miércoles, octubre 10, 2007

Miguel Poucel en la defensa del Castillo de Chapultepec

Este relato de la participación de Miguel Poucel en la defensa del Castillo de Chapultepec esta basado en la información proporcionada por el cadete Teófilo Noris que sirvió bajo su mando.

Miguel Poucel, heroico oficial de cadetes, vivió horas amargas en la defensa del Castillo de Chapultepec en 1847. El cadete lucía en su chaquetín las espiguillas de subteniente cuando luchó, a sus dieciocho años, junto con otros cuarenta y cinco cadetes del Colegio Militar contra trescientos efectivos del ejercito americano.

A los 16 años de edad, siguiendo su vocación a la carrera de las armas, ingresó junto con su hermano Fernando Poucel al Colegio Militar, permaneciendo en sus aulas dos años. Alcanzó, por méritos propios, el grado de Subteniente, asignándosele la responsabilidad de comandar la Segunda Compañía, la cual formó parte de la defensa del Castillo de Chapultepec aquel inolvidable 13 de Septiembre de 1847, en el que los niños héroes escribieron una de las páginas más bellas de la Historia de México.

A la Segunda Compañía se les había confiado la guardia del Hospital de Sangre, localizado al lado oriente del Castillo de Chapultepec. El occidente del Colegio estaba siendo defendido por la Primera Compañía al mando del general Monterde.

El tiroteo había principiado en la mañana del día 13. Los de la Segunda —formada por cuarenta alumnos, cuatro cabos, un sargento y un subteniente— no habían visto acción. Como a las 12 del día, se recibió aviso de que la posición llamada “Caballero Alto” había sido capturada por los americanos, los que ahora avanzaban hacia el oriente del Castillo. El oficial de la Compañía Miguel Poucel ordenó inmediatamente prepararse para el combate y tomar las armas.

Minutos después, el centinela Andrés Mellado gritó:
— !Alto! ¿Quién vive?

Momento histórico que irrumpió de manera profunda en los emocionados cadetes. Cada uno de ellos pensó en sus padres, familiares, amigos, en su escuela, en la patria y el honor. El grito del centinela fue un aliento de gloria que los impulsó a correr con sus armas, saltando sobre las cajas de parque y tomando sus posiciones. Los cadetes no hicieron esperar su respuesta a los primeros tiros de la fusilería enemiga.

Los muchachos estaban inmóviles sobre los parapetos, cargando y disparando sus fusiles. El valiente centinela, sonriente, se detenía de vez en cuando para contestar alguna bala que le pasaba de cerca, silbando siniestramente. Un cadete  — ¡qué diablo, vaya que era bravo!— que siempre se había distinguido en el tiro al blanco, estaba muy contento sonriendo, detrás de su parapeto, casando americanos.

De pronto, el centinela gritó: — ¡Relevo! ¡Estoy herido! Miguel Poucel ordenó su relevó, había sido ligeramente rozado por una bala en el carrillo.

Miguel Poucel dirigía la defensa como un león. ¡Vaya que si era audaz y valiente! Había que verlo multiplicándose en los sitios de mayor peligro, alentando a los cadetes, infundiéndoles ánimo, cargando personalmente los fusiles, haciendo fuego certero.

—¡Sargento Noris! —ordenó Poucel.— Deje usted de tirar. Ocúpese en cargar las armas de los muchachos, porque estos malvados nos acosan por todos lados.

Mientras el Sargento ayudaba a cargar los fusiles y a llenar cartuchos, aparecieron por la puerta del “Rastrillo”, cerca de 150 soldados americanos, los cuales comenzaron a disparar, un nutrido fuego de infierno. A poco aparecieron otros 150, que redoblaron su ataque sobre las posiciones de los cadetes. Habían más de seis soldados americanos por cada cadete. Las cajas de parque empezaron a vaciarse.

—¡Sargento, los muchachos aflojan! Grito Poucel.

—Hay razón —le contestó el rudo Sargento—, el parque se nos ha agotado.

El general Monterde no podía trasmitir sus órdenes porque ya había sido apresado en la parte occidental del Colegio… Toda la responsabilidad recaía sobre el joven oficial, Miguel Poucel, quien gritaba "disparen solo cuando estén certeros". Las balas se estaban agotando y la rendición se avecinaba. Cuando entraron los americanos, Miguel Poucel, con las balas zumbándole, arrojó su fusil sin municiones e inició el ataque con su espada. Agustín Melgar se pertrechó con las pocas balas que le quedaban en la biblioteca, recibiéndolos a balazos, matando a uno de ellos y siendo herido, desgraciadamente murió poco después de amputársele la pierna.

Ya no había parque. Poucel ordenó a sus cadetes deponer y colocar sus armas en el suelo, haciendo lo mismo con su espada. Al acercarse las fuerzas del general Smith, subió primero sobre el reducto un joven oficial americano. Inmediatamente se dirigió al oficial Miguel Poucel, exigiéndole rindiera su espada. Poucel nada dijo y solamente, con mirada desafiante y altivo gesto, le señaló el arma que se encontraba en el suelo.

