Luis Gutiérrez Poucel
Lunes 24 marzo 2014
Lunes 24 marzo 2014
¿Qué es lo que en realidad está pasando con la anexión de la península de Crimea por los rusos? ¿Es un problema entre dos estados soberanos, o un problema entre occidente y Rusia? Tanto se nos está bombardeando sobre el tema que creo conveniente tratar de esclarecer un poco el confuso panorama.
Pero antes de entrar al tema, permítanme mencionar que en la segunda mitad de los noventas me tocó visitar Crimea como economista responsable de evaluar un proyecto de calefacción municipal en la ciudad de Sebastopol. La mayoría de la gente que conocí, y con la que trabajé, era de origen ruso. Me llevé muy gratas impresiones de mis contrapartes rusas, aunque tenga que confesar que lo primero que hacíamos cuando nos saludábamos era tomar un pequeño vaso de vodka, así es de que durante el día y después de visitar a cuatro o seis técnicos rusos, me encontraba trabajando medio alcoholizado. Afortunadamente pude terminar la evaluación más o menos bien. Ya a finales de los 90, esa práctica del saludo-recepción con vodka había casi desaparecido. Mis contrapartes rusas se habían occidentalizado. Mi punto es que la mayoría de la gente que conocí se sentía más rusa que ucraniana.
Considero que lo que estamos viendo con la separación de Crimea de Ucrania y su anexión a Rusia es una manifestación del desmembramiento de la Unión Soviética, problema que todavía aún no termina. En efecto, la Guerra Fría no terminó con el fin del socialismo soviético, solamente tuvo un breve periodo de descanso.
Tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Rusia atravesó por un largo periodo de debilidad, cediendo a la influencia e intereses de los países europeos y Estados Unidos. Ahora que Rusia se está consolidando como potencia económica y militar, ha empezado a defender y promover sus propios intereses de manera más contundente.
Con la destitución del Presidente ucraniano Viktor Yanukovich y la toma del poder por simpatizantes de occidente, la guerra fría despertó de manera sorpresiva. Rusia no podía permitir que Ucrania se uniera a occidente llevándose un territorio tradicionalmente considerado ruso.
La historia de Crimea es un confeti de conquistas, migraciones y repoblaciones, que van desde los griegos hasta los rusos, pasando por escitas, godos, hunos, búlgaros, jázaros, romanos, turcos otomanos, tártaros, mongoles, venecianos y genoveses. Los primeros pobladores fueron de origen griego y los penúltimos fueron los tártaros musulmanes, descendientes de los ejércitos de Gengis Khan. A finales del siglo XVIII, el imperio ruso le arrebató al imperio otomano el control de la península de Crimea. En 1944 los pobladores tártaros y aquellos de origen griego fueron expulsados de Crimea por Stalin hacia Asia Central con la excusa de que habían colaborado con la ocupación alemana. Historiadores estiman que casi el 50% de los expulsados perecieron de hambre y enfermedades. Stalin inició una política de repoblación de la península con eslavos provenientes de Rusia y Ucrania. En 1954, Nikita Jruschov, que se sentía más ucraniano que ruso, cedió la administración de Crimea a su país adoptivo, sin pensar que Ucrania se iría a separar de Rusia.
Como en todo, la última repoblación es la que predomina, la de los rusos y ucranianos. Aun cuando varios de los tártaros regresaron, ahora no llegan ni al 15% de los pobladores de la península. Los rusos constituyen la mayoría con cerca del 60% de la población total.
Un amigo me mencionaba que la anexión de Crimea era muy parecida al caso de Texas. Yo no lo creo. Todas las anexiones o disputas territoriales siguen rutas parecidas. Recordemos la disputa de las islas Falkland, Malvinas o Falklinas (para que nadie se enoje) entre Gran Bretaña y Argentina. Si los actuales pobladores votaran, se frustraría la dueña histórico-geográfica, ya que ellos preferirán ser ingleses. La desgracia de Texas, territorio descuidado por México y repoblado por estadounidenses, fue justificada como una decisión democrática de la mayoría de la recientísima población inmigrante de ese origen. Primero se independizaron de México y luego se unieron a Estados Unidos. El paralelismo histórico se debe a que casi todas las anexiones territoriales siguen patrones similares: 1) preparación de las condiciones para la anexión, 2) la anexión por la fuerza y 3) la pseudo-justificación. Probablemente la anexión de Texas por los Estados Unidos se justifique menos que el acoplamiento actual de Crimea y Rusia.
Es cierto, ninguna anexión territorial por la fuerza es deseable o justificable. Pero ¿debe eso distraernos de la pregunta clave? ¿A quién pertenece la Crimea actual? ¿A Ucrania o a Rusia? No, la respuesta correcta es que Crimea pertenece a sus habitantes, a sus pobladores de hoy en día.
¿Qué es lo correcto? ¿Por qué lado deben estar nuestras simpatías? ¿Por la población mayoritaria del momento? ¿Por la última población mayoritaria que fue expulsada? ¿Por los pobladores originales? Cualquier opción tendrá limitantes, le faltará algo o perjudicará a alguien. Ninguna opción estará libre de toda culpa.
Probablemente la opción menos mala corresponda a la del menor costo del momento... menor costo en vidas y sufrimiento.
Los gobiernos de los países de la Unión Europea y Estados Unidos ya están imponiendo sanciones contra Rusia. Claro, existe el temor de una embestida expansionista de Rusia que se siente cercada desde hace varios años por occidente.
¿En qué va a parar todo esto? Probablemente la crisis de Crimea va a amainar con el paso del tiempo. Después de todo, más del 95% de quienes votaron en Crimea lo hicieron a favor de la unión con Rusia, y un porcentaje tan alto como éste no se puede descartar simplemente diciendo que se debió al temor al ejército ruso de ocupación. Aparte, hay otros asuntos más dramáticos que requieren la atención de Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU, tales como, Siria y Venezuela.
Cuando escuché la noticia de la reintegración de Crimea a Rusia, abrí una botella de vodka y me eché dos traguitos. Uno a la salud de mis cuates en Crimea, quienes finalmente están con quien siempre quisieron estar, con Rusia. El segundo, a la de mis amigos ucranianos a quienes les dieron, luego les quitaron y ahora esperan que los responsables con el diablo se desquiten.
Cri Cri, el grillito cantor, sigue cantando.
