes de la batalla de Chapultepéc (Fernando Poucel, José T. Cuéllar, Antonio Solá, Ignacio Molina, Cástulo García, Esteban Zamora, Vicente Herrera, Ignacio Burgoa y Santiago Hernández) se reúnen y crean la "Asociación del Heroico Colegio Militar" en 1871, y en reconocimiento al destacado papel de Fernando Poucel en la batalla, los cadetes sobrevivientes lo designan Presidente Fundador de la Sociedad. Ese mismo año, el 13 de Septiembre se celebra por primera vez el Aniversario del Sacrificio del Castillo de Chapultepec siendo presidida por Benito Juárez y su gabinete.

Los conservadores opositores a Juárez: Las fuentes del grupo conservador informaron en su momento que los niños héroes no eran ni tan niños, ni tan héroes. Los conservadores montaron una campaña para desprestigiar las acciones del gobierno juarista, mencionándose entre otras cosas, que los cadetes no eran cadetes, sino personas arrestadas en el Castillo, que eran alumnos en estado de ebriedad, que uno de los cadetes abrigándose con la bandera se cayó a su muerte por estar borracho, etc. Lo sorprendente es que ahora han vuelto a resurgir estas interpretaciones negando la existencia de alumnos que se enfrentaron a las tropas de asalto estadounidenses. Mi hija de 14 años me dijo, mientras comíamos, que su maestra le había dicho que los niños héroes no existieron. Véanse asimismo las preguntas y respuestas sobre el tema a las que hice referencia al inicio.

La historia oral de los participantes: Yo desciendo de los Poucel, y tres de ellos lucharon en la defensa del Castillo: Antoine Poucel (maestro de esgrima), Fernando Poucel (cadete con grado de teniente), y Miguel Poucel (cadete con grado de subteniente). Según nuestra historia familiar, cuando el ejército norteamericano marchaba hacia Chapultepéc, el Director del Colegio ordenó a los muchachos que se fueran a sus casas. Sin embargo, varios de ellos rehusaron abandonar el Castillo, quedándose en el Colegio cerca de 200 cadetes, algunos maestros y el director. Los americanos, después de dominar el área alrededor del Castillo, lanzaron sus tropas de asalto sobre el mismo. Los alumnos respondieron y contuvieron el avance americano por varias horas. Cuando se les terminó la pólvora y municiones, entraron los americanos y la lucha se tornó cuerpo a cuerpo, con bayonetas y espadas. Los muchachos cuando vieron que los americanos estaban por llegar al jardín donde ondeaba la bandera, la bajaron y trataron de escapar cuando fueron atacados. Juan Escutia recibió varios balazos, y cayó al vacío con la bandera. A mi tatarabuelo, Antoine Poucel lo hirieron. De acuerdo a la historia familiar, Fernando Poucel fue el último en deponer las armas. A la mejor por eso, después de más de dos décadas de la batalla, sus compañeros que lucharon con él lo nombraron Presidente Fundador de la Asociación del Heroico Colegio Militar. Hay una fotografía donde están los fundadores de la asociación sentados alrededor de una mesa sobre la cual hay una botella de vino. Su compromiso era que el que sobreviviera a todos se tomaría la botella: Mi familia tiene la botella (claro, vacía… se la tomó mi tío bisabuelo Fernando).

¿Cuál historia hay que creer? De las cuatro fuentes de información, ciertamente la de los conservadores opositores al gobierno, es la más sospechosa y tendenciosa. Yo en lo particular, le creo más a mi historia familiar.

Ahora, con los triunfos del PAN, vivimos algo de revisionismo histórico. En una nota en el portal de la presidencia se habla de otro “niño héroe” quien tuvo la fortuna de también salir con vida, el conservador y acérrimo enemigo de Benito Juárez, Miguel Miramón. En efecto, Miguel Miramón figuró en la defensa del Castillo, y seguramente no estaba ebrio, pero tampoco tuvo una actuación destacada. ¿Qué, ahora para ser héroe hay que ser de derecha?