—Si quieren recogerlas —le dijo a sus cadetes— que se inclinen a tomarlas; nosotros jamás se las entregaremos.

Después fueron encerrados en los dormitorios de Chapultepec y al día siguiente se les condujo a Tacubaya, en donde se negaron de hacer el juramento de no tomar las armas contra la invasión. El día 15 se les puso en libertad, en México, a condición de no salir de la capital…





Fernando Poucel en Chapultepec

Los cadetes se defendían valientemente ante la superioridad numérica y la escasez de pertrecho bélico. Fernando corría de un lado para otro, sin preocuparse de las balas que zumbaban a su alrededor. Gradualmente, los fusiles dieron lugar a las armas blancas, y la lucha se tornó cuerpo a cuerpo. Varios soldados atacaban a dos cadetes, uno de los cuales recibió tremenda estocada que lo deshabilitó, cayendo al suelo. El otro bravo cadete, diestro espadachín, entrenado por el gran maestro de Antoine Poucel --padre de Fernando y Miguel Poucel-- a pesar de sus cortos dieciocho años, resistía el ataque de los norteamericanos sin permitir apertura alguna que decidiera el combate, pero sin poder penetrar el ataque concentrado de los soldados invasores. En ese momento Fernando apareció de la nada y en cuestión de segundos tres norteamericanos yacían en el suelo agarrándose sus heridas.Un teniente norteamericano, testigo de aquel intercambio, prendió en cólera y fue en busca de Fernando quien continuaba, junto con el bravo cadete, hiriendo a soldados norteamericanos a diestra y siniestra con certeras estocadas y tajos. El teniente finalmente alcanzó en la salida al jardín a Fernando, increpándolo y desafiándolo a que lo enfrentara. La mayoría de los cadetes ya estaban en el jardín, escasos de pertrecho bélico, rodeados y próximos a rendirse.
La luz del sol entraba por el portal y el amplio ventanal iluminando el salón. El teniente tendría cerca de 30 años de edad, era algo más alto que Fernando, de pelo rubio, con ojos de un azul tan claro e intenso como la mañana de aquel día en Chapultepec. Fernando, al escuchar los gritos insultantes y el desafío, paró, volteando con su sable en el puño derecho. El teniente norteamericano se le acercó lentamente, casi perezosamente, con altanería, consciente de su superioridad y destreza con el sable. El rostro de Fernando estaba oculto por el sudor, la sangre y el humo de la pólvora, haciéndolo mayor que sus 18 años de edad. No obstante, el temple, la frialdad y seguridad en su mirada hicieron al norteamericano titubear. "Señor -comenzó el norteamericano - parece que le gusta atacar más por la espalda que de frente como los hombres." La acción en ese lugar del Castillo cesó, consciente los soldados norteamericanos y los cadetes de que iban a presenciar algo insólito. El teniente no solo era admirado por sus soldados, sino por sus equivalentes y superiores, aparte de ser reconocido como el mejor espadachín del regimiento. Los cadetes conocían al teniente Fernando Poucel, quien no solo era el mejor espadachín de la escuela, sino que ya en alguna ocasión había logrado detener los ataques de práctica, e inclusive hecho retroceder a su Padre Antoine Poucel, considerado por muchos el mejor espadachín de la época en México. El cadete compañero de Fernando reconoció la sonrisa burlona y la mirada triste de esos ojos verdes de Poucel que auguraba peligro.
Una inclinación de la cabeza indicó el comienzo del duelo. El teniente respiró profundamente, haciendo una finta y lanzando senda estocada a fin de sorprender a Fernando y terminar el combate antes de que empezara. Fernando con ligero movimiento de muñeca, desvió el sable antes de llegar a su marca. Ambos se reconocieron como dignos adversarios, guardando su distancia y manteniendo sus posiciones con soltura, elegancia y rapidez. El norteamericano mantenía la iniciativa de los ataques, mientras que Fernando se defendía esperando una apertura para su contraataque. La contienda llevaba dos o tres minutos y prometía alargarse. Los oponentes empezaban a conocerse lo suficiente como para poder a anticipar sus movimientos.
El sable del teniente llegó como relámpago al brazo izquierdo de Fernando, brotando la sangre. Fernando continuaba como si no hubiese recibido herida alguna, desconcertando al norteamericano. Una recia estocada al aire de Fernando, le indicó al norteamericano que el combate estaba lejos de decidirse. Con vigor renovado y brazo firme, Fernando arrebató la iniciativa del ataque, dispuesto a terminar de una vez por todas con la disputa. El teniente norteamericano sonrió, aceptando el reto. Los sables chocaban con estruendo infernal, y cortaban el aire con penetrante zumbido en donde momentos antes estaba el adversario. Un refilón del sable de Fernando abrió la mejilla del norteamericano, que en lugar de amedrentarlo le hizo redoblar esfuerzos. El suelo mostraba la ferocidad del combate, manchado con la sangre pisoteada de los oponentes, que apenas notaban sus heridas. El duelo parecía empatado, condenado a continuas tablas, pero ya sea la juventud de Fernando, las enseñanzas de su padre, su pasión o el desprecio hacia la muerte, empezaron a inclinar la balanza a su favor. En un suspiro, después de dos fuertes estocadas en sucesión de Fernando, el norteamericano no recuperó suficientemente rápido su defensa y Fernando lo atravesó alto en el pecho. El teniente sorprendido se agarró la herida con la izquierda esperando que Fernando lo rematara.
Los norteamericanos pensando que Fernando iba a terminar con su teniente se le echaron encima, lo cual hizo a algunos cadetes a salir de su contemplación y apoyar a su teniente Poucel. Antes de que la veintena de soldados enardecidos pudieran acabar con los cadetes mexicanos, el Teniente norteamericano intervino calmando los ánimos de la soldadesca, y encarando a Fernando le preguntó que porqué no lo había terminado. Ante lo cual Fernando, pasándose la mano por la cara, limpiando algo del sudor y tizne, le dijo "señor, estaba usted desarmado". El Teniente norteamericano viendo las caras de Fernando y Miguel cayó en cuenta de su juventud, exclamando sorprendido ¡Por dios, si son tan solo unos niños! No, le contestó Fernando, no somos niños, soy el Teniente Fernando Poucel y estos son los cadetes del Colegio Militar y sabemos pelear y morir como hombres en defensa de nuestra patria. Admirado el teniente norteamericano por la hombría y desplante de Fernando, lo encomió a rendir sus armas, conduciéndolos hasta el jardín que quedaba sobre el velador donde estaban siendo rodeados y apresados los cadetes sobrevivientes derrotados ante la superioridad numérica y material de guerra de los norteamericanos.
En 1871, después de más de dos décadas de la batalla, sus compañeros que lucharon con él nombraron a Fernando Poucel Presidente Fundador de la Asociación del Heroico Colegio Militar en reconocimiento a su destacada participación en la defensa del Castillo de Chapultepec. Ahí pueden ver a Fernando y a sus compañeros de armas sentados alrededor de una mesa con una botella de vino al centro. El pacto era que el último que sobreviviera se bebería la botella en honor de los demás. Nuestra familia conserva hasta la fecha la botella, claro, vacía, Fernando se la bebió.




domingo, septiembre 09, 2007

Fernando Poucel at Chapultepec

The cadets courageously defended the Castle against the superior American force. Not only were they vastly outnumbered, they had few guns and less ammunition. Lieutenant Fernando Poucel ran back and forth among the cadets under his command, without any apparent care for his personal safety. Bullets flew everywhere, missing him by a hair's breadth. As the American storming parties scaled the Castle's walls, the combat turned from firing to hand-to-hand combat.

While Fernando was directing his cadets, his younger brother, Miguel Poucel and a few of his fellow cadets were defending themselves with sables and bayonets. Both Miguel and Fernando studied sword fighting under tutelage of their father, Antoine Poucel, training that served them well on that fateful day. Miguel, only 17 years old, together with one of his fellow class mates, were fighting against several opponents, when one of the Americans' sable broke through and seriously wounded Miguel's partner, putting him out of combat. Miguel was left alone to block the advance of the attackers, an overwhelming task, when Fernando appeared out of nowhere! Within minutes three American soldiers were down nursing their wounds, the two brothers working together as one.

An American lieutenant, witness to the interchange, caught in rage and went after Fernando with determination. Fernando continued to thrust, hack and parry alongside Miguel, wounding what opposition they encountered. The lieutenant caught up with Fernando at the exit towards the garden and challenged him in an insulting manner. Most of the surviving cadets were already in the garden surrounded by the greater number of American officers and soldiers.

Sunlight from the large window above the exit illuminated the room brightly. The lieutenant, close to 30 years of age, was a little taller than Fernando, but not by much. His hair was blond and military short. His outstanding feature was the intense blue of his eyes, as intense as the morning sky that day in Chapultepec. Fernando turned as he listened to the challenge and offensive shouts of the lieutenant. The American approached him slowly, almost sluggishly, with arrogance, confident of his superiority and skill with the sable. Fernando's face was hidden under sweat, blood and powder smoke, making him look older than his 18 years. However, the cold stare of his eyes and confident demeanor made the North American hesitate. "Sir" - he began - "it seems that you like to attack from behind rather than fight face to face like a man!" The action ceased in that part of the Castle, all conscious of what was about to happen. The lieutenant was admired, not only by the soldiers under his command, but also by his fellow officers and superiors. He was recognized as the best swordsman in the regiment. Miguel knew his brother, who was not only the best in his class, but had already on occasion managed to stop his father's practice offensives, and even make him retreat, no small feat considering that his father, Antoine Poucel, was considered by many the best swordsman in Mexico. Miguel recognized that mocking, almost sad smile of Fernando which augured trouble.