Es tiempo de aceptar nuestra historia, pero de manera objetiva. Hay que reconocer, no menospreciar, a todos aquellos que lucharon contra la invasión americana, independientemente de su filiación política. Los pies bien plantados en el pasado son los cimientos para encarar con éxito los desafíos del mañana. Empecemos por correr a los maestros que le niegan a nuestra juventud los pocos héroes que en realidad no son mitos: ¡Los niños héroes si fueron niños y si fueron héroes!

miércoles, octubre 10, 2007

Miguel Poucel en la defensa del Castillo de Chapultepec

Este relato de la participación de Miguel Poucel en la defensa del Castillo de Chapultepec esta basado en la información proporcionada por el cadete Teófilo Noris que sirvió bajo su mando.

Miguel Poucel, heroico oficial de cadetes, vivió horas amargas en la defensa del Castillo de Chapultepec en 1847. El cadete lucía en su chaquetín las espiguillas de subteniente cuando luchó, a sus dieciocho años, junto con otros cuarenta y cinco cadetes del Colegio Militar contra trescientos efectivos del ejercito americano.

A los 16 años de edad, siguiendo su vocación a la carrera de las armas, ingresó junto con su hermano Fernando Poucel al Colegio Militar, permaneciendo en sus aulas dos años. Alcanzó, por méritos propios, el grado de Subteniente, asignándosele la responsabilidad de comandar la Segunda Compañía, la cual formó parte de la defensa del Castillo de Chapultepec aquel inolvidable 13 de Septiembre de 1847, en el que los niños héroes escribieron una de las páginas más bellas de la Historia de México.

A la Segunda Compañía se les había confiado la guardia del Hospital de Sangre, localizado al lado oriente del Castillo de Chapultepec. El occidente del Colegio estaba siendo defendido por la Primera Compañía al mando del general Monterde.

El tiroteo había principiado en la mañana del día 13. Los de la Segunda —formada por cuarenta alumnos, cuatro cabos, un sargento y un subteniente— no habían visto acción. Como a las 12 del día, se recibió aviso de que la posición llamada “Caballero Alto” había sido capturada por los americanos, los que ahora avanzaban hacia el oriente del Castillo. El oficial de la Compañía Miguel Poucel ordenó inmediatamente prepararse para el combate y tomar las armas.

Minutos después, el centinela Andrés Mellado gritó:
— !Alto! ¿Quién vive?

Momento histórico que irrumpió de manera profunda en los emocionados cadetes. Cada uno de ellos pensó en sus padres, familiares, amigos, en su escuela, en la patria y el honor. El grito del centinela fue un aliento de gloria que los impulsó a correr con sus armas, saltando sobre las cajas de parque y tomando sus posiciones. Los cadetes no hicieron esperar su respuesta a los primeros tiros de la fusilería enemiga.

Los muchachos estaban inmóviles sobre los parapetos, cargando y disparando sus fusiles. El valiente centinela, sonriente, se detenía de vez en cuando para contestar alguna bala que le pasaba de cerca, silbando siniestramente. Un cadete  — ¡qué diablo, vaya que era bravo!— que siempre se había distinguido en el tiro al blanco, estaba muy contento sonriendo, detrás de su parapeto, casando americanos.

De pronto, el centinela gritó: — ¡Relevo! ¡Estoy herido! Miguel Poucel ordenó su relevó, había sido ligeramente rozado por una bala en el carrillo.

Miguel Poucel dirigía la defensa como un león. ¡Vaya que si era audaz y valiente! Había que verlo multiplicándose en los sitios de mayor peligro, alentando a los cadetes, infundiéndoles ánimo, cargando personalmente los fusiles, haciendo fuego certero.

—¡Sargento Noris! —ordenó Poucel.— Deje usted de tirar. Ocúpese en cargar las armas de los muchachos, porque estos malvados nos acosan por todos lados.

Mientras el Sargento ayudaba a cargar los fusiles y a llenar cartuchos, aparecieron por la puerta del “Rastrillo”, cerca de 150 soldados americanos, los cuales comenzaron a disparar, un nutrido fuego de infierno. A poco aparecieron otros 150, que redoblaron su ataque sobre las posiciones de los cadetes. Habían más de seis soldados americanos por cada cadete. Las cajas de parque empezaron a vaciarse.

—¡Sargento, los muchachos aflojan! Grito Poucel.

—Hay razón —le contestó el rudo Sargento—, el parque se nos ha agotado.

El general Monterde no podía trasmitir sus órdenes porque ya había sido apresado en la parte occidental del Colegio… Toda la responsabilidad recaía sobre el joven oficial, Miguel Poucel, quien gritaba "disparen solo cuando estén certeros". Las balas se estaban agotando y la rendición se avecinaba. Cuando entraron los americanos, Miguel Poucel, con las balas zumbándole, arrojó su fusil sin municiones e inició el ataque con su espada. Agustín Melgar se pertrechó con las pocas balas que le quedaban en la biblioteca, recibiéndolos a balazos, matando a uno de ellos y siendo herido, desgraciadamente murió poco después de amputársele la pierna.

Ya no había parque. Poucel ordenó a sus cadetes deponer y colocar sus armas en el suelo, haciendo lo mismo con su espada. Al acercarse las fuerzas del general Smith, subió primero sobre el reducto un joven oficial americano. Inmediatamente se dirigió al oficial Miguel Poucel, exigiéndole rindiera su espada. Poucel nada dijo y solamente, con mirada desafiante y altivo gesto, le señaló el arma que se encontraba en el suelo.

—Si quieren recogerlas —le dijo a sus cadetes— que se inclinen a tomarlas; nosotros jamás se las entregaremos.

Después fueron encerrados en los dormitorios de Chapultepec y al día siguiente se les condujo a Tacubaya, en donde se negaron de hacer el juramento de no tomar las armas contra la invasión. El día 15 se les puso en libertad, en México, a condición de no salir de la capital…