An inclination of the head indicated the beginning of the duel. The lieutenant taking a deep breath feinted and sent a mighty thrust to surprise Fernando and finish the combat before it began. Fernando with a slight movement of his wrist parried the sable aside before reaching its mark. Both soon recognized themselves as worthy adversaries, maintaining their distance and positions with elegance and ease. The American held the initiative of the attacks, whereas Fernando defended waiting for an opening to counterattack. The fight had been going for two or three minutes and promised to extend itself. The adversaries were getting to know each other enough to be able to anticipate each other's movements.

Fernando grunted slightly as the lieutenant's sable darted through his guard and cut a thin line of red along his left arm, where the dark cloth of his uniform had been torn and hung loosely over the rest of the sleeve. Fernando continued as if nothing had happened, shaking the confidence of the American. Fernando threw a mighty quick thrust into the air signaling that the combat was far from over. With renewed vigor and a firm arm, Fernando took the initiative from the American, trying to finish, once in for all, with the clash. The American lieutenant smiled, accepting the challenge. The sables collided with an infernal noise, hacking with a loud hum the air occupied moments before by the adversary. The point of Fernando's blade opened a fine line on the American's cheek, who responded by redoubling his efforts. The ground showed the ferocity of the struggle stained with the smudged blood of the opponents. The duel seemed destined to a perpetual tie, but be it Fernando's youth, or his father's training, or his youthful passion, or his total disregard of death, the balance began to tip in his favor. In a sigh, after two thrusts in quick succession, the American did not regain his defense fast enough, and Fernando's blade entered high in the American's chest. The lieutenant, surprised by the move, grabbed his wound with his left hand while his sable hung useless from his right hand.

The American soldiers thought Fernando was going to finish off their lieutenant and went after him with everything they had, which made Miguel quit his contemplation and side along his brother. Before the twenty or so inflamed soldiers could kill the brothers, the American lieutenant calmed their spirits with harsh words, and facing Fernando asked him why he had spared him. Fernando passed a weary hand over his face, cleaning some of the sweat and grit, and said: "Sir, you were unarmed ". The American lieutenant, seeing for the first time the faces of Fernando and Miguel, exclaimed: "By God, but you are no more than children!" " No", answered Fernando," we are not children. I am Lieutenant Fernando Poucel and this is Second Lieutenant Miguel Poucel and we both know how to fight and die like men in defense of our school and country!" With new found respect and admiration, the American lieutenant asked them to lay down their weapons and led them to the garden were the rest of their fellow cadets were being rounded and taken prisoner. It was this honorable behavior of the American Lieutenant that saved their lives.

More than two decades later, in recognition of his valor and skill that fateful day in Chapultepec, his fellow cadets appointed Fernando to be the first president of the Association of the Heroic Military School.

jueves, agosto 09, 2007

Victor Hugo, los Poucel y la Intervención Francesa

Durante el imperio de Napoléon III, tiempo en que México sufría la intervención francesa y Víctor Hugo el exilio, el extraordinario escritor francés emitió una proclama que tenía por objeto manifestarle a Benito Juárez su apoyo y adhesión al gobierno republicano:

"¡Mexicanos! Tenéis la razón y yo estoy con vosotros . Podéis contar con mi apoyo. Y habéis de saber que no es Francia quien os hace la guerra, es el Imperio. Estoy de veras con vosotros porque todos estamos frente al Imperio; vosotros en México y yo en Europa. Vosotros en la patria y yo en el destierro. Combatid, luchad, sed terribles y si creéis que mi nombre vale para algo, servíos de él. ¡Apuntad a ese hombre en la cabeza y que la bala que lo mate sea vuestra libertad! ¡Valientes hombres de México! Resistid a la perfidia y a la traición. Y si lo hacéis, venceréis. Pero sabed que vencedores o vencidos, Francia será siempre vuestra hermana, hermana en vuestra gloria como en vuestra desgracia. Yo, por mi parte, envío a los vencedores mexicanos mi fraternidad de ciudadano libre; y si vencidos, mi fraternidad de proscrito."

Así lucharon Fernando, Miguel y Agustín Poucel contra el ejercito del Imperio, siguiendo el consejo de su Padre Antoine, quien próximo a morir, ante la pregunta de sus hijos ¿Por quien luchamos, por Francia ó México?, les respondió: “Quien los alimenta”.

lunes, julio 09, 2007

Our forebear Joseph Antoine Poucel

The Mexican Poucel branch and (most of the American one) descend from Joseph Antoine Poucel. He was born in Marseilles on 10 October 1793. Six days later, Queen Marie Antoinette's priest who was hiding in his house from the revolutionaries, baptized him Antoine in honor of the Queen. The same day, Marie Antoinette was being guillotine in Paris. His father, Joseph Antoine Poucel was a Merchant Marine, who died when his ship sank. Little is known of his mother, Maria Ycard. After his father died, an Aunt took him in, but she treated him so poorly, that he soon joined the army, where he became an officer and a fencing instructor.

At about 1820, he was commissioned to train the Spanish troops stationed in Cuba. He decided to come to Mexico with his friend Toussaint. Given his reputation as a sword and fence master, he quickly became established as a private instructor to the upper class and officers of the Mexican Army. Soon, he was not only acknowledged as one of the finest swordsman in Mexico but also abroad.

He married Maria Guadalupe Gonzalez in 1827, having Fernando in May 1828, Miguel in 1830 and Maria Josefa in September 1832. Both his sons became fine swordsmen and played a relevant role during the defense of their Military School in the Castle of Chapultepec.

At 44 (December 1837), Antoine Poucel was hired by the Mexican Army to teach fencing and etiquette at the Military School, then at the Castle of Chapultepec. He was an officer and a gentleman.

In 1840 he founded the first military fencing school, probably located in the Betlemitas ex convent. He was responsible for the training of the officers and cadets that defended Mexico City against the American Invasion of 1847. His son Fernando, while a cadet, participated in the defense of the Chapultepec Castle against the American Army in 1947. Although his role in the defense of the castle has not been properly documented, our family elders would tell how he faced the best swordsman of the American regiment on a one to one duel and defeated him. Fernando later became brigadier general, and Miguel Colonel of Engineers.
After the death of his first wife, Antoine Poucel remarried in 1840 to Estefanía Santa Cruz Zamora, with whom she had eleven children: Isabel, José Antonio, Maria de Jesus Macaria, Eugenia Victoria, Romulo Eugenio Agustín, Manuel Henrique, Maria Concepcion Rosa, Juan Nepomuceno Alberto, Jose Gerardo Francisco, Felix Antonio Joaquin, Mauro Adolfo, and Jose Maria Emiliano Poucel, where this side of the family stems from. All his sons joined the army.

In 1858, Antoine traveled to Durham England to give some fencing exhibitions. Estefanía accompanied him, and took the opportunity to re-christen their daughter Maria Concepción Adela Poucel Santa Cruz. Estefanía's brother, who was also there, baptized his daughter Apolinaria Santa Cruz Lensina.

He continued to teach until the age of 67, retiring from the Mexican Army on 11 October 1860.

Almost blind and close to dying, with the imminent news of the disembarkation of the French Army in Veracruz, his children asked him: "Father, whom should we fight for, France or Mexico?" He responded: "Who feeds you", thus it exhorted them to fulfill with honor their commitment to Mexico. All his children thus defended Mexico against the French Intervention. His son Agustin Poucel, a lieutenant at the time, was one of the inmaculados who accompanied Juarez in his withdrawal to Paso del Norte during the French Intervention. And Fernando Poucel became Benito Juarez’ right hand in Chihuahua, Juarez ordered on 12 October 1864 General Fernando Poucel to establish a canon foundry and a weapons factory under his direction. Later, as the French Army was closing on the city, on 5 August 1865, Fernando Poucel commanded the trains, artillery and printing galleys out of the city.

jueves, junio 08, 2006

Joseph Antoine Poucel Ycard

En un artículo del periódico Excélsior publicado en 1951 se menciona que mi Tatarabuelo Antoine nació el 10 de octubre de 1793, que seis días después fue bautizado por el sacerdote de la Reina que se escondía en la casa paterna de los revolucionarios franceses, que se llamó Antoine en honor a la Reina, que ese 16 de octubre la Reina María Antonieta estaba siendo guillotinada en París. Sin embargo, su acta de nacimiento dice que Joseph Antoine Poucel nació el 12 de octubre de 1796 y fue registrado dos días más tarde por su padre Joseph. A la mejor el error se debió al cambio del calendario gregoriano al calendario revolucionario francés.
Su papá Joseph Antoine Poucel era Capitán de Barco en Marsella, uno de los puertos más antiguos, a menudo llamado "el puerto de todos los hombres", fundado por los Griegos en 600 A.C.. Una lucha sangrienta durante la revolución francesa le dio el nombre al himno nacional, la "Marsellesa". Joseph (primogénito de Antoine Poucel y Marie Mille) se casó con Marie Therese Marguerite Icard (la hija más joven de Jacques Icard y Marguerite Rose Maurin) el 14 de octubre 1783 en Ciotat, una pequeña ciudad al borde del mar cerca de Aubagne y Marsella. Su padre Antoine estaba presente en su boda, y se declaro fallecida a su madre Marie Mille. Marie Therese, su novia, tenía 17 años (probablemente nació en 1765), declarando difuntos a ambos de sus padres.
Joseph y Marie tuvieron otro hijo dos años más tarde, el 30 de enero 1798, Gaspard Marius Poucel Icard en Marsella. En su registro, su padre Joseph estaba ausente, probablemente navegando. Gaspard se casó dos veces. La primera vez con Marie Anne Reynaud en 1826 y tuvieron 4 hijos. La segunda vez con Marie Virginie Camoin el 1835 y tuvieron 2 hijos. En su 1er acta de matrimonio, Gaspard declara que no sabe dónde y cuándo falleció su padre. Antoine le dijo a sus hijos que su padre había muerto cuando su navío naufragó. Su madre Marie Therese Icard también murió joven, a los 37 años (el 27 de enero 1802) en Marsella. Después de la muerte de su padre Joseph, una tía los acogió, pero su trato poco amable lo alejó del seno familiar en los primeros años de su mocedad, uniéndose al ejercito, llegando a ser oficial e instructor de esgrima. Sabemos poco de lo qué pasó con Gaspard, excepto que se convirtió en curtidor.
Alrededor de 1822, Antoine fue comisionado para entrenar a las tropas españolas en Cuba en el uso de la sable y la espada. En el libro de Carlos Reig Romero, Memorias deportivas 1905-1910, el cuatro de noviembre de 1822 se efectuó en la posada de Nichols, ubicada en la capitalina Plaza de San Francisco, asaltos de esgrima entre los señores Grabiel D’Herbois, Antoine Poucel y Dennis. Además, se invitaron a los aficionados que estuvieran dispuestos a cruzar armas con éstos.
Permanece en Cuba hasta 1826, fecha en la cual decide emigrar a Nueva Orleáns (por lo menos eso es lo que escribió en el libro de pasajeros del navío que los llevó de la Habana Nueva Orleáns). No sabemos si de Nueva Orleáns se viene a México, o regresa a la Habana y luego sale para México. Pensamos que llega a México en unión de otro francés llamado Toussaint, fundador de la conocida familia mexicana. La estrecha amistad que los unió en la travesía, se hizo todavía más fuerte al conquistar más tarde a las hermanas Santa Cruz, de las que respectivamente tuvieron una larga descendencia.
El 6 de diciembre de 1837, recibió Antoine Poucel el nombramiento de maestro de esgrima y de baile de los cadetes del Colegio Militar; dedicándose, por esa misma época a instruir en el tiro del sable, espada y florete, a los jefes y oficiales del ejército que solicitaban sus servicios en forma particular. En tal año, el colegio militar se encontraba en el edificio de las Recogidas en la Plaza de San Lucas en Pino Suarez y Fray Servando.
Por el año 1840 tuvo bajo su mando la Dirección General del Colegio de Ingenieros Militares, en donde propuso extender sus conocimientos a un oficial de cada uno los cuerpos de la guarnición de México, para lo que estimaba suficiente un período de 18 meses, al cabo del cual sus alumnos quedarían capacitados para ejercer como maestros de esgrima en sus respectivos regimientos. Accedió el Gobierno a sus deseos, señalándole una gratificación de cien pesos mensuales, así como otros veinte destinados a la compra y reposición de petos, máscaras, guantes, zapatos y floretes. Esta fue probablemente la primera escuela de esgrima en México y América Latina. La academia estuvo instalada en un local del ex convento de Betlemitas.
Antoine Poucel se casó con doña María Guadalupe González en 1827, con la cual tuvo dos hijos, Fernando en mayo de 1828 y Miguel en 1830, y una hija, Maria Josefa en septiembre de 1832. Ambos varones ingresaron al Colegio Militar en el Castillo de Chapultepec a la edad de 14 y 13 años respectivamente.
Correspondió a mi Tatarabuelo enseñar el arte de la esgrima a los jóvenes cadetes que se batieron en defensa de la patria contra el ejército de los Estados Unidos en las célebres jornadas del 12 y 13 de septiembre de 1847. Quiso el destino unir su nombre a una de las más puras y heroicas tradiciones militares de México; y no sólo por los conocimientos que impartió en Chapultepec, sino también por haber sido herido durante la defensa del Castillo y por la presencia y activa participación de sus hijos Fernando, y Miguel Poucel, en la batalla que se libró, en donde Fernando se distinguió al derrotar al mejor espadachín de la tropa de asalto norteamericana. Fernando con el grado de teniente a sus 18 años, y Miguel con el de subteniente a sus 17 años de edad. Ambos hermanos fueron alumnos distinguidos en la historia del Colegio Militar. El 31 de diciembre de 1845 (100 años antes de que yo naciera), aparecen sus nombres en una lista de Revista del Comisario, como alumnos que dieron pruebas inequívocas de valor, lealtad y disciplina durante el gobierno emanando de la revolución de diciembre de 1845, quien presidia el general Mariano Paredes y Arrillada, llamado Plan Paredes (México A través de los Siglos, tomo IV, p. 550).
Fueron puestos en libertad por autorización del Teniente Coronel Ethan A. Hitchock, encargado de la inspección general del ejército norteamericano, enviando la relación de 49 prisioneros el día 29 de febrero de 1848, donde entre otros, aparecen los siguientes nombres:
“Colegio Militar Plana Mayor”
  • Director General: J. Mariano Monterde
  • Prof. Esgrima: Antonio Poucel
  • Tte. de Ingenieros: Fernando Poucel
  • Sub Tte.: Miguel Poucel
El Director del Colegio Militar, el General José Mariano Monterde envió a la Secretaría de Guerra el 6 de Diciembre de 1848 una relación de los defensores del Castillo para ser condecorados con la Cruz de Honor. En ella figuran los nombres de Fernando y Miguel Poucel.
Fernando Poucel alcanzó más tarde el grado de general de brigada, y Miguel de Coronel de Ingenieros. Alumnos designados para prestar sus servicios en las filas del ejército, para marchar a Europa a perfeccionarse en la ciencia de la guerra, lo cual no pudo cumplirse por la situación política y económica del país en aquella época.
El 23 de agosto de 1861 se publicó en el diario “Siglo XIX”, la lista de los oficiales del nacional cuerpo de ingenieros que contribuyeron al monumento en honor del ilustre mártir de la libertad D. Santos Degollado:
  • Gral. Dir. del Cuerpo de Ings. José Justo Alvares
  • Corl. del Cuerpo de Ings. Juan Espejo
  • Tte. Corl. del Cuerpo de Ings. Joaquín Colombres
  • Dir. Gral. del Cuerpo de Ings. Antoine Poucel
El magisterio del Antoine Poucel en el Colegio Militar de Chapultepec, duró hasta sus 67 años, el 11 de octubre de 1861 se le extendió patente de retiro con goce de sueldo.
Después del fallecimiento de su primera esposa, Antoine Poucel se volvió a casar en 1840 con Estefanía Santa Cruz Zamora, con quien procreo 11 hijos: Isabel, José Antonio, Maria de Jesús Macaria, Eugenia Victoria, Rómulo Eugenio Agustín, Manuel Henrique, Maria Concepción Rosa, Juan Nepomuceno Alberto, José Gerardo Francisco, Félix Antonio Joaquín, Mauro Adolfo, y José Maria Emiliano Poucel, de quien desciende el lado de nuestra familia. Todos sus hijos siguieron la carrera militar. Antonio alcanzó el grado de Coronel de Artillería. Agustín ingresó al Colegio Militar en 1859, teniendo el grado de Teniente cuando acompañó al Presidente Juárez en su retirada hasta Paso del Norte, figurando por ello en la lista de los llamados "inmaculados". Francisco alcanzó grado de oficial. Emiliano ingresó al Colegio Militar en 1870, llegando a ceñir la banda de general de brigada en el ejército federal. Su hermana mayor Isabel Poucel Santa Cruz, llegó a ser una de las principales damas de honor de la emperatriz Carlota. Isabel se casó con un oficial francés del ejercito los "Zuavos", quien se encontraba por ordenes de Napoleón III en la guardia de seguridad del Archiduque de Australia, Maximiliano de Habsburgo, por ser un experto con la espada.
En 1858, Antoine y Estefanía viajan a Durham Inglaterra donde visitan a su familia Zamora. Aprovechando para rebautizar a su hija Maria Concepción Adela Poucel Santa Cruz, junto con el bautizo de la hija del hermano de Estefanía Apolinaria Santa Cruz Lensina. Hasta donde sabemos, todavía tenemos familiares Zamora en Durham.
Ya casi ciego y próximo a morir, ante la noticia del desembarco del Ejército francés en Veracruz, sus hijos le preguntaron ¿Por quién peleamos, por Francia ó México?, ante lo cual les respondió: “Quien los alimenta”, así es que los exhortó a que cumplieran con honor y patriotismo la defensa de México. Murió en 1863, a los 67 años de edad, siendo sepultado en el panteón de San Fernando, y posteriormente, el 18 de febrero de 1898, sus restos fueron trasladados al cementerio Francés de La Piedad, junto con los de mi tatarabuela doña Estefanía Santa Cruz Zamora de Poucel.

sábado, noviembre 19, 2005

Algo de historia Poucel

Claude Poucel es el Poucel más antiguo que hemos podido encontrar; vivió de 1572 a 1629. Probablemente vino de Lourmarin o Cadenet, poblados ambos cercanos a Marsella.
Los Poucels en Marsella, de donde proviene nuestro tatarabuelo Joseph Antoine, pertenecían a la clase mercante, tenían una fábrica de textiles y estaban involucrados en el transporte naviero. Parecen haber sido gente de sustancia. Una calle en la ciudad, Rue Poucel, lleva el nombre de un destacado profesor jesuita, Víctor Poucel (1872 - 1953), quien escribió varios libros, destacando su obra L' Évangile Du Pécheur.
Los apellidos provienen generalmente de una ocupación, o del lugar de origen. Creemos que nuestro nombre viene de la región de Provenza, donde una cierta área se llama Poucel. Existe en la región los peñascos y precipicios de Poucelle. Las cuevas que salpican las laderas y precipicios fueron habitadas por hombres prehistóricos. Estos precipicios están cercanos a Lourmarin donde un tal Saloman Poucel era un Pastor (Aja, pastor no cura; en un momento explicamos nuestro pasado protestante). El nombre también significa virgen ó doncella. A Juana de Arco se le llamaba La Poucelle.
La lengua nativa de nuestro tatarabuelo Antoine no era el francés, sino el provenzal. Varios Poucels vinieron a América al mismo tiempo que Antoine. Ellos fueron hombres estudiosos que investigaron y escribieron sobre las culturas, la flora y la fauna de los lugares que visitaron en América del Sur. Benjamín Poucel y Fortunato Poucel exploraron las regiones de Argentina. De hecho, hay una calle llamada Dr. Poucel en Santa Fe, Argentina. Varios Poucels estuvieron fueron políticos en Marsella, asimismo algunos escogieron el oficio de sacerdote.
Un investigador menciona a varias familias protestantes, hugonotes franceses, que Vivian en Cadenet y Lourmarin, poblados cercanos a Marsella. Varios Poucels fueron Pastores en Provenza. Muchos de ellos emigraron o se convirtieron al catolicismo para evitar la persecución religiosa en los siglos 16 y 17. A continuación les presentamos la lista que encontró este investigador:
Nombre Nacimiento Muerte
  • Poucel Claude 1572 1629
  • Poucel Anne 1635
  • Poucel Jean François 1602 1672
  • Poucel Jean 1637 1682
  • Poucel Boniface 1605
  • Poucel Madeleine 1638 1689
  • Poucel Honoré 1625
  • Poucel Marguerite 1639 1659
  • Poucel Marguerite 1627
  • Poucel Jacques 1640 1660
  • Poucel Claude 1631 1679
  • Poucel Honorade 1641 1719
  • Poucel Salomon 1633 1686
  • Poucel Pierre 1659 1679

No sabemos qué fue lo que les pasó después del Révocation de l'Edit de Nantes en 1685. Seguramente muchos perecieron victimas de la persecución religiosa, otros emigraron, se cambiaron de nombre, ó se convirtieron al catolicismo. Nuestros antecesores se convirtieron al catolicismo y fueron a vivir a Marsella, lo cual explica porque la mayoría de los Poucel que hemos contactado remontan sus orígenes a tal ciudad.
Poucel no es un nombre común, en parte por la matanza de los Huguenotes, y porque varios Poucel murieron durante la Gran Plaga de Marsella en 1720. La peste bubónica mató a 50 mil de los 90 mil habitantes de Marsella. La historia es interesante y vale la pena contarla.
En 1720, el bacilo de la plaga llegó en un barco carguero al puerto de Marsella proveniente de Siria. Con varios casos de la peste a bordo, el buque mercante fue puesto en cuarentena por las autoridades portuarias. Los comerciantes del puerto, necesitando el cargamento de seda y algodón a bordo de la nave para la gran feria medieval en Beaucaire, presionaron a las autoridades para levantar la cuarentena. Días después de levantar la cuarentena, la peste explotó en Marsella. Los hospitales quedaron rebasados rápidamente. Fosas comunes eran cavadas y llenadas inmediatamente. Eventualmente, pilas de cadáveres estaban diseminadas por toda la ciudad. El parlamento francés prohibió bajo pena de muerte toda comunicación con Marsella, erigiéndose el Muro de la Peste alrededor de la ciudad. Durante dos años, 100 mil personas murieron, la mitad en Marsella y la otra mitad en sus alrededores. De tal manera, la persecución del Huguenotes y la Peste aseguraron que los Poucel fuéramos muy pocos.
Algo muy interesante es el origen y la difusión del término Latinoamérica, creado por los franceses Chevalier y Poucel. El concepto recoge los ideales de la Revolución Francesa, frente al vocablo Hispanoamérica, que conllevaba el ideal de la monarquía tradicional católica propio de la Corona española.
Joseph Antoine Poucel (1760-1798) se casó con Marie Icard en 1783 y tuvieron dos hijos en Marsella. Antoine (mi tatarabuelo) nace el 14 de octubre de 1796 (no como pensábamos en 1793, el error proviene del calendario revolucionario), y Gaspard Marius el 30 de enero de 1798. Joseph era católico y marinero de profesión (capitán de navío), fallece al zozobrar su barco. Joseph está presente en el nacimiento de su primer hijo Antoine, pero no en el de Gaspard.
Antoine Poucel (1796-1863) rompe con la tradición familiar e ingresa al ejército francés, llegando a ser oficial, y posteriormente, instructor de esgrima. El ejército lo comisiona para entrenar a las tropas españolas en Cuba, de donde emigra primero a Nueva Orleans, y luego a México: ¡Gracias a Dios, de lo contrario no estarías leyendo esto! Al poco tiempo de su llegada, Antoine se establece como instructor de esgrima y sable para la clase alta y oficiales del ejército, fundando la primera escuela de esgrima para oficiales del ejército. Antoine se distingue por ser uno de los mejores esgrimista de su tiempo en México. Sus hijos Fernando y Miguel también se distinguen como destacados espadachines, dejando testimonio en la defensa del Castillo de Chapultepec ante la invasión estadounidense. Su hija Isabel Poucel se casó con Nicolás Poupard, oficial del ejército de Napoleón III y guardia personal de Maximiliano