Fernando Poucel en Chapultepec

Los cadetes se defendían valientemente ante la superioridad numérica y la escasez de pertrecho bélico. Fernando corría de un lado para otro, sin preocuparse de las balas que zumbaban a su alrededor. Gradualmente, los fusiles dieron lugar a las armas blancas, y la lucha se tornó cuerpo a cuerpo. Varios soldados atacaban a dos cadetes, uno de los cuales recibió tremenda estocada que lo deshabilitó, cayendo al suelo. El otro bravo cadete, diestro espadachín, entrenado por el gran maestro de Antoine Poucel --padre de Fernando y Miguel Poucel-- a pesar de sus cortos dieciocho años, resistía el ataque de los norteamericanos sin permitir apertura alguna que decidiera el combate, pero sin poder penetrar el ataque concentrado de los soldados invasores. En ese momento Fernando apareció de la nada y en cuestión de segundos tres norteamericanos yacían en el suelo agarrándose sus heridas.Un teniente norteamericano, testigo de aquel intercambio, prendió en cólera y fue en busca de Fernando quien continuaba, junto con el bravo cadete, hiriendo a soldados norteamericanos a diestra y siniestra con certeras estocadas y tajos. El teniente finalmente alcanzó en la salida al jardín a Fernando, increpándolo y desafiándolo a que lo enfrentara. La mayoría de los cadetes ya estaban en el jardín, escasos de pertrecho bélico, rodeados y próximos a rendirse.
La luz del sol entraba por el portal y el amplio ventanal iluminando el salón. El teniente tendría cerca de 30 años de edad, era algo más alto que Fernando, de pelo rubio, con ojos de un azul tan claro e intenso como la mañana de aquel día en Chapultepec. Fernando, al escuchar los gritos insultantes y el desafío, paró, volteando con su sable en el puño derecho. El teniente norteamericano se le acercó lentamente, casi perezosamente, con altanería, consciente de su superioridad y destreza con el sable. El rostro de Fernando estaba oculto por el sudor, la sangre y el humo de la pólvora, haciéndolo mayor que sus 18 años de edad. No obstante, el temple, la frialdad y seguridad en su mirada hicieron al norteamericano titubear. "Señor -comenzó el norteamericano - parece que le gusta atacar más por la espalda que de frente como los hombres." La acción en ese lugar del Castillo cesó, consciente los soldados norteamericanos y los cadetes de que iban a presenciar algo insólito. El teniente no solo era admirado por sus soldados, sino por sus equivalentes y superiores, aparte de ser reconocido como el mejor espadachín del regimiento. Los cadetes conocían al teniente Fernando Poucel, quien no solo era el mejor espadachín de la escuela, sino que ya en alguna ocasión había logrado detener los ataques de práctica, e inclusive hecho retroceder a su Padre Antoine Poucel, considerado por muchos el mejor espadachín de la época en México. El cadete compañero de Fernando reconoció la sonrisa burlona y la mirada triste de esos ojos verdes de Poucel que auguraba peligro.
Una inclinación de la cabeza indicó el comienzo del duelo. El teniente respiró profundamente, haciendo una finta y lanzando senda estocada a fin de sorprender a Fernando y terminar el combate antes de que empezara. Fernando con ligero movimiento de muñeca, desvió el sable antes de llegar a su marca. Ambos se reconocieron como dignos adversarios, guardando su distancia y manteniendo sus posiciones con soltura, elegancia y rapidez. El norteamericano mantenía la iniciativa de los ataques, mientras que Fernando se defendía esperando una apertura para su contraataque. La contienda llevaba dos o tres minutos y prometía alargarse. Los oponentes empezaban a conocerse lo suficiente como para poder a anticipar sus movimientos.
El sable del teniente llegó como relámpago al brazo izquierdo de Fernando, brotando la sangre. Fernando continuaba como si no hubiese recibido herida alguna, desconcertando al norteamericano. Una recia estocada al aire de Fernando, le indicó al norteamericano que el combate estaba lejos de decidirse. Con vigor renovado y brazo firme, Fernando arrebató la iniciativa del ataque, dispuesto a terminar de una vez por todas con la disputa. El teniente norteamericano sonrió, aceptando el reto. Los sables chocaban con estruendo infernal, y cortaban el aire con penetrante zumbido en donde momentos antes estaba el adversario. Un refilón del sable de Fernando abrió la mejilla del norteamericano, que en lugar de amedrentarlo le hizo redoblar esfuerzos. El suelo mostraba la ferocidad del combate, manchado con la sangre pisoteada de los oponentes, que apenas notaban sus heridas. El duelo parecía empatado, condenado a continuas tablas, pero ya sea la juventud de Fernando, las enseñanzas de su padre, su pasión o el desprecio hacia la muerte, empezaron a inclinar la balanza a su favor. En un suspiro, después de dos fuertes estocadas en sucesión de Fernando, el norteamericano no recuperó suficientemente rápido su defensa y Fernando lo atravesó alto en el pecho. El teniente sorprendido se agarró la herida con la izquierda esperando que Fernando lo rematara.
Los norteamericanos pensando que Fernando iba a terminar con su teniente se le echaron encima, lo cual hizo a algunos cadetes a salir de su contemplación y apoyar a su teniente Poucel. Antes de que la veintena de soldados enardecidos pudieran acabar con los cadetes mexicanos, el Teniente norteamericano intervino calmando los ánimos de la soldadesca, y encarando a Fernando le preguntó que porqué no lo había terminado. Ante lo cual Fernando, pasándose la mano por la cara, limpiando algo del sudor y tizne, le dijo "señor, estaba usted desarmado". El Teniente norteamericano viendo las caras de Fernando y Miguel cayó en cuenta de su juventud, exclamando sorprendido ¡Por dios, si son tan solo unos niños! No, le contestó Fernando, no somos niños, soy el Teniente Fernando Poucel y estos son los cadetes del Colegio Militar y sabemos pelear y morir como hombres en defensa de nuestra patria. Admirado el teniente norteamericano por la hombría y desplante de Fernando, lo encomió a rendir sus armas, conduciéndolos hasta el jardín que quedaba sobre el velador donde estaban siendo rodeados y apresados los cadetes sobrevivientes derrotados ante la superioridad numérica y material de guerra de los norteamericanos.
En 1871, después de más de dos décadas de la batalla, sus compañeros que lucharon con él nombraron a Fernando Poucel Presidente Fundador de la Asociación del Heroico Colegio Militar en reconocimiento a su destacada participación en la defensa del Castillo de Chapultepec. Ahí pueden ver a Fernando y a sus compañeros de armas sentados alrededor de una mesa con una botella de vino al centro. El pacto era que el último que sobreviviera se bebería la botella en honor de los demás. Nuestra familia conserva hasta la fecha la botella, claro, vacía, Fernando se la bebió